En América, las huellas del Antiguo Egipto (1)

 

A Thelvia Marín Mederos,

por su obra toda, cubana, americana, universal

 

 

 

(…) ”En mi libro La Gran Rueda (Una lectura decodificatoria de la Espiritualidad en los Misterios del Antiguo Egipto) (2), el signo jeroglífico MER es uno de los pilares en torno a los cuales se fundamenta la teoría en él planteada sobre el recorrido iniciático en los Misterios egipcios. Analizado en toda su polisemia –amor, arado, pirámide, canal– la huella de la voz Mer está presente en numerosos vocablos que en todos los casos apuntan a una elevada espiritualidad, i.e., Meru (Monte), Mercabah, el bíblico carro de Ezequiel, Ta-Mert, ´la tierra bien amada’, uno de los nombres del viejo Egipto.

 

“¿Por qué no también en América, palabra que no deriva del nombre del navegante y geógrafo italiano ‘Americo’ Vespucio quien, en realidad, se llamaba Alberico? (3). La creencia generalizada es que fue Vespucio quien dio nombre al continente y que esta denominación se utilizó por primera vez en el siglo XVI. Analicemos dicho error:

 

“En su magistral obra Isis sin Velo, Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Teosofía, presenta diversos argumentos que fundamentan su criterio de que el nombre América era muy anterior a la época de Vespucio: enlaza esta palabra, América, con la comarca montañosa nicaragüense denominada Americ, Amerrique o Amerique, ‘que se extiende entre Jucigalpa y Libertad en el departamento de Chontales (...)’, señalando que en ‘el idioma indígena las terminaciones ic e ique significan grandeza, jefatura y dignidad, como por ejemplo cacique’.

 

“Asimismo, apunta que en el relato de su cuarto viaje, Colón cita ‘el poblado de Cariai (probablemente Cacai) (...) situado en la cordillera de Amerrique, a unos 920 metros sobre el nivel del mar’. Y añade: ´Sin embargo, Colón omite en su relato la palabra Amerrique’. Aclara a continuación que la ‘denominación Provincia de América apareció por vez primera en un mapa publicado en Basilea el año 1522 (...)’ y cita a Wilder (Notas) como corroboración de lo antes expuesto: ´Es muy probable que la cordillera nicaragüense de Amerique (gran montaña como el monte Meru) diese su nombre a todo el continente, pues en caso de habérselo dado Vespucio, seguramente lo derivaría del apellido y no del nombre. Si llega a comprobarse la etimología atribuida por Bourbourg a las palabras atlas y atlántico, con su raíz atlan, concordarán admirablemente ambas hipótesis. Como quiera que Platón no es el único autor que alude a un continente sito más allá de las columnas de Hércules, y teniendo en cuenta que el mar es poco profundo y abundante en algas en toda la región tropical del Atlántico, no es despropósito suponer que en aquellas latitudes existió un continente o un copioso archipiélago. También en el Pacífico se hallan indicios de que un tiempo existió un populoso imperio insular de raza malaya o javanesa, o tal vez un continente que se dilataba de Norte a Sur. Sabemos que el continente lemúrico es un sueño para los científicos, y que el desierto de Sahara y la comarca central de Asia fueron un tiempo mares´. (4)

 

“b) Sobre la polémica Atlántida

Analizar en detalle uno de los temas más debatidos en todo el planeta escapa, claro está, de los marcos de este trabajo. A seguir, empero [por su pertinencia con lo aquí tratado], se aludirá en pocos párrafos a la descripción platónica de este ´continente´ y al llamado ´error décuplo´ planteado por los defensores de la tesis egea en detrimento de la atlántica, incluida la mención al evento catastrófico más universalmente referido (5): ‘(...) Ahora bien, la Biblia nos cuenta de Noé lo que la epopeya de Gilgamesh cuenta de Utnapishtim. (...) En conjunto, son 80.000 las obras escritas en 72 idiomas sobre el Diluvio Universal, 70.000 de las cuales hacen mención de los restos del navío legendario. (...) Pero surge una pregunta: ¿aquella inundación babilónica es en realidad el diluvio de que nos habla la Biblia? (6)

 

