Importantes investigaciones realizadas en Egipto, modifican desde su base las antiguas creencias con respecto a la construcción de las pirámides de la meseta de Gizeh. Ahora la ciencia acepta que la historia de este pueblo es mucho más antigua de lo que se creía, y su tecnología, más desarrollada de lo que muchos pensaron.
BLOQUE POR BLOQUE
La ciencia tiene una concepción marcada con relación a Egipto, datando su origen hacia el año 2.925 a. C., lo que en significa que en menos de cinco milenios ya estaban construyendo los colosos arquitectónicos que conocemos en la meseta de Gizeh. Cabe decir que dentro de las teorías que plantean los arqueólogos, esta la que refuerza esa idea conservadora de que las pirámides fueron hechas como templos funerarios de los faraones más importantes de las dinastías. Hoy ya se sabe que jamás se encontró ninguna momia dentro de las pirámides de principal de Gizeh, incluso cuando el Califa Al- Mamun decidió dinamitar la entrada – en el año 820 d. C. - de la arquitectura mayor, no encontró nada.

Imagen de Gizah
Es más, cuando se encontraron ajuares funerarios
-tesoros-, no habían cuerpos, e incluso cuando se ha localizado una cámara
sepulcral intacta en alguna pirámide de la meseta, el sarcófago
¡siempre estuvo vacío!.
Es curioso entender como la ciencia plantea la construcción de las pirámides,
ya que debemos tener en cuenta que cada bloque de piedra usado para la cimentación
de estas arquitecturas pesa cerca de 6 toneladas, y si pensamos que La Gran
Pirámide – Keops – tiene aproximadamente dos millones y medio
de bloques, es prácticamente imposible su construcción en un tiempo
determinado. Con solo imaginar que se pudieran colocar entre 15 y 25 bloques
diarios, utilizando para ello miles de hombres que pudieran arrastrar cada trozo
de roca, estaríamos hablando de 150 años de trabajo ininterrumpidos.
Para detallar un poco más el tipo de construcción que debían
realizar los egipcios debemos tener en cuenta lo siguiente; El arquitecto debió
de informar que deseaba una pirámide que tuviera una base cuadrada, cada
lado debía mirar hacía un punto cardinal, es decir, sur, este,
norte y oeste. Debía ésta de tener una longitud de 230 metros,
y una altura de 146 metros (esto da la misma proporción que la circunferencia
de un círculo en relación con su radio), hasta el momento el encargo
parece más bien sencillo, tomando en cuenta las necesidades antes mencionadas.
Luego la inclinación de los lados debería tener un ángulo
de 52 grados. Si seguimos, nos daremos cuenta que cada hilera debe tener un
peso mínimo entre las seis y treinta toneladas, la segunda debe ser de
un peso un poco menor, pero con un ángulo de 52 grados, entre el borde
de la primera hilera y la segunda, y así sucesivamente. Pero el problema
más grave no es este, ya que debemos pensar en como subir los bloques
para la tercera, cuarta y diferentes hileras de bloques cuadrados.
Se supone que para ello utilizaban unas rampas de madera, de árboles
que extraían de los valles, para luego ponerlos en ángulo de inclinación,
y a través de sogas elevar uno a uno esos bloques tan pesados. Como dijimos
anteriormente, esta teoría plantea que los egipcios nacían solo
para construir pirámides, y su vida se iba en eso, y relacionándolo
con el tiempo de demora, ninguno prácticamente vio terminada su obra.
Heródoto planteo que la construcción de las pirámides fue
echa a través de los mismos escalones que iban colocando, por lo que
descartó las rampas echas con árboles de 150 metros:
“La pirámide se construyó de escalón en escalón, igual que almenas, como las llaman, o según otros, igual que altares. Después de colocar las piedras de la base, subieron las restantes piedras hasta los lugares que le correspondían utilizando maquinas formadas con tablones de madera cortos. Las primeras máquinas las subieron del suelo hasta lo alto del primer escalón. En éste había otra máquina, que recibía la piedra a su llegada y la transportaba hasta el segundo escalón, desde donde una tercera máquina lo subía aún más.”

