Por Antonio Cárdenas Tabies
Cheniao, está ubicado en el sector de Voique, Mechuque, islas de montes
bajos y barrancos altos en la parte norte sobre el mar. Las familias que aquí
viven son muy pocas; los Aguilar, los Ruiz, los Serón, y los Nahuelancas;
todos viven de sus siembras de papas y trigo, de las mariscadas y de algunos
animales que sobreviven al viento y la lluvia. En medio de su aislamiento respetan
y practican sus creencias, entierran a sus muertos, rezan, cantan y cuando es
necesario callar, callan sobretodo cuando alguien ha desaparecido o le ha ocurrido
algo extraño.
El caso de nuestra historia se refiere al muchacho de apellido Aguilar a quién le dicen “Carito”.

En febrero de 1974, Carito andaba con su papá buscando madera en la playa, era tarde, el muchacho en esa fecha tenía dieciséis años, sin problemas con nadie en su casa, era tranquilo y normal como los demás jóvenes de su edad, venía de vuelta a casa y al llegar a una tranquera su padre le ordenó cerrarla bien y siguió adelante. Carito no tuvo problemas en obedecer y se quedó.
El papá llegó a casa y luego se hizo de noche y como Carito no aparecía, la familia se inquietó. El padre salió a buscarlo, pero no lo encontró. Al día siguiente continuó la búsqueda por los caminos, montes, potreros, casas, y en las cercanías de la playa, preguntando si faltaba algún bote, porque podía haberse ido a otra playa o islas cercanas, y se comprobó que todas las embarcaciones estaban allí, ninguna había salido hacia otra parte. Se dieron cuenta que el muchacho había desaparecido de verdad, no se le halló por parte alguna.
El asunto se ponía triste para la familia, los padres y los hermanos suplicaban a la gente y no sólo la familia salió a buscarlo, sino todos los vecinos. Se formaron grupos y cada uno se organizó por su lado. Llegó la noche y la búsqueda continuaba con faroles, lámparas, linternas, hasta el amanecer y sin resultado alguno.
Al tercer día de búsqueda inútil el padre se fue a Machuque con algunos vecinos a pedir ayuda a la policía.
Buscaron durante cinco días más por toda la Isla, sin resultado positivo alguno. A los quince días un hermano y un vecino hicieron un nuevo intento y se internaron por un monte, en el que según ellos, no se había buscado bien, iban juntos y caminaban despacio, presentían encontrar sorpresas y creían que lo hallarían muerto; alguien también antes desapareció y sólo encontraron el cadáver. Iban caminando cuando en un claro vieron a Carito, con una mano se sujetaba al gancho de un árbol que caía bajo, con la otra mano sostenía su chaqueta sobre el hombro, miraba hacia un lugar muy lejano, estaba quieto, arrodillado como si estuviese suplicando en silencio que alguien le liberara de una situación terrible y maldita.
Los buscadores se le acercaron y le hablaron, le hicieron preguntas, y le dijeron que volviera a casa, que su mamá lo esperaba. Estaba mudo. Cuando le preguntaron dónde había estado no contestaba, le volvieron a rogar que volviese a casa y que su madre se moriría si no llegaba, entonces se levantó y empezó a correr y al llegar a un cerro muy alto que separaba el monte de los potreros ellos vieron a Carito dar un salto increíble, saltó los estacones sin tocarlos y desde allí corrió y entró al patio de su casa.
La noticia corrió de puerta en puerta. Cuando se le interroga dónde había estado, callaba y se molestaba aduciendo no preguntarle donde había estado.
Había un hecho extraño que llamaba la atención, era la ropa y los zapatos de Carito a pesar del tiempo que duró la ausencia se le veía tan igual como cuando los tenía puestos el día de los hechos. Todo estaba limpio, el rostro y el cuerpo sanos.
Pasaron uno, dos y tres días, Carito se lo pasaba mirando por la ventana y con claras demostraciones de querer escapar. Una mañana salió al patio seguido de su hermana que estaba de turno para vigilarlo. De improviso y antes de que ella se diera cuenta el muchacho desapareció de su vista. La niña corrió a dar la alarma, se reunieron todos los familiares y vecinos y entre sollozos recomenzaron la búsqueda y dada la experiencia anterior, ésta fue más intensa, tampoco lo encontraron por ninguna parte.
Pasaron veinte días, el padre viajó a Achao a dar cuenta a las autoridades del caso que le ocurría.
Ordenaron su búsqueda e investigación sin resultado alguno. Las autoridades marítimas por su parte, hicieron lo mismo y nada. Pasaron otros dos días, ya nadie tenía fe en encontrarlo, todos pensaron que esta vez Carito tendría que estar muerto. Los perros de la casa de Carito ladraron toda la noche, a la mañana siguiente la hermana sintió que una gallina cacareaba arriba de un galpón donde guardaba pasto y ella llamó a su otra hermana para decirle que una gallina ponía arriba del galpón.