“Al analizar la leyenda sobre la conexión maya-Cuba (7), se hace más evidente el supuesto error de nomenclatura cometido en la transcripción del Génesis, que habría atribuido ‘a Caín el papel de agricultor y a Abel el de ganadero (alegoría de la sustitución de la vida nómada por la vida sedentaria). Llegado este punto, el análisis de Eliseo Reclus invita a la reflexión. Si nos colocamos en el punto de vista que fue sin duda el de los Caldeos, redactores originarios de la leyenda, Caín es, pues, un personaje muy diferente del que nos representa nuestra imaginación, influida por la copia fiel del documento, y el primer asesinato atribuido al labrador no debe imputársele de manera alguna, porque no coincide con la verdad social. Históricamente, en los ataques de pueblo a pueblo, el ataque no viene del labrador pacífico, sino del nómada que va en busca de tierras nuevas. Por lo demás, la idea del asesinato había de nacer más fácilmente en el hombre que degüella y desuella animales que en el que se ingenia para construir el arado de madera. La historia del primer asesinato, referida bajo la forma judía, es en realidad la primera calumnia.’ (8)


 

”De este modo, hecha ya la corrección planteada por Reclus y trasladando ambos papeles a Balam-ek y a Sibon-ek, podría inferirse que este último sería el representante del pastoreo y, el primero, de la agricultura, carácter que habría prevalecido en la condición de grupo no agrícola como lo fue el ciboney.

 

"Es lamentable que, por apartarse también del tópico analizado, no sea posible profundizar más sobre una cuestión tan controvertida como la lucha entre hermanos –por lo general gemelos– que también ejemplifica el caso de la suplantación de Esaú por Jacob (Gn.25, 19-34), ‘combate’ que, llevado a su expresión última de acuerdo con los Misterios antiguos, llegó a encarnar la lucha entre los principios del bien y del mal (Osiris-Seth, Ormuz-Ahrimán, etc.). En la leyenda maya, sería posible decodificar con el rigor exigido cada uno de los personajes que en ella intervienen, así como el papel desempeñado por el descomunal desbordamiento de las ‘aguas’ que terminan por separar a ambos hermanos, emblemas quizás de los principios femenino y masculino ya separados tras la escisión de la androginidad original (Véase Mercurio.Venus, Hermes-Afrodita).” (9)

Volviendo a la etimología de América, el investigador venezolano Domingo Dias Portas (10), de la Gran Fraternidad Universal basada en las enseñanzas del Maestro Serge Raynaud de la Ferrière –uno de los pilares de La Gran Rueda…-- corrobora en nuestros días el origen autóctono del nombre al afirmar que, dado que la Nueva Era de Acuarios tiene: (…)”su centro generador en la cultura de Amerrikua [nombre autóctono, no importado], es justo y culturalmente digno que usemos términos culturalmente propios de nuestras lenguas aborígenes.”

Y añade:

 

“En la lista parcial que el Maestre (11) da en Los Grandes Mensajes [pág 345 de la ed. Original, cap. "Dirección espiritual del mundo"] de los 153 movimientos que al principio integraron la Gran Fraternidad Universal, aparecen para América, entre otros, los Defensores de Wari-Runa en Perú [es una Orden Inka], los Iniciados Sumos de Honduras [viven en las montañas también en Nicaragua, junto con los Misquitos] y los Templarios de Chichen Itza’ [Orden Maya con la cual estamos relacionados], de ellos hemos tomado el nombre, pero en el Maya Arcaico: Chichan Itzaab, nombre de una constelación del hemisferio boreal, conocida en el Viejo mundo como Osa Menor, a la cual pertenece la Estrella Polar [Estrella de Belén] y que tiene relación con el centro ceremonial maya del mismo nombre y con su fundador, por motivos esotéricos, ese lugar y esas estrellas tienen que ver con la ascensión de la Humanidad en la Gran Edad del Aguador con su cántaro de agua Lustral, la cual se inicia en el Tercer Milenio del calendario de Occidente {Europa, que en realidad esta al oriente de Amerikua](12).

 

El fraude de “Américo/Amerigo” Vespucio está ampliamente demostrado. No es necesario insistir en ello.

 

Analizada ya la partícula MER egipcia en el vocablo América, veamos ahora otro elemento que, como “pista” histórica y simbólica, desarrollo en un libro que trata precisamente de esta antiquísima conexión egipcio-americana: el posible vínculo conceptual y formal entre las voces ANKH y ANAHUAC:

 

 

Estrechamente relacionada con los ritos mistéricos del Antiguo Egipto, la cruz ANKH (vida, espejo, trigo, tira de sandalia),   en algún momento geológico de esta zona –tomando en cuenta la caída de un inmenso meteorito--, podría haberse visto representada en la configuración del Golfo de México, asumiendo que los dos extremos de la barra horizontal --que geográficamente formaría la cruz—habrían estado unidos, de un lado, a la península de Yucatán y, del otro, a la península de la Florida.