Detalle de Escalones en Pirámide de Keops
Lamentablemente para aquel que quiera justificar esta teoría tan antigua, la respuesta sigue siendo negativa, ya que cada tablón de madera, por más grueso que fuera, no pasaría de los 15 centímetros de espesor, y para bloques de 6 toneladas es prácticamente imposible, y aunque asi fuera, esta técnica es más lenta que la anterior, por lo que se descarta automáticamente.
UN MONUMENTO ANTIQUÍSIMO
Otro monumento realmente increíble es la esfinge, la cuál habría sido construida por el hermano del faraón Keops; Kefren, hacia el año 2.500 a. C., casi al mismo tiempo en que construía la segunda pirámide de la meseta de Gizeh. Se le atribuye la autoría a Kefren ya que se encontró este nombre en un cartucho en la pata de la esfinge, pero Gaston Maspero, Director del departamento de antigüedades del museo del Cairo hacia el año 1900, planteó muy sabiamente que Kefren solo se limitó a excavar y arreglar la esfinge, ya que ésta era muy antigua.

Gastón Máspero
Los investigadores que caminan por la meseta de Gizeh
reflexionan en la extraña construcción de estos colosos, llegando
a la común conclusión de que deberían haber sido edificadas
o apoyadas por alguna tecnología superior, y no precisamente extraterrestres,
pero sí evolutivamente adelantada. No es de extrañar que sugieran
a los Atlántes como propulsores de estas construcciones, pero para ello
no podríamos respetar las fechas impuestas por la arqueología
tradicional, si no que tendríamos que plantear una fecha que se complementaría
supuestamente con la caída y destrucción del continente perdido
del atlántico, que se data hacia el año 10.500 u 11.000 a.C.
De esta manera no podríamos aceptar la erosión sufrida por estos
monumentos a partir de la lluvia y el viento, -que es la explicación
más común-, si no que deberíamos aducir que la esfinge
estuvo en alguna ocasión tapada por el agua, ya que la última
glaciación – o diluvio universal – también afecto
a estas zonas. Entonces, una de las respuestas es que esta arquitectura tendría
como mínimo cerca de 12.500 años de antigüedad. Esta teoría
de la erosión por el agua, la planteo hace varios años el investigador
John West, quién aseveró que por más indicios que haya
sobre la existencia de pruebas que marquen una actividad en Egipto a partir
de 5000 años atrás, estás solo son referencias y herencias
de una cultura mucho más compleja en el pasado.
Por ello no es extraño el descubrimiento que hizo Robert Bauval en su
libro el “The Orion Mysteries”, y que luego reforzó Graham
Hancock en su obra “Fingerprints of Gods”, ya que se debía
relacionar el gran conocimiento que poseían los egipcios del cielo, y
la construcción de estos templos que estaban proyectados a recepcionar
energía cósmica.

Robert Bauval
Reflexionando en las tres pirámides de la meseta de Gizeh, Bauval estimo que había algo extraño con la tercera y más pequeña de las tres pirámides – Menkaura -, ya que estaba desviada hacia el este. Pero observando el filmamento divisó con atención el cinturón de Orión, observando la semejanza que había con las arquitecturas de Gizeh. Es decir que las pirámides representaban fielmente al cinturón de Orión, y la vía láctea correspondía al río Nilo.
ORIÓN, EL CAZADOR
Orión es sin duda la constelación más
hermosa del firmamento, la que a simple vista se puede divisar y ubicar. En
el centro de la constelación, tenemos tres pequeñas estrellas,
que se conocen como los "Tres Reyes Magos" o las "Tres Marías"
o el "Cinturón de Orión".
Debajo de la constelación y algo a la izquierda, encontraremos un grandioso
punto luminoso que es la estrella Sirio, la más brillante del cielo.
Orión es el cazador del cielo, que siempre está cazando acompañado
de sus dos perros el Can Mayor (donde está Sirio) y el Can Menor (donde
está Proción).
La nebulosa, se ve perfectamente a simple vista. Se encuentra situada debajo
de "las Tres Marías". Es una nebulosa difusa, una gran nube
de gas, de una belleza extraordinaria. Está rodeada por numerosas estrellas
variables y su masa es unas 10.000 veces superior a la del Sol.

