LA ERA DE
LAS SERPIENTES CÓSMICAS
CÉSAR REYES
Argentina
www.antiguosastronautas.com
Antiquísimos mitos y leyendas recuerdan a serpientes
voladoras como seres benefactores
y portadores de cultura .
Estrechamente emparentadas
con los dioses del hombre antiguo, las serpientes han ocupado
un lugar destacado como símbolos cósmicos. Pero, más allá de todo lo comprensible,
no fueron veneradas por arrastrarse sobre la tierra sino por ¡volar por los
cielos!
Símbolos de la inmortalidad, de la creación y del
Universo, estas divinidades han sido el común denominador de las más diferentes
y alejadas culturas, que las han representado,
casi con obstinación, surcando el espacio aéreo con extraordinario resplandor.
Así, los naturales de la tierra de Arnhem (Nueva
Guinea) cantan: "Es la edad de la
serpiente, de la serpiente que
fue antes del hombre, de la serpiente que fue hombre, de la serpiente que
vuela en el cielo".
¿Qué clase de serpiente es la que puede volar y
transformarse en hombre?
Indudablemente debe de ser la misma que veinte siglos
antes de Cristo el sabio Sanchoniaton
describió en su magnífica "Historia Fenicia" como "una
cosa luminosa que vaga en las nubes, retumbante y rápida como el relámpago"
. Y no menos llamativo nos resulta el enterarnos
también por Sanchoniathon acerca de las muy especiales características
de lo que vendría a ser, en términos actuales,
"la fuerza de propulsión" de tan extraño reptil: "...los
fenicios y los egipcios han divinizado la especie de los dragones y de las
serpientes como animales cuya respiración es más fuerte que todas las otras,
diciendo que la especie en sí pertenece a la materia ígnea y que hay en ella
una velocidad la cual no puede ser superada por nada a causa de su soplo.
Imprime la velocidad que quiere a las hélices que describe en su marcha"
.
Por supuesto, cuesta imaginar a los herpetólogos
poniéndose de acuerdo a la hora de contestar a cuál de todas las especies
de la lista corresponde ésta que pertenece a la materia ígnea y vuela a la
velocidad deseada impulsada por su insuperable aliento...
UNA RESPUESTA "AD HOC"
No obstante, concienzudos arqueólogos han explicado
el porqué la serpiente ha sido objeto de profunda veneración, anidando en
consecuencia en los mitos remotos.
Al parecer, todo se resume en el temor que los antiguos sentían
de ser atacados por las especies venenosas que, además, simbolizaban
su inmortalidad con cada muda de piel, resurgiendo cada vez con renovado vigor.
Sin duda, existen varias religiones que sustentan
la obediencia y adoración de sus fieles sobre las bases del temor, por ejemplo,
al castigo divino. Sin embargo, eso no quita que para este caso concreto se
deban tener en cuenta aspectos tan fundamentales que suenan a verdad de perogrullo:
a) las serpientes reptan; ¡no vuelan...!, ¡ahora y tampoco
hace milenios! y b) con cambio de piel o no ¡las serpientes también mueren!
De esto se desprende, sencillamente, que cualquiera
sea el fundamento que se pretenda esgrimir,
éste debe señalar hacia abajo, hacia el suelo, que es donde vive, se reproduce,
muda de piel y puede atacar mortalmente el peligroso reptil.
¿Cómo explicamos entonces qué fue lo que impulsó
a las antiguas civilizaciones a ubicar las serpientes en los cielos? ¿Cómo
encajan las opiniones tradicionales con aquellas
serpientes civilizadoras, benefactoras,
llegadas del Cosmos?
SERPIENTE-DIVINIDAD: ¿ARTEFACTO VOLANTE?
Incontestablemente, no estamos hablando de ningún
animal.
Así nos lo confirma, en propias palabras, el gran
sacerdote egipcio Epeis: "La primera
y la más eminente divinidad es la serpiente con cabeza de gavilán, que cuando
abre los ojos llena de luz toda la faz de la Tierra..."