 

 (13)

 

Ante todo, analicemos el simbolismo de la cruz como objeto religioso, cuyo empleo, difundido por todo el planeta, se remonta a muchos siglos antes de la era cristiana,  tanto en su acepción de muerte y sufrimiento como en la de sus contrarios, vida eterna y salvación. (14) Carl G. Liungman, en su Op. Cit., hace alusión a más de 20 tipos diferentes de cruces, entre las cuales, la Cruz de San Andrés desempeña también un destacado papel en el simbolismo mistérico, sin olvidar que la sombra proyectada por el cuerpo del hombre que extiende sus brazos para saludar al Sol es la primera imagen de cruz que conocemos.

 

De acuerdo con J.E. Cirlot (15), la cruz ansada egipcia, en su acepción de “vida y vivir” (Nem Ankh) entra en la composición de palabras como salud, felicidad, etc, y al referirse a la formación gráfica del signo, subraya la presencia de los dos principios polares, femenino y masculino, plasmados, respectivamente, como círculo vital penetrado por la línea vertical que se proyecta hacia el infinito. En una analogía con el cuerpo humano, Cirlot expresa que el círculo representaría la cabeza (la razón, el sol que le vivifica), los brazos (la línea horizontal) y el cuerpo (la línea vertical). Y no olvidemos que en todas las interpretaciones susceptibles de dársele, la esencia sexual de esta cruz --ankh, ansada, ansata-- con su yoni y su lingam, tiene vigencia permanece en todas partes del mundo.

 

Sabemos que no se trata en lo absoluto de un símbolo pagano. En sánscrito, el vocablo ANAHITA significa “La Húmeda, Fuerte, Inmaculada Señora de las Aguas”.Entre los caldeos, ANĀ se refiere a la Madre del Mar (16) y la leyenda sumeria “Inani y los siete Ananuki”, relaciona el emblematismo del número 7 (17) con el nombre Ananuki emanado del consonantismo del vocablo ANK.  Entre los egipcios, ANUKI identifica el Ank hebreo (“mi vida, mi ser” (18)), con el pronombre personal Anochi del nombre de la diosa egipcia Anouki, una forma de Isis (19). Para los sumerios, ANKI indicaba el Universo, “lo cual puede traducirse `por algo así como ‘cielo y tierra’. (20) Y no olvidemos el Etenanki sumerio, la Torre de Babel…


Veamos ahora el caso de Anahuac, denominación que, si bien se dio al principio solo al valle de México, se extendió después a casi toda la tierra conocida posteriormente como Nueva España. El Dr. Miguel León Portilla, empero –en su tesis doctoral La filosofía náhuatl, estudiada en sus fuentes, 1956--, defiende el nombre de Anáhuac como el correspondiente a todo el territorio nacional, lo cual coincidiría con la definición de Anahuac que se verá a continuación.

Ahora bien, ¿qué significa Anahuac? En lengua náhuatl, por tratarse de una zona situada entre dos mares, Anahuac quiere decir “cerca del agua o rodeados por agua”. (21)

“En cuanto al vocablo <anahuac> /a:náwak/ es de aquellos que no basta con traducirlo sino que tiene que ser explicado ;) la /a:-/ inicial significa 'agua' mientras que /-nawak/ es una postposición (es decir preposición, sólo que en náhuatl estas se colocan detrás) que significa ''junto a, cerca de' etc. Al parecer, los mexicas llamaban a las tierras conocidas <cem anahuac> /se:m a:nawak/ (cem significa 'uno, único, [como una] cosa toda unida'), así que podríamos traducirlo literalmente como: 'lo único [que hay] entre las aguas'  o 'lo único junto a las aguas'. Este concepto algunos simplemente lo simplifican como 'el único mundo' o 'el único continente', pero la idea es esa: señalar que su tierra era como una especie de conglomerado unido entre las aguas del Atlántico y el Pacífico.”(22)

 

Y, como partícula, la vemos integrando una noción aún más abarcadora y profunda: cemanahuac: universo (23), noción que, desde el punto de vista esotérico de los Misterios de Anahuac,  es definida así por Samuel Aum Weor: “Nuestro mundo, Cem-á-nahuac, es ‘el rodeado por agua’, elemento sobre el cual se desplaza la gran serpiente-dragón.”

