LA ANTARTICA Y EL MITO LOVECRAFTIANO
Exordio
La Antártica es uno de aquellos sitios
de nuestro planeta que tardó más para convertirse en otro objeto de la codicia
del hombre. Sus misterios y peligros ejercieron su influjo poderoso sobre
intrépidos aventureros del pasado, pero sus hechizos han superado los océanos
del tiempo e invadido el alma de algunos modernos exploradores que no trepidan
en aceptar el reto que les arroja el Continente Helado. Estos personajes han
debido enfrentarse con misterios de vieja data, han utilizado inusuales
herramientas de exploración para penetrar en su Verdad, avíos tales como la
Literatura y el universo mágico de los sueños. Ellos han traspasado, incluso,
los umbrales de la conciencia ordinaria para acceder a un estado de súper conciencia.
Y todo esto, para desenterrar obscuros arcanos y arrojar luz sobre un lugar
físico y espiritual tan distinto a cualquier otro que nos parece una región
no-terrestre.
¿Quiénes son estos aventureros? Son tres
magos que traen sus hechizos desde su antigua tierra, son poetas y narradores a
quienes conoceremos por sus nombres actuales: Edgar Allan Poe, Howard Phillips
Lovecraft y Miguel Serrano (1). Tres genios literarios, tres soñadores de
sueños imposibles, tres colosos que han narrado otra vez los mitos de antaño.
Tres buscadores del Graal en la Antártica. Entre ellos, el más importante para
este trabajo en particular es, por supuesto, H. P. Lovecraft. Él será el hilo
conductor de nuestra aventura, la cual ha comprometido el espíritu de quien ha
realizado este ensayo e implicará el de todos nuestros lectores.
Lovecraft será quien señalará, con su
antorcha, el camino y nos alertará de los terrores que, agazapados, acechan al
viajero.
EDGAR ALLAN POE
"Las Aventuras de Arthur Gordon
Pym" o, en traducción de Julio Cortázar, "Narración de Arthur Gordon
Pym", es una novela que carece de aquella grandeza de la pluma de Poe que
hallamos en sus cuentos inolvidables como "La caída de la Casa
Usher", "Ligeia" y "Manuscrito hallado en una
Botella". No obstante, no carece de ese elemento que distingue tanto su
obra: el misterio. Sin embargo, éste, curiosamente, no se hallará sino hasta el
desenlace de esta narración, la cual suele ser calificada, por algunos
críticos, como lenta y floja. En efecto, mientras que la mayor parte del
desarrollo de la Narración de Arthur Gordon Pym -tal vez dos tercios de la
novela- carece de vitalidad y emoción, la última fracción se nos muestra como
un giro increíble que rompe con la monotonía del relato, para transformarse en
un océano de misterio, así como misteriosas son las aguas antárticas. Este
hecho ha conmovido a los estudiosos de la obra de Poe y ha promovido un largo
debate donde no se logra aún formular una respuesta.
El tema de la novela, grosso modo,
consiste en un largo viaje por mar que culmina en los blancos hielos del
extremo sur. Allí los viajeros se encuentran con aborígenes negros, un pueblo
desconocido para el hombre blanco, cuya condición provocará en éstos una
compleja confusión de sentimientos opuestos, donde la atracción y la repulsión
se entremezclan. Las últimas páginas son una carrera suicida que parece no
llevar a otra parte que al terror de lo vago, a un remolino demencial cuyo
término no se halla en ningún centro ni en ningún vértice. Las respuestas son
demasiado tímidas, casi ingenuas; los misterios están por descifrarse, pero
jamás se logra desvelarlos; pues, al final de Narración de Arthur Gordon Pym,
Poe comienza otra historia, otro relato. Una historia que, por supuesto, jamás
escribirá...
Pero en este mar de dudas y de nieblas
indefinidas, hay un misterio que, en el desenlace, se descifra. A saber; Poe
nos señala aquello que provoca terror en los negros: temían al blanco, la
ausencia de todo color que llenaba toda aquella región y al desesperado grito
de Tekeli-Li, pues es el presagio nefando de su pronta manifestación. Mas, el
misterio pronto volverá a cubrirnos con su manto: Una terrible visión, la
última imagen de la novela, será la emersión de un gigante blanco «cuyas
proporciones eran mucho más grandes que las de cualquier habitante de la tierra»
(2), visión aterradora que fulmina al negro Nu-Nu. ¿Quién es este ser? ¿Cuál es
el origen misterioso de Nu-Nu y los otros aborígenes? ¿Cuál es la alegoría que
se oculta en el miedo a lo blanco? ¿Qué nos quiso decir Edgar Allan Poe con
todo esto?
Las interrogantes galopan velozmente,
como malditas estrellas fugaces. Una lectura profunda de la Narración de Arthur
Gordon Pym, centrada en aquellos signos con mayor denotación, tal vez nos
señale la senda correcta. Una lectura que asuma el análisis comparativo como
una de sus más imperativas reglas. Este es el camino que hemos decidido hacer
nuestro en este ensayo y, por supuesto, en este apartado sobre Poe y su extraña
novela.
No cabe duda que la esencia del misterio
de la Narración de Arthur Gordon Pym reside en lo siguiente: el blanco como
fuente de terror. He aquí el elemento que hace de esta obra algo más que una
simple novela. Mucho más, sin duda, pues nos obliga a realizar una
interpretación metaliteraria, esotérica. Veremos, entonces, el significado del
blanco en el código de Poe y en su novela. Pero antes debemos conocer el
significado de este no-color conforme a la hermenéutica tradicional (René
Guénon) y a la interpretación de un compañero de oficio de Poe: Herman
Melville.
