La bizarra
historia de Eduardo Fuentealba. ¿Un mitómano paranoico u otra víctima de la
Oscuridad?
COOPER SUDACA
escribe: Gustavo Fernández
La muerte
Dicen que el antiguo capataz estaba celoso porque el forastero llegado de la
gran ciudad entre gallos y medianoche le había arrebatado el empleo. Y algo
más, también. Cuestión de polleras, dicen; Fuentealba tenía fama de mujeriego y
pese a haber llegado a esa estancia en la provincia de San Luis con esposa e
hijita, parecía haber tenido en algún fugaz viaje anterior, alguna excesiva
cortesía con la muy joven mujer del capataz. Dicen también, por supuesto, que
este último fue el idiota útil al que costó poco motivar para desembarazarse de
un investigador molesto. Pero dicen tantas cosas...
Lo único cierto es que todo terminó con el brillo de relámpago de un facón
hiriendo la mañana al hundirse en la carne. El cosmopolita cayó, paralizado más
por la sorpresa que por el dolor, los dedos hincados en la tierra, ahora roja,
que pensó fecundar con su sudor y no con su sangre. Daba bronca morir. Morir
así, con ese sol...
Debo a la amabilidad del investigador argentino Mario Biscione no sólo conocer
la extraña historia de este personaje (que confieso ignorar hasta entonces)
sino muy especialmente poder acceder a las grabaciones (concretamente, tres
cassettes que, como fuente documental, sin edición de ningún tipo, ponemos
a su disposición (vía eMule) haciendo clic aquí)
donde, aún en vida, Fuentealba narra segmentos de su historia. Una primera
lectura (o audición) puede llevar a la errónea conclusión de estar ante un
gratuito relato delirante: la reflexión sobre otros elementos de esta crónica,
por el contrario, permiten suponer que algo oscuro se agita en la bruma de
la desinformación.
La historia de Eduardo Fuentealba nos retrotrae a la de William Cooper, un ex
suboficial del ejército estadounidense y ferviente comprador y difusor de toda
historia conspiranoica: bases subterráneas de “grises” donde se tejían alianzas
con el complejo militar-industrial terrestre, implantes de la CIA para monitorear
experimentos genéticos desarrollados por alienígenas y cuanta historia bizarra
corriera por ahí tenía en este personaje no sólo un atento oyente sino todo un
proclamador. Habitual visitante de espacios radiales nocturnos de costa a
costa, en los últimos años parecía, al decir de algunos conocedores, haber
radicalizado su postura al punto que se lo sindicaba muy cercano a las
tristemente célebres milicias paramilitares. De hecho, fue aparentemente su
relación con las mismas y ciertos ilícitos cometidos los que llevaron al FBI a
librar orden de captura y un par de años atrás, como consecuencia de ello,
terminar acribillado a balazos en un enfrentamiento caminero con agentes de la
ley.
Al igual que éste, Fuentealba estaba vinculado a grupos paramilitares, a
espacios radiales nocturnos, a investigaciones sobre OVNIs y a umbrosas
relaciones políticas. Básicamente, fue un ex agente de la SI (Secretaría de
Inteligencia, ex SIDE, el servicio de inteligencia del Estado argentino),
posiblemente apenas un “informante” (agente civil adscripto a recabar
información) devenido luego en periodista radiofónico especializado en OVNIs.
Mudándose constantemente —vivió en los alrededores de Buenos Aires, en Lago
Puelo (Chubut), en Córdoba, en Santa Fe y finalmente en San Luis, donde murió
asesinado—, genera y consume alimento conspiranoico. Los allegados a SEPRIN (“Servicio Privado de Información”, ex
agentes de la SI, policías en actividad o retirados) lo reconocían también como
una fuente de
noticias.
Veamos algunas de sus afirmaciones:
- Sostuvo que
el idílico poblado de Lago Puelo tenía “la mayor densidad de sectas satánicas”
del país, y señala las correspondencias con la localidad de El Bolsón (paraíso
de “hippies”) y Las Lajas (¡años antes que en esta localidad surgiera la
agrupación sectaria de abuso infantil conocida como “La Familia”!).
- Junto a
Fernando López Diu (su mano derecha tanto investigativa como laboral, pues lo
seguía por toda la geografía) propaló (sin presentar evidencias) que en el
paraje Lelequé (a setenta kilómetros de aquél pueblo, sobre la ruta a Esquel)
existía una zona rica en uranio en terrenos controlados por la Comisión
Nacional de Energía Atómica con el concurso de “marines” y comandos israelíes y
británicos, bajo la asistencia técnica del complejo industrial argentino Pérez
Companc, pues tanto allí como en las zonas conocidas como “La Pampa de Doña” y
Paso del Sapo se habrían producido caídas de OVNIs, quizás procedentes de bases
subterráneas bajo el cerro Tres Picos y la Roca del Tiempo (parece que no
omitió ningún ingrediente).
