LAS “VARAS MÁGICAS” DE LOS DIOSES

  

 

CÉSAR REYES

Argentina

www.antiguosastronautas.com

 

  

Los mitos y leyendas mencionan un poderoso instrumento en manos de los dioses.

 

 

 

A la manera de un “mago” que en escena saca de la galera un conejo asustado luego de un par de toques con su “varita mágica”, los dioses de antaño hicieron también uso de un instrumento parecido, que dicho sea de paso serviría más bien para asar a gusto al susodicho mamífero. Se trataba de algo como un cetro, cayado, bastón o vara, el cual, en ocasiones, entregaron como símbolo de autoridad a ciertos hombres elegidos por ellos como interlocutores.

 

 

Moisés y la “vara de Dios”

 

Sin duda, un caso emblemático es el de Moisés. Basta recordar sino el famoso Paso del Mar Rojo protagonizado por el pueblo judío. Perseguidos por la caballería y los carros del faraón, los hijos de Israel se vieron perdidos. Sin escape posible, clamaron por sus vidas al “Señor” y a Moisés diciendo: “¿Acaso faltaban sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a que muriésemos en el desierto? ¿Qué designio ha sido el tuyo en sacarnos de Egipto?” (Biblia, Éxodo 14,11).  A lo que Moisés respondió: “No temáis, estad firmes y veréis los prodigios que ha de obrar hoy el Señor, pues esos egipcios que ahora estáis viendo ya nunca jamás los volveréis a ver.” (Biblia, Éxodo 14,13). Y ciertamente que Moisés no exageraba pues los acontecimientos que siguieron fueron la contundente prueba del tremendo poder de Yahvé. ¿Un poder de tecnología avanzada disimulado por la incomprensión de un pueblo primitivo?

 

Las órdenes de Yahvé a Moisés fueron muy claras: “Di a los hijos de Israel que marchen. Y tú levanta tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, para que los hijos de Israel caminen por en medio de él a pie enjuto.” (Biblia, Éxodo 14, 15 -16). Y entonces ocurrió…”Extendió, pues, Moisés la mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar por medio de un fuerte viento del este, que sopló toda la noche, con lo que el mar vino a ser suelo enjuto, y las aguas quedaron divididas.” “Los hijos de Israel pasaron en medio del mar, sobre suelo enjuto, teniendo las aguas como por muro a derecha e izquierda.” (Biblia, Éxodo 14, 21-22).

  


 

¿Qué poder encerrado en la vara de Moisés permitió realizar tal proeza que nos hace pensar en un “campo de fuerza” de ciencia-ficción?

 

Como fuere, parece evidente que ese supuesto “campo de contención” requería de un cierto tiempo para formarse, pero su anulación podía lograse con rapidez. Al menos eso se desprende de la suerte que les cayó encima (literalmente hablando) a los egipcios…”Entonces dijo el Señor a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que se reúnan las aguas sobre los egipcios, sobre sus carros y caballos.” “Luego que Moisés extendió su mano sobre el mar, se volvió éste a su sitio al rayar el alba; y huyendo los egipcios, las aguas los sobrecogieron, y el Señor los envolvió en medio de las olas” “Así, las aguas vueltas a su curso, sumergieron los carros y la caballería de todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar en seguimiento de Israel: ni uno siquiera se salvó.” (Biblia, Éxodo 14, 26-27-28).

 

No obstante, y para disipar dudas acerca del enorme poder del cayado del patriarca, aún podemos encontrar otras pruebas de su variada utilidad.

 

En efecto, hallándose el pueblo de Israel en el desierto falto de agua, una vez más reclamaron a Moisés por su desgraciada suerte. Acosados por a sed y temerosos ante la muerte inminente, decían: “¿Por qué nos has hecho salir de Egipto para matarnos de sed a nosotros y a nuestros hijos y ganados? Y ante esto, de nuevo intervino Yahvé ordenándole a Moisés (quien al parecer desconocía algunas de las funciones del instrumento que tenía en sus manos): “Adelántate al pueblo, llevando contigo algunos de los ancianos de Israel, y toma en tu mano la vara con que heriste el río y vete.” Y agregó seguidamente: “Yo estaré delante de ti, allá en la peña de Horeb, y herirás la peña y brotará de ella agua para que beba el pueblo.” (Biblia, Éxodo 17, 5-6).

