EL “EXTRATERRESTRE” Y LA FLOR DE LOTO
CÉSAR REYES
Argentina
►El Egipto faraónico ha inspirado buen número de
conjeturas en el marco de la hipótesis del antiguo astronauta. Y también algún
burdo error.
En lo
práctico, no hay en principio ninguna diferencia entre historiadores y arqueólogos
e investigadores de la teoría del antiguo astronauta en lo que respecta a la búsqueda y reunión
de datos pertinentes para sostener una determinada hipótesis. Porque, objetivamente hablando, todos ellos
por igual necesitan elaborar inferencias para describir los acontecimientos
pasados a partir de ciertos elementos - documentos
de variada especie, manifestaciones artísticas, utensilios, mitos y leyendas,
etc. -, o indicios que son a veces escasos o se encuentran de algún modo destruidos.
Ninguno de ellos (a diferencia de los biólogos, por ejemplo,
que tienen a su alcance la “cosa” que investigan y pueden en consecuencia
inspeccionarla) dispone del pasado mismo para hacer una descripción inequívoca,
conque toda explicación de los hechos pasados supone ab initio una interpretación que puede
ser, según el caso, más o menos acertada. Así pues, conceptos equivocados
o juicios falsos son parte insoslayable del problema y siempre es menester
corregirlos.
Los aficionados a la Paleoastronáutica, y especialmente aquellos
que sólo consultan material vía Internet, suelen aceptar como ciertos determinados
errores gruesos que lejos de sustentar la viabilidad de la hipótesis de las
paleovisitas extraterrestres más bien la menoscaban.
Y precisamente, de
remediar un error bastante difundido nos ocuparemos a continuación.
El “alienígena” de la tumba de Ptah-Hotep
Ptah-Hotep (o Akhti-Hotep) fue un sabio egipcio
que ofició de consejero de Izezi, el octavo rey de la V Dinastía. Un mural
de su tumba, en Saqqara, lo representa sentado a
la mesa y disfrutando de un banquete que le ofrecen sus sirvientes. Nada inusual,
por cierto.
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MURAL DE PTAH-HOTEP COMPLETO
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DETALLE DE SIRVIENTE CON OFRENDA
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FILM ENCUENTROS CERCANOS
Desde entonces, “el hombrecito gris” reemplazó
al viejo “enanito verde” de las invasiones marcianas de ficción de pulpa,
convirtiéndose en un personaje emblemático para la ufología. Y de algún modo,
la interpretación irreflexiva de alguien hizo que los aficionados creyeran
aceptable la idea de poner a “uno de ellos” en la tumba de Ptah-Hotep al grito de ¡Eureka! Pero así como no todo lo que reluce
es oro, no todo lo que parece ser
es, necesariamente, un posible “antiguo
astronauta”.
En principio, hay que dejar en claro que, nos
guste o no, desde un enfoque estrictamente científico, la hipótesis del antiguo
astronauta (las paleovisitas extraterrestres) cojea del mismo pie que la ufología:
la todavía no probada existencia de civilizaciones extraterrestres – ni más
avanzadas que nosotros, ni menos. Por lo tanto, quien pretenda desarrollar
con algún fundamento una hipótesis de trabajo como ésta - no demencial pero
sí aventurada - debe cuidarse muy bien de no caer en ligerezas tales como
pretender desnudar a un santo para vestir a otro. En otras palabras, hay que
actuar con buen criterio al momento de extrapolar. Y en tal sentido, bien
diremos que esgrimir como argumento pretendidamente válido algo meramente
hipotético y aplicarlo sin más, y con carácter de indicio, para sostener otra
hipótesis es de una ignorancia supina. Y muy lamentable, por cierto. Conque,
si alguien quiere hablar con algún fundamento de “ET grises”, sería prudente
esperar, por lo menos, hasta tenerlos a la vista de todos, saludando al mundo
desde los jardines de la Casa Blanca o dando un paseo por la Plaza Roja, para
ponerlo de algún modo. Mientras tanto,
las visitas de seres extraterrestres a la Tierra, antes y ahora (y cualquiera
fuere su apariencia física – cosa de la que en verdad no tenemos ni idea) son nada más que una hipótesis. ¿Plausible?