De la atenta lectura de los ensayos del
tradicionalista francés, René Guénon (3) hemos deducido tres afirmaciones:
Primero: Existe una confrontación entre
blanco y negro. La explicación más frecuente que se da al respecto, nos dice
René Guénon, tiene directa relación con la luz y las tinieblas, el día y la
noche; es decir, la confrontación entre los opuestos complementarios.
Segundo: La oposición no es absoluta, ya
que blanco y negro tienen en el mismo origen. No habría dualismo, «pues si
tales dualidades existen real y verdaderamente en su orden, sus términos no
dejan por eso de desviarse de la unidad de un mismo principio» (4). Esto
adquiere claridad cuando pensamos en el símbolo de YING-YANG. En éste, aunque
los colores parecen enfrentarse, notamos que dentro de cada zona de dominio de
un color se halla presente el color contrario.
Tercero: Negro y Blanco son expresiones
de lo No Manifestado y de lo Manifestado, respectivamente. Sin embargo, esta
regla tiene excepciones y, a veces, nos encontramos en la situación inversa; o
sea, donde el negro corresponde a lo Manifestado y el blanco a lo No
Manifestado. La Antártica, según nuestro Juicio, sería uno de estos casos
excepcionales. El blanco polar es lo No Manifestado, el velo que esconde el
Secreto.
En relación al prosista Herman Melville,
norteamericano como Poe y Lovecraft, debemos considerar su obra "Moby Dick
la Ballena Blanca" como una de las novelas occidentales más simbólicas y
misteriosas de cuantas se han escrito. Su capítulo "La blancura de la
Ballena" nos ayudará a comprobar nuestra hipótesis y a resolver el
carácter esotérico del blanco, asunto de vital importancia para este artículo.
Este capítulo es una suma de pensamientos en relación al blanco de aquella ballena
y a las emociones que éste provoca. El principio sobre el cual se sustenta
Melville es el mismo sobre el que se basan las ideas de Poe y Lovecraft; a
saber, el miedo humano hacia el blanco.
«Lo que me anonadaba sobre todas las
cosas era la blancura de la ballena» (5) Curiosa puede parecernos esta cita de
Melville, mas sólo si nos detenemos aquí y no continuamos con la lectura de
este capítulo. El autor mencionará a muchas otras bestias de blanco: el oso
polar, el tiburón blanco, el albatros, cuyo no-color hará que la sangre se
enfríe sólo con su presencia. Así, el narrador seguirá este mismo sendero, para
intentar responder al enigma. Con nuevas preguntas irá abriendo el camino hacia
la solución del misterio: ¿Cómo es posible que este color que representa la espiritualidad,
«el propio velo de la deidad cristiana», según Melville, sea a la vez un signo
de lo más terrible? ¿No se deberá este horror a causa de lo indefinido, el cual
se manifiesta a través de blanco? ¿No será que el blanco, que implica la
ausencia del color, nos asalta de improviso tocando las más íntimas fibras de
nuestro ser?
El blanco, podemos concluir de la
lectura de la obra de H. Melville, al significar lo indefinido, y quizás
también lo dual, que no son sinónimos, representa, en definitiva, lo misterioso
por antonomasia. Y de allí viene el miedo que el blanco provoca en nosotros,
pues no hallamos indefensos ante un velo misterioso que oculta otros misterios.
Volviendo a la obra de Poe, recordaremos
que el blanco causa el miedo de los habitantes de Tsalal, isla cercana a la
Antártica, ocupada por indígenas de piel negra. No importa si se trata de un
simple pañuelo blanco o de un inofensivo polvillo blanco, lo que sea, la
reacción de horror de los negros no tardaba en llegar.
En la página final de la tragedia de Pym
leemos: «Muchos pájaros gigantescos, de una blancura fantasmal, volaban
continuamente viniendo de más allá del velo blanco, y su grito, mientras se
perdían de vista, era el eterno Tekeli-li!» (6). Este acontecimiento causará la
muerte de Nu-Nu, el habitante de Tsalal, el prisionero de Pym. El terrible
Tekeli-li! de las aves, es imitado por los indios cada vez que se hallan ante
la presencia del blanco o cuando están muy próximos a su poderosa influencia.
Los pájaros serán los mensajeros de Dios: recordemos la importancia de éstos en
el relato bíblico de Noé. Ellos anunciarán el último terror para los negros:
vendrá figurado en Gigante Blanco.
En síntesis, el blanco antártico en la
novela de Edgar Allan Poe es un símbolo de terror y, por consiguiente, de
misterio. Pero ¿qué significado podría tener el blanco en el ámbito del código
moral y social del propio autor? Sidney Kaplan y Julio Cortázar, creen tener
una respuesta: La lucha entre lo blanco y lo negro que se representa en
"Narración de Arthur Gordon Pym", es una manifestación del
pensamiento racista de Poe (7) «Poe no disimuló jamás sus opiniones en favor de
la esclavitud» (8), dirá el argentino.
Pero, ¿cómo hacer coherentes las ideas
raciales de Poe con la arquitectura de su novela? Por cierto no es difícil: el
viaje de la Jane Guy (embarcación que rescata a Pym y sus compañeros del
naufragio de su anterior nave, el Grampus) representa el esotérico camino hacia
lo blanco, símbolo de la pureza. Cuanto más al sur se adentran los navegantes,
el blanco impone con más fuerza su presencia y su misterio. Cuanto más próximo
a la Antártica -recordemos su otro nombre: el continente blanco-, Pym se halla
más próximo al símbolo aristocrático por excelencia.
Sin embargo, este viaje iniciático no
está exento de peligros y dificultades. La carnicería en la que son victimados
los hombres de la Jane Guy a manos de los furibundos negros, son sólo algunas
de las peligrosas pruebas que debe pasar el peregrino que va por esta senda
solitaria.
