¿UN FÓSIL DE
OTRO MUNDO?
CÉSAR REYES
Argentina
cesarreyes@antiguosastronautas.com
►Huellas
de pisadas humanas de millones de años de antigüedad plantean un enigma.
Las huellas de pisadas dejadas por
un individuo que existió en el pasado lejano constituyen un tipo muy común
de fósil.
Tales impresiones, que fueron hechas originariamente en lodo blando que
luego endureció merced a complicadas transformaciones químicas, son una suerte
de “sello inconfundible” del cual se extraen deducciones y conclusiones que
nos hablan acerca de la estructura y proporción del cuerpo. Así, este tipo
de fósil, la huella, obra pues como un testimonio directo y fiel de la existencia
de tal o cual especie.
Fósiles
determinantes
De conformidad con la Teoría de la Evolución, debemos aceptar como algo
cierto e indiscutible que en las formaciones más antiguas se encuentran los
organismos más primitivos. Y de hecho, sobre la base de esta enseñanza del
darwinismo, tal método de datación, que se conoce como el de los fósiles determinantes, es hoy uno de los
más importantes de los empleados por la geología moderna.
Ahora bien, sabemos que la Tierra se formó hace unos 4.600 millones de
años y que la vida nació no mucho después de eso, hace aproximadamente 4.000
millones de años. Sin embargo, durante la mayor parte del tiempo transcurrido
desde el origen de la vida, los organismos dominantes fueron algas microscópicas
que llenaban los océanos. Hasta que, hace unos 600 millones de años, de repente,
por así decirlo, se produjo una proliferación de nuevas especies. Tal acontecimiento
se conoce como “explosión del Cámbrico”, y pone a los trilobites a la cabeza
de la lista de los primeros animales altamente organizados que poblaron los
mares primitivos. En cierto modo muy parecidos a
grandes insectos, los trilobites sobrevivieron unos 270 millones de años,
y aunque sus cuerpos eran blandos y con una cubierta quitinosa que normalmente
los llevaría a desintegrarse sin dejar rastro, muchísimos ejemplares se han
conservado sin problema por haberse mineralizado. Conque, hoy por hoy no sólo
son unos fósiles determinantes de incontestable
certidumbre a la hora de hacer dataciones, sino que tienen además un enorme
atractivo para los coleccionistas que a menudo emprenden su búsqueda piqueta
en mano.

Y de hecho, buscar trilobites era precisamente lo que estaba haciendo William
J. Meister aquel 3 de junio de 1968 en Antelope Springs, Utah, USA, cuando al golpear con su herramienta
una roca ésta se abrió como un libro dejándole de inmediato boquiabierto...porque,
imposible o no, ¡un trilobite
aplastado se hallaba incrustado a la altura del talón de un pie humano que
calzaba una especie de bota puntiaguda de 32,5 centímetros de largo por 11,25
de ancho!

El peso del cuerpo del dueño del calzado había dejado una huella más hundida
en la parte del tacón (de 7,5 centímetros de profundidad), como suele ocurrir
con cualquier pisada, especialmente en terreno blando. Cosa que, por lo demás,
ninguna luz echaba sobre la urticante pregunta acerca de qué diantres hacía un hombre con botas paseando
por ahí hace por lo menos unos 300 millones de años..., es decir, cuando
el tatarabuelo de Pedro Picapiedra ni siquiera había
comenzado con sus primeras “monerías”.
¿Podríamos conjeturar que tal vez se trate de la pisada de un antiguo astronauta?
¿Es el hallazgo de Meister un fósil de otro mundo?
EL AUTOR estudió abogacía en la
Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue
coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de
otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de
antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de artículos
referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.
© César Reyes 1999 – Derechos reservados.