Orión
Se suele hablar de la nebulosa de Orión (M
42), que es como una casa de maternidad de estrellas, donde están naciendo
estrellas constantemente. Y así como nacen, mueren.
Dentro de la mitología egipcia, también hay que comentar que la
constelación de Orión era identificada con Osiris, el dios de
los muertos y primer faraón que reina en el más allá. Hermano
y esposo de Isis ("Sothis" Sirio) con quien reinó prósperamente
el país, aunque con las envidias y conspiraciones de su hermano menor
Seth que acabó por asesinarle y esparcir sus pedazos por el mundo (14
trozos). Como Osiris murió sin descendencia, Isis realizó el prodigio
de reunir sus pedazos y devolverle a la vida, consiguiendo con el a su hijo
Horus que se encargó de vengar la muerte de su padre. Una vez terminada
su función en la Tierra se convirtió en estrella y fue a gobernar
la bóveda celeste el reino de los muertos en el llamado Duat.
LOS SALONES DE AMENTI
En 1964 una revista de estudios orientales había
presentado una teoría muy similar, la autora había sido Virginia
Trimble, una astrónoma de origen norteamericano, que intentaba verificar
una teoría relacionada con el pozo de ventilación meridional de
la cámara del Rey. Según la investigación que hizo esta
astrónoma, no había duda que el pozo de ventilación estaba
dirigido hacia el cinturón de Orión hacia el año 2.550
a. C. La idea central de dirigir la abertura piramidal hacia esa constelación,
tenía directa relación con la creencia de que al morir un faraón,
su alma traspasaba el lugar físico dirigiéndose a los salones
de Amenti, (el templo donde habitaban los muertos) y luego a la constelación
del cazador (Orión), ya que de ese lugar provenía Osiris, el dios
fundador de la cultura egipcia.
Cabe recordar que si la meseta de Gizeh representa a las tres marías
– Al-Nitak, Al-Nilam y Mintaka – hay otras pirámides que
también reflejan otras estrellas, es el caso de la pirámide de
Nebka en Abu Ruwash, que corresponde a la estrella situada en el pie izquierdo
del cazador; y la pirámide de Zawyat al-Aryan, y corresponde a la estrella
que esta en su hombro.
Las teorías que afianzan la seguridad de un nuevo replanteamiento de
la historia egipcia son bastante largos de detallar, por ello iremos al grano.
La fecha que planteaba la doctora Trimble en su escrito denotaba un error, para
esa fecha el conducto que se proyectaba desde la cámara del Rey no se
dirigía directamente a la estrella del medio del cinturón, que
correspondía a la de Kefren. Lo ideal era que el conducto apuntara a
la estrella Zeta Orionis, que sería la Gran Pirámide en el cosmos.
Esto se debió a que el cálculo consideraba un ángulo de
44. 30 grados, cuando en realidad eran 45 grados, de esa manera no existía
una proyección perfecta entre los colosos y la constelación, lo
que denotaría que en otra época eso debió ocurrir.
Luego de análisis y estudios detallados de la máxima inclinación
del cielo, esta hablaba de varios miles de años antes, cuando el filmamento
lograba convertirse en un espejo que reflejaba fielmente lo que acontecía
en la meseta de Gizeh, incluyendo al río Nilo. Esto se habría
llevado a cabo hacia el año 10.450 a. C.
Lo más importante detrás de esto, es que la ciencia independiente,
adoptando una actitud indiferente ante la presión del conservadurismo,
ha logrado obtener conclusiones realmente sorprendentes e impensadas para hace
algunos años atrás. De esta manera, la construcción de
las pirámides de Gizeh estaría datándose hace 12.450 años
coincidiendo de manera asombrosa con la última glaciación.
Camilo Valdivieso