PATRICIO BOSCH QUIDIELLO
El misterio no es sino otro nombre de nuestra ignorancia; si fuésemos
omniscientes,
todo sería perfectamente simple. Tyron Edwards
Entre los lugares
recónditos, altos y misteriosos de este mundo, está la famosa
cordillera andina. Allí fue que Richard Roberto, jefe de la Misión
Aerográfica Estadounidense en el Perú (MAEP), declaró haber
descubierto por casualidad y fotografiado en 1963 los vestigios de caminos y
plataformas pavimentadas, suspendidos cual trampolines de las pendientes y flancos
en la cordillera peruano-boliviana, así como columnas de humo a más
de 6000 m de altura.
En la prensa de Bolivia, Perú. Chile y Argentina, aparecen denuncias
y testimonios de sorprendidos indígenas que dicen haber visto extraños
discos luminosos despegando, aterrizando y sobrevolando esas hermosas y nevadas
cimas andinas.
Oscar Tejera, experto ovnílogo del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias
(IPRI), declaró enfáticamente: “¡Visitantes del espacio
en éxodo han instalado cosmódromos en los Andes!”
Indígenas oriundos y habitantes de, por ejemplo, la zona frente al volcán
activo en la sureña provincia peruana de Tacna, afirman la existencia
de dos plataformas artificiales muy extendidas, a 3 200 m de altitud sobre el
nivel del mar de aproximadamente 700 m2, formadas por 263 losas de bloques tallados
en lava petrificada, que pesan cada uno cerca de 10 ton. Varias expediciones
de alpinistas y geólogos andinos, entre ellas la expedición arqueológica
y geológica chilena al mando de Humberto Sarnatago Bounaud, del Centro
Expedicionario Andino (CEA), han constatado e informado al público el
hallazgo y la existencia en algunas de esas losas de ciertas y extrañas
manchas negras indelebles, que son evidencia de efectos de combustión
a altísimas temperaturas, probablemente superiores a los 1900 grados
Celsius sobre cero, en la superficie lítica.
Sarnatago dice que las plataformas parecen planas rampas horizontales y terminan
abruptas en las márgenes de los farallones andinos: “Son innegablemente
artificiales. Los bloques están tallados perfectamente a cincel, con
cortes y ensamblado impecables.” Junto con sus compañeros alpinistas
andinos ha observado desde lejos, defendida por un profundo abismo de 1500m
de altura, la entrada de una caverna que podría indicar el acceso a un
refugio subterráneo. Los habitantes del lugar describen el aspecto de
las plataformas como un enladrillado de baldosas ciclópeas, y afirman
que un largo túnel parte de la cima del volcán erguido entre la
villa chilena de San Clemente y la villa argentina de San Rafael, distante a
más 200 km al sudeste, para converger en un lugar secreto próximo
a la zona fronteriza peruano-chilena-boliviana, a poca distancia del lago Titicaca,
donde existe otra plataforma similar.
Sabemos que la combustión de un motor de cohete espacial que utilice
propulsantes líquidos de gas peróxido y dimetilhidrazina, o de
oxígeno e hidrógeno, puede alcanzar un máximo de 3 500
K. ó 3 226 grados Celsius, suficiente para derretir el dióxido
de uranio y el circonio. También el radiómetro halló minerales
radiactivos, y midió una radiactividad equivalente a 0.0124 % de dioxido
de uranio (U02), (1) con una emisión de partículas que alcanzan
32,6 por minuto, y de mineral de zirconio, o circonio (Zr), (2) de una extraordinaria
resistencia y con altísima temperatura de fusión, en la árida,
elevada y fría puna peruana. ¿Qué fuente de calor tan enorme
pudo dejar allí semejante huella en parte del suelo pétreo de
mineral de circonio, así como evidencias mensurables de radiactividad?

Los testimonios de
los habitantes en la zona afirman que las plataformas donde han sido halladas
estas marcas “esconden una especie de fortín interior, algo como
un vasto refugio subterráneo”. Ellos mismos reconocen que actualmente
les resulta imposible construir tal titánica obra ingenieril, la admiran
y continúan transmitiendo las leyendas legadas por sus antepasados en
cuanto a naves espaciales que visitaban antaño, y aún visitan
a veces, los cielos andinos. Algunas han sido vistas posándose en los
volcanes y entre los farallones intra montanos. Uno de esos habitantes aseveró
haber visto elevarse las plataformas desde los cráteres volcánicos
apagados, y despegar, volar y aterrizar discos resplandecientes en las hondonadas
de las cordilleras, con una luz tan intensa que lo ha dejado ciego durante minutos.
Inclusive informó haber escuchado fortísimos ruidos subterráneos,
de carácter innatural.
Hay otros tres testimonios de avistamientos de un OVNI esférico y luminoso,
procedente del lago Titicaca, que aterrizó primero el 18 de septiembre
de 1965, y del cual descendieron siete robustos ovninautas junto a un árbol
cerca de un camino vecinal. En la segunda ocasión el OVNI aterrizó
en el barrio de Pichaca, en la capital de la provincia peruana de Puno, al noroeste
del lago Titicaca. Hubo otro caso de encuentro cercano de tercer tipo cuando
los camioneros peruanos Julio Luis de Romana y Antonio Chávez Bedoya
vieron asustados en otoño de 1965, un ser humanoide monocular, recubierto
de una especie de tiras brillantes, que les salió al paso en una carretera
vecinal de la provincia de Puno.
UBICACIÓN Y HABITANTES DE TIAHUANACO
En la puna boliviana, cerca de la cordillera occidental, a 3842 m de altura sobre el nivel del mar, a unos 20 km al sudeste del lago Titicaca y unos 70 km al noroeste de La Paz, en la provincia de Ingavi, se encuentra el famoso complejo arquitectónico de las viejas ruinas de Tiahuanaco, primera manifestación cultural colla, que significa en aymará “la piedra en el medio”.

Construido al menos
–según datos comprobados mediante el carbono 14- en el siglo V
(año 460 a.n.e) (*), diez siglos antes de la fundación del Cuzco
en el 1001 – de acuerdo con la cronología arqueológica ortodoxa-,
ya era bien antiguo antes de 1150 d.n.e. Hacia esta fecha un mítico amauta
nombrado Manco Cápac –nacido, por cierto, en las aguas del Titicaca,
uno de los tres hijos del dios solar Wiraqocha Pachacamac, y quien partiría
por orden divina desde Tiahuanaco, con la misión de fundar la capital
de un nuevo imperio y civilizar a los incas-, llegaría a Tampu Tocco,
después bajaría de esta sagrada ciudadela preincaica – fundada
en el año 1300 d.n.e., ampliada 175 años después y conocida
por el famoso nombre de la encumbrada Machu Pichu-, hasta llegar a un cerro
cercano al Cuzco, a unos 500km al sudeste de Lima, llamado Cápac Tocco,
o “rica ventana mayor”. Aquí, según la mitología
inca, y siendo él su primer gobernante convertirla en la primera capital
del Tahuantinsuyo.
Tiahuanaco, según la leyenda colla, era un centro ceremonial sagrado,
construido de piedra, para adorar la constelación de Urcuhillay o de
la Lira, ya que esta conformaba la imagen estelar de un guanaco blanco, su tótem.
Tiwanaku (sic.), nombre de huasa (el antiguo quechua), significaba “el
lugar de los muertos” o “la ciudad muerta”.
De acuerdo con el arqueólogo boliviano David Frisancho Pineda, los collas
constituían una confederación preincaica de varias naciones andinas
y amazónicas, integrada por las tribus de los carumas, orurus, carangas,
collahuas, aymarás, atacameños, lupazas y pakajes. Fueron quizá
los arcaicos constructores originales de esta misteriosa y antiquísima
ciudad, que en el año 400 a.n.e. ocupaba un área de 4 km2 y en
el año 100 a.n.e llegaba a 3000 habitantes, Alcanzó el esplendor
de su cultura y economía – basada originalmente en la pesca, la
agricultura, la ganadería y la minería – en el siglo VII
d.n.e.
En el año 1000 d.n.e., tras un largo e inexorable proceso de decadencia,
debido tal vez a razones naturales (epidemias, inundaciones, sismos), o a causas
artificiales (guerras civiles o externas), es despoblada y quedan como mudos
testigos de su ciencia y de su arte las redondas, cúbicas y megalíticas
torres de granito funerarias llamadas Chullpas, verdaderas necrópolis
o atalayas militares de las alturas, donde se trastornan las brújulas,
imposibilitadas de marcar el norte magnético, y que son similares a las
antiguas torres persas, desafiando tercamente el tiempo, los sismos y las depredaciones
arqueológicas.