Como signo de cercanía a lo sacro y
desde la perspectiva racista de Poe, seguimos analizando esta aproximación
hacia el extremo último del Continente Blanco. A medida que el viajero se
aproxima al Centro del Polo, va experimentado un aumento gradual de la
temperatura-, o sea, en la medida que nos encontramos más próximos al centro
del centro, las fuerzas hostiles de la naturaleza van perdiendo el poder de su
influencia. Y aunque este dato anotado por Poe en su relato pueda hoy parecer
de escaso valor científico, lo cierto es que no estaba lejos de la experiencia
que puede ser constatada por los sentidos de algún viajero antártico. Como
ejemplo. Citamos el curioso fenómeno de los "Oasis de la Antártica"
donde el agua alcanza una temperatura comparativamente más elevada que el resto
de las aguas antárticas. (9) ¿Conocía este fenómeno Edgar Allan Poe? Si pudiera
respondernos, tal vez lo haría de la misma forma que H. P. Lovecraft cuando le
preguntaron si había viajado alguna vez a París: «Sí, en mis sueños». (10)
Poe pensaba, sin duda, de la misma
forma: recordemos su bella frase: «Toda certidumbre está en mis sueños» (11).
Un último dato en cuanto a Poe y su
posición frente a los negros. Se especula que su gusto por la narrativa del
miedo nace con las historia que escuchaba de los esclavos en la cocina de su
casa cuando era un niño: «Y esos temores le habían inculcado los negros y
negras esclavos de su tutor, en los relatos de aparecidos que constantemente
tenían en la boca, y que el niño Edgar iba a escuchar en la cocina» (12) Incluso,
Hervey Allen, cuya opinión es citada por Ferrari, asegura que la influencia
narrativa de los negros sobre Poe es aún mayor. Pues la musicalidad de su
composición literaria -los ritmos, complicados y llenos de matices- es, en
cierta forma, una imitación de los cánticos de los esclavos."
Sea o no cierto, es importante
considerar estas opiniones como hipótesis, las cuales pueden ayudarnos a
arrojar luces en el caso Poe.
Siguiendo muy de cerca al genial Poe,
tras el misterio que aquí nos interesa, hallamos la persona de otro mago, el
chileno Miguel Serrano.
MIGUEL SERRANO O LOS GIGANTES.
El Mito Antártico adquiere fuerza
incontenible en la literatura del poeta, escritor y viajero Miguel Serrano,
creador de textos mágicos como "Ni por Mar ni por Tierra", "La
Serpiente del Paraíso", "Quién Llama en los Hielos", "El
Círculo Hermético", "Elella, Libro del Amor Mágico",
"Nietzsche y la Danza de Siva" y "Las Visitas de la Reina de
Saba", con prólogo de C. G. Jung.
Dicen en relación con la Antártica dos
de sus más interesantes trabajos: "La Antártica y otros Mitos",
Santiago, 1948 y "Quien llama en los Hielos", Santiago, 1957.
El primero de ellos es la transcripción
de una serie de conferencias dictadas en Chile por el autor y ex diplomático.
Su portada es reveladora: un dibujo de un gigante bicorne alado emergiendo de
las blancas nieves y portando un tridente. Desde el comienzo, Serrano hace gala
del sincronismo que mantiene con Poe.
El tema de estas conferencias es el Mito
en relación con la Antártica, y nos damos cuenta que el título del texto, como
dice Erwin Robertson, señala que «la Antártica es un mito» (14) Serrano
relacionará numerosas leyendas en referencia al tema que nos ocupa: los bellos
relatos de los onas (antiguos habitantes de La Tierra del Fuego), la leyenda de
la Virgen de los Hielos, el continente Lemuria, el gigante de Poe y, aún, la
atrevida idea que Adolf Hitler mora en el frío Antártico. Y aunque a simple
vista parezca no existir relación alguna entre cada una de éstas; la hay,
puesto que todas estas leyendas se refieren a los misteriosos moradores de la
Antártica. He aquí otro punto donde confluye el pensamiento de estos tres
autores. Serrano conoce el relato de Poe y señala en relación al Gigante
Blanco: «Es que Poe conocía la leyenda de los sélcnam sobre los Jon que habitan
la Isla Blanca.» (15) « ¿0 sabía también del Prisionero de la Antártica, que
vive en su fondo negro, y que seguramente por esto mismo se ve blanco?» (16)
Para entender quiénes eran los Jon y a
qué se refiere Serrano cuando habla de Isla Blanca, se recomienda leer la
página 25 de "La Antártica y Otros Mitos", donde explica que los
antiguos onas (los sélcnam eran sólo una tribu ona) creían en la existencia de
los Jon: humanos de casta aristocrática dotados de facultades sobrenaturales y
poseedores de los Misterios. «Fueron los Jon, magos sélcnam de la Tierra del
Fuego, los que conservaron los secretos enseñados por Quenós y los que aun se
inmortalizan embalsamándose dentro de los hielos del sur, para resucitar
renovados en el más lejano futuro. Dicen también los sélcnam, que es en el Sur,
allá, en esa "Isla Blanca que está en el Cielo" donde moran los
espíritus de sus antepasados, haciendo una vida libre de preocupaciones.» (17)
¿Serán estos espíritus ancestrales Los
Antiguos, mencionados por Lovecraft? Será la Antártica aquella Isla Blanca de
la que hablaban las viejas leyendas onas?
Serrano, quien fue uno de los primeros
chilenos en conocer la región antártica, da cuenta de la relación entre ese
lugar y la locura (18) Y señalamos, por nuestra parte, que el título de la
inolvidable novela de Lovecraft, "En las Montañas de la Locura", no
se debe a un capricho o a una ocurrencia ingeniosa para llamar la atención de
algunos lectores afiebrados.