- Empero, cita
eventuales testigos de sus dichos que podrían ser rastreados: un “doctor
Benzano” y el guardaparques Oscar González, quienes no sólo ratificaban las
leyendas sobre los “enanos malditos” que corren por el valle del Río Turbio
sino que testificarían, junto con una “familia Vigueiras”, la presencia de
“macrocéfalos asesinos” en la zona.
- Acusa al
conocido y ya provecto Pedro Romaniuk de haber fungido como agente de la CIA y
testaferro en el lavado de dinero procedente de estupefacientes. La acusación
es directa: los viajes al exterior de don Pedro, sus emprendimientos
inmobiliarios, la edición de sus libros (es sabido que la “Editorial Lanín” que
siempre lo prohijó, es ficticia y esconde las “ediciones de autor”. A
propósito, Lanín es el nombre de un conocido volcán de la región y, por lo
tanto, no ajeno a esta área de andanzas de Fuentealba y, según éste, de
Romaniuk también). Volveremos luego a considerar en detalle una interesante
observación de Fuentealba en este contexto.
- Sostiene que
en los años 1991 y 1992 estuvo investigando exhaustivamente los fenómenos OVNI
en Victoria (Entre Ríos). Como es éste un tema que conozco en profundidad, me
consta de sus afirmaciones que conoce en detalle la zona. Claro que de allí a
avalar sus desaforadas pretensiones hay un paso que no daré. Empero, escuchemos
sus argumentos:
- En instancias
previas a sus investigaciones en Victoria, habría tomado contacto con el
Ministerio del Interior (del que dependen varias fuerzas de seguridad, así como
la citada SI) pero este contacto con ex camaradas sólo habría servido para que
los sabuesos se pusieran tras sus pasos, incluso —dice— “poniendo en peligro su
vida”.
- Asegura que
en la zona operarían “dracos” (extraterrestres reptiloides de muy mal genio),
que muchos monjes benedictinos de la famosa abadía de la zona serían en
realidad “marines” y agentes encubiertos de la CIA y el NSA apostados allí para
custodiar y vigilar al mismo tiempo un intrincado e ignoto laberinto de
pasadizos subterráneos sobre la vertical de los cuales se encontraría el
edificio religioso construido —según sus decires— como búnker de guardianes de
un lovecraftiano umbral.
- Y en cuanto
a mundos subterráneos en Victoria no se detiene allí, pues señala explícitamente
a las investigadoras locales Silvia y Andrea Simondini como cabales conocedoras
de “cuevas y oquedades” que pulularían por allí.(1)
No se detiene: sostiene que el CITEFA (Centro de Investigaciones Técnicas
de las Fuerzas Armadas) estaba particularmente interesado en tales hipotéticas
cavernas y aquí, sin quizás saberlo, pone al descubierto otra interesante
circunstancia sobre la que volveremos después.
En síntesis, y pese a ser un “anticontactista” que ridiculiza y menosprecia a
los “devotos de los hermanos cósmicos”, Fuentealba dibuja una clara antinomia:
Victoria, foco de extraterrestres “negativos”, en oposición a un cerro Uritorco
pletórico de “salvadores de las estrellas”.
Cuando se escuchan las pocas grabaciones que Fuentealba dejó sobre sus
andanzas, se tiene la clara impresión, ante el lenguaje liviano y casi
distraído que, por respetar un buen argentinismo, el susodicho “se está mandando
la parte” (que es como decir exagerar y quizás mentir con tal de resultar
llamativo). Noches insomnes entre arbustos espinosos para terminar escapando
(sin llegar antes a nada concluyente) instantes antes que los reflectores
fisgones pasen por sobre el punto donde EF y su fiel amigo Toro, perdón, López
Diu, habíanse arrastrado tiene demasiado tufillo a Expedientes X. Que sepamos,
Fuentealba prometió fotografías, videos y otras “pruebas” que no nos consta que
existan. Pero también, como dije, sentó observaciones interesantes que
merecerían ser consideradas. Por ejemplo, ¿son fruto de su imaginación sus
épicos relatos, especialmente los referidos a su etapa sureña?. ¿O hay en ellos
algún viso de verosimilitud?. Asimismo, ¿hizo acusaciones temerarias e infundadas
o accedió a información privilegiada?.
OVNIs y lavado de dinero
Fue dicho: Fuentealba fue el primero en argüir que los grupos “contactistas”
podrían estar lavando dinero procedente del narcotráfico. Acusó de ello
abiertamente a Romaniuk, y va de suyo que no nos consta en absoluto (aunque
cierto es que nunca nos quedó en claro de qué vivió don Pedro a lo largo de
toda su vida, y eso que le conozco personalmente desde mis ya lejanos quince
años de mozalbete). Así que salteemos esta anécdota y veamos cómo se construye
esta hipótesis que hoy, sin la audacia de EF pero con algo más de información
técnica, nosotros también sospechamos.
