EL PENTÁGONO DEL DIABLO
CÉSAR REYES
Argentina
► Las misteriosas desapariciones en el
“Triángulo de las Bermudas” y,
eventualmente, el hundimiento de la mítica Atlántida, podrían relacionarse con
ciertos aspectos desconocidos acerca de la estructura interna de nuestro
planeta.
Muchas personas consideran que el Triángulo de las Bermudas sencillamente
no existe. Que se trata, en el mejor de los casos, de un invento febril
destinado a cautivar a aburridos lectores domingueros. Algo así como un cuento
de brujas. Sin embargo, curiosamente, como haciendo referencia al conocido
dicho popular que reza: “las brujas no
existen... pero que las hay... las hay”,
Explicar “lo inexplicable”
Se dice a menudo que si el individuo en cuestión tiene bigotes de gato, orejas de gato y cola de gato es (sin duda)... un gato. De modo que si un registro oficial reconoce la existencia de “pérdidas inexplicables”, y al mismo tiempo pretende dar a entender que el lugar de los hechos no existe, no necesita uno tener el gran olfato de un sabueso para darse cuenta de que hay aquí, por lo tanto, un gato encerrado…
Así las cosas, el problema de hallar una solución al enigma de las desapariciones en el Triángulo se ciñe a la necesidad de establecer la relación causa-efecto que mejor se adecue, si no a todos, al menos a la mayoría de los casos.
Hoy por hoy, tal relación causal se diluye en un cúmulo de explicaciones “ad hoc”, que, si bien contemplan una serie de hechos particulares, no permiten esclarecer la cuestión en su conjunto. De hecho, se ha hablado hasta el cansancio de, por ejemplo, el accionar de ovnis, de agujeros dimensionales y desgarros del tiempo, y también de los arrecifes y de grandes marejadas repentinas o trombas marinas muy comunes; e incluso de las turbulencias de aire claro que pueden hacer añicos a un avión... y un prolongado etcétera.
Pero, en cualquier caso, quienes más
tiempo han invertido en el estudio del fenómeno
se muestran reacios a la hora de aceptar explicaciones empapadas de
convencionalismos, y aunque esto no implique renunciar a un análisis lógico del
problema, sí conlleva la necesidad de un replanteo acerca de qué tipo de
fuerzas de
El misterio en una taza de té
Probablemente, durante las incontables horas en busca de una respuesta convincente, muchos hayan bebido litros de café, o té. Y tal vez, quienes tengan predilección por esta última infusión acostumbren jugar revolviendo rápidamente el líquido con una cuchara para distraerse observando cómo los minúsculos trocitos de hojas culminan su vertiginoso giro concentrándose en el fondo de la taza.
Pues bien, esta simple distracción cotidiana encierra un hecho físico si se quiere enigmático. Los trozos de té se juntan en el centro y, no obstante, según se desprende de las leyes de la física clásica, lo que deberían hacer es desbandarse por la acción de la fuerza centrífuga.
¿Cuál es la explicación del enigma? En
opinión de Albert Einstein, según consta en un informe de su autoría presentado
ante
En efecto, en 1976, un tal Nikolai
Koroviakov, un sencillo mecánico y a la sazón jefe del departamento de armas
deportivas de
Aparentemente, salvo un pequeño detalle, todo respondía al marco expuesto por Einstein. Y sin embargo, el punto a tener en cuenta es que en el recipiente hermético de Koroviakov el agua no tenía adónde subir o bajar: no existía de hecho en éste ese flujo al que aludía el genio alemán, puesto que la velocidad era allí igual en todos lados. Y a pesar de ello, los trocitos de té acababan unidos en el centro del fondo...
Hacia una hipótesis sobre la estructura
interna de
Incógnita mediante, Koroviakov pasó a repetir la experiencia con alguna variante. Cambió los trozos de té por unas esferas plásticas de diferente peso y color, al tiempo que, perfeccionando el recipiente original, fabricó un “trompo hidrodinámico” (que patentó como “Instrumento para demostrar fenómenos hidrodinámicos”). Y el resultado puso entonces en evidencia ciertas particularidades aun más llamativas. En una constante que se repitió sin variantes, al frenar la rotación del “trompo hidrodinámico” las partículas plásticas se juntaban en el centro, las más pesadas en primer lugar seguidas por las más livianas, pero, extrañamente, siempre culminaban dándole forma a una especie de pentágono.
Para Koroviakov, esto no podía ser fruto
de la casualidad. Y se convenció de ello cuando, luego, otro hecho singular se
sumó: durante el transcurso del día, el pentágono giraba lentamente,
desplazándose en dirección contraria a la de la rotación de
Ahora bien, ¿qué derivaciones surgen de esto en caso de comprobarse como cierto? Para entenderlo debemos partir de la base de que el desplazamiento del magma y del núcleo genera fuertes flujos magnéticos que bien pueden ser causa de diversos cataclismos naturales. En tal sentido, hemos de considerar que datos suministrados por astronautas estadounidenses desde el Skylab indicaron que las mediciones efectuadas con un altímetro de radar de alta frecuencia detectaron que el fondo oceánico en el Triángulo de las Bermudas se hallaba a unos veinticinco metros por debajo del nivel normal. Y si a ello le sumamos la existencia de otras cuatro zonas donde se dan las mismas anomalías, las cuales se encuentran bajo el mismo ángulo las unas con relación a las otras (ángulo=72 grados), el enigma parece ir cediendo posiciones. Especialmente si, como sostiene Koroviakov, uniendo con una línea las cinco zonas anómalas se obtiene finalmente un pentágono que respeta con absoluta fidelidad la forma en que estaría ubicado el magma bajo la corteza terrestre, lo cual, consecuentemente, conduciría a una explicación de las perturbaciones magnéticas por la mera coincidencia entre tales zonas y los puntos de máxima actividad del magma.
Por lo demás, suponiendo que efectivamente, como sostienen algunos investigadores, la parte occidental del Triángulo de las Bermudas fue otrora el lugar de emplazamiento de la legendaria Atlántida, atar cabos sueltos acerca de la causa del cataclismo que habría provocado su hundimiento parecería ser ya una tarea menos complicada...
EL
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