¿Podría estar hablando Epeis de las potentes luces
de una nave?
¿Absurdo?
Como sea, los indicios que permiten sospechar una
orientación tecnológica en tales definiciones
no parecer estar insuficientemente abonados. De hecho, en el capítulo CVIII
del "Libro de los Muertos" egipcio podemos leer: "Extendida
en el flanco de la montaña está acostada la gran serpiente. Es larga de treinta
varas, ancha de ocho. Su pecho está adornado
de sílex y placas centelleantes. Pero yo conozco el nombre de la Serpiente
de la Montaña...Escuchadle: "La-que-vive-en-las-llamas"..."
Y claro, de nuevo se nos hace difícil encontrar
en los registros de herpetología cuándo
existieron serpientes de 54 metros de largo por 15 de ancho (30 varas por
8)...sin contar desde luego que estén hechas de sílex y placas centelleantes
y que vivan entre las llamas...
Así las cosas, bien podemos pensar, por lo menos,
que la constante reiteración de la naturaleza
ígnea de estos supuestos reptiles es tanto más que suficiente como para dudar
de las interpretaciones ortodoxas. Al respecto, fue el recordado Peter Kolosimo
(No es Terrestre) quien ha llamado la atención sobre una particularmente interesante
leyenda amazónica que - en palabras del escritor italiano - "habla
de un tal Elipas que, establecido en una colina en compañía de una serpiente,
iba de un sitio a otro curando a los indígenas y "obrando extrañas magias
de fuego y agua". La cosa continuó hasta que los dioses locales, perjudicados
por la competencia, trataron de quitarlo de en medio y enviaron contra él
a los "hombres malvados del bosque". Resultó un tremendo fracaso, ya que la
serpiente se puso a escupir llamas, incendiando el bosque, calcinando el terreno
y poniendo en ebullición las aguas del río, después de lo cual Elipas dirigió
un severo discursito a los supervivientes, anunciándoles
que, desde aquel día en adelante, tendrían que pasar sin sus milagros. Acto
seguido - prosigue Kolosimo - se
marchó por los aires cabalgando la serpiente en medio de un vórtice de fuego."
Por su parte, Peter Krassa ("Hijos del Cielo. El
misterio de la antigua China") nos puso al tanto de una devastación parecida
registrada en los mitos de los thai, que hacen referencia a la "bicéfala serpiente
celeste Tien-she", acerca de la cual leemos: "La
serpiente del cielo, lo oscureció
en su recorrido, les era casi imposible respirar a los hombres.
Lanzaba permanentemente un polvo
blanco a la Tierra, que no sólo dificultaba la respiración, sino que causaba
una incurable anemia que consumía las fuerzas de los hombres, hasta que morían
miserablemente. El polvo de Tien-she marchitaba también todas las plantas
y asfixiaba a los animales".
Y, es oportuno decirlo,
este "muestreo comparativo", que identifica una y otra vez las características
propias de estos... ¿portentos tecnológicos?...se reitera prescindiendo de los
distintos orígenes culturales.
Así, Quetzalcóatl, aquel dios benefactor de los aztecas,
simbolizado como "la Serpiente Emplumada",
encuentra su símil en la diosa Buto de Egipto.

En Australia escucharemos
hablar de la "Serpiente del Arco Iris", estrechamente ligada con aquellas enigmáticas
pinturas rupestres pertenecientes al culto de los dioses Wandjina, cuya semejanza
con la imagen de astronautas no ha pasado desapercibida.
En Asia, la cuestión no varía. Los hindúes afirman
que serpientes llamadas "nagas" habitan
en palacios subterráneos del Himalaya. La leyenda dice que estos "nagas" están
dotados de grandes poderes e inteligencia,
siendo capaces de volar por el espacio y que sus palacios subterráneos, iluminados
por resplandecientes piedras, esconden maravillosos
tesoros que estos dioses custodian celosamente.