La capital de los collas era la ciudad fortificada de Hatun Kolla, toda adornada
de templos y ciclópeas mansiones de hermosas vírgenes. En una
lejana época, cuarenta siglos atrás –según los relatos
orales recogidos por la arqueóloga italiana Elizabeth Della Santa-, todos
los jefes de Hatun Kolla se llamaban o se hacían llamar Zapana, o Chicana,
a causa del brazalete así nombrado y utilizado por los grandes sacerdotes
para captar los rayos solares y alumbrar con su fuego los sacrificios dedicados
al astro rey, de donde recibían directamente el fuego sagrado.
Por su parte, la tribu de los urus, o urus-pukunas, provenientes de la zona
oriental tropical amazónica, vivía y se extendía antes
de la invasión colla-aymará a todo lo largo de la costa y de la
sierra, desde y por los actuales departamentos peruanos de Moquegua, Arequipa
y Tacna, al sur-suroeste de Lima, hasta los parajes de la cordillera andina
occidental boliviana, en las provincias de La Paz y Oruro, respectivamente.
Según el arqueólogo peruano Leonidas Bernardo Málaga, sus
vestigios hallados prueban un alto grado de civilización con dominio
de la arquitectura, la astronomía, la geometría, las matemáticas
y la física.
A la llegada de los conquistadores españoles, en 1531, la lengua uru-puquina
era el tercer idioma en importancia después del quechua y el aymará,
hablados en el antiguo Perú precolombino. Los pescadores changos del
norte chileno y los bolivianos que viven en las islas lacustres de Takile y
Amanti son hoy día los últimos supervivientes de ellos.
LA CONQUISTA DE TIAHUANACO POR LOS INCAS
El emperador inca
Yahuar Huaca, que reinó a partir de la segunda mitad del siglo XIII (1250)
d.n.e., inició la conquista del territorio de los aymarás (Titicaca,
Arequipa, Atacama y Tiahuanaco) cuando sus edificios y vías de comunicación
estaban a medio construir. Un sismo, una inundación o la conquista militar,
interrumpió la construcción de sus obras públicas.
Lloque Yupanqui, el sucesor de Sinchi Roca, sometió en el siglo XI d.n.e
a las tribus vecinas de los collas y canas, así como a las tribus de
la costa oeste del Titicaca. Cuando sus tropas llegaron a las costas del lago,
se encontraron con esta enigmática y desolada ciudad en ruinas. Después,
hasta el tercer tercio del siglo XV (del año 1439 al 1493 d.n.e.) los
incas Pachacutec Yuyanqui y Tupac Yupanqui consolidaron las conquistas territoriales
y el definitivo dominio inca sobre Tiahuanaco y la comarca vecina al lago Titicaca.
El anciano quipocamayo Coaquira, de la tribu uru, le ratificó varias
veces a la investigadora belga Simona Waisbard que a lo largo de su longeva
existencia él ha podido ver, en las claras mañanas andinas, una
completa ciudad sumergida bajo las olas del lago Titicaca. Según él,
son ruinas de una de las ciudades de los grandes zapanas, de aquellos que invadieron
las islas del lago, entonces gobernadas por el Mallku de Chuchito, a quien vencieron.
Aún hoy, dice Waisbard, a 2 km del pequeño puerto lacustre boliviano
de Cuaqui, se pueden contemplar los vestigios de un palacio monumental, parte
de cuyos cimientos emergen del agua, y el resto de ellos se pierde bajo una
espesa capa de limo o fango, en las profundidades del lago.
El dios más importante de los collas era Ticsi Wiraqocha (sic), acuático,
creador, conservador y vivificador del universo que vivía en el lago,
y a veces en el cercano y alto volcán nevado del Illimani, el rey de
los Andes occidentales bolivianos, llamado por los indígenas collas de
la comarca “el devorador de hombres”, pues nadie que subía
a su cima bajaba jamás. La mitología colla explica los cataclismos
sísmicos-orogénicos de esta hermosa manera: existía la
montaña Murorata –que en aymará significa “la descabezada”-,
vecina del Illimani, que tenía envidia del volcán y pretendía
sobrepasar su altura. Entonces Wiraqocha armó su honda con una enorme
piedra, la lanzó y destrozó la cima de la montaña. Los
destrozos fueron pateados por Wiraqocha a 200 km de distancia, hasta la pampa
de Sojaza, a 50 km de Oruro.
Los arqueólogos, antropólogos y etnólogos comparten la
opinión de que los aborígenes autóctonos de estas regiones
nunca tuvieron escritura ni alfabeto desarrollado. Para guardar en la memoria
colectiva los acontecimientos más importantes y legarlos por vía
oral a la posteridad, contaban con los quipocamayos –archivistas, cronistas
oficiales de tiempos del imperio inca-, quienes desde pequeños se entrenaban
para memorizar y tenían la misión de registrar, guardar y descifrar
el mensaje anudado en los “quipos”, un sistema codificado de mensajes
y de perfectos cálculos matemáticos, que no sólo señalaba
la cantidad, sino además identificaba el objeto señalado. Los
quipos consistían en una cuerda gruesa horizontal, de la que pendían
varias cuerdas multicolores de diferentes tamaños con nudos complicados.
Eran utilizados y leídos manualmente por las civilizaciones preincaicas
e inca, comenzando el conteo por la derecha superior, yendo hacia la izquierda
inferior.
Los quipocamayos debían recitar de memoria los hechos históricos
trascendentales del inca, o del funcionario de superior rango en la burocracia
estatal que lo solicitase. Generalmente eran preferidos los más viejos,
pues en este oficio los años y la experiencia vivida eran muy apreciados.
Todo aquello que sabemos históricamente de los aborígenes andinos
es lo que ha sobrevivido por tradición oral y/o ha sido investigado y
recogido por los cronistas y escribanos españoles como Cobo, Betanzos,
Cieza, Gamboa, Molina, Alvarez, Garcilaso, Vázquez, Pizarro, etcétera.
Todos ellos llevaron a cabo de la mejor manera que pudieron una encomiable y
minuciosa labor de observación, recopilación y escritura, documentada
con testimonios personales y colectivos del modo de vida, las costumbres sociales,
las instituciones políticas, la música, la arquitectura, la cerámica,
la pintura, la historia, la economía, las tradiciones, sagas y anécdotas
de las pocas y diversas civilizaciones sudamericanas. Este legado constituye
hoy una sin rival cantera de estudios y conocimiento del nativo americano.
LOS POSIBLES CONSTRUCTORES
“Sólo
las figuras cargadas de pasado están ricas de porvenir”, escribió
Alfonso Reyes. En el caso de las ruinas de Tiahuanaco esta aseveración
se evidencia claramente. Cuando en 1551 Cieza de León preguntó
a los entonces indígenas incas residentes allí quiénes
y cuándo habían construido los edificios antiguos, ellos le respondieron
que mucho antes de la conquista y asentamiento de los incas ya los wiraqochas
altos, rubios, barbudos y de piel blanca, quienes vivían junto con los
urus en la isla más grande del lago Titicaca, la habían construido.
Y que una vez, en épocas muy antiguas, en momentos de una total oscuridad
que duró varios días -¿un eclipse total de sol?- fueron
masacrados en su mayoría por los indígenas de otra tribu, en una
guerra. Sucedió una epidemia y después una inundación.
Al salir otra vez el sol, apareció desde el sur, en la entonces llamada
provincia incaica de Collasuyo, desde el lago, un hombre orejudo, muy alto,
de gran autoridad, dignidad y sabiduría; con una vestidura blanca ceñida
por un cinto, su pelo corto con una tonsura, a la manera de un sacerdote, llevando
en sus manos algo que miraba al pronunciar ciertas palabras, como si leyera
una especie de breviario. Era capaz de alisar cerros y convertir llanuras en
montañas; hacía fuertes de roca sólida y por tanto se le
reconoció tal poder que le llamaron TicciTicsi Wiraqocha Pachayachachic,
que en quechua quiere decir “el creador del mundo”.