Entre las dos buscaron una escalera y una de ellas subió a ver qué ocurría y al asomarse se detuvo y oyó ruidos extraños, parecían ronquidos, se bajó y buscó a su padre quién subió y halló a su hijo sobre el pasto. Sin oponer resistencia, Carito aceptó ir a casa, bajaron por la escalera, en la cocina se prepararon algo para comer, su aspecto era normal, sus vestimentas estaban intactas y él se negaba a contestar cualquier pregunta sobre el caso y para no incomodarlo, no le interrogaron más.
Carito parecía estar totalmente recuperado, trabajaba en los quehaceres de la casa y también en la labranza. Los padres lo llevaron al médico de Achao y también a especialistas de Valdivia, en todos estos lugares lo encontraron sano y normal; eso sí, nadie se atrevió a hacerle preguntas para no contrariarlo. Un día Carito estaba con un grupo de muchachos del vecindario de la Isla. En la conversación se comentó la noticia que un amigo y compañero de escuela había tenido un accidente en Punta Arenas. Los muchachos comentaban que a Nahuelanca que así era el apellido del amigo accidentado se le había escapado por casualidad una bala de su rifle y que le había partido el corazón. Carito que hasta ese momento había guardado silencio y permanecido con la cabeza gacha, se enderezó y dijo:
- “No es cierto que Nahuelanca se murió por casualidad”
- ¿Qué sabes tú si no estabas cuando murió Nahuelanca?
Carito les respondió:
-“Yo sé todo. Tal como fue. Nahuelanca no murió como ustedes dicen… A Nahuelanca lo mataron”
En esos días los sectores de Cheniao y Voigue estaban de duelo y se celebraban los funerales de Nahuelanca.
Lo curioso es que después de dos años se supo que, efectivamente, Nahuelanca había sido asesinado.
¿Cómo supo Carito la verdad?
¿Qué poder poseía Carito para saber cosas tan distantes a miles de kilómetros del lugar dónde él estaba?
Son las preguntas que se hacen los vecinos y qué aún no tienen respuesta.
Un día mientras sus parientes cortaban leña cerca de su casa, éste se perdió un instante sin que sus familiares, que estaban con él se alcanzaran a dar cuenta. Esta vez su desaparición duró 38 días.
Una tarde lo encontró una vecina. Carito estaba cerca de la playa comiendo moras. Al darse cuenta el muchacho que alguien lo había descubierto corrió a unos matorrales perdiéndose de nuevo. Ahora transcurrieron muchos días; la gente dice que fueron dieciocho. Cierto día, un tío que caminaba por un potrero, lo vio y se acercó por detrás tomándolo de la ropa y pidiéndole que fuera a su casa, a lo que Carito se negó, entonces le dijo si aceptaba llevarlo a casa de un amigo llamado Enrique, el muchacho aceptó, pero la intención era llevarlo allí para que lo fueran a rescatar sus padres.
Mientras iban caminando, el tío vio a un vecino que por allí pasaba y le gritó, diciéndole que llevaba a Javier (Carito). Este se dio cuenta y dándose un violento tirón se escapó de las manos de su tío, perdiéndose entre las matas en dirección al mar.
Pasaron más de cincuenta días, en uno de ellos, su padre, que siempre tenía la esperanza de encontrarlo, se dirigió a una casa deshabitada durante mucho tiempo, ésta había sido antes registrada y no se encontraron restos del muchacho; el padre subió al entretecho y allí lo encontró. Estaba durmiendo, se despertó y al sentirse sorprendido intentó saltar por la ventana para escapar, más su padre se aferró a él y no lo dejó huir, con palabras amables, logró llevarlo a casa. El vecindario curioso y preocupado disimuladamente lo visitaba, lo que llamaba la atención era que cada vez que regresaba con sus vestimentas en buen estado, no presentaban huellas de desgaste.
Actualmente dicen que salió de su casa, según él a ganarse la vida; los padres le dieron permiso. Unos dicen que lo han visto en Dalcahue, Puerto Montt y otras ciudades.
Los familiares de Carito responden que está trabajando en la Argentina, sin embargo mientras estuvimos trabajando en Chemiao en el año 1976 la gente comentaba que se había embarcado en un barco que pasó por la Isla.
Sus conjeturas son que Carito aparecerá de nuevo para volver a irse, siempre joven, mostrando su rostro limpio y sin huellas. Una mirada distante, ausente de su hogar y de su vecindario, a los cuales en verdad ya no pertenece, sino al presente eterno.
Fuente:
Cárdenas, Tabies, Antonio. “Triángulo en el Pacífico
Sur”. Imprenta ARCA, 1996, pp. 78-85.
Nota:
Antonio Cárdenas Tabies, nació en Huildad y avecindado en Rancagua,
publicó durante la década del 70 una decena de ensayos relativos
a la cultura tradicional de Chiloé, que constituyen recuerdos de cuando
vivió en Chiloé. Falleció en junio de 1997.