Para Andrew Tomas ("En las orillas de los mundos infinitos"):
"Lo que esta leyenda de la India puede
significar es la existencia de una base cósmica construida por seres de un mundo
muy distinto al nuestro que crearon refugios artificiales apropiados a sus organismos".
Y prosigue: "¿Por qué se les considera
sabias a las serpientes que mencionan
los libros sagrados? A decir verdad,
los experimentos hechos con serpientes han demostrado que éstas no son en absoluto
inteligentes. El calificativo de serpiente sabia pudiera ser, simplemente, una
interpretación alegórica de seres
cósmicos, los cuales, después de llegar en "serpientes" o "dragones" por los
espacios celestiales, decidieron vivir bajo la tierra en hondas catacumbas,
a manera de serpientes."
Pudiendo coincidir o no con la interpretación de Tomas,
el tema referido a la "sabiduría de las
serpientes", sumado a las otras notablemente extrañas características ya señaladas,
permite, al menos, sospechar la presencia
de visitantes exóticos...
El "Libro de Dzyan", descubierto hace poco más de
un siglo en el sur del Tíbet, es categórico cuando dice: "Las
serpientes que descendían enseñaban e instruían" (Estan
cia 12:49)
QUETZALCOATL, LA SERPIENTE EMPLUMADA
La leyenda de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada,
encierra, por lo visto, la confirmación
de aquella estancia del Libro de Dzyan.

Es dable destacar
aquí, antes de abocarnos al análisis de ciertas particularidades de este dios-serpiente-hombre,
que los más conservadores historiadores, quienes ni en sueños apoyarían
la hipótesis de los antiguos astronautas, se han manifestado partidarios de
la realidad histórica de Quetzalcóatl.
Es decir, de su existencia concreta, tangible. ¿Nazcas voladores?
¿Y qué vomitan? Extravagantes serpientes
naja... Y de hecho renunciamos
al crédito por tal afirmación, pues no fue
sino la misma Simone Waisbard quien sostuvo: "Proyectado
como una flecha o distendido como
un resorte, a imagen de la serpiente-voladora de las antiguas leyendas preamericanas,
con un cuerpo reducido al mínimo (apenas la tercera parte del geoglifo), en
relación con el conjunto, el más insólito
de los huéspedes de la pajarera de las pampas, mide en total cerca de 280 metros..."
Así pues, Fray Bernardino de Sahagún escribió en su
"Historia general de las cosas de Nueva España": "En
esta ciudad (de Tollan) reinó muchos años un rey llamado Quetzalcóatl...Fue
extremado en las virtudes morales...".
Por su lado, Laurette Séjourné ("Pensamiento
y Religión en el México Antiguo") dice: "De
acuerdo con los datos que conservamos, la realidad histórica de Quetza
lcóatl parecería estar fuera de duda, ya que se
mencionan innumerables veces sus cualidades
de jefe". Para H.J. Spinden ("New Light
on Quetzalcoatl") este dios fundador de la cultura n ahuatl
es "la más grande figura en la antigua
historia del Nuevo Mundo, con un código de ética y amor por las ciencias y las
artes".
Resulta razonable entender entonces que siendo éste
un personaje histórico, todo aquello que lo involucre debería caber dentro del
mismo marco de referencia. Con lo cual, ¿no sería plausible indagar lo relativo
a la "Serpiente Emplumada" como parte de una realidad mal interpretada
como mero simbolismo?
Desde luego, se comprende que los arqueólogos más
conservadores - ante un personaje como Quetzalcóatl,
que incluso dentro del contexto histórico no ha escapado de la dualidad hombre-serpiente
emplumada - hayan optado por el obsoleto criterio de traducir el concepto de
mito como fábula o ficción. Sin embargo, será oportuno señalar que bien mirada
a la luz de la hipótesis de los antiguos astronautas, la identidad de este dios-rey
que sacó a México de la ignorancia no parecería ya tan oscura.