Serrano dirá que la única vía para
comprender esta realidad súrica, o mejor, para salvarse de la locura que allí
acecha, es el Sueño, (19) y el mundo de los sueños es un elemento clásico de la
narrativa de H. P. Lovecraft.
La inquietante posibilidad de que exista
una entidad no-humana en la Antártica, se registra también en las páginas del
texto del autor chileno. El sincronismo entre estos dos escritores nos deja
asombrados, sobre todo porque Miguel Serrano desconocía la obra de Lovecraft
cuando escribió "La Antártica y otros Mitos". Citemos, entonces, a
Serrano, quien con su arte nos recuerda a los viejos alquimistas: «Sin embargo,
en ese continente del reposo y de la muerte alguien vive. Un prisionero se
agita, teniendo por medio habitable el fuego ardiente y eterno.» (20) Esta idea
de Serrano se plasma también en otro texto del mismo autor: "Quien llama
en los Hielos".
He aquí un párrafo de belleza terrible:
«Yo he visto a ese ser, a ese Ángel negro: ahí, en su recinto del Polo Sur. Es
en una inmensa cavidad oscura donde reside... Espacios enormes, sin límites,
livianos y deprimentes a la vez, que se extienden, con seguridad, por el
interior psíquico de la tierra, debajo de los hielos eternos. Y así se mueve el
Zinoc... Asciende o desciende, hasta el extremo de esa cavidad y, desde ahí, se
arroja a una velocidad vertiginosa en demanda de su otro extremo, de su final
inalcanzable. Toda la eternidad lo ha pasado en este esfuerzo, cayendo de
cabeza, tratando de alcanzar el lugar antipódico del que ha sido proscrito en
el comienzo mismo de la creación. El norte es su sueño, su anhelar profundo y
su mayor sufrimiento.» (21) Lovecraft, por su parte, en su novela escribirá
algo revelador: «Se fundaron nuevas ciudades terrestres, las más importantes de
ellas en el Antártico, ya que aquella región, escenario de su llegada, era
sagrada. A partir de entonces, el Antártico fue como antes el centro de la
civilización de los Antiguos, y todas las ciudades construidas allí por la
prole de Cthulhu fueron destruidas.» (22) Más adelante, el narrador de la novela
de Lovecraft indicará que los mapas encontrados en la vieja ciudad polar
muestran que las ciudades de los Antiguos en la época pliocénica se hallaban en
su totalidad, por debajo del paralelo 50 de latitud sur." Estas
referencias de ambos autores son fundamentales, porque nos indican la oposición
simbólica entre Polo Norte (o la mítica Hiperbórea) y Polo Sur, sede de los
Antiguos. Esta oposición no responde solamente a una diferencia de carácter
geográfico, sino que, ante todo, a diferencias espirituales. En efecto, el Polo
Norte es el polo positivo -en términos cristianos, el Bien- y el Polo Sur
-desde la misma perspectiva, el Mal-. Sin embargo, estos opuestos, conforme a
los principios de la filosofía maniquea, se complementan. Ambos polos mantienen
el Orden en la Tierra, regulan el buen funcionamiento energético de nuestro
mundo. La única posible diferencia dice relación con el tipo de energía que
irradian dichos lugares, pues en verdad son centros energéticos. Este
conocimiento que se expresa a través de la literatura moderna (Lovecraft y
Serrano), que diferencia los centros volitivos terrestres, concuerda punto por
punto con el pensamiento antiguo o tradicional que enseñaron los maestros
indoeuropeos, para quienes las palabras que nombran a los distintos lugares
sagrados son: Cielo, Tierra o Mundo, Medio (24) e Infierno (25). El Cielo, para
ellos, es la morada de los héroes, aquellos que vivieron la vida tal como se
debe, y corresponde a Hiperbórea o nuestro Polo Norte; la Tierra es el lugar
habitado o terreno de expediciones y viajes, ellos la identificaban con Asia y
Europa. El Infierno, que era el lar de los demonios -los Antiguos y los
Shoggoths- parece no haber sido descripto y ubicado con tanto detalle y
precisión por los antiguos sabios indoeuropeos. Este Infierno es para nosotros
el Polo Sur.
En "Quien llama en los
Hielos", Serrano relata un sueño, en el cual un misterioso ser le dice:
«La inmortalidad se logra entre los hielos -me respondió- y se consigue
helándose. No soy nadie, ni nada puedo hacer ahora. Tu gran combate será con el
Ángel de Sombras.» (26) Serrano destaca sobre todo los mitos onas en sus
conferencias sobre los Mitos de la Antártica, para proporcionarnos una clave
para descifrar los escondidos arcanos: «Fue Quenós quien empezó a crear la
tierra, de arriba abajo. Pero antes, con arcilla blanca modeló a los Hohuen,
seres gigantescos y transparentes como ángeles. Apenas creados, los Hohuen
comenzaron a luchar entre ellos. Sin embargo, no podían morir.» (27) He aquí
los mismos rasgos arquetípicos de los Antiguos lovecraftianos: gran tamaño,
poderosos, belicosos, no-humanos e inmortales. La mitología ona señala que los
Hohuen (nuestros Antiguos) fueron creados con hielo. Esto, en verdad, señala su
origen geográfico: la Antártica.
Para finalizar, la novela de Miguel
Serrano aporta un dato que es, quizás, el hilo que nos permite unir a los tres
autores; a saber: la relación del blanco con el continente helado. El color en
este caso no sólo es expresión de los hielos, sino de aspectos inmateriales y
filosóficos. Cortázar, como ya fue escrito, siguiendo en esto a Sidney Kaplan,
verá en estos principios el fundamento del racismo de Poe: «La oposición del
negro como signo negativo y del blanco como una fuerza que lucha con él y en
último término.» (28) Y a propósito de racismo, debemos señalar aquí un hecho
que no deja de intrigarnos: Poe y Lovecraft sustentaron una filosofía racista,
y Miguel Serrano, sustenta hoy esta misma filosofía. Recuerde el lector que no
hay casualidad, sino causalidad misteriosa.
