EL REHUE,
AXIS MUNDI DE LA COSMOVISIÓN MAPUCHE
"Por el eje sube el MACHI, nuestra voz, y por el eje baja el FFILEU, el
Espíritu de Sabiduría, hasta el centro de nuestro mundo, allí donde un día, tal
vez, se encontrarán la gente del sur con la del norte, la del oriente con la
del poniente.
Porque sólo en el
espíritu de la sabiduría sabrán reconocerse, sólo ahí el agua se hermana con el
fuego..."
(La selva fría y sagrada.
Miguel Laborde D.)
1.-
La inmensa y trascendental labor efectuada por René Guénon durante
el siglo XX no constituye solamente un camino de depuración de las falsas
concepciones "espirituales" de su tiempo (espiritismo, neovedantismo, teosofismo, etc.),
lo cual ya daría bastante mérito a su autor. En verdad, fue mucho más que eso,
por cuanto su gestión incluye la entrega de herramientas para constituir una
elite y el llamado a un acercamiento a las distintas formas tradicionales (y
así a la Tradición Unánime) para quienes tengan un corazón sincero y un
intelecto capaz de remontar la caída que vive la humanidad.
A fin de explicar ciertos principios tradicionales, Guénon utilizó
el lenguaje de los símbolos, el que tomó especialmente de las formas
espirituales hinduista, islámica y cristiana.
Para nosotros, mujeres y hombres americanos, se hace
imprescindible la lectura de una tal obra, prístina y sabia; especialmente si
es muy poco lo que sabemos de las tradiciones surgidas en este magno paisaje.
Sin temor a equivocarnos y contra el implícito prejuicio de muchos, afirmamos que
aun es posible aprender mucho de la
sapiencia ancestral americana, y considerarla auténtica fuente de gnosis.
De allí que estudiar con amor, seriedad y respeto las religiones,
los mitos, las leyendas y los símbolos que han sido el sustento de los pueblos
nativos de América, se nos presenta como una actividad primera, imprescindible.
Sirva el presente trabajo como una humilde reivindicación de
nuestros ancestros (1).
2.-
Hemos elegido para esta oportunidad el análisis de un símbolo mapuche (etnia que habita
preferentemente el sur de Chile y Argentina), que nos conecta con los profundos
conceptos de tal visión, y que permite además demostrar que la Tradición en sus
cimientos es Una.
Lo que comúnmente se llama rehue (2) es una figura ceremonial hecha de madera (ya sea
de canelo u otro árbol), cuya cúspide tiene la forma de una cabeza humana y
está constituida generalmente de siete escalas. Enunciemos desde ahora que ésta
es una alusión a los siete cielos (3). Además, el papel que desempeña en el
pueblo mapuche es el de Axis Mundi (eje del mundo), imagen que
encontramos en otras regiones del mundo.
Como bien dice Gastón Soublette "un rehue es un
poste sagrado que sitúa a una comunidad religiosa indígena en la tierra. Como
tal viene a ser un axis mundi, esto es, un eje del
mundo que une ritualmente el cielo con la tierra, para que la existencia
adquiera sentido" (4).
En efecto, este tronco delimita los planos terrestre y celestial;
pero los sostiene a la vez. Incluso más, desempeña el papel de puente que permite
los movimientos ascendente y descendente, lugar que facilita el intercambio de
las energías sutiles celestiales y las terrestres. Estos movimientos los
hallamos en el caduceo de Hermes, la vara que es enrollada por dos serpientes.
Dichos animales aquí representan dos cualidades opuestas, e incluso mejor, dos
procesos llamados solve
(disolver) y coagula (coagular).
También es el "mercurio segundo", materia llevada a uno de los
mayores grados de perfección dentro del magisterio alquímico.
En cuanto "eje del mundo" el rehue se presenta como el centro de una
comunidad espiritual. Es el sustento que ordena y potencia las fuerzas
espirituales mapuches. De allí que
sea muy pertinente la etimología según la cual rehue significa lugar (hue) sagrado (re). Esta cualidad intrínseca permite la valoración ritual del
símbolo en estudio. Así podemos emparentarlo con el Árbol de Vida, del cual se
nos habla en muchas tradiciones (cristiana, hindú, kabbalista, mazdea, alquímica, etc.). Baste
decir que en el Génesis bíblico dicho árbol se ubica en el centro del Paraíso.