De hecho, según consta, Quetzalcóatl es tanto el hombre
blanco y barbudo vestido de larga túnica así como cada una de las cabezas de
serpientes que adornan los templos a él dedicados en Chichen Itzá y Teotihuacan.
Del mismo modo que es ese hombre que, por ejemplo, en el Códice Vaticano A-6
asoma de entre las fauces de la serpiente voladora
como dios creador...
¿Pero es acaso eso posible?
¿Será así porque, en efecto, los testigos de sus "atributos
celestiales" no supieron ni pudieron, claro,
separar al hombre de la máquina, una igual o semejante a aquellas que por su
forma aerodinámica fueron tenidas por serpientes voladoras en otros rincones
del mundo, tal y como vimos?
Para responder, le servirá al lector saber que a Quetzalcóatl
se lo ha representado a menudo
luciendo un extraño aditamento bucal, con forma de hocico alargado, conocido
como "máscara de aire". Dicha máscara es
a primera vista identificable en los dibujos de, por ejemplo, los Códices Magliabecchi
o Borgia. Asimismo, en el museo de Toluca, México,
una estatuilla del dios indica que esta máscara podía quitarse fácilmente. Como
qui era que este aditamento, por su nombre
mismo, "máscara de aire", resulte suficientemente
sospechoso como para ser comparado con algún medio auxiliar de respiración que
bien podría utilizar algún hipotético visitante
espacial, no dejará de ser un dato también de importancia saber que toda vez
que Quetzalcóatl es representado "en el cielo" no lleva dicha máscara, y sí
en cambio la utiliza "en tierra".
En idéntico sentido, es decir desde un punto de vista
"tecnológico", la partida de Quetzalcóatl
narrada en los "Anales de Cuauhtitlan" tampoco ha escapado a la comparación
con el despegue de una nave espacial. Citamos textualmente: "Se
dice que...habiendo llegado a la orilla celeste del agua divina, (Quetzalcóatl)
se paró, lloró, cogió sus arreos, aderezó su insignia de plumas y su máscara
verde...Luego que se atavió, él mismo se prendió fuego y se quemó... Se dice
que cuando ardió, al punto se encumbraron sus cenizas, y que aparecieron al
verlas todas las aves preciosas que se remontan y visitan el cielo...Al acabarse
sus cenizas, al momento vieron encumbrarse
el corazón de Quetzalcóatl. Según sabían, fue al cielo y entró en el cielo.
Decían los viejos que se convirtió en la estrella que al alba sale; así como
dicen que apareció cuando murió Quetzalcóatl,
a quien por eso nombraban el Señor del alba...".
Las "serpientes" de Nazca y Paracas
Poco antes tuvimos oportunidad de conocer, en palabras
de Andrew Tomas, lo referente a la existencia
de las serpientes naga en las leyendas de la India. Por lo tanto, descontamos
que el lector encontrará atractivo todo cuanto nos dice ahora la reputada arqueóloga
Simone Waisbard ("Las Pistas de Nazca"): "Una
frase de Frederic Engel tuvo eco en los pensamientos
que me agitaban irresistiblemente a la vista de los famosos mantos de Paracas,
una vez que lo discutimos juntos: Los tejidos de Paracas II, con sus demonios
que vomitan, son unas obras maestras
del arte simbólico. Pero, precisó, esos hombrecillos voladores tan fascinantes
son nazcas.
No existen ni han existido nunca en el Perú, pero
se las encuentra en la India, con el nombre
de Naga. Una coincidencia fonética más sin duda, pero no hay mucha diferencia
entre nazca y naga...