Pero citaremos al propio Serrano
respecto la vinculación entre los colores y la Antártica: «Existe además una
relación entre el color y el polo. Los pájaros negros tienden a desaparecer de
estos mares y les es muy difícil alcanzar las latitudes extremas de la
Antártica. En cambio, las aves de plumaje blanco soportan el frío mucho mejor.»
(29) Curioso, Lovecraft también nos habla de este otro vínculo entre pájaros y
color. En su bello poema Antarktos, leemos:
En
lo hondo de mi sueño el gran pájaro susurraba extrañamente
Hablándome
del cono negro de los desiertos polares,
Que
se alza lúgubre y solitario sobre el casquete glaciar.
Azotado
y desfigurado por los eones de frenéticas tormentas.
Allí
no palpita ninguna forma de vida terrestre:
Sólo
pálidas auroras y soles mortecinos
Brillan
sobre ese peñón horadado, cuyo origen primitivo
Intentan
adivinar a oscuras los Ancianos.
Si
los hombres lo vieran, se preguntarían simplemente
Que
raro capricho de la Naturaleza contemplan:
Pero
el pájaro me ha hablado de partes más vastas
Que
meditan ocultas bajo la espesa mortaja de hielo.
¡Dios
ayude al soñador cuyas locas visiones le muestren
Esos
ojos muertos engastados en abismos de cristal'
Y ya que hemos mencionado a Lovecraft,
ha llegado el momento de adentrarnos en sus símbolos y sus mitos. (30)
HOWARD
PHILLIPS LOVECRAFT O EL TROVADOR DE LENG
El recluso de Providence, el maestro del
horror y genio de la literatura fantástica de este siglo, escribirá en el ano
1931 una de sus pocas novelas que se constituirá en un pilar fundamental de su opus. Nos referirnos a "En las
Montañas de la Locura".
Escribirla y publicarla fue todo un
sufrimiento para nuestro autor. La razón: él detestaba transcribir a máquina
sus narraciones, pero este era un requisito obligatorio para que cualquier
cuento o novela fuera considerado para su publicación en revistas para
aficionados tales como la legendaria Weird Tales, Lovecraft dirá, refiriéndose
al Director de la mencionada revista: «¡Maldito sea Wright, por rechazarme el
cuento que casi me mata al mecanografiarlo!» (31) Esta fue una experiencia muy
dura y desagradable para Lovecraft. Sin embargo, el destino no quiso que su
novela pasara inadvertida, y decidió que al final debería ser publicada.
En síntesis, "En las Montañas de la
Locura" trata de las aventuras de una expedición científica a la
Antártica, pero, el protagonista, antes de iniciar su relato, insistente en
advertir a los posibles lectores que aquel continente no debe ser horadado por
mano alguna, no vaya a ocurrir que se despierten horrores que no deben ser
liberados.
El horror que no debe ser perturbado es
la raza de los Antiguos y sus esclavos, los Shoggoths. En la mitología
lovecraftiana, los Antiguos son horribles deidades que bajaron desde el cielo y
que hicieron de la Antártica su primera base. Estos gigantes de cabeza en forma
de estrella crearon al hombre y también a los Shoggoths, torpes bestias de
carga, sumisas en un comienzo, pero que más tarde fueron capaces de conducir
una rebelión en contra de sus señores. Es difícil sustraerse a la tentación de
comparar esta emancipación con el combate bíblico entre Dios y sus Ángeles
fieles contra el Primer Rebelde, Lucifer o Prometeo. Los Antiguos se defenderán
de esta amenaza por medio de un arma tan devastadora como la bomba atómica.
«Los Antiguos utilizaron unas curiosas armas de perturbación molecular y
atómica contra los entes rebeldes, y al final abrazaron una completa victoria.»
(32) Conviene recordar que sólo en 1945 caerá una bomba atómica sobre Hiroshima
y otra en Nagasaki. Este carácter profético de la obra lovecraftiana es otro de
sus inquietantes aspectos.
La narración hace turbadoras referencias
a un libro espantoso de saber prohibido: El Necronomicón, del árabe demente
Abdul Alhazred. Este obscuro texto es un elemento clave en la narrativa de
Lovecraft, es la fuente de su cosmogonía y de su teología. El Necronomicón
habría sido consultado por algunos de los miembros de la expedición antártica,
especialmente por Danforth, que era un estudioso y «un gran lector de temas
extraños que había hablado mucho de Poe.» (33), además él era uno de los pocos
infortunados que había tenido el valor para examinar en forma exhaustiva el
condenado libro. Danforth, se referirá en repetidas ocasiones al Necronomicón y
hará tímidas referencias sobre la posibilidad de que la oscura Meseta de Leng,
aquella tenebrosa región, cuya ubicación ni el mismísimo Alhazred fue capaz de
precisar, en verdad sea un antiguo nombre para señalar la Antártica.
Más que la narración en sí misma, la
atmósfera de terror de la novela está dada por el paisaje y por el ambiente
urdido por la pluma de Lovecraft. En efecto, él será siempre fiel a un
principio suyo según el cual lo más importante en la literatura de terror no es
tanto la trama, si no el ambiente o la atmósfera que crea el escritor y los
sentimientos y sensaciones nefandos que experimenta el lector. Angela Carter,
en un excelente estudio lovecraftiano, señalará al respecto: «La Antártica de
Lovecraft es el más terrible de todos sus paisajes. Este desolado reino del
hielo y muerte, el lugar de donde le llegaba «la niebla y la muerte» al viejo
Marinero es, al mismo tiempo, una versión realzada de la Antártica real, y una
visión de la aborrecible meseta de Leng, el techo del mundo.» (34)
Lovecraft, con la pluma de un escritor
que es ante todo un observador atento y un psicólogo, ha creado de forma
singular uno de los ambientes más inhóspitos y más hostiles a la Tierra. Cada
elemento del continente súrico es una daga, un pasaje sin salida hacia la Muerte.