En la Tradición se nos muestra que de dicho árbol surge un fruto que puede
concedernos la inmortalidad (el Elixir
Vitae alquimista; el haoma
zoroástrico; el soma hindú). En
varios tratados de Alquimia hallamos dos árboles: de uno de ellos surgen frutos
de oro, y del otro de plata.
El rehue
tiene posición inclinada y mira hacia el este, es decir al lugar donde surge el
Sol, la fuente de vida. Por ello es que distintas tradiciones nos hablan que de
Oriente viene la Luz, entendida esta como alimento espiritual.
También podemos relacionar el simbolismo del rehue con el de la escala o
puente, como ya hemos adelantado. Y así se nos enseña a través de esta
interpretación el sentido de viaje iniciático, a través de distintos estadios
espirituales, que van modificando la consciencia y que desarrolla la Machi.
A nuestro recuerdo surge de inmediato la primera lámina del Mutus Liber (Libro
Mudo), el célebre libro de Alquimia, donde aparece ilustrada la escala de Jacob
(5), por la cual bajan los ángeles, es decir las potestades celestiales,
haciendo sonar sus trompetas a fin que el operador o alquimista, despierte de
los sueños o realidad ilusoria. Esta misma lámina viene acompañada de citas
(las cuales deben leerse de derecha a izquierda) tomadas del Génesis. En dicho
libro (Génesis) hallamos una parte muy importante para el análisis de nuestro
objeto de estudio. En Génesis XXVIII, 16-17 se dice: "16.- Cuando Jacob despertó de su sueño, exclamó: "Verdaderamente
Yahvé está en este lugar y yo no lo sabía". 17-. Y lleno de temor añadió:
"¡Cuán venerable es este lugar!", no es sino la casa de Dios y la
puerta del cielo".
Otra vez la relación Árbol de Vida - lugar sacro, se hace
evidente.
René Guénon indica: "hemos
mencionado anteriormente el simbolismo conservado entre los indios de América
del Norte, según el cual los diferentes mundos se representan como una serie de
cavernas superpuestas y los seres pasan de un mundo a otro subiendo a lo largo
de un árbol central. Un simbolismo semejante se encuentra realizado, en
diversos casos, por ritos en los cuales el hecho de trepar a un árbol
representa el ascenso del ser según el "eje"; tales ritos son védicos
tanto como "shamánicos", y su difusión
misma es un indicio de su carácter verdaderamente "primordial" "
(6).
El rehue
está conformado generalmente de siete escalones (7), los cuales la machi (sacerdotisa mapuche) va subiendo mientras canta y golpea el kultrún (tambor ceremonial). Tal
proceso es un acercamiento al mundo celestial. Es interesante confrontar estos
datos con lo que señala Guénon respecto a la iniciación mithraica: "así, especialmente en los misterios de Mithra, la escala tenía siete peldaños puestos en relación
con los siete planetas, y, según se dice, hechos de los metales
correspondientes respectivamente a aquéllos; el recorrido de tales peldaños
figuraba el de otros tantos grados de iniciación" (8).
Se ha hecho notar por algunos autores que cada escalón representa
un mundo, bueno o malo, o neutro (en el caso de nuestro mundo) (9). El primero
y tercero tienen características negativas; el segundo, nuestra tierra es
neutro (puede ser bueno o malo); los otros cuatro son positivos.
Finalmente, es conveniente indicar que el rehue también dice relación con
otro símbolo axial: la montaña (10).
Otro punto que es interesante destacar en el análisis de este
símbolo es su aspecto antropomorfo. Así, el rehue es un árbol con forma
humana, en cuya cúspide hallamos un rostro. Fácil es interpretar lo anterior
como expresión del Hombre Primordial, el Adam Kadmon de los kabbalistas.
3.-
Para finalizar, conviene insistir en lo dicho en las primeras
líneas de este breve artículo. Las tradiciones americanas aun pueden
considerarse manantiales de sabiduría. Ello no obstante el evidente desgaste
que han sufrido en los últimos siglos, debido a factores internos y externos,
que no es del caso analizar en esta oportunidad.