Por su parte, el Padre jesuita Bernabé Cobo (1582-1657) dice en su Historia
del nuevo mundo (1653) que “varias son las opiniones que yo he oído
a hombres de buen juicio, y no faltan entre ellos quienes sientan ser obra esta
de antes del diluvio, y que debió ser una gran ciudad edificada por gigantes”…
No olvidemos que el periódico chileno “La Nación”,
dio en junio de 1973 la noticia de que se habían encontrado restos arqueológicos
de armaduras, utensilios y armas probablemente vikingos en el nordeste de Paraguay.
¿Serían aquellos wiraqochas descendientes de los vikingos escandinavos
que, al igual que Eric el Rojo, no sólo llegaron demostradamente a Canadá
y EE.UU., sino también alcanzaron las costas y territorios de Sudamérica?
GARCIA BELTRAN Y SUS DOCUMENTOS SECRETOS
Peter Kolosimo en su libro “Tierra Sin Tiempo”, y Robert Charroux en “Historia desconocida de los hombres”, afirman que existe García Beltrán, biólogo español y descendiente directo del inca Garcilaso de la Vega, (3) quien corrobora haber recibido de su ilustre predecesor y tener en su poder documentos secretos, relativos a las tradicionales leyendas indígenas de la tribu de los urus, sobre hombres pájaros, espíritus de las estrellas, hijos caídos del cielo, que llegaron a nuestro planeta en huevos voladores, nos ayudaron enseñándonos su conocimiento y tecnología, y contribuyeron a revelar algunos de los temidos misterios que asustaban al primitivo hombre aborigen, aunque también nos legaron otras incógnitas. Estos documentos, una vez traducidos y comentados por el propio Beltrán, expresan sorpresivamente lo siguiente:
En la era terciaria
–de esto hace ya más o menos cinco millones de años-, cuando
ningún humano existía aún en nuestro planeta, poblado solamente
de animales fantásticos, un “huevo de oro” vino desde el
cielo a posarse en la isla del sol del lago Titicaca.
De aquella aeronave descendió una mujer semejante a las mujeres actuales
de los pies a los senos, pero tenía la cabeza en forma de cono, grandes
orejas, y manos palmeadas de cuatro dedos. Su nombre era Epe, traducido al castellano
por “Orejona”, y venía del planeta Venus, en donde la atmósfera
es más o menos análoga a la de la Tierra. Sus manos palmeadas
indicaban que en su planeta existía el agua en abundancia y desempeñaba
un papel primordial en la vida de los venusinos.
Orejona marchaba verticalmente como nosotros, estaba dotada de inteligencia
y sin duda tenía la intención de crear una humanidad terrestre,
pues tuvo relaciones con un tapir, animal que gruñe y camina en cuatro
patas. Engendró varios hijos.
Esa progenitura nacida de un cruzamiento monstruoso venía al mundo con
dos mamas, una inteligencia menguada, pero los órganos reproductores
se guían siendo los del tapir-cerdo. La raza era definida.
Un día, cumplida su misión, o quizá cansada de la Tierra,
y deseosa de retornar a Venus, en donde podía tener un marido a su imagen,
Orejona volvió a emprender vuelo en su astronave. Sus hijos, ulteriormente,
procrearon, dedicándose sobre todo al destino de su padre tapir, más
en la región de Titicaca una tribu que permaneció fiel a la memoria
de Orejona desarrolló su inteligencia, conservó sus ritos religiosos
y fue el punto de partida de las civilizaciones preincaicas. (4)
LA MITOLOGIA URU
Una centenaria anciana
llamada Desusa decía que la sede mitológica sagrada de los urus
estaba en Tanakunko, eminencia de un centenar de metros emergida a 2 km de la
desembocadura del río desaguadero, cerca de Irú-itú, a
30 km al suroeste de Tiahuanaco. Ella le contó al antropólogo
y filólogo francés Jehan Albert Vellard 81919-) una fábula
mitológica uru que decía que los kotsus eran “ancestros
de estos pescadores de la edad de la caña que lograron mantenerse sobre
islotes artificiales en las totoras en el corazón del Titicaca. Aparecieron
mucho antes que el Sol. Antes que el padre del cielo, Tatita, no hubo creado
a los aymarás, los quechuas y los blancos, antes de la última
aurora. Nosotros no somos hombres. Nuestra sangre es negra”.(5)
Un análisis holográfico de cualquier aborigen nativo de Tiahuanaco
de muestra que tiene dos litros de sangre más que los habituales; más
glóbulos rojos (8 millones) en vez de los normales (5 millones) que tenemos
nosotros como promedio, y su corazón late más lentamente que el
nuestro.
Entre las leyendas urus hay una que dice que ellos estaban orgullosos de su
prosapia premolar y de estimarse prehumanos. Se consideraban creados por Tatita,
o “el padre”, cuando la luna era de tamaño mayor que en la
actualidad, que les había disecado sobre las riberas del lago sagrado.
Los urus se creían el tronco del mundo.
Sus ancestros habían sido animales divinos: el cóndor, el puma,
el suche, tal como puede observarse en los frisos de la Puerta del Sol, en Tiahuanaco.
Las pictografías de su frontispicio, al ser traducidas, relatan que los
urus se consideraban los antiquísimos Hake-Wake, o los “hombres
sagrados”, semidioses hijos de la omnipotente piedra principal llamada
Apu, “la jefa-oráculo”, de la cual acataban y seguían
ciegamente sus vaticinios. Ella les indicaba dónde encontrar las aves
lacustres, dónde recolectar sus huevos, o dónde hacer la mejor
pesca. Apu les previno de los “juicios” sucesivos, lo que les permitió
a algunos urus escapar del castigo divino de la inundación para repoblar
más tarde el Titicaca. Hubo una serie de juicios. El primero se produjo
“cuando se perdió el sol” y sumió la comarca en la
oscuridad más completa. Una guerra que se declaró, seguida de
una epidemia, diezmó a la mayor parte de los pescadores urus. El segundo
juicio tuvo lugar cuando aún el astro rey no había aparecido.
Por haber sido despreciado por los suyos, el Tatita se fue volando, puesto que
entonces…¡los urus volaban!
En Cochineros, Huancor, Paracas y Quicapampa la Antigua, en el Perú,
aparecen coincidentemente petroglifos de figuras antropomórficas voladoras.
El primero en la península de Paracas, en la costa meridional peruana
del Océano Pacífico, volando horizontalmente, en su costado izquierdo,
correspondiente a la cultura Paracas, con datación del año 550
al 200 d.n.e., aunque es similar a la del petroglifo de Huancor. En el segundo,
en Quicapampa la Antigua, también se representa la figura voladora de
un ave de rapiña al momento de aterrizar, con una figura al parecer humana
llevando botas y una cruz en el pecho.
En Cochineros se aprecia como en una fotografía tomada desde tierra la
silueta de un humanoide llamado Tumi, lanzándose al espacio desde la
proa o parte delantera de lo que parece ser un avión en pleno vuelo.
Comparativamente, en la Puerta del Sol de Tiahuanaco aparecen esculpidos los
urus en las líneas superiores y medias del frontispicio con cabezas antropomórficas,
y en las líneas inferiores con cabezas ornitomórficas o grifomórficas.
Parecen volar, como lo hacían antaño según su tradición.
Los urus no tenían mayor título de nobleza que el de haber sido
escogidos como víctimas propiciatorias del holocausto humano. Reza su
leyenda que eran enterrados vivos para aplomar los cuatro ángulos de
los cimientos de todos los grandes monumentos en el siglo x (año 1000)
a.n.e., cuando surgió el primer horizonte cultural primitivo preincaico
de Tiahuanaco, con cinco villas y culturas sucesivas, superpuestas arqueológicamente,
hasta el último horizonte cultural en el siglo x d.n.e., de acuerdo con
los datos especificados por el Centro de Investigación Arqueológico
de Tiahuanaco.
Las pictografías de la Puerta del Sol también relatan que en la
era de los tapires gigantes unos seres humanos, muy evolucionados, palmeados
y con sangre diferente de la nuestra, venidos de otro planeta, hallaron de provecho
el lago (Titicaca) más alto de la Tierra.
En el curso de su viaje interplanetario, los pilotos lanzaron sus excrementos
sin aterrizar y dieron al lago la forma de un ser humano acostado de espalda.
No olvidaron el ombligo, lugar donde se posaría nuestra primera madre,
encargada de inseminar la inteligencia humana. Con sus potentes telescopios,
los visitantes siderales buscaron, pues, una altura y un lago favorable a su
organismo y a su vida anfibia. (6)
A esta leyenda indígena corresponden las coincidencias de que:
1- En las paredes
de las cavernas asiáticas de Bohistán se han encontrado dibujos
e inscripciones acompañados de mapas astronómicos que representan
las estrellas y las posiciones astronómicas que ocupaban hace 3000 años.
