INTRODUCCIÓN
Los mapuches desde tiempos
preincaicos habitaron parte del territorio chileno actual.
Las identidades territoriales mapuche se ordenaban geográficamente en
el siguiente espacio, y de acuerdo a su origen, se autodefinían como:
Puelche: Gente del Este; Pikunche: Gente del norte; Williche: Gente del Sur;
Pewenche: Gente del Pewen (araucaria); Lafkenche: Gente del Mar; Nagche: Gente
de los Llanos; Wenteche: Gente de los Valles.
Según testimonios orales y escritos, vivían en forma autónoma;
además, estaban dotados de una organización social y política
descentralizada, ordenando sus relaciones internas y externas en base a sistemas
normativos y cosmovisión propia.
El núcleo de esta sociedad era la familia.
Una comunidad era la agrupación de varias familias a las cuales unía
un parentesco patrilineal y un territorio de propiedad común. Esta proximidad
significaba vínculos económicos como la realización de
trabajos agrícolas, construcción de viviendas, defensa del territorio
y eventos como el juego de la chueca.
Así también funcionaban sus instituciones y los valores morales
como elementos unificadores de una sociedad que aún mantiene su cultura
en los espacios urbanos.
En cuanto a sus creencias religiosas el/ la machi era y es fundamental en la
configuración de los ritos mapuches, siendo el/ la mediador/a entre el
mundo natural y el sobrenatural.
Para estos fines utiliza el kultrun, instrumento ceremonial en el cual aparece
representado simbólicamente el universo.
El mundo mapuche se estructura, de acuerdo a esta noción, en los cuadrantes
superiores que representan las figuraciones del cielo (el wenu mapu) ocupada
por las deidades que tienen a la cabeza a Ngenechen. Este dios es poseedor de
los atributos opuestos masculino-femenino, viejo-joven.
En los cuadrantes inferiores, (el miñche mapu), lugar del mal y de fuerzas
ocultas. En este espacio habitan los seres de las tinieblas.
El hombre mapuche y la naturaleza, se ubican en el centro del cosmos (nag mapu),
donde convergen los puntos cardinales, (meli witran mapu).
El ordenamiento del universo ha otorgado a este símbolo un carácter
mítico; además hay dos cardinales relacionados con el bien: El
Sur y el Oriente; en cambio el Norte y el Este, se consideran negativos.
Todo aquello permitió al pueblo mapuche definir su rol individual y colectivo
frente a la tierra, la naturaleza, los poderes y espíritus; y consigo
mismo como Nación.
Para concretar ese proceso, es decir, construir un pueblo, un idioma, una cosmovisión
y un acercamiento a la ciencia en forma totalmente originaria sin influencia
de otros pueblos y culturas, sin duda están involucrados muchos factores,
entre ellos el tiempo y el espacio
Para defender esta concepción de mundo, tuvieron que defenderse de la
Invasión Inca
La conquista de territorios por parte de los Incas fue realizada por el décimo
Inca, Tupac Yupanqui, quien el año 1471 amplió las fronteras del
Imperio hasta el río Maipo. A su muerte, su hijo Huayna Capac amplió
el territorio conquistado hasta el río Maule.
Sin embargo, dada la diversidad cultural de los pueblos que habitan los territorios
ocupados, las respuestas de cada uno de estos ante la dominación fue
distinta.
Atacameños, Diaguitas y Picunches se sometieron con facilidad al poder
de los Incas, porque, carecían de una organización de tipo militar
como los araucanos, único pueblo capaz de impedir la expansión
del Imperio Inca.
En el siglo XVI cuando los españoles llegaron al territorio mapuche,
los aborígenes se expresaban en Mapudungun, pues, se reconocían
como integrantes de una misma nación, por lo menos así ocurría
desde el río Choapa hasta Chiloé (por el lado chileno) y la provincia
de Buenos Aires y Chubut (por el lado argentino), es decir, todo el Wallmapu
entre Atlántico y el Pacífico ; pero también es un hecho
que sus divisiones internas y su individualismo, que sólo reconocía
como jefes a los líderes de su linaje, les impidió crear una sociedad
integrada.
Al arribo de los hispánicos, los mapuches de dividían en entonces,
en las provincias de Arauco, Bío Bío, Malleco, Cautín,
y su capital, Temuco.
La incesante Guerra de Arauco alteró drásticamente la cultura
mapuche, además las enfermedades que los invasores trajeron consigo,
devastaron a la población en algunas décadas.
En el valle central, los pikunches desaparecieron a consecuencia de dichas enfermedades,
de la esclavitud a que fueron sometidos por el Sistema de Encomienda y de su
fusión con los colonizadores europeos.
Más al Sur, los mapuches resistían la penetración española,
obligando al Régimen Colonial, el reconocimiento de su Independencia
Política y Territorial a través de los Parlamentos.
El 6 de enero de 1641; la Nación Mapuche y el Imperio Español
concertaron el Tratado de Killín; mediante el cual el Imperio Español
reconoció la Autonomía Territorial de la Nación Mapuche.
Desde entonces y durante más de dos siglos se respetó al río
Bío Bío como frontera natural y los territorios situados al Sur
de esta demarcación como Territorio de la Nación Mapuche en pleno
ejercicio de su Derecho de Libre Determinación.
Este hecho sin paralelo en la historia de los pueblos indígenas fue el
resultado del fracaso de la Corona Española en someter militarmente a
la Nación Mapuche.
La Firma de este Tratado, de acuerdo al procedimiento y norma internacional
así como otros subsecuentes 28 tratados a lo largo de dos siglos de Relaciones
Diplomáticas, otorgó a la Nación Mapuche un lugar destacado
en la Historia de los Pueblos Indígenas de América del Sur; siendo
de esta manera, la primera y única Nación Indígena del
Continente, cuya Soberanía y Autonomía le fue jurídicamente
reconocida; institución cuyo status jurídico como Tratado Internacional
es hoy reclamada por los mapuches.
Luego de la resistencia contra La Capitanía General del Reino de Chile
y la posterior creación del Estado chileno, el Gobierno encargó
la Pacificación de la Araucana, y mediante Parlamentos, los Mapuches
permitieron la fundación de Mulchen y Lebu.
Estas poblaciones sirvieron de base para la colonización hasta Malleco
(1867-68). Se crearon los fuertes de Collipulli (1867), Cañete (1868),
Purén y Lumaco (1889). De manera paralela se avanzó por la Frontera
sur de esta zona indígena hasta el río Toltén.
De esta manera, los territorios aborígenes serían ocupados por
el Ejército chileno y distribuidos a colonos europeos en base a leyes
y subvenciones dictadas para tal efecto; además, como consecuencia de
la ocupación de la Araucanía, se impuso en el territorio aborigen
una serie de medidas que restringían la autonomía de las decisiones
y los supeditaban a códigos determinados por la intención básica
de la Legislación que consistía en radicar a los mapuches en reservaciones
para tener al resto del territorio libre y expedito para la colonización.
En el plano cultural, el Estado impulsó acciones tendientes a “chilenizar”
a los mapuches, imponiéndoles la lengua, religión y estructura
de la sociedad chilena.