 

Pero, no sería ésta la última vez que Moisés utilizaría el poder de su vara. De hecho, durante la batalla contra los amalecitas, el sorprendente artefacto se convirtió en una efectiva arma que decidió la suerte de los israelitas. Leamos pues la narración bíblica que, por su claridad, no tiene desperdicio…

 

“Y dijo Moisés a Josué: Escoge hombres y ve a pelear contra los amalecitas: mañana yo estaré en la cima del monte, teniendo la vara de Dios en mi mano.” “Hizo Josué lo que Moisés había dicho y trabó combate con Amalec. Entretanto, Moisés y Aarón y Hur subieron a la cima del monte.” “Y cuando Moisés alzaba las manos, vencía Israel; mas si las bajaba, Amalec tenía la ventaja.” “Ya los brazos de Moisés estaban cansados, por lo que, tomando una piedra, pusiéronsela debajo y sentose en ella, y Aarón de una parte y Hur de la otra, le sostenían los brazos; los cuales de esta manera permanecieron inmóviles hasta que se puso el Sol.” “Y Josué derrotó a Amalec y pasó a cuchillo su gente.” (Biblia, Éxodo 17, 9-10-11-12-13).

 

 

El “kop” de Bep-Kororoti

 

Curiosamente, una antiquísima leyenda del Amazonas habla de un instrumento con similar poder en manos de un extraño visitante que habría vivido algún tiempo entre los indios kayapos  - una tribu que habita a orillas del río Fresco, en el sur del Estado de Para, en Brasil. El extranjero se llamaba Bep-Kororoti, lo que en lengua de los indígenas significa “Vengo del Universo”.

 

¿Se trataba acaso de un ser venido del Espacio Exterior? ¿Un antiguo astronauta?

 

 

 

Es muy posible,  ya que si nos guiamos por lo que la memoria tribal ha registrado, Bep-Kororoti parece más bien un personaje salido de un episodio de Star Trek. En apretado resumen, su historia entre los kayapos fue más o menos así: apareció de buenas a primeras en la aldea vistiendo un raro traje que lo cubría de pies a cabeza y empuñando un arma con forma de bastón que lanzaba rayos. Tal vara o bastón fue llamada “kop” por los nativos, quienes muy pronto conocieron su poderío. De hecho, apenas llegado, los jóvenes guerreros de la tribu atacaron al intruso y fueron derribados de inmediato por efecto del arma/vara. Se dice que Bep-Kororoti alzó en un momento su “kop” y apuntando a un árbol y luego a una piedra destruyó ambos en un santiamén, demostrando así que no había venido a dañarlos. Ya admitido en la tribu como un guerrero de gran valor, el “visitante del Cosmos” convivió durante años con los kayapos,  se casó, tuvo descendencia, y finalmente partió de regreso a su mundo en las estrellas. Durante ese tiempo, él usó su “kop” varias veces, especialmente cuando la caza escaseaba y partía con su arma/vara y, como dice la leyenda, “mataba los animales sin herirlos”. En una ocasión, además, el tremendo poder del arma del “guerrero del Cosmos” fue decididamente devastador cuando, presa de la ira, y seguido por los indígenas, él llegó hasta la cumbre de una montaña cercana a la aldea y para espanto de todos destrozó con su “kop” todo cuanto había a su paso…

 

Actualmente, los kayapos celebran el recuerdo de Bep-Kororoti con una fiesta que incluye una muy particular vestimenta ritual que se asemeja mucho al traje de un astronauta, tal y como puede apreciarse en esta foto tomada en 1952 por el etnólogo Joao Américo Peret, donde, claro, la larga vara que empuña el indígena que hace las veces del homenajeado representa el arma que se menciona aquí como “kop”.

 

 

Más “varas mágicas”

 

“Vara de Dios”, “kop”… ¿Acaso los nombres importan?