Algunos de estos elementos están representados por el Viento, la Soledad, la
Lejanía, las Leyendas, el Hielo, el Olor y, por supuesto, los habitantes de ese
yermo, que ocultos en la blancura no están muertos, si no que esperan ser
despertados de su sueño conjurado. Y como ejemplo del uso magistral de estos
elementos, citaremos algunas líneas de la novela que hacen ilusión al sonido
del viento: «El terrible viento antártico soplaba a intermitencias, y su
cadencia tenía para mí un vago sonido musical, semejante al eco de unos
caramillos silvestres, que por algún motivo ignorado me parecía inquietante e
incluso amenazador.» (35)
El título de la novela se refiere
particularmente a la gigantesca cordillera donde se hallan las colosales ruinas
de las ciudades de los Antiguos, una región de alturas imposibles de alcanzar
por la mente y los sentidos de un hombre normal y donde lo asombroso es la
regla. Adentrarse en aquellos lugares significa penetrar en el subconsciente;
eterno océano cósmico de arquetipos: «Era como si aquellos chapiteles de
pesadilla constituyeran el umbral que daba paso a prohibidas esferas de
ensueño, a complejos abismos de tiempo, espacio y ultra dimensionalidad
remotos.» (36)
La arquitectura lovecraftiana es un
concepto desafiante y atrevido que tiende a llevar los sentidos a su máximo
nivel de resistencia; justo hasta el punto en que la tensión es casi
insoportable y terminarán por precipitarse en la obscuridad de un vacío sin
sensaciones. Este rasgo tan personal de su estilo narrativo, lo hallamos en
varios de sus más sobresalientes relatos; a saber, El llamado de Cthulhu, La
Ciudad sin Nombre y Las Sueños en la Casa de la Bruja. En todos éstos, lo
titánico y lo grandioso es la esencia del contenido narrativo. Ante esos
edificios formidables y esas esculturas anormales e inquietantes, el hombre
debe comprender que no es más que un pequeño átomo, una criatura insignificante
que cree conocer los secretos de la inmensidad del espacio interestelar y la de
vida, cuando en realidad no pasa de ser un ignorante, un zafio, que flota en un
ancho mar de conceptos irrelevantes, creados para hacer más llevadera su
existencia.
Aquellos exploradores de la fría
Antártica, sentirán esta ominosa sensación de insignificancia, y entre aquellos
que poseen un nivel más alto de comprensión, como es el caso de Danforth,
enloquecerán. Al final serán ahogados por la terrible inmensidad y la
devastadora opresión de la soledad en las turbulentas aguas de la locura.
Otro elemento de horror es el misterioso
grito que ya habíamos mencionado en el apartado dedicado a Edgar Allan Poe. Sí,
el temible Tekeli-li! Las palabras de Poe se transforman por medio de la magia
de Lovecraft en el pájaro que avisa la muerte, el misterio cargado de amenazas.
Pues es el encuentro con el horror más terrible, es la voz misma de los
Shoggoths. Danforth que conocía la obra de Poe, dirá «que estaba interesado
debido al escenario antártico de la única novela larga de Poe: la
desconcertante y enigmática Arthur Gordon Pym.» (37) Como vemos, otra vez la
literatura de Poe es el punto de partida de autores posteriores, como Serrano y
Lovecraft. En efecto, Poe es la Llave.
Señalados algunos aspectos primordiales
de la novela de Lovecraft, revisaremos a continuación de manera detenida las
claves del misterio de la Antártica que se encuentran en ésta.
La primera clave, que nos ayudará en la
comprensión de aspectos un tanto obscuros en las obras de los otros dos
autores, es aquella que señala a la Antártica como el lugar donde hicieron su
entrada los Antiguos. El Polo Sur es la Puerta. Desde allí las huestes
luciferinas ascenderán hacia el Polo Norte, hacia la mítica Hiperbórea, en un
camino de representación de la ascesis esotérica por los distintos chakras
corporales y que es la vía de toma del poder divino, precisamente lo que el
Demiurgo castigó. Serrano en una entrevista dijo: «La Tierra es un astro, un
ser vivo, que está aquí, que tiene sus distintos órganos, y la parte
correspondiente al sur del mundo, y al Polo, corresponde a los órganos
sexuales.» (38) Estos datos nos permiten entender porqué el cristianismo ha
sido tan reticente al poder sexual y a la energía que de él deriva. Esto se
debe, como vimos recién, a la relación existente entre energía sexual y
Lucifer. Sin embargo, una alquimia espiritual ha de facultarnos el trascender
el plano de la energía sexual pura (el orgón de Wilhelm Reich) para
transformarla en energía del Espíritu, aquello que nos llevará a ese estado de
plenitud.
El Polo Sur -que es el sexo del mundo-
es la guarida de los Antiguos. Y aunque hayan ocupado también otros
territorios, volverán allí a construir sus ciudades. René Guénon, en una
crítica a la interpretación de Eliphas Levi sobre el Infierno de Dante, dice:
«Esto es cierto en un sentido, puesto que el monte del Purgatorio se formó, en
el hemisferio austral, con los materiales arrojados del seno de la tierra
cuando la caída de Lucifer cavó el abismo.» (39) ¿Podemos afirmar, entonces,
que el monte del Purgatorio era la Meseta de Leng de la que nos habla El
Necronomicón?