En esos mapas se ven unas líneas que unen al antiguamente conocido Venus
con la Tierra.
2- Aunque los incas conocían al Lucero del Alba bajo el nombre quechua
de Chasca, lo consideraban mitológicamente el doncel de cabellos largos
y rizosos, diligente paje y escolta de Inti –el dios solar supremo-, y
le consagraron un suntuoso templo interiormente enchapado con láminas
de plata. También es cierto que el único calendario venusiano
existente en toda Sudamérica está en Tiahuanaco, esculpido en
el frontispicio de la Puerta del Sol. Los científicos Jikov, Kazantsev
y Poznansky le atribuyen una antigüedad de 15000 a 17000 años. Todos
los demás calendarios sudamericanos eran lunares o solares.
Según H. S. Bellamy, en El calendario de Tiahuanaco. Una disquisición
en el sistema de medición cronológica de la más antigua
civilización del mundo, el calendario no sólo era un almanaque,
sino también un instrumento sofisticado de observación y predicción
astronómica.
Comprende diez series de 24 cifras, totalizando 240 que corresponden más
o menos al período de rotación retrograda (de este a oeste) de
Venus sobre su eje, que es exactamente de 243,01 días, más dos
series de 25 cifras que suman 50 días, correspondientes a los años
bitextiles, haciendo un ciclo total de 290 días. La duración del
día venusiano es equivalente a 9 días terrestres. El Lucero del
Alba, distante 42 millones de km de la Tierra, se acerca a nuestro planeta cada
19 meses como ningún otro del sistema solar.
Los astrónomos han comparado ese calendario venusiano, que comienza en
el equinoccio del hemisferio sur, con el que actualmente usamos, y afirman que
considerando la época, era científica y relativamente más
exacto, pues estaba elaborado teniendo en cuenta el movimiento de los astros,
mientras que el nuestro tiene períodos de (semanas y meses) imaginarios,
para llenar huecos y defectos horarios. Inclusive no sólo marcaba el
año solar de 290 días y las 449 lunizaciones del calendario lunar,
sino además los eclipses lunares y solares, el nadir y el cenit, los
4 puntos cardinales, los azimut, los solsticios y equinoccios. El movimiento
de la luna se podía observar entre los dos pilares occidentales del templo
de Kalasasaya.
ORIENTACIONES ARQUITECTONICAS Y GEOGRAFICAS
Hay diferencias arquitectónicas
notables entre las construcciones de la costa del Océano Pacífico
peruano y la andina del interior. En la costa se utilizaba principalmente arcilla
seca y ladrillos de adobe como materia prima. En los Andes peruanos-bolivianos,
sobre todo en Tiahuanaco, el material básico es la piedra de andesita,
basáltica, tallada ligeramente en formas trapezoidales encajadas, pulidas
y enlazadas con abrazaderas metálicas de cobre. Por lo general los edificios
importantes –templos, fortalezas, palacios- estaban construidos con piedras,
con techos pétreos y planos formados por losas finamente ajustadas. Eran
simétricos, divididos en piezas o cuartos rectangulares, comunicados
entre sí por grupos de tres o cuatro piezas. El edificio de Pilco-Kayma,
en la isla del Titicaca, está construido así.
Las fotografías aéreas tomadas por el CIAT revelaron que el sitio
había sido arquitectónicamente concebido, construido y orientado
según un riguroso sentido astronómico, siguiendo el norte geográfico.
Contaba con un sistema de grandes rutas pavimentadas, de acuerdo con su medio
ambiental y meteorológico, que condiciona esta orientación.
Es evidente que los constructores conocían la ciencia y la aplicación
en perspectiva, y la relación arquitectónica-astronómica
de la antigua mente conocida geometría sagrada. Martí exclamó
en 1884 que “los edificios son como las palabras de los pueblos, y sus
símbolos. A través de las edades cuentan su espíritu y
revelan su historia”. Esta aseveración se corrobora viendo y analizando
el caso de las ruinas de Tiahuanaco, que reflejan la cultura y la técnica
de una magnífica y antigua civilización. Los monumentos arquitectónicos
más importantes de estas ruinas son las pirámides de Pumapunku
y de Akapana, el templo de Kalasasaya, las puertas del Sol y de la Luna.
La pirámide de Pumapunku, o Puerta del León Puma, es un terraplén
o mogote de 402 m de altura, hecho a mano, fundado sobre dos enormes y bien
talladas piedras en forma de losas de sepulturas, que mide alrededor de 100
pasos de esquina a esquina , rematándose en dos grandes losas muy parejas
y llanas, con andenes intermedios de 2 m de ancho aproximadamente, que pertenecieron
al templo, y una especie de plataforma de 35 m de largo por 8 m de ancho, caída
en bloque por fallo de sus cimientos. El frente del edificio mira hacia el este
y a otras grandes ruinas. De este mismo lienzo delantero sale la obra con igual
altura y paredes de piedra de 7,21 m de ancho y de 18,28 m de largo, formando
dos ángulos a los lados. Se nota el suelo enlosado con un pedazo de la
suntuosa pieza que debió ser la pared principal de allí. La mayor
de todas las losas tiene 9,75 m de largo; 5,18 m de ancho y 1,80 m de grosor
del canto. Sólo están en pie sobre una losa mayor una puerta de
piedra muy labrada de 9,74 m de alto y la misma medida de largo, que da al oriente,
y una ventana mirando al poniente.
Se percibe la simetría intencional de los ejes arquitectónicos
que emanantados del Akapana, la mayor de las fortalezas piramidales escalonadas
y truncas, con las siguientes dimensiones: 210 m de largo, 150 m de ancho y
15 m de altura. Su cima cubre 27 000 m2.
El monumental templo de Kalasasaya se extiende a lo largo de 135 m de este a
oeste. Su altura es de 4,2 m. Tiene 1,2 m de ancho y o, 7m de espesor. Presenta
la más pequeña Puerta de la Luna, construida con habilidad, pericia
y sobria elegancia, y la Puerta del Sol, formada por el más grande bloque
monolito de piedra de andresita volcánica del mundo, con las siguientes
dimensiones. 3 m de altura; 6 m de espesor, y un peso de cerca de 12 toneladas.
Sobre la entrada está esculpida en bajorrelieve la figura del dios supremo
del universo: Wiraqocha. En cada una de sus dos manos, con sólo 4 dedos,
sostiene un arco y un carcaj con dos lanzas. A cada lado de la efigie divina
hay 24 cuadrados dentro de los cuales aparecen de perfil extraños sirvientes
alados, que se inspiran quizás en los antediluvianos “hombres voladores
sagrados de los urus presolares”, en los legendarios “hombres-cóndores”
o los pakajes, tribus de indios guerreros provenientes del volcán Illimani
boliviano, su cuna. Nacidos según la leyenda uru del huevo de un cóndor
real, servidor aliado del dios solar, ellos eran preincaicos devoradores de
los corazones de sus enemigos vencidos, con una especie de corona en cada cabeza,
que mide la mitad de la altura total de la figura del dios Kolla. Aparecen corriendo
hacia el este y debajo hay 16 figuras talladas.
Si examinamos desprejuiciadamente la figura del “hombre cóndor”,
como señala Eduardo Frank en Los dioses astronautas, podemos notar la
presencia de lo que parece ser a simple vista una capa dorsal, en realidad una
especie de tobera de motor, quizá uno foto-iónico a reacción.
Esculpidos a ambos lados de su entrada hay nichos rectangulares de 30 cm de
profundidad, tan exactamente recortados y tan perfecta y matemáticamente
colocados, que es imposible hallar una desviación de 0.5 mm en sus ángulos
y superficies, en una serie de escalones concéntricos. Algunas de las
obras de irrigación construidas entonces, serían hoy en día
a duras penas realizables con nuestras modernas perforadoras electro hidráulicas.