 

Llegados a este punto, estamos ante una lectura lineal, geográfica, exotérica de Anahuac y, a la vez, ante una lectura simbólica, velada, esotérica de ese mismo vocablo, en la cual es imprescindible adentrarse en el ya mencionado simbolismo de las “aguas”.

 

En la “Cosmología mexika de Anauak” (24), encontramos esclarecedoras definiciones que es preciso conocer para captar la esencia de esta cultura mistérica. Ante todo, el hecho de la supuesta existencia de una religión politeísta:

“Sin lugar a dudas, la más popular y tergiversada concepción (o mentira) acerca de nuestra gente es que nosotros adoramos muchos dioses como parte de nuestras ceremonias. Los libros de Historia están llenos con descripciones de dioses de la lluvia, dioses del sol, los completan ilustraciones describiendo sangrientos rituales de sacrificios humanos. De hecho, nada puede estar más lejos de la verdad.

La absurda idea que nosotros adorábamos dioses en alguna figura, manera o forma es resultado directo de la poca habilidad española para comprender las ideas y creencias de nuestra gente. Usando el sentido común, y una interpretación realista de los eventos históricos, nosotros podemos saber por qué mucha gente continúa creyendo que nuestra gente adora “dioses”. “

Con la antigua cultura egipcia se cometió el mismo error, hasta que el concepto de neter (plural, neteru) se entendió en su acepción exacta de “atributos” de un solo y único “dios”/energía, no como pluralidad de “dioses” en un panteón/panteones que, como consecuencia, se tornaron en extremo complejos.

De ahí que se insista, tanto aquí como en numerosos textos reivindicadores de las culturas prehispánicas, que la idea del “dios” occidental no se aplica en el contexto americano, ya que el término “dios” no existe en ninguna lengua nativa:

“Su uso equivocado desde el siglo XVI se debe al desconocimiento de la antigua lengua mexicana, y a la comodidad de los cronistas, comentaristas y posteriormente de los historiadores, que creyeron encontrar en Teotl el origen divino de los dioses indígenas cuyos nombres que principiaban o terminaban en esa partícula, eran así, elevados a la categoría de divinidades.” (25)

En segundo lugar tenemos la alusión al Universo, el ya citado cemanahuac:

“Afortunadamente, nuestros ancestros tomaron una aproximación completamente diferente de cómo ellos [los conquistadores españoles] vieron nuestro papel en el universo. Usando un sistema de constante observación, experimentación y verificación, nuestros ancestros concluyeron que todo dentro del universo conocido es creado por una energía viviente, una energía capaz de darnos vida a todas las cosas, así como causar nuestra destrucción.

Esta energía dual penetra al cosmos y puede ser encontrada en la más pequeña de las partículas atómicas. En la filosofía de la gente de Anauak, esta energía, el creador de todo, es conocida como Ometeotl. La palabra “Ome” significa “dos” o “dual” en nuestra lengua nativa: el Nauatl, y “Teotl” significa energía cósmica.

La filosofía y tradiciones de nuestra gente han sido siempre una ciencia exacta, nunca un sistema de supersticiones guiados por la ceguera, la fe improbable en un “misterioso dios” quién controla nuestro destino. Esto es un resultado directo de la dedicación de nuestros ancestros para observar y entender las fuerzas naturales. Nuestra existencia, junto con la existencia del universo entero, está comprendida en esta energía dual.” (26)

Conocemos la noción de lo gemelar, de lo dual como polaridad de los contrarios no excluyentes: en náhuatl, Ome. “Todo lo que ven tus ojos, las piedras, la hierba, las flores, las gentes, las montañas, el cielo, los animales, los ríos y las nubes, todo, todo lo que nos rodea es y está formado por partes hombre y por partes mujer.”(Concha Michel). (27)

Y resulta interesante que, en la propia lengua náhuatl, este prefijo sagrado ome –que se refiere a Dios como entidad dual— forme parte del vocablo Omícetl, cuyo significado es “semen”, el en seminis, las “aguas mercuriales”, elemento que, junto al azufre (elemento fohático, principìo femenino), interviene en la “alquimia” practicada desde la Antigüedad (denominada también, i.e. Ciencia Transmutatoria, Gran Obra, Nacimiento Segundo, Muerte Psicológica), corroborando la sacralidad de los Misterios de Anahuac y su fundamento ofiolátrico/raquis/energía Kundalini.