Esta intuición de Lovecraft para
reconocer al Polo Sur como Puerta y Guarida de los Antiguos, puede probar lo
que muchos piensan sobre él: era un iniciado en el esoterismo. Sin embargo,
creemos que su despertar no lo bebería a las generosas fuentes de alguna hermandad
secreta, si no a su poderosa intuición que fue haciéndose lúcida a través de
sus lecturas y a la justa interpretación de los mensajes que le llegaban del
mundo de sus sueños.
La segunda clave, revela que el viaje
externo realizado por los hombres del Arkham y el Miskatonic (los barcos que
transportan a los exploradores de la Antártica) es también un viaje interior.
En efecto, ellos deben enfrentarse con los Cinco Elementos para llegar al
Centro del Laberinto. Esta lucha nos recuerda la inmortal Divina Comedia, de
Dante. Ambos textos describen muy bien las etapas del camino iniciático.
Difieren, eso sí, en que en los expedicionarios de la Universidad del
Miskatonic no resuelven el enigma de la Esfinge y se precipitan en el Infierno,
para sufrir para siempre en su pestilencia.
El viaje hacia el Centro del Sur, el
Polo Sur, es la senda conductora al Centro del Mundo Inconsciente. De allí su
dificultad: verse arrastrado en las turbulentas aguas de los sueños, de los
miedos y de los traumas. Esta turbadora realidad ha quedado representada en las
páginas finales de la novela, escenas que transcurren en vertiginosos
laberintos bajo tierra, sitios donde serán descubiertos el narrador y el joven
Danforth por un Shoggoth, el cual viene a significar al Minotauro, el guardián
del Laberinto.
El Laberinto requiere de especial
atención, porque ocupa un lugar de preferencia en la narrativa lovecraftiana,
verbigracia: "En los Muros de Eryx", "Encerrado con los
Faraones", "La Bestia de la Gruta", "Las Ratas de las
Paredes", "Horror en Red Hook". En todos estos relatos siempre
hallaremos una imagen del Laberinto y sus moradores. Es probable que el mayor
número de semejanzas entre los relatos de Lovecraft puedan ser halladas en la
novela antártica y en La Bestia de la Gruta. En ambos relatos el Laberinto
tiene la forma de una caverna (40) o si se quiere, una profunda hendidura en la
tierra. Por lo general se asocia a la caverna como la morada de nuestros
primitivos antepasados, pero además posee otro significado más justo: es el
recinto donde se realiza la iniciación. «... La caverna debe formar un todo
completo y contener en sí misma la representación del ciclo tanto como de la
tierra.» (41) Es el lugar de la muerte y de la resurrección.
Con respecto al Laberinto, un principio
fundamental es la selección: No cualquiera debe entrar allí. Es una de las
pruebas finales, aquella que mide las destrezas adquiridas en el largo camino
de la ascesis gnóstica. Es la última partida de ajedrez, en la cual uno se
enfrenta con un enemigo que sigue nuestro avance y que nos conoce. Es el
enfrentamiento contra el más terrible de nosotros: El Monstruo.
Los Antiguos, como su nombre lo indica,
son la representación viva del mundo pasado, en el principio del tiempo, son la
imagen de aquello que halla en lo más recóndito de nuestra mente. Los Shoggoths
son la degeneración de lo antiguo, lo imperfecto o que se halla sometido a un
proceso de cambio constante. El Blanco -la gran llave del misterio antártico-
es lo intocable, lo virginal y prohibido. El Viento corresponde a aquello que
es intangible, pero que sin embargo existe, los murmullos de los otros. El
grito Tekeli-li! es lo terrible que se dice y repite, una y otra vez. Las
titánicas construcciones pétreas, es aquello que aunque no tiene objetivo ocupa
un lugar en la mente; es un estorbo, una inútil ruina que debemos dejar de
lado. Y el nefando Necronomicón es el lugar donde todos estos elementos toman
la forma terrible de la leyenda, que se perpetúa más allá de los eones y de las
generaciones, llevando consigo el mensaje de los antepasados.
Desde esta perspectiva, se puede decir
que el narrador prohíbe, en términos de una advertencia, la explotación y
explotación de la Antártica para señalar, en realidad, que nadie debe atravesar
el mundo de lo inconsciente sino está preparado, pues podría no regresar.
La interpretación que hemos hecho podrá
semejarse al psicoanálisis a los ojos de algunos. Pero no es así, por cuanto
toda técnica psicológica está limitada por un visión y, un pensamiento
parcelados y muy distantes de todo origen o fuente primera; por tanto, nada más
alejado de un esfuerzo por lograr una visión tradicional, que se caracteriza
por el totalitarismo, o sea, que intenta ubicarse fuera de todo punto de vista:
en el centro mismo del Centro. Entonces se trata de entender el sentido oculto
de esta novela desde la interpretación tradicional de René Guénon y de Evola,
pues sólo una filosofía tradicional nos permite hacer una comparación esotérica
de obra de Lovecraft respecto a la obra de otros autores. Algunos de ellos
poseedores de un sólido conocimiento de la Tradición y otros ignorantes de esta
misma
Filosofía: no hace falta más que leerlos
para darse cuenta quienes son los unos, y quienes, los otros.
EL ENCUENTRO DE TRES GIGANTES.
Los textos que hemos revisado están
relacionados - sin duda- por un mismo tema y por un escenario único. Hemos
comprobado que el pensamiento de estos tres autores, coincide merced a una
causalidad interna que no es fácil de descifrar, pero que responde a un sincronismo
universal y a las fuentes únicas de cuyas aguas ellos han bebido.