¿Viable? Sí, muy posible y probable, pero, hasta el momento, solamente una
hipótesis de trabajo (por definición: “La
que se establece provisionalmente como base de una investigación que puede
confirmar o negar la validez de aquella.”).
Ahora bien, si nos detenemos un minuto para
observar en detalle el rostro de un supuesto ET gris – según se lo describe
- y lo comparamos con la imagen ampliada del, también
supuesto, “alienígena de la tumba de Ptah-Hotep”, quizá
podríamos vislumbrar algún parecido deseable. Pero no olvidemos que el anhelo,
en toda materia científica, está de más. Echémosle un vistazo:
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(COMPARACIÓN) DIBUJO ET GRIS Y FALSO ET= LOTO
Por lo pronto, diremos que la investigación PaleoSETI reconoce
siempre un principio científico básico, esto es, el de ir de lo sencillo a
lo complejo. Y no al revés. Y eso requiere una entrenada cosmovisión del mundo
antiguo que permita buscar primero la explicación más “terrenal”, por decirlo
de algún modo, antes de apuntar con el dedo hacia el cielo…
Así las cosas, y volviendo a esos gatos que de noche son todos pardos, nada que tenga orejas de
gato, cola de gato, bigotes de gato y etcétera, se parece tanto a un gato…como
un gato mismo.
Mencionarlo suena quizá a perogrullada, pero no lo es en este
caso ya que, como veremos, nada se parece tanto al “alienígena de la tumba de Ptah-Hotep” como…
¡una flor de loto en un jarrón!
La simbología de la
flor de loto en el antiguo Egipto
En el antiguo Egipto crecieron dos especies nativas de plantas
de loto: el loto blanco (Nymphaea loto) y el loto
azul (Nymphaea cerulea).
Y para entender acabadamente el significado de la obra pictórica de la tumba
de Ptah-Hotep es necesario
saber que la especie más recurrente en la iconografía es el loto azul, que
tiene la particularidad de que su flor se cierra y se hunde bajo el agua durante
la noche y sale y se abre al amanecer, cosa que inspiró a los antiguos egipcios
una estrecha asociación de la misma con el Sol y con ciertos relatos cosmogónicos.
De manera que esta flor se convirtió para ellos en un símbolo del Sol y de
la creación; y también, por extensión, se la vinculó naturalmente al concepto
del renacimiento (relacionado con la imagen de lo funerario); tanto así que en el Libro de los Muertos pueden leerse algunos hechizos que apuntan a
cumplir la promesa de la resurrección mediante “la transformación de uno mismo en un loto”.
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ILUSTRACIÓN DEL LIBRO DE LOS MUERTOS
Por consiguiente, basta decir hasta aquí que la flor de
loto guarda, evidentemente, una muy estrecha relación simbólica con la escena
representada en la mastaba de Ptah-Hotep… ¡cosa que nada tiene que ver con visitantes de otro
mundo!
Definitivamente, una
flor…
Pero, ¿por qué, entonces, “eso” que se muestra en la pintura
se parece tanto a un “alienígena gris”?, se preguntará - ¡insistirá acaso!
– usted, amigo lector. Y la mejor respuesta que a uno puede ocurrírsele ahora
ya salió hace tiempo de la ingeniosa pluma de Antoine de Saint-Exupéry cuando escribió: "Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada".
¡Hagámoslo ahora! Y dicho lo dicho, y paso a paso…cambiemos
la dirección de nuestra mirada hacia una escena de la misma pintura de la
mastaba que muestra a dos sirvientes de Ptah-Hotep portando diversas ofrendas para su señor…
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DETALLE DEL MURAL CON LOS DOS SIRVIENTES
En rigor, no haría falta agregar aquí más nada si decidiéramos
simplemente reemplazar ahora las palabras que siguen por imágenes, teniendo
en mente que, si lo chinos no están errados, cada una de las últimas vale
por mil de las primeras...Sin embargo, para borrar definitivamente toda duda
veamos todavía a continuación una imagen ampliada de una de esas flores de
loto
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DETALLE DE FLOR DE LOTO
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(COMPARACIÓN) DETALLE LOTO GIRADO y FALSO ET= LOTO
EL
AUTOR estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista
versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión,
jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el
editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de
artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas
extraterrestres.
© César Reyes
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