Para cerrar estas digresiones acerca del vínculo conceptual y formal entre el Antiguo Egipto y una región específica de nuestra América, acudo a la erudita Thelvia Marín Mederos en su enjundioso libro Viaje al Sexto Sol (28) donde analiza, entre muchos otros símbolos pertinentes con este estudio, la figura del dios o cemí taíno Bayamanaco y la tradición cultural que lo asume como procedente de Sirio. Este relato, que la escritora pone en boca de su maestro Turey, narra lo siguiente:

(…)” --¡Miren, aquella estrella brillando como si se encendiera y apagara es Sirio! ¡En Sirio, la estrella más brillante del firmamento, perteneciente a la constelación del Can Mayor, acaba de ocurrir el desprendimiento de una imponente bola de fuego!

“(…) Se supone que uno de esos meteoritos de grandes dimensiones haya hecho impacto en la cuenca del Caribe y fuera la causa de la extinción de los dinosaurios.

(…) -- No en este instante que vivimos, pero está registrado por diversas culturas de la antigüedad que aquel ígneo desprendimiento cayó en nuestro planeta y, utópicamente, todos tabularon que procedía de Sirio”. (…) Curiosamente, esta estrella era reverenciada en el Antiguo Egipto, porque los egipcios creían que anunciaba la crecida del Nilo, y por tanto las buenas cosechas”. (29)

En otras páginas, la referencia a Quetzalcóatl se relaciona igualmente con los conceptos mistéricos del valle del Nilo, (…) ”el dios cuyo nombre se compone con el del quetzal en vuelo y el de la serpiente ‘cóatl’, que lleva implícita el ‘átl’, agua que corre por el universo (…) Otras culturas contaban con símbolos parecidos, manifestados en forma de lagartos, serpientes, cocodrilos o salamandras, aunque fueron los mesoamericanos quienes nunca perdieron de vista la existencia de algo con plumas. Así, pusieron énfasis en la amalgama de plumajes y escamas, indicando una determinación evolutiva, una senda hacia la iluminación, o sea, la evolución completa como un círculo perfecto.” (30)


Otro término que encontramos en la escritura jeroglífica egipcia y en las culturas indígenas americanas, tanto de Norteamérica como de Suramérica, es el signo TCHES (véase cruz de San Andrés y hacha bipenne), como se observa en este trazado del Códice Mendocino

 

 

 

 

y en la llamada cruz de Quetzalcóatl.

 

En los Estados Unidos de Norteamérica, la partícula “che” forma parte de vocablos que designan tribus aborígenes como los comanches, apaches, cheyenes, etc. En la América del Sur, i.e., la vemos entre los mapaches, en cada caso con noción de “pueblo”, de “gente”.  No obstante, el elevado misticismo de estos pueblos aborígenes tienen numerosos puntos en común con los rituales mistéricos antiguos, centrados en la energía del cuerpo humano y en sus plexos o chakras como vehículos de ascensión espiritual a lo largo del raquis.

Relieve (Monte Albán).

 De ahí que la partícula “ches” pueda asociarse con la práctica ancestral de estos pueblos dirigida a la elevación de la energía, tanto individual como colectiva, utilizando rituales de fuego, de agua, mandalas, etc.  

No olvidemos entonces en este recuento el simbolismo numérico de la cruz  Ankh en la Ciencia Transmutatoria egipcia; el papel de las “aguas” en todas las culturas mistéricas antiguas, en especial ofiolátricas; contemplemos el Golfo de México tras la caída del meteorito, recordando también que Cuba,  en fechas muy remotas, estuvo geográficamente unida a las penínsulas de Yucatán y de la Florida…

La figuración de la cruz ANKH surge ante nosotros, vinculada a los Misterios de ANAHUAC.

