EL MANUSCRITO VOYNICH
¿INVESTIGAN EL POSIBLE HALLAZGO DE UN LIBRO DE ORIGEN EXTRATERRESTRE?

Un libro descubierto por un coleccionista del siglo pasado ha sido el gran dolor de cabeza de importantes intelectuales a través de la historia, quienes no han podido lograr una traducción de lo que al parecer es una enciclopedia científica muy avanzada.

Wilfrid M. Voynich , coleccionista de manuscritos medievales, en 1912 encontró un insólito objeto en el Colegio Jesuita de Mondragone -Frascati, cerca de Roma-. Era un manuscrito que constaba de 235 páginas, de un tamaño de 15 x 27 cms., sin cubierta. Estaba escrito en un lenguaje irreconocible. Desde entonces, a esa obra se le ha adjudicado su creación a un sinfin de hombres de ciencias antiguos, aunque por lo extraño de su criptografía se ha llegado a mencionar incluso a civilizaciones extraterrestres.

Wilfrid Voynich

Las ilustraciones muestran curiosos arabescos y tubos que parecían intestinos, figuras femeninas desnudas, estrellas y constelaciones y cientos de plantas de extraño aspecto. El pergamino, la caligrafía y la historia conocida del manuscrito indicaron a Voynich que era un documento de origen medieval, y la abundancia de especímenes vegetales sugeriría que podía tratarse de un herbario, un libro de texto mitad científico, mitad mágico, que describiría las cualidades místicas y médicas de las plantas y su preparación. Pero esto era una simple conjetura, ya que estaba escrito en un lenguaje que Voynich no pudo identificar; aunque el texto podía ser descompuesto en “palabras”, cuyas letras eran familiares a medias, no tenían sentido. Voynich sólo pudo suponer que estaban escritas en un idioma poco conocido, en un dialecto o en un código.

Luego de otros estudios, algunos estudiosos atribuyeron la autoría del libro a Roger Bacon (1214-1294), un monje astrónomo, autor de diversos tratados de Alquimia y el principal pre-científico medieval. Sin embargo otros consideraron que fue escrito entre los siglos XV y XVII.

En agosto de 1666, siguiendo la recomendación que hiciera el alquimista Georg Baresch, el rector de la universidad de Praga envió el manuscrito que tenía en su poder al jesuita Athanasius Kircher, especialista en continentes desaparecidos y criptografía en general, quién no logró sacar humo blanco a partir de ese análisis.

 
Roger Bacon
Athanaisus Kircher S.J.

Luego, reaparece en 1912 en Mondragone, cuando Voynich lo encuentra en la librería privada de Petrus Beckx. A partir de ese momento viaja hasta Estados Unidos, donde se proporcionan copias a diversos especialistas. En 1919 llega a conocimiento del decano de la universidad de Pensilvania William Romaine Newbold, especialista en lingüística y códigos cifrados. Trabajó con él dos años y creyó haber encontrado la clave, pero luego comunicó su pérdida. Curiosamente, a partir de 1921 da conferencias en las que afirma cosas como que Bacon descubrió que la nebulosa de Andrómeda era una galaxia copia de la Vía Láctea, que conocía las leyes de la formación de embriones y la estructura celular completa. También cita frases del monje como: "He visto, en un espejo cóncavo, una estrella que semeja un caracol. Está entre el centro de Pegaso, los pechos de Andrómeda y la cabeza de Casiopea". Su obsesión le lleva a la demencia y muere loco en 1926.
Hasta 1944 no se sabe nada de él hasta que el especialista en criptografía militar, William F. Friedman decide estudiarlo detenidamente en un ordenador RCA 301. Desde ese año esta depositado en la biblioteca de Yale con el Nº MS 408.

William Romaine Newbold

TEORÍAS

El doctor Gordon Rugg, profesor de Informática en la Universidad de Keele, Inglaterra, y la doctora Joanne Hyde, han desarrollado un método para repasar problemas difíciles que han quedado sin resolver, en diversos ámbitos de la ciencia.

Para probar el método, Rugg comenzó a aplicarlo al manuscrito Voynich en su tiempo libre, pero la labor de descifrado se fue tornando cada vez más apasionante y absorbiendo más horas y dedicación, por parte de ambos investigadores.

El ingeniero practicó una de las técnicas conocidas de Edward Kelley, un famoso aventurero y oscuro artista de la época isabelina, que según Rugg, puede ser el autor de manuscrito.
Para ello utilizó una cuadrícula de 40 filas y 39 columnas cuyas líneas le sirvieron de guías para dibujar las sílabas de Voynich. A continuación superpuso un cartón con cuatro ventanas cuadradas en diagonal sobre la cuadrícula, y comenzó a formar las palabras que resultaban de unir las sílabas que quedaban visibles a medida que él iba moviendo la plantilla agujereada.

El resultado ha sido una serie de palabras con los mismos patrones internos que las del libro. Rugg y su equipo trabajan ahora en un programa de computadoras que detecte todos los patrones existentes en el manuscrito y los reproduzca.

Si su hallazgo se confirma, significará que inventar algo que parezca un lenguaje con regularidad en los patrones no es tan difícil, y esto ya no será un argumento válido para negar el fraude.
Los primeros resultados, publicados en un artículo sobre el manuscrito en la revista británica Cryptologia, parecen indicar que el texto medieval puede ser una broma debida a Edward Kelley, aunque eso no se puede demostrar científicamente.

Los autores del artículo dicen que la solución definitiva del misterio depende ahora del trabajo de otros investigadores, aunque su método ha servido de punto de partida.


SECRETOS

Según algunos estudiosos, el Manuscrito Voynich contiene secretos tan peligrosos como la naturaleza de las novas o explosión final de las estrellas, o los mecanismos de los cuásares: los objetos cósmicos más energéticos que se conocen.
Además contendría información sobre fuentes de energía mucho mayores que la bomba de hidrógeno y tan sencillas de manejar que era capaz de comprenderlas un hombre del siglo XIII.

Lo que sí se sabe, después de analizar estadísticamente su contenido, es que en el libro existen dos grandes bloques con tipos de escritura claramente diferenciados.

Se cuenta la extraña historia de un alemán de nombre Roidingercht que a principios del siglo XX aseguró haber recibido la clave para descifrarlo en un "código secreto que utilizaban los habitantes protohistóricos del extremos sur del planeta". Roidingercht contó que "el libro habla de una civilización desaparecida, cuyos integrantes eran seres de no más de un metro de altura y que dominaban la gravedad, que poseían máquinas para horadar la roca y construir grandes ciudades subterráneas que se intercomunicaban bajo tierra con el resto del planeta". Roidingercht "despareció misteriosamente".

ESCÉPTICOS

Aunque se considere al manuscrito de Voynich, uno de los libros cifrados más extraños de la historia conocida, existen una gran cantidad de escépticos que ven en esto solo una broma muy preparada por algún genio del medioevo, especialmente de aquellos que poseían un gran conocimiento de lenguajes ocultos. No obstante hasta nuestros días las explicaciones resultan en vano, ya que no se ha podido descifrar la esencia de dicha obra misteriosa. Quizá el gran error es justificar siempre la presencia extraterrestre ante la imposibilidad de desentrañar cualquier conocimiento que escape a la norma establecida.

Camilo Valdivieso