Los enormes bloques de piedra, a veces pesando más de veinte toneladas, eran cortados, encarados y encajados tan perfectamente que aún hoy en día, tras el lapso de incontables siglos, es imposible insertar una sonda ajustada entre las piedras. Ningún par de bloques pétreos es igual en forma o tamaño, pero cada uno encaja más exacto en aquellos que lo rodean, Ningún experto mecánico moderno, trabajando con herramientas de acero y sondas de ajuste micrométricas, podría producir resultados en metal más precisos por minuto. Las estructuras, y cada bloque de piedra individual a ser utilizado en ellas, debieron haber sido planificadas y ajustadas de antemano. Hubiera sido imposible haber ajustado los bloques mientras los artesanos procedían con sus labores. Ningún hombre de sano juicio puede creer que una piedra de veinte toneladas fuese picada aquí y allá, dejada caer en su posición, levantada y sacada, probada y cortada y recortada otra vez, hasta que se hubiese encontrado un ajuste perfecto. Aún si podemos imaginar llevar a cabo una labor tan herculeana, hubiese sido imposible en la mayoría de los casos, debido al hecho de que las piedras están entrelazadas y ensambladas juntas. Aunque algunas de las piedras son justamente cuadradas o rectangulares y con seis caras, muchas son de forma irregular, y algunas tienen tanto como treinta y dos ángulos. El único modo en que tales formas complejas pudieron haber sido ajustadas con tal increíble precisión era cortando cada bloque a medida muy finas, o por medio de un modelo o cuña, un proceso que indicaría que esta gente prehistórica poseía el más cabal conocimiento avanzado de ingeniería y altas matemáticas.(7)
La entrada del Puma
tiene losas de piedra labrada de más de 100 ton de peso, unidas en bloque
entre sí por ranuras con espigas en forma de T, y por abrazaderas de
cobre. Tanto el templo de Kalasasaya como el Puma-Puncu siguen arquitectónicamente
una diagonal norte-este, sur-oeste, con un ángulo de 45 grados en relación
con el norte geográfico. La oblicuidad de la elíptica del conjunto
monumental determina el ángulo mencionado de 49 grados con 22”
de amplitud, o sea, casi la amplitud de la elíptica solar hasta la actualidad.
El cúbito de Tiahuanaco era de 0,4458 mm, ó 17,55 pulg. En y alrededor
del patio hay estatuas megalíticas y monolíticas arrodilladas
sobre los talones, como en Pokotia, y estatuas erectas de 7 m de altura. Además,
tenían todo un sistema o red de vías de comunicación, a
lo largo y alrededor del lago Titicaca, tanto de tierra como pavimentadas con
piedras, uniendo la villa de Tiahuanaco a centros principales, mucho antes del
dominio incaico. Junto a la estación ferroviaria se encuentran, a 5 m
del terraplén, varios monolitos o estelas (14 en total) verticales como
si fueran lápidas cuidadosamente talladas, rectangulares, con ranuras
acanaladas de 3,81 cm, o del grosor de un dedo, perfectamente rectas y ensambladas
de un modo tan preciso como si cada piedra hubiera sido fresada, viéndose
que las estrías corren paralelas a la superficie en los bloques esculpidos
de las piedras. También en los monolitos de las antiguas ruinas se aprecian
esas mismas acanaladuras, que los recorren de arriba hacia abajo y evidentemente
servían para permitir un acoplamiento adecuado con otras piezas.
En el templo de Klasasaya hay seis canales de desagüe. Cada uno se une
a la base de la pared mediante una poceta, con el propósito de evitar
que el chorro de agua que cae de las alturas de la muralla se salpicara o se
derramara por medio de gárgolas al costado de la cerca de piedras de
columnas cuadradas, erectas y tan bien ajustadas a modo de rafas, a cada trecho.
Erich Von Daniken agrega:
(..) Hay más
aún: por diversas partes del muro sobresalen, en ángulo recto,
fragmentos de una especie de conductos tallados en la piedra.
Estas cañerías fueron encontradas en el suelo. (…) ¿Servían
acaso para recoger agua de lluvia? No existe ninguna canalización transversal.
Con una pala logré desenterrar algunas mitades de estos fragmentos tubulares;
tanto en las piezas rectas como en las aguadas, faltaba siempre la parte inferior.
(…) En una pieza de 1,14 m de largo encontré juntas dos de esas
mitades… ¡ambas sin la parte baja! Si el ingeniero preincaico pensó
que la “tubería” no era lo bastante capaz para contener toda
el agua necesaria, ¿por qué no agrandó sencillamente el
conducto único en vez de duplicarlo? ¿Por qué diablos mandó
a cincelar una segunda mitad igual a la primera, a sólo 2 cm de distancia?...
Dejando aparte la falta de mitades inferiores, que ya de por sí pone
en entredicho la teoría de los canalizadores (pues todas las canalizaciones
tienen tuberías únicas o dos mitades que conforman un solo conductor
de agua), me bastaría a mí este hallazgo de doble tubo para rechazar
rotundamente las explicaciones corrientes.(8)
El primer cronista europeo de las ruinas de Tiahuanaco, Pedro de Cieza de León (1518-1560), las visitó en 1535 y dice que más allá de los edificios
(…) hay dos
ídolos pétreos de forma y figura humanas, sus rasgos muy hábilmente
tallados, de modo que parecen haber sido hechos por la mano de algún
gran maestro.”
(…) Pero lo que noté más especialmente cuando caminé
entre esas ruinas anotando lo que veía, fue que esas grandes entradas,
algunas de nueve metros de ancho, más de cuatro de largo y quince centímetros
de espesor, todo esto, la entrada con sus jambas y demás detalles, era
la única piedra. La obra es de enorme grandeza y magnificencia, cuando
se la considera bien. No consigo entender con qué instrumentos o herramientas
pudo haber sido realizada, porque es mucho antes de que esas grandes piedras
pudieran ser perfeccionadas y dejadas tal como la vemos, las herramientas fueran
mucho mejores que las que ahora usan los indios. (10)
Por su parte el estadounidense George E. Squier, que visitó Tiahuanaco en 1878, expresaba:
Nunca he visto piedras en ninguna otra parte del mundo cortadas con tal matemática precisión y con tan admirable capacidad como en el Perú, ni en Perú han hallado ninguna que pudiera compararse con aquellas que están dispersas sobre las planicies de Tiahuanaco.(11)
ALPHEUS HYATT VERRIL AGREGA:
Como sus predecesores,
el pueblo inca siguió con el uso de las piedras en el altiplano y del
adobe en las tierras bajas; pero su obra de cantería era pobre, menos
elaborada y miserable en comparación con la de los pre incas. En ningún
otro lugar existen tales sorprendentes e inexplicables ejemplos de albañilería
como en las ruinas pre incas alrededor de Cuzco, (por ejemplo en Tiahuanaco)
cerca del lago Titicaca, y en otros lugares en las regiones del Perú
y Bolivia.
Eras antes de que el primer inca viera la luz del día, estos países,
(hoy Ecuador, Perú y Bolivia) los cuales los incas gobernaron después,
habían sido poblados por razas altamente cultivadas y civilizadas, cuyos
trabajos excedieron mucho aquellos de la civilización inca.
Además, es absolutamente una forma única de albañilería.
Ni siquiera remotamente se parece a la cantería de cualquier otra raza
conocida. Esto por si mismo prueba en demasía que la gente quien erigió
estas paredes y edificios ciclópeos eran de una raza desconocida. Tal
tipo distintivo de construcción no se inventa ni se desarrolla de una
sola vez.
(…) Ningún cemento ni mortero fueron usados en este tipo de construcción,
y ninguno se necesitaba. (12)
Según Verril,
“los grandes trabajos de los antiguos no fueron realizados con útiles
de tallar piedra, sino con una pasta radiactiva que roía como el granito:
una especie de grabado a escala de las grandes pirámides.
Verril pretendía haber visto en manos de los últimos hechiceros
(incas) esta pasta radiactiva, legada por civilizaciones más antiguas.(13)
En su novela El puente de luz, describe una ciudad preincaica a la que se llega
por medio de un puente de luz de materia ionizada, que a voluntad aparece y
desaparece, posibilitando franquear un peligroso e inaccesible desfiladero.
Hasta sus últimos días, él afirmaba convincentemente que
la novela era más que la recolección de una leyenda. También
en su libro Viejas civilizaciones del nuevo mundo, Verril dice:
Quizás los objetos más intrigantes entre estas ruinas son dos
discos inmensos de piedra que descubrí en mi última visita a Tiahuanaco.
Uno de ellos está completamente enterrado entre las masas de piedras
caídas y sólo su canto es visible, mientras que el otro estaba
escondido bajo pequeños fragmentos y está ahora completamente
expuesto.
