UN MOTOR INSPIRADO EN UNA ANTIGUA IMAGEN
MAYA
► Un
motor no contaminante fue diseñado
a partir de un documento maya
de quince
siglos
de antigüedad.
CÉSAR REYES
Argentina
El doctor Klaus Keplinger se
hallaba leyendo Los dueños del Mundo,
del escritor francés Robert Charroux, cuando un dibujo de un antiguo manuscrito
maya cautivó su atención. A primera vista, la susodicha imagen, correspondiente
al Códex Troano, no parecía otra cosa que la de
un obrero o quizá un sacerdote ejerciendo su oficio de cara a un raro objeto de forma cuadrada, que
mostraba al observador dos gruesas rayas diagonales que semejaban una letra
“equis”. Pero Charroux sugería que ese extraño objeto cuadrado bien podría
ser un motor de algún tipo; de modo que, llevado por la curiosidad, Keplinger decidió estudiar el asunto.
Por ese entonces, el físico atómico Friedrich
Egger, investigador en el Instituto de Física de Innsbruck,
se desempeñaba como consejero del programa ATARPA (un grupo científico
interdisciplinario cuyo objetivo consistía en relacionar entre sí diversas
ramas del conocimiento), y su primera
reacción no fue de manera alguna alentadora para Keplinger
que había ido a verle para pedirle una
opinión, llevando consigo un diagrama del cuadrado cruzado con sus dos
diagonales y ya firmemente persuadido de que, en efecto, se trataba de un
motor. De hecho, para Egger, según le dijo a su
interlocutor sin rodeos, el dibujo se
parecía más bien a un sobre de correspondencia, y en todo caso, a su modo de
ver, si alguien pretendía que eso fuese un motor no se había ocupado
debidamente de que el mismo funcionara nunca…
Pero tres meses después de ese encuentro, el doctor Keplinger visitó de nuevo a Egger,
esta vez llevando una copia del dibujo original del Manuscrito Troano. Y Egger,
al momento, comenzó a mirar el asunto con otros ojos: quizá el objeto cuadrado podría interpretarse, en efecto, como representando simbólicamente una especie
de aparato que transformaba cierta energía en energía mecánica… ¿Era eso
posible?

Detalle del dibujo
del Manuscrito Troano
Haciendo lugar al “beneficio de la duda” y poniendo en
consecuencia manos a la obra para intentar desarrollar en el mundo fáctico la provocativa
idea que le había traído Keplinger, Friedrich Egger hizo sesudos
cálculos y diagramas. Hasta que, finalmente, construyó un prototipo y luego, en 1973, depositó en Viena una patente
de invención (obteniendo después la difícil patente norteamericana) de un motor
inspirado en una milenaria imagen de la civilización Maya. ¡Nada menos!
A partir de entonces, Egger
publicó varios trabajos sobre este particular mecanismo, explicando, entre
otras cosas, que:
“Se trata de un motor que posee
numerosas ventajas, especialmente un muy débil ángulo muerto y, en
consecuencia, una rotación lo más continua posible.
Naturalmente, el conjunto del
motor es más difícil de comprender porque es más complejo. Comporta dos
cilindros que funcionan en push-pull. El primero da un empuje entre 0 y 180 grados
de rotación, y el segundo, de 180 a 360 grados. El estudio de la distribución y
del flujo de los gases en el motor da diagramas termodinámicos de
funcionamiento muy satisfactorios en comparación con los motores conocidos. El
volumen muerto es muy débil; el par de rotación, muy elevado. Todo
automovilista sabe la importancia del par, especialmente para el arranque.
El aparato que se construyó
efectivamente medía 40 centímetros de diámetro. Funcionaba a una presión de 10
atmósferas – 10 de compresión – y daba una potencia de 68 CV.
El momento de rotación es de 500
kg/metro. Para dar un ejemplo, es el momento de rotación del motor de un Mercedes del modelo más caro.
(…) En conclusión, el autor
considera que representa un paso interesante hacia la sustitución del motor de
gasolina por un motor a vapor (no contaminante).”
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Izquierda:
Diagrama de la patente de invención de F. Egger.
Derecha: prototipo del motor.
El problema de
las “fuentes de inspiración” (y la hipótesis del antiguo astronauta)
Estrechamente relacionado con el caso del ingeniero
aeronáutico Josef F. Blumrich y su patente de
invención de una rueda omnidireccional tomada del relato bíblico del profeta
Ezequiel (ver Ezequiel revisitado: Rueda multidireccional), lo acontecido con
otro científico de meritoria trayectoria, un físico como Friedrich
Egger en esta ocasión, pone de manifiesto
una vez más el considerable interés que trae aparejado el problema de analizar
el concepto de las “fuentes de inspiración”, muy especialmente cuando esto
parece ir a pie juntillas con la hipótesis del antiguo astronauta.
Como todos sabemos, el pueblo maya no había alcanzado el
estadio de una civilización de los metales, y por consiguiente mal podría haber
construido jamás ningún motor…ni siquiera habiéndolo visto trabajar en alguna
oportunidad. Pero tal vez, si acaso algunos de ellos fueron testigos de la
existencia de “una cosa prodigiosa en
manos de los dioses”, bien pudieron haberla asimilado como una suerte de “objeto
ritual” a la manera de lo que ocurre con los “culto-cargo” contemporáneos, es
decir: copiándola simplemente, incluso sin tener necesidad de entender sus características técnicas ni sus
funciones específicas…
“Curioso”, es una palabra que encaja realmente muy bien
aquí. Porque ante estas cosas uno no puede menos que sorprenderse… Y, como bien dijo oportunamente Egger, luego de haber patentado su “motor maya”: “Y no puede uno por menos de preguntarse de
dónde pudieron conseguir los mayas conocimientos mecánicos tan avanzados, aun
cuando se sepa que poseían una matemática y una astronomía muy desarrolladas.
La explicación podría ser la de que pasaran por allí y les aportaran sus
conocimientos visitantes altamente civilizados, tal vez extraterrestres,
antiguos astronautas. No es menos sorprendente el hecho de un grupo de
investigación pura (Egger se refiere a ATARPA) se haya interesado por esta realización
insólita.”
Así las cosas, permítame una vez más, estimado lector,
repetir la palabra que mejor cabe en este contexto: “curioso”…”muy curioso”…
EL AUTOR estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es
periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta
Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y
actualmente es el editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha
publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas
extraterrestres.
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