 

En los libros budistas del Tíbet nos será posible identificar objetos como estos con el “bastón del porvenir” o “Dordie”, caído “milagrosamente” del cielo en las cercanías del monasterio de Sera, en Lhassa. Y sin esforzarnos en buscar muy profundo entre las restantes leyendas, fácilmente nos encontraremos con instrumentos similares tanto en aquella “vara mágica” con la que el dios griego Dionisio venció al gigante Euritos, como en el bastón del dios tártaro Hades. O quizá más inconfundible todavía nos resulte su identificación en la leyenda india que narra cómo el héroe Kashyab, utilizando una “vara mágica”, dividió los montes de Cachemira.

 

En Sudamérica, el buen dios Quetzalcóatl era representado a menudo portando una especie de bastón de mando. Y Apu Inti, el Dios Sol, deidad principal y creador del imperio incaico, fue quien, según la leyenda, entregó a Manco Capac (fundador del imperio junto con Mama Occlo) una vara de oro ordenándole abandonar las aguas del Lago Titicaca, donde ambos vivían, y erigir la capital del futuro imperio allí donde la vara se clavara en el suelo.

 

 

El cayado de Viracocha

 

Viracocha fue siempre recordado por los incas como un dios benevolente, portador de cultura y muy poderoso. En una de las muchas leyendas que aluden a él se menciona un arma en forma de cayado, cuyo poder es ostensible. Al parecer, los acontecimientos habrían tenido lugar en la actual localidad de Caxha, cuando sus habitantes decidieron matar a Viracocha, molestos por su “vestimenta y su porte tan extraño”. Pero, dejemos que el relato corra por cuenta del historiador Pedro Sarmiento de Gamboa:

 

“Ya habían empuñado las armas contra él, cuando, enterado Viracocha de sus perversas intenciones, se arrodilló en un lugar llano, y elevó las manos plegadas y la mirada al cielo; y de lo alto llovió fuego sobre quienes estaban sobre la montaña y quemó todo el paraje; tierra y piedras ardieron como paja. El terror se apoderó de los malvados perseguidores ante aquel espantoso fuego, y corriendo se abalanzaron a donde estaba Viracocha, arrojándose a sus pies en demanda de gracia”

 

“Viracocha – continúa narrando Sarmiento de Gamboa - , ganado por la compasión, fue al fuego y lo apagó con su cayado. Pero el monte quedó calcinado y las mismas piedras se habían quedado tan ligeras como consecuencia del enorme calor del fuego, que un hombre podía llevar ahora fácilmente alguna que habitualmente no podría haber transportado un carro, lo cual se puede hoy constatar. Y es cosa prodigiosa de este paraje y monte, que todo haya quedado arrasado en un cuarto de legua; se encuentra en la provincia de Collao.”

 

 

 

Supondremos aquí que las comparaciones con los acontecimientos de Sodoma y Gomorra son “odiosas” y en cualquier caso innecesarias, pero es seguramente cierto que la conflagración que menciona la leyenda no salió de una “fogata de campamento”…Y como sea, es bien evidente que el cayado utilizado por Viracocha encerraba un altísimo poder con el cual pudo desencadenar de inmediato un pavoroso infierno así como sofocar el fuego al momento. No es por lo tanto, según parece, simplemente antojadizo el motivo que bellamente adorna el friso de la magnífica Puerta del Sol en la enigmática ciudad de Tiwanacu - “que construyeron en una noche” - , con sus raros seres provistos de alas y con cabeza de gavilán, presididos por el gran dios que sostiene dos cetros que simbolizan su supremacía y cualidad celestial.

 

Desafortunadamente, es seguro que nunca jamás encontraremos un solo instrumento de ese tipo dejado en alguna parte por dioses o entrenados olvidadizos, puesto que si la cosa es como dicen los “magos” varita en mano…no hay…”nada por aquí, nada por allí”. Y aunque ello bien pueda sonar a broma, no es en ningún caso una ironía…

 

  

 

EL AUTOR estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de www.antiguosastronautas.com  Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.

 

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