 

Conclusiones


”(…) Por último, conociendo las hipótesis sustentadas, i.a., por eruditos de la talla de Alejandro de Humboldt y Manuel Rivero de la Calle, así como por la propia ingeniera marítima Paulina Zelitsky –responsable de las exploraciones de arqueología submarina que se llevan a cabo actualmente en las costas occidentales de Cuba– vista ya la legendaria raíz del grupo ciboney y de la propia Isla de Cuba, y conociendo que el grupo taíno procedía también de tierras sudamericanas, adquieren aún más fuerza las afirmaciones halladas en los libros esotéricos antes citados referentes a la real pertenencia de la Isla de Cuba al continente americano en un período que podría remontarse a miles o incluso a millones de años. Claro está, las diversas sumersiones y emersiones que pueden haberse producido en dicho territorio durante ese lapso, unido a cataclismos de índole volcánica de gran intensidad, caídas de meteoritos, etc., deben haber contribuido a transformar la estructura original de tierras y aguas.

 

“La conexión territorial con la Florida no excluye la conexión territorial con la península de Yucatán. Es innegable que el atraso cultural del grupo ciboney no está en correspondencia con el desarrollo cultural del pueblo maya, enigma que podría develarse una vez establecida la cronología pertinente. Sin embargo, los puntos de contacto entre diversas manifestaciones, como por ejemplo, el carácter religioso y el desarrollo del juego de pelota de mayas y taínos, es también otro motivo de reflexión. También podría serlo que en el primer período maya, al norte de la península yucateca y situada entre Chichén Itzá y Tuluum, hubiese una zona denominada Coba (31), vocablo que podría asociarse con Cuba. Quizás las estructuras megalíticas con posibles inscripciones vislumbradas hasta el momento constituyan arcaicas estelas mayas o de alguna otra cultura prehistórica capaz de erigir también caminos y construcciones piramidales. No debe olvidarse que ‘pirámide’ es una de las acepciones de la voz Mer y que a medida que han ido surgiendo nuevas evidencias sobre los vínculos, i.e., entre América y Asia, la teoría del aislamiento americano ha dado paso a la certeza de un contacto prolongado entre estas y otras tierras. Pruebas irrefutables de ello son diversas prácticas comunes tales como la construcción de monumentos megalíticos, la heliolatría, la ofiolatría, los mitos de la Creación, el Diluvio, cataclismos volcánicos, el origen divino de los reyes, la momificación, las estructuras piramidales, la escritura jeroglífica, el simbolismo de piedras preciosas (jade, etc). Por todo ello, apoyo a quienes han desechado la teoría del ‘origen independiente’ de las culturas precolombinas y, sobre todo, la de Florentino Ameghino en cuanto al carácter autóctono de los primitivos pobladores americanos. Thor Heyerdahl, el gigante cultural unificador de pueblos, se encargó también de demostrarlo con sus expediciones ‘Kon-Tiki’ y ‘Ra II’.

 

“En adelante, los investigadores que participan en la exploración del ADC-Cuba tienen ante sí la tarea de alcanzar las importantes metas planteadas por la Arqueología moderna: a) datación y clasificación de los artefactos y estructuras mediante el análisis de laboratorio de sedimentos, fósiles y en general, de cada estrato geológico, así como la conservación correspondiente; b) la reconstrucción de lugares y ambientes a partir de artefactos, industrias y conjuntos hasta delinear el marco de la cultura de que se trata; c) explicación de los resultados, todo ello con el auxilio ininterrumpido de la información más rigurosa y a la vez abarcadora que pueda recopilarse. Y si bien en el campo de la Arqueología moderna métodos de datación como la palinología, la paleontología, la datación por radiocarbono, por magnetismo, el índice de sedimentación son, entre muchos otros, valiosos instrumentos científicos para el arqueólogo, geólogo, ingeniero marítimo, biólogo, lingüista y demás investigadores, no debe dejarse a un lado la consulta, estudio y decodificación de textos esotéricos antiguos que, como se ha visto, a lo largo de los siglos son capaces de suministrar asombrosas y certeras informaciones científicas.(32)

 

Entre los arquetipos jungianos, el axis mundi se enlaza directamente con la Serpiente Cósmica, ese ADN universal que fluye por nuestro propio raquis y permite la identidad “arriba/abajo”, axioma hermético de incuestionable validez. Thelvia Marín Mederos así lo define:

 

“El caduceo de la medicina, desde la antigüedad es el símbolo de la curación desde la India al mediterráneo, se relaciona con el axis mundi, pues las dos serpientes aparecen en torno a un eje axial. Ignoramos por cuántas vías diferentes los taínos de Cuba, los mayas de Guatemala, los chamanes de Benin, los farones egipcios, los ayahuasqueros-tabaqueros de la Amazonia, o Cheng-Tzu en China, arribaron a la visión de la serpiente cósmica como fuente creadora de vida. Investigaciones científicas plantean que esta escala, cuerdas, escalera o bejuco es el ADN, que se relaciona con las visiones chamánicas.(33)