Es alrededor de siete pies en diámetro, alrededor de dieciséis
pulgadas de grosor y tiene un orificio cuadrado en su centro. Está hecho
de la misma piedra que las propias ruinas y sus superficies muestran la misma
marca de herramientas y los mismos caracteres de manufactura.
(…). El hecho de que las ruedas de piedra estaban enterradas bajo las
ruinas indicaría que ellas estaban hace mucho tiempo antes de que las
piedras se cayeran y se rompieran en pedazos, por esto, mucho antes de la llegada
de los españoles. (14)
¿No es extraño
que supuesta, y excepcionalmente, el único pueblo aborigen en América
que conocía, dominaba y contaba con la rueda fuese el pueblo que habitaba
Tiahuanaco? ¿No es absurdo e ilógico suponer que ellos tuvieran
y usaran rutas pavimentadas, sólo para peatones, que caminaban a pie
y que no usaran carruajes de pasajeros o de carga con ruedas?
Continúa Verril:“¡Cómo cualquier ser humano pudo haber
cortado esta dura piedra andesita hasta tales ángulos perfectos, con
tales filos verdaderamente afilados, y a menudo hasta una profundidad de seis
metros!”(15)
En los petroglifos de las localidades peruanas de Cochineros, Huancor y Pitas,
hay claras evidencias arqueológicas petroglíficas de excelentes
e indudables representaciones grabadas sobre la existencia y uso probable de
la piedra por los indígenas de esas comarcas.
Existe una esfinge en Tiahuanaco, llamada “El hombre Puma solar”,
adornada con cabezas de cóndores blandiendo dos cetros de la claridad
oficia, símbolo mágico-religioso por excelencia. El sacerdote
jesuita Padre Cobo, que visitó durante la colonia las ruinas, se sorprendió
de que la imagen monolítica tenía las siguientes dimensiones:
18 m de largo x 4 m de diámetro. Intrigado, interrogó a los vecinos
de las ruinas y obtuvo una sorprendente respuesta de los indígenas más
ancianos, que él anotó: “Nuestros ancestros nos dijeron
que estas piedras fueron transportadas en los aires, al sonido de una trompeta,
la cual tocaba un hombre” (16)
En el Perú, los arqueólogos, geólogos y espeleólogos
peruanos y ex granjeros han encontrado varios petroglifos en diversas localidades,
provincias y departamentos por todo el territorio, datados de hace al menos
1 500 a 2 000 años de antigüedad, de grabados superficiales, tallados
en rocas de varios tipos, que tienen apariencias zoomórficas (aves, águilas,
serpientes, lagartos, llamas, perros, saurios, arañas, ganado, etcétera);
geométricas polifórmicas, poliangulares (círculos, cuadrados,
rectángulos, cruces, círculos con rayos); antropomórficas
(humanoides de pie, sentados, con extremidades abiertas y extendidas, volando
o en tierra, con y sin cascos resplandecientes.
Entre los diversos lugares en que se han hallado petroglifos están la
localidad de Cochineros, en el margen occidental derecha del valle del río
Mala, a 700 m sobre el nivel del mar, y en la base del gran cerro Champara,
en Huarochirí, provincia de Cañete. Se trata de tallas superficiales
en rocas de granito y diorita, que tienen apariencias antropomórficas,
viéndose que todas ellas tienen en sus bocas unas especies de trompetas
en forma de pipas con larguísimos cabos, llamadas en quechua “antaras”,
habitualmente existentes como parte del folclore costumbrista musical no sólo
peruano, sino también andino. Los humanos representados soplaban o podían
soplar por ellas quizás un fuerte sonido y por las leyes físicas
se sabe que un instrumento largo suena más fuerte que uno corto. Por
ejemplo, el trombón suena más fuerte y gravemente que una trompeta.
Si en el Perú hay evidencia arqueológica de la existencia de estos
instrumentos musicales, ¿por qué no suponer que los hubiera y
los usaran también en el territorio de Tiahuanaco, en Bolivia? ¿Tal
vez utilizando tales Instrumentos es que también los indígenas
tiahuanaquenses, como los incas peruanos, movían y hacían levitar,
transportar en y por el aire tales piedras? El padre Jean Leurechon, en su libro
Récréation Mathématiques (París, 1626), y el escritor
Lenormand, en Magia caldea, afirman que los antiguos sacerdotes caldeos, egipcios,
árabes y bizantinos, conocieron y aplicaron las fuerzas levitadotas antigravitacionales
sonoras y del magnetismo en Egipto, Medina y Bizancio, para provocar tempestades
de arena y/o levantar piedras para construir templos y tumbas.
El ingeniero electrometalúrgico británico Walter Shepherd Owen
declara que “las vibraciones sonoras son fuerzas (…), la creación
cósmica está sostenida por vibraciones que podrían igualmente
suspenderla (17).
El ingeniero físico estadounidense Henry Oliott Hooper consiguió
en 1957 hacer flotar en el aire un anillo de ferrita dentro de un campo electromagnético
a más de quince mil revoluciones por minuto. El aligeramiento comprobado
era del orden del 1%.
Jaiques Weiss refiere en su libro La sinarquía que en el invierno de
1947-1948 un ingeniero de su país le confirmó que la empresa General
Electric había logrado hacer levitar experimentalmente un cubo de piedra
de unos 6 cm a 1 m de altura, durante un mes.
Actualmente en Francia el ingeniero Edgar Nazar está experimentando con
la antrigravitación, haciendo girar un campo electrostático por
dentro de un campo electromagnético.
Sabemos de la poderosa capacidad energética potencial del sonido.
Es conocido que Caruso, el gran divo operístico y tenor italiano, era
capaz de, con un timbre sostenido de su portentosa voz, romper a distancia una
copa de cristal de Baccarat.
En el Instituto Pasteur, de Paris, el profesor Prudhomme hace experimentos físicos
de levitación, elevando pelotas de corcho con débiles potencias
ultrasonoras.
Existe un antecedente de levitación en México precolombino. Una
traducción realizada a principios del siglo XVI, del testamento de un
anciano cronista – el Códice maya de Chaco Lac– que emigró
a la capital del imperio Tolteca, expresa: “Entonces les enseñamos
de la manera de mover piedras muy grandes concentrando la fuerza del cerebro
de cuatro hombres y tocándolas al unísono por puntos previamente
marcados que se orientaban al Norte, y al Sur, y al Este, y al Oeste. Y parecían
entonces (las piedras) no pesar nada”. (18)
Separado por casi 1.60 km de distancia de otras ruinas está el Tunca-Puncu,
o “lugar de las diez puertas”, el mayor y más impresionante
de los restos pétreos. Era conocido como el palacio de los incas, pero
este nombre no es históricamente correcto, pues los antecede secularmente.
Quizá fue una Corte Real, una especie de foro público, un tribunal
de justicia o incluso pudo haber sido un templo. En la actualidad está
completamente en ruina y es imposible determinar su forma original. Sus características
más sobresalientes e impresionantes son sus ciclópeas losas pétreas,
sus innumerables, magníficamente esculpidas cornisas, sus columnas, sus
peldaños de piedra y sus gigantescos bloques megalíticos, el mayor
de los cuales mide 10,97 m de largo, 2,13 m de ancho, y pesa 175 a 200 ton.
Se encuentran comúnmente por doquier losas de piedra que pesan hasta
50 ton.
INTRIGANTES RESTOS HUMANOS. COINCIDENCIAS ARQUEOLOGICAS Y BOTANICAS
En Tiahuanaco también
los arqueólogos y antropólogos bolivianos y peruanos encontraron
restos humanos con una antigüedad anterior a la llegada de los hispanos
en el siglo XVI - ¿europeos o de dónde?-, con trepanaciones craneales,
de mayor estatura que la de los indígenas autóctonos, enterrados
yacentes boca arriba y a lo largo, cubiertos con un sudario; a diferencia de
los aborígenes de Perú y Bolivia, que sepultaban a sus muertos
momificándolos sentados o acuclillados en posición fetal vertical,
arropados en paños y dentro de tinajas de barro.