Creemos con firmeza que lo dicho por René Guénon en carta a
Fernando Guedes Galvao (11), no sólo puede aplicarse
a los indios de las praderas norteamericanas, sino perfectamente a nuestros
indígenas sudamericanos, y con mucha razón a los mapuches:
".. no sé si estáis al tanto, por parte del Shaij Aïssa (12), de las relaciones muy interesantes que se
han establecido estos últimos tiempos con los indios de América del Norte. Debo
decir que he quedado sorprendido de saber que, a pesar de tantas circunstancias
desfavorables, muchas cosas se han conservado allí intactas hasta ahora, de
forma que un despertar de su tradición siempre permanece posible; puede por lo
demás que las cosas tomen pronto por ese lado un desarrollo imprevisto..."
(13) .
Que así sea.
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NOTAS
1.- Éste no es el primer artículo donde nos hemos referido a las
tradiciones indígenas americanas. Ya en "El encuentro de un
tradicionalista con los indígenas de las praderas", trabajo en
conmemoración a la muerte de Frithjof Schuon, (Ciudad de los Césares, N°53, Junio-Agosto de 1999,
Santiago de Chile), tuvimos la oportunidad de acercarnos a estas formas de
religiosidad, aunque fuera someramente. Esperamos poder seguir estudiando unos
tales temas, centrales para el presente y futuro de América.
2.- Hay quienes proponen llamarlo praprahue o quemuquemu. Desconocemos las razones que dan para indicar tales nombres y
modificar un uso ya demasiado arraigado y, que incluso en el eventual caso que
no fuera tan preciso como los indicados, sin embargo, nos permite definir
claramente aspectos de la simbología de lo representado.
3.-
Sobre el simbolismo del siete, mucho podríamos decir. Baste recordar que la
iniciación mithraica
comprendía siete grados; que son siete los planetas según las cosmologías
antiguas; etc. Otros ejemplos se hallan en el texto de la charla que
pronunciamos en Buenos Aires, en la "Semana Guenoniana
2004" y que puede leerse en: http://www.bajoloshielos.cl/14fritz.html
4.- La estrella de Chile,
Gastón Soublette, Universidad Católica de Valparaíso,
Valparaíso, 1984, p. 84.
5.- Un dato de importancia para quienes estudien la Alquimia.
Mientras en la primera lámina, la escala de Jacob está de pie, permitiendo la
bajada de los ángeles a nuestro mundo; en la última (lámina XV) está tendida en
el suelo. Mientras que en la primera el operador duerme y los ángeles bajan a
despertarlo, en la última muere y los ángeles coronan su ser ya volátil y
resucitado. Así, una vez lograda la Piedra Filosofal (que es lo que quiere
expresar la lámina XV), ya no se requiere de medios (la escala) que permitan el
conocimiento, pues éste ya está incorporado de forma completa en el operador.
Aquí subyace la misma enseñanza prescrita en varios textos herméticos, según
los cuales en algún momento es necesario "quemar los libros"...
6.- En "El simbolismo de la escala", artículo incluido
en Símbolos fundamentales de la ciencia
sagrada (René Guénon, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos
Aires, tercera edición, 1988.), p. 293.
7.- En algunas ocasiones, se compone de cuatro peldaños. En este
caso, el rehue
se identifica con la mítica montaña Threng -Threng, de la cual se dice que reposa sobre cuatro
cerros. Esta montaña desempeña una labor fundamental en cuanto a la salvación
de los hombres. Se cree que la montaña, se levantará de las aguas, luego del
diluvio, y en ella se protegerán los "siete elegidos". Anotamos de
paso, que otra vez se vuelve al número siete que desempeñará un papel
primordial para los antiguos. Sobre la relación rehue y montaña sacra, véase Cosmogonía y mitología indígena americana,
Dick Edgar Ibarra Grasso, Editorial Kier, Buenos Aires, 1980, p. 258; y la nota
8 de este trabajo.
8.- René Guénon, Op. cit., p. 295.
9.- Véase el hermoso libro de Miguel Laborde
Duronea, La
selva fría y sagrada, Editorial Universitaria, S.A., Santiago de Chile, p.
37 y ss.
10.- Ver nota 7.
11.- Carta fechada el 24 de diciembre de 1947.
12.- Se refiere René Guénon a Frithjof
Schuon. Véase
nota 2 de este mismo artículo.
13.-
Las negritas son nuestras.
URL
de esta página: http://www.bajoloshielos.cl/15fritz.html
Revista Bajo los Hielos N° 15
(Mayo
de 2005)