Como sabemos, el método más sencillo de lavado de dinero es éste: contando con
una suma X que deseamos “blanquear” (es decir, ingresar al circuito financiero
legal), se selecciona a un testaferro A. Éste (entre otras cosas, sin
antecedentes negativos comerciales o penales) abre uno o varios comercios,
empresas, etc. Su ganancia estará en la propiedad de mercaderías, bienes y
útiles, vehículos, maquinarias, luego propiedades, y las ventas o facturaciones
reales, que esos emprendimientos produzcan. Hasta allí, todo bien. Pero el
punto es que se “inflan” exageradamente (y ficticiamente) esas facturaciones y
ventas, en número y concepto. Así, B o C, “socios capitalistas” de estos
negocios “lícitos” reciben como “liquidación societaria” la parte que les
corresponde de esas irreales ganancias para invertir en inmuebles, otras
actividades, etc., y que no es más que su propio dinero original que regresa
así al mercado totalmente “limpio”.
Pero las mascaradas comerciales pueden ser auditadas, vigiladas,
inspeccionadas. Un juez puede ordenar el control de clientes que ingresen a un
comercio, sus boletas o facturas, recibos. Pero con las “fundaciones”, las
“asociaciones civiles sin fines de lucro” y los “cultos” ello no pasa. Son
perfectos, merced a un recurso lícito y constitucional: las donaciones
voluntarias y anónimas.
En efecto, ¿quién puede cuestionar a un pastor que asegura haber abierto la
alcancía dominical en busca del modesto óbolo que asegurara el sustento para
encontrarse con un sobre con miles de dólares?. Milagro del Señor, seguro. ¿De
qué puede acusarse al gurú que recibe en su cuenta bancaria centenares de
modestas transferencias procedentes de las Islas Salomón, algún banco perdido
en Kamchatka o Macao?. ¿No es acaso prueba contumaz de la intervención de algún
Maestro Ascendido que llegue al ashram en Navidad una encomienda de remitente
anónimo con un lingote de oro?. A fin de cuentas, el Universo siempre provee...
Si respeta los estatutos y rinde sus cuentas anualmente (sin siquiera tributar
al fisco, pues en casi todos los países del mundo las instituciones mencionadas
están exentas), como es lógico, ningún magistrado, ningún comisionado de
policía ni autoridad política alguna puede ordenarle a un líder espiritual,
Consejo Directivo de fundación o asociación civil en qué invertir el dinero
recaudado en donaciones. Y allí, el círculo perfecto termina por cerrarse.
Victoria, y ¿túneles?
Como dijimos, EF contó una historia con ribetes novelescos sobre sus aventuras
en Victoria. Pero llama la atención (por lo menos, la nuestra) en algo. Sin dar
nombres personales, relata que miembros del ya citado CITEFA anduvieron por
allí. Y a estar de sus decires, éstos estaban más interesados en los
hipotéticos “túneles” antes que en los OVNIs mismos. Bien, ¿qué es lo
llamativo?. Que poco tiempo antes en el seno de esa institución se había creado
una Comisión de Investigaciones OVNI. Y para la implementación de la misma (y,
literalmente, casi para su conducción) se convoca, no a un reconocido ovnílogo,
no a un experimentado aviador, no a un académico, sino a Julio Goyén Aguado, el
más reconocido espeleólogo de la Argentina.
Como se sabe, la Espeleología investiga cavernas. No OVNIs. Y Goyén Aguado no
había tenido hasta entonces más experiencia como ovnílogo —aunque algunos
colegas traten de reunir argumentos arrastrados por los cabellos— que la de un
servidor con moscas y mosquitos: el hecho de exterminarlos en mi hogar cada
verano no me hace entomólogo. Algún día, espero, podré dar por cumplido un
pacto de honor que tengo con terceros y hablar libremente de muchos aspectos
extraños en la vida de Goyén, pero ciertamente no será el campo de los OVNIs
uno de esos aspectos.
¿Qué podría, entonces, estar haciendo un espeleólogo al frente de una comisión
cívico-militar de ovnilogía?. ¿Tenía relación con ese interés del CITEFA con
los “túneles” de Victoria (o de tantos otros lugares)?.
La muerte de Eduardo Fuentealba hasta dio inicio a una acotada pero macabra
leyenda: la de la maldición que cae sobre quienes husmean demasiado en Victoria.
Porque poco tiempo antes, otro conspiranoico, Guillermo Romeu, ex pastor pentecostal
y factótum del grupo Radar Uno (que con vestimenta paramilitar y discreto
armamento andaban por aquella localidad entrerriana a la caza de “grises”,
una oscura réplica de las milicias WASP (2)
de todo Estados Unidos), vestido íntegramente de fajina y con su pistola al
cinto, se hizo presente en el cumpleaños de un familiar, gallardamente se
cuadró y se descerrajó un tiro en la sien.
[1]
Pero las mismas y a través de distintos medios, no sólo han desmentido esto,
sino que afirman haber tratado de seguir la pista de las investigaciones de
EF para sólo hallar improbabilidades y mentiras.
[2]
Sigla de White Anglosaxon and Protestant: blanco, anglosajón y protestante,
que señala a la clase fundadora del país y por ende la élite.