La mitología indígena dice que Wiraqocha viajó hacia el
norte y partió junto con los congéneres sobrevivientes suyos,
vía marítima, desde las costas que dan al Océano Pacífico
ecuatoriano y peruano, hacia donde se pone el sol (el Oeste). El etnólogo
y explorador noruego Thor Heyerdhal cree que, también según la
tradición genealógico - mitológico pascuense, un indígena
peruano llamado Hotu-Matua y 300 hombres blancos, de brazos largos, pechos fuertes,
grandes, rubios, altos y orejones, que desconocían el uso del fuego-
¿descendientes de Epa, “la orejona”, o quizás uno
de los vikingos escandinavos que llegaron a Sudamérica?-, contribuyeron
a crear la civilización de Tiahuanaco, se marcharon en balsas y al parecer
llegaron en el año 475 d.n.e. a la entonces ignota chilena Isla de Pascua,
de sólo 182 km2, habitada a lo sumo por 1000 aborígenes de origen
polinésico que la llamaban Rapa-Nui, traducido en castellano como “ombligo
del mundo”. Así se conocía homónimamente un lugar
cerca de Tiahuanaco.

Heyerdhal encontró
en la Isla de Pascua la misma especie de plantas de juncos que se utilizaban
en los alrededores del lago Titicaca para construir las famosas balsas o embarcaciones
de e islas de totora, construidas también por los pascuenses. Situada
a 3000 km de las costas de Chile, y descubierta el domingo de Pascuas del año
1722 por el almirante holandés Jacobo Roggeveen, allí fueron construidas
593 ciclópeas estatuas orejonas, de uso honroso fúnebre, diferentes
tamaños, volúmenes y pesos: entre 3 y 10 m de altura, 7,6 m de
circunferencia y 20 ton de peso, semejantes a las halladas en Tiahuanaco, orientadas
la mayoría hacia el Este, mirando al cielo o al horizonte marítimo.
Eran llamadas “momias” por los indígenas pascuenses.
Esta tesis es demostrada por el hecho de que a diferencia de los demás
indígenas de la Polinesia, que carecen de escritura, los pascuenses sí
tienen y usan jeroglíficos de 24 caracteres parecidos a los preincaicos
existentes en Cuzco, Perú, inscritos en tablillas de madera dura por
los pascuenses, llamadas Rongo-rongo.
El sentido de las corrientes marinas les permitió a Heyerdhal y otros
cinco expedicionarios navegar 2000 millas náuticas durante 102 días
y llegar a la Isla de Pascua, a bordo de la balsa Kon-Tiki en 1947, desde las
costas peruanas que bañan las aguas del Océano Pacífico.
Por otro lado, la alfarería de Tiahuanaco producía principalmente
vasijas y vasos. Este tipo de cerámica tiene rasgos muy distintivos,
a saber:
Es más de uso ceremonial que culinario;
Es zoo y antropomórfica, o glifomórfica y/o geométrica, combinadas;
Es policromada, utilizando distintivamente los colores enmarcados en líneas blancas inscritas o excavadas en bajorrelieve: rojo, blanco, negro y amarillo;
Tiene generalmente asas a ambos lados; es de base plana y abultada en la parte inferior;
Tiene simetría ocular en sus rostros.
Es curioso que en
la costa sur del Océano Pacífico ecuatoriano los arqueólogos
encontraron en 1958 una muestra de cerámica zoomórfica con cara
felina y simetría de los ojos, erecta, policromada en los típicos
colores rojo, negro y amarillo; uniformemente estilizadas, con base plana de
estilo ceremonial tiahuanense, no oriunda ni común en esa comarca ecuatoriana.
Datada según el carbono 14, se le atribuye una antigüedad de alrededor
de 3000 años, mil años más antigua que cualquier cerámica
ecuatoriana o peruana conocida.
Llaman la atención asimismo los intentos por localizar bajo las aguas
otras huellas esclarecedoras de esas antigüedades.
El periódico El Comercio, de Lima, informó el 21 de noviembre
de 1968 que la expedición arqueológica francesa dirigida por el
famoso buzo y oceanógrafo galo Jacques Yves Costeau (1910-1997) fue a
la península de Capablanca, en el lago Titicaca, en Bolivia, no sólo
para hacer investigaciones arqueológicas y biológicas submarinas,
sino para cumplir una misión secreta: la de encontrar quizás indicios
y restos de navíos extraplanetarios, cargados tal vez de un fabuloso
mensaje sideral, en el fondo lacustre.
Fréderic Dumás, arqueólogo submarino, tripulante del mini
submarino francés Zodiaco, que investigó los restos de las ruinas
arqueológicas y arquitectónicas en el fondo del lago Titicaca,
quedó maravillado de la talla en ángulos múltiples y desiguales,
encajados con tal precisión que ni siquiera una navaja de afeitar podría
introducirse en sus junturas. En una isla Dumás descubrió un enorme
bloque de piedra esculpida en forma de una serpiente cobra, una naja, con lunares
reconocibles. Los ofidiólogos afirman, sin embargo, que la cobra no es
oriunda ni conocida en América del Sur, sino que proviene de África
y Asia.
Debemos aclarar que metalúrgica y técnicamente, Tiahuanaco estaba
en plena Edad del Cobre. Ya se sabía fundir y utilizar el estaño
y el oro en el año 500 d.n.e. Sólo en épocas muy posteriores
a su fundación, en tiempos ya incaicos, en el tercer decenio del siglo
XVI-cuando los indígenas incas estaban en plena Edad de Bronce, sucesora
de la del Cobre -, se conoce por primera vez en el imperio inca la producción,
uso y soldadura del estaño, del oro, de la plata, del cobre, y de las
aleaciones de bronce, plomo y estaño. Ignoraban entonces la confección
y uso metalúrgico tanto del hierro como, por supuesto, del acero.
El antropólogo estadounidense John Alden Mason refiere en su libro “Antigua
civilización del Perú” (1957) que se han encontrado en la
puna peruana ornamentos artesanales preincaicos de platino fundido. Sabemos
que el platino se funde a una temperatura de 1730 grados Celsius sobre cero,
y que para trabajarlo se necesitaría un procedimiento muy parecido a
la tecnología metalúrgica del siglo XX.
LA HIPOTESIS DE PALEOCONTACTOS CON EXTRATERRESTRES
Según el inca
Garcilaso de la Vega, los sacerdotes o chamanes collas llevaban un medallón
cóncavo, de oro, grande como una media naranja, muy patinado, semejante
a los huevos resplandecientes que, de acuerdo con sus testimonios, los indígenas
veían volar.
En el Perú existen – y los arqueólogos, geólogos
y espeleólogos peruanos y extranjeros han encontrado varios petroglifos
en diversas localidades, provincias y departamentos por todo el territorio peruano
– tallas en rocas de variados tipos, datadas de hace al menos 1500 a 2000
años de antigüedad, que tienen apariencias zoomórficas (aves,
águilas, serpientes, lagartos, llamas, perros, saurios, arañas,
ganado, etcétera). Presentan geometría polimorfa (círculos,
cuadrados, rectángulos, cruces, círculos con rayos); antropomórfica
(humanoides de pie, sentados, con extremidades abiertas y extendidas, volando
o en tierra, con y sin cascos resplandecientes, similares al dibujo rupestre
descubierto en la zona alpina de Val Canónica, provincia nororiental
italiana de Brescia, entre Milán y Verona).
HAN SIDO HALLADOS PETROGLIFOS EN DIVERSOS LUGARES:
- La localidad de Cochineros, en el margen occidental derecha del valle del río Mala, a 700 m sobre el nivel del mar, en la base del gran Cerro Champara;
- la Quebrada de Toro Muerto, de 55 km de extensión, situada a 600 m de altitud en el valle del río Majes;
- Huancor, en la margen derecha del río San Juan, a unos 4500 m de altitud y a 200 km al sur de Lima;
- Quilcopampa la Antigua,
en la margen occidental o derecha del río Sihuas;
la provincia de Cailloma, a 750 km al sur de Lima;
Quebrada de Palea, en la margen derecha del valle del río Capilla, en
la provincia y departamento de Tacna;
Quebrada de Toro Muerto, la más notable de las localidades de arte rupestre
peruano. Aquí fueron halladas evidencias arqueológicas de varios
petroglifos tallados profundamente en rocas volcánicas, cineríticas,
lixiviadas con pequeñas micas, y representando figuras extrañas
con escafandras; así como figuras geométricas polimorfas, tres
de las cuales bien pueden representar naves aéreas; una hexagonal, otra
central, con una base triangular y superestructura esférica, con 5 antenas,
un cable con un recipiente y una especie de antena de radar en su parte inferior
derecha. Una tercera nave cilíndrica, con una especie de ventanal, tipo
ojo de buey, redondo en su centro, parecida al primer satélite sputnik
soviético, lanzado en octubre de 1957, sobrevuela un río, un establo
y un hato de ganado.