Una vez concluido este viaje a la
Antártica creemos que es conveniente sentarnos en compañía del aristócrata
Edgar Allan Poe, de rostro lívido y frente amplia, y del gran Miguel Serrano,
un adepto del Amor Mágico. Junto a ellos está cómodamente sentado uno los
hombres más lúcidos del siglo, Howard Phillips Lovecraft. Si nos acercamos y
compartimos su conversación, podremos oír maravillosas historias de gigantes
blancos, del Hohue y de los Antiguos. Y si agudizamos más el oído oiremos todos
un fino susurro, un bisbiseo que proviene, sin lugar a dudas, de los fríos
mares antárticos.
© SERGIO FRITZ ROA
sergio_fritz@yahoo.com
NOTAS:
1 Podríamos haber incluido en esta
revisión al escritor Jules Verne y su novela "La Esfinge de los
Hielos", pretendida continuación de "Narración de Arthur Gordon
Pym". Sin embargo, esta obra no es en casi nada fiel a Poe, y tampoco contiene
aquel ingrediente esotérico que nos ha permitido unir a los autores de este
estudio.
2 Poe, Edgar Allan. Narración de Arthur
Gordon Pym. Sexta edición, Alianza Editorial. Madrid. 1986 Pág. 210.
3 Para este estudio sobre el significado
del Blanco he utilizado el texto de René Guénon "Símbolos fundamentales de
la Ciencia Sagrada". Eudeba. Buenos Aires. 1988. 419 págs. Se ha
consultado, especialmente el capítulo titulado "El blanco y el
negro", págs. 264-266.
4 Guénon, René. Op. Cit. Pág. 265.
5 Melville, Herman. Moby Dick o la
Ballena Asesina. España. Ramón Sopena, 1974. Pág 159.
6 Poe, Edgar Allan, Op. Cit Pág, 210
7 Ver prólogo de Julio Cortázar para el
texto de Poe que estamos revisando, especialmente es la página 11 y 12.
8 Poe, Edgar Allan. Op. Cit. Pág. 12. El
pensamiento racista de Poe está asociado con una posición muy crítica contra la
democracia. «Odiaba a la Turba y despreciaba la democracia» señala Ferrari y
Baudelaire, en el prólogo de Nuevas Narraciones Extraordinarias, de E.A. Poe
(Editorial Juventud, España), citarán un pensamiento que revela la filosofía
política de Poe: «El pueblo no tiene nada que ver con las leyes, si no es
obedecerlas.»
9 Ver los diarios chilenos de 1955,
especialmente "La Tercera de la Hora" del 19 de junio de 1955 y del 4
de febrero de 1968.
10 Revista Planeta Nº1. Argentina.
Septiembre/Octubre. 1964 Pág. 89.
11
Baudelaire. Op. Cit. Pág. 58
12 Ferrari, Santiago E.A. Poe, Genio
Narrador. Editorial Poseidón.
Argentina. 1946. Pág. 16.
13 Ferrari, Santiago Op Cit. Pág, 16.
14 Ciudad de los Césares. Nº18. Ver el
artículo Manú: Por el Hombre que Vendrá, de Erwin Roberson.
15 Serrano, Miguel. La Antártica y otros
Mitos. Imprenta El Esfuerzo.
Chile 1948. Pág. 28.
16 Serrano, Miguel. Op. Cit. Pág. 28.
17 Serrano, Miguel. Op. Cit. Pág. 25.
18 Serrano, Miguel. Op. Cit. Pág. 20.
19 Serrano, Miguel. Op. Cit. Pág. 20.
20 Serrano, Miguel. Op. Cit. Pág. 20.
21 Citado por Marco Paredes en El Mito
en La Obra de H. P. Lovecraft, págs. 26-29 de la revista Entreguerras Nº9.
Santiago. Primavera de 1994.
22 Lovecraft. H. P. En las Montañas de
la Locura en Obras Escogidas de Lovecraft Primera selección. Ediciones Acervo.
España. 1956 Pág. 195
23 Lovecraft, H. P Op. Cot. Pág. 198.
24 Recuérdese la Tierra Media de
Tolkien, ¿coincidencia? Imposible, porque las coincidencias no existen.
25 Ver en la revista española Hespérides
(N°?) el artículo de Jean Haudry Lingüística y Tradición Indo-Europea.
26 Serrano, Miguel. Quien llama en los
Hielos en Trilogía de la búsqueda en el Mundo Exterior, Pág. 201.
27 Serrano, Miguel. Op.Cit. Pág. 204.
28 Poe, Edgar Allan. Op. Cit. Prólogo de
Julio Cortázar, Pág. 11.
29 Serrano, Miguel Opc. Pág. 264-
30 Lovecraft, H. P. Hongos de Yuggoth
Pág. 47.
31 Sprague
de Camp, L. Lovecraft. Una Biografía. Valdemar Editores. España. 1992 Pág. 293.
32 Lovecraft, H. P. En las montañas di
la Locura. Pág. 196.
33
Lovecraft, H. P. Op. Cit. Pág. 125.
34 Ver Mundo Desconocido. España. Abril
de 1981, página 133 Artículo de Ángela Carter, "Lovecraft y su
Paisaje", incluido en el estudio sobre El Necronomicón.
35 Lovecraft, H. P. En Las montañas de
la Locura Pág. 124.
36
Lovecraft, H. P. Op. Cit. Pág. 152.
37
Lovecraft, H. P. Op. Cit. Pág. 125,
38 Ciudad de los Césares Nº 13. Ver el
artículo Miguel Serrano: El Peregrino de la Gran Ansia. Pág 12.
39 Guénon, René. El Esoterismo de Dante.
Editorial Dédalo. Argentina. 1976, Pág
40 Guénon, René. Símbolos fundamentales
de la Ciencia Sagrada. Eudeba. Buenos Aires, 1988. Págs.173-180.
41 Guénon, René. Op. Cit. Pág. 176.
====0====
©SERGIO FRITZ ROA (publicado por primera
vez en Ciudad de los Césares, N° 47, Octubre-Diciembre de 1997, Chile)