 

De nuevo nuestra columna vertebral, a cuyo alrededor los canales Ida y Pingalá anudan el sagrado 8 plasmado en el Caduceo de Mercurio, en escudos micénicos, en la raíz iniciática de la palabra noche en diversos idiomas, donde la noción de infinito –el  horizontal-- se plasma en la N y en la versión lingüística del ocho (Notte, noite, nuit, night,nacht)(34); en el simbolismo vertebral del 33, la supuesta “edad de Cristo” y cifra resultante del respetuoso ocultamiento pitagórico del número 11 indicativo de la Gran Obra, donde el yoni como figuración matemática con valor de 10 se une con el lingam  con valor de uno para conformar la cruz Ankh…

 

Lic. Julia Calzadilla Núñez,

Historiadora de Arte, Egiptóloga,

Julio 2007, en espera también del Sexto Sol

 

Referencias:

 

 

  1. ¡O viceversa! La historia nos deparará aún hallazgos sorprendentes en cuanto a la datación de las culturas antiguas.

 

  1. Inédito, en proceso de edición. Publicado en forma resumida por la Revista Electrónica argentina Al Filo de la Realidad (AFR) y por diversos sitios web y listas electrónicas de participación.

 

  1. Helena Petrovna  Blavatsky, Isis Sin velo, Tomo II, Ediciones Novedades de Libros, México D.F., 1953, pág 395.

 

  1. Ibid, pp. 396 y ss.

 

  1. En: La Gran Rueda…, Op. Cit., cap. X, “La barca por las aguas: cima o sima”.

 

  1. Keller, W. Y la Biblia tenía razón, Ediciones Omega, S.A., Barcelona, 1958, pp. 47-48; 53-54. En: La Gran Rueda, Cap. X, Op. Cit.

 

  1. Enviada a la lista electrónica de participación piramidologia@yahoogroups.com

          por Alejandro Carbonell, especialista de la Estación de Pastos y Forrajes,           Yayabo, Sancti Spiritus, Cuba.

 

  1. Eliseo Reclus. El Hombre y la tierra Tomo primero, pp. 492-493. En: La Gran Rueda, Cap. II, Nota 125.

 

  1. Tomado de: Julia Calzadilla Núñez,  “Apuntes sobre el hallazgo de estructuras submarinas en el Occidente de Cuba: ¿Obra de la Naturaleza o del Hombre?”. En: Revista Al Filo de la Realidad (AFR), No. 72, .Año 2, 8 abril 2002. Publicado también en otros sitios web y listas electrónicas de participación.

 

  1. Fundador en 1977 de la Asociación Mancomunidad de América India Solar (MAIS), cuya misión es rescatar y difundir las tradiciones autóctonas de América. Entre  sus obras, publicadas por sus discípulos, están: “El arte como desarrollo del ser humano”, “La meditación psicológica”, “La síntesis de ciencia y religión”, “Razones para el pensamiento”, “El rito cósmico de Quetzacoatl”, “Aquí Amerrikua” y “El hombre cósmico y las civilizaciones extraterrestres”. Enviado por email por cortesía del amigo e investigador colombiano Luis Becerra Pineda.

 

  1. Dr. Serge Raynaud de la Ferrière.

 

  1. Tomado de: Venerable Maestro Domingo Días Portas, Astrosofía, A.U.M. ACCIÓN POR LA UNIDAD MUNDIAL, Carta Rectoral 1 Sep. 22 1999. Equinoccio de Otoño, La Misión de la Soberana Orden Solar de Chichán Itzaab.

 

  1. Diseño realizado a solicitud de la autora por el estudiante Iván Rodríguez López.

 

  1. Carl G. Liungman. Dictionary of Symbols,  W.W. Norton and Company, New York-London, 1991, pg. 10.

 

  1. Diccionario de Símbolos, Editorial Labor, S.A., Barcelona, 1969.

 

  1. H.P. Blavatsky. Glosario Teosófico, Editorial Glem, Buenos Aires, 1957, pg. 36.

 

  1. No debe pasarse por alto el simbolismo del número siete. Asimismo, H. P. Blavatsky expresa en la Nota 