También aparece una figura humanoide con escafandra resplandeciente que
despide rayos, como saliendo de una nave espacial aterrizada detrás.
Otro humanoide vestido de cosmonauta lleva en el tope de su escafandra una antena.
Llama la atención una figura con la cabeza de robot, con sendos ojos
y boca rectangulares, dos especies de cuernos a cada lado de su rostro y una
antena encima de su testa. Hay también dos ejemplares de posibles entidades
biológicas extraterrestres con pies y manos de tres dedos cada uno, y
con una cabeza como si llevaran un casco o escafandra con 3 ó 4 antenas
y una manguera cada uno.
En Huancor se han hallado evidencias arqueológicas de petroglifos, parte
de los cuales fueron tallados en rocas microdioritas, con surcos de poca profundidad;
otros con la técnica superficial y algunos pocos con surcos profundos.
Tienen formas antropomórficas: en uno de ellos se distingue un humanoide
con escafandra, con una tubería dorsal posterior que va desde la escafandra
al suelo. La figura se representa con la mano derecha tocando o manejando una
especie de mando con una antena cuyo tope es elíptico, del cual salen
varias manchas o señales al aire. Detrás, y en el plano superior,
hay otra figura de pie, también con escafandra, con una manguera que
sale de la parte abdominal de su traje, cruza sobre su cabeza y baja por atrás
hacia el suelo. El humanoide la agarra con la mano izquierda. Igualmente, se
ven dos siluetas que tienen aspecto de robots, con dos antenas sobre cada una
de sus escafandras o cabezas.
Entre los más interesantes descubrimientos antropoarqueológicos
y culturales están parte de las estrofas grabadas del himno sagrado inca
al dios creador Wiraqocha, conservador del mundo, cuyo suntuoso centro, templo
de culto e importante oráculo religioso-político, quedaba en el
valle de Turín, no lejos de Lima, y fue demolido por los soldados de
Pizarro en 1533. Este himno, que excepcionalmente algún anciano inca
aún recuerda y canta, como era cantado en la antigüedad también
por las cien vírgenes vestales del templo de Pachacamac y del Convento
del Sol – en las cumbres de Machu-Pichu -, expresa
: “¡Ah Wiraqocha, (…) de todo lo existente el poder! (…)
Sagrado Señor, de toda luz naciente el hacedor. ¿Quién
eres? ¿Dónde estás? ¿En el mundo de arriba o en
el mundo de abajo, o a un lado del mundo está tu poderoso trono? ¿No
podría verte? (…)”.
La existencia de las más variadas leyendas orales indígenas repetidas
tradicionalmente, como todos los hallazgos y evidencias arqueológicas,
geológicas y etnoculturales que hemos expuesto, preocupó a algunos
arqueólogos y motivaron comentarios inquietantes.
Simona Waisbard manifiesta: “Yo no rechazo un instante la hipótesis
de que otros planetas estén habitados. Admito perfectamente que los extraterrestres
hayan podido venir a poblar los Andes”. (19)
El escritor francés Jacques Bergier sostiene asimismo: “Nosotros
no negamos la posibilidad de visitas de los habitantes del espacio exterior,
de civilizaciones cósmicas desaparecidas sin casi dejar rastro, de etapas
del conocimiento y de la técnica comparables a la etapa presente, de
vestigios de ciencias englobadas en diversas formas” (…) 20
También Walter Scout Elliot habla de naves aéreas utilizadas por
“la raza cuyos descendientes dejaron en la tierra las pirámides
de México y Egipto, las piedras de Tiahuanaco y las ruinas de Baalbek”.
Sabido es que los indígenas autóctonos sudamericanos generalmente
dicen la verdad. La cultura indígena no fue ni es proclive a ser mitómana
o mentirosa. Guardaban y cumplen aún su palabra aunque les cueste la
vida. Esta virtud devino en una de las trágicas causas y dramáticos
resultados de su conquista, pues ingenuamente confiaban de igual manera en el
cumplimiento de la palabra del conquistador europeo. El cronista hispano Manco
Sierra escribió el 15 de septiembre de 1589 su revelador testimonio de
que al momento de la conquista los españoles jamás encontraron
a un ladrón, a un mentiroso ni a un holgazán en todo el imperio
inca. No olvidemos que Pizarro le prometió al último inca, Atahualpa
(1499-1533) su liberación si pagaba un millonario rescate con oro y plata,
hasta la altura de su mano levantada. Atahualpa pagó, pero fue ejecutado
en 1533 por Pizarro, en Cajamarca.
Podemos confiar en los sinceros testimonios orales de las leyendas e informes
de los sorprendidos indígenas, sobre avistamientos de Objetos Volantes
No Identificados (OVNIs) sobrevolando, aterrizando o despegando en Los andes
peruano-bolivianos, que parecen ser ciertos, sobre todo cuando están
corroborados con los hallazgos arqueológico-geológicos.
Las evidencias nos animan a hacer nuestro lo expresado por Emil Ludwing en El
hijo del hombre: “El misterio es lo único que provoca verdaderamente
la admiración”.
NOTAS Y REFERENCIAS
* (d.n.e.) Quiere decir "después de nuestra era".
(1) El UO2, es un mineral que aparece en forma de cristales negros solubles en agua, ácido nítrico y ácido sulfúrico. Su peso específico es de 10.9. Tiene un punto de fusión de 2176 grados C. Se obtiene mediante tratamiento de extracción por éter, del nitrato de uranillo. Se usa como catalizador, posible materia prima de uranio para el fluoruro utilizado en la separación de isótopos. También tiene uso en cerámica y en la química de pigmentos y fotografía.
(2) El zirconio (Zr)
es un mineral cuyo número atómico es 40.
Pertenece al grupo IV de la tabla periódica. Se presenta en forma de
escamas cristalinas, duras, brillantes y grisáceas, en polvo amorfo gris.
Su peso específico es 6.4. Tiene un punto de fusión de 1700 grados
C. Soluble en ácidos calientes e insoluble en agua o en ácidos
fríos. Se obtiene mediante reducción en la fase de vapor del tetrayoduro
de Zr. Se envasa en botellas de vidrio. Es utilizado como sustancia retardadora
del ennegrecimiento de las bombillas de alto vacío, y desoxidante en
piezas de fundición de metal; en electricidad – en luz de arco
voltaico de gran intensidad –y en cerámica.
(3) Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), célebre historiador, sacerdote y escritor peruano, nacido en el Cuzco. Autor de “Los comentarios Reales del Perú”.
(4) Robert Charroux:
“Historia Desconocida de los Hombres”,
Traducción Jorge Onfray. 3era ed., pp 49-50. Editorial Zig-Zag. Santiago
de Chile. 1982.
(5) Simone Waisbard:
Tiahuanaco. Dix mille ans d Enigmas Incas.
1ra ed., p 227 Ed. Robert Laffont S.A., Paris, 1971.
(6) Robert Charroux, ob., p.49.
(7) Alpheus Hyatt Verril: “Old Civilizations of the New World”, p. 300. The Bobbs –Merril Co. Publ. (1929).
(8) Erich Von Daniken:
El Mensaje de los Dioses. 1ra ed, p.109
Ed. Círculo de Lectores, Barcelona, 1976.
(9) Rupert Furneaux: “Los Grandes Enigmas del Universo. Lo Inexplicable, 2da ed., p. 217, Ed Javier Vergara, Buenos Aires, 1990.
(10) Ibidem.
(11) Ibidem.
(12) Alpheus Hyatt
Verril: “Old Civilizations of the New World”, pg. 300
(13) Ibidem., p. 801.
(14) Ibidem., p.272.
(15) Ibidem.
(16) Ibidem., pp.300-330.
(17) Jacques Bergier/Louis
Pauwels: “El Retorno de los Brujos”. 3ra ed., p.245, Plaza and Janés,
Barcelona, 1995.
(18) Giordano Rodríguez: “De Tulán… la lejana”,
1ra ed., pp 29-30. Ed. Gente Nueva, La Habana. 1978.
(19) Simone Waisbard:
“Tiahuanaco. Dix Mille ans d’ Enigmas Incas”. pp. 304-305.
(20) Jacques Bergier/Louis Pauwels: El Retorno de los Brujos, pg. 244.
Nota: El anterior
trabajo se publicó en la Revista SIGNOS, pp. 81-102., no. 45, año
2000. Villa Clara, Cuba.