Además de estas equivalencias fonéticas
- continúa más
adelante Waisbard - lo que llamó mi atención
fue que los hombres voladores de Paracas y Nazca evolucionan entre una multitud
de serpientes de grandes anteojos. Se trata como si los dibujantes y bordadores
hubiesen exagerado de una manera voluntaria
sus formas. Mucho antes que yo, el arqueólogo
Eduardo Seler observó que, entre los nazcas y los paracas, cuando los seres
míticos toman aspecto humano, poseen un elemento adicional que adquirirá un
considerable
desarrollo. Precisamente, subraya, en las imágenes en que el cuerpo humano está
en actitud de volar. Es la serpiente dentada lo que se destaca. Me siento tentada
a decir - agrega Waisbard - que
el personaje flota por los aires, sostenido
por estas serpientes..."
Más allá de la extraordinaria asociación entre la
India y el Perú, lo cual nos pone a pensar que no deberíamos cambiar de pluma
alegremente al escribir la historia de pueblos
aparentemente sin nexo, las palabras de
una reconocida arqueóloga como Simone Waisbard,
quien ha dedicado más de quince años de su vida al estudio de las líneas de
Nazca, permiten suponer la necesidad de encarar un estudio de tan enigmática
zona desde una óptica diferente.
Mucha tinta se ha vertido ya - ni hace falta decirlo
- discutiendo sobre lo que son o no los geoglifos de la pampa de Nazca. De modo
que podemos por caso aceptar la opinión
de la recordada pionera María Reiche, basada en los estudios previos de Paul
Kosok, de que se trata de un gigantesco
mapa del cielo, o bien suponer, como Erich von Däniken, que hubo allí pistas
de aterrizaje...Pero lo cierto e indiscutible es que tales figuras
sólo son comprensibles vistas desde el cielo, de manera que la lógica nos lleva
a conjeturar que fue ése y no otro el objetivo de quienes las idearon.
Según las dataciones llevadas a cabo sobre tejidos
y cerámicas de las culturas de Nazca y Paracas, éstas corresponden a la antigüedad
de los geoglifos. En consecuencia, ¿cómo debemos
interpretar las representaciones de los "hombres voladores"?
Simone Waisbard nos dice: " ¡Hombres
voladores! Ya ha quedado lanzada una idea loca, una palabra demencial..."
Y agrega a continuación: "¿Por qué ese espectáculo
de seres enmascarados, sobrecargados de adornos suntuosos, que blanden armas
o cetros indefinibles, con casco
o encuadrados por serpientes dentadas?"
Quizá la respuesta nos la pueda dar la hipótesis de
los antiguos astronautas, apelando a otro
interrogante que los arqueólogos más tradicionalistas ni siquiera han considerado
lo suficiente. Nos referimos a la gigantesca figura llamada
"parihuana", por aquel grácil flamenco que habita la bahía de Paracas.
¿Un ave? ¡No, en absoluto!...Más bien, ¡una enorme
serpiente-emplumada!
Pero agreguemos todavía otro detalle significativo...
Los estudios de María Reiche, una pionera indiscutible
en Nazca, permitieron establecer que la
cabeza de la "parihuana", que Waisbard menciona como "pájaro-serpiente", apunta
con precisión hacia la salida del Sol, tras
las altas cumbres andinas, en la época del solsticio de invierno. Lo cual se
convierte en algo aún más interesante cuando se recuerda que precisa
mente en el solsticio de invierno, el 24 de junio,
los incas celebraban el Inti Raymi (fiesta que todavía hoy se revive anualmente
con todo su fantástico espectáculo folklórico),
donde se rendía homenaje a Apu Inti, la deidad principal y creadora del imperio
incaico. Nada menos...
¿SIMPLE COINCIDENCIA?
Si es así, a estas alturas, y casi sin darnos cuenta,
esas múltiples "coincidencias" nos sobrepasan...
EL AUTOR estudió abogacía
en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia
y fue coordinador documental de la revista Cuarta
Dimensión, jefe de redacción de otras public
aciones especializadas y actualmente es el editor
de www.antiguosastronautas.com
Desde 1980 ha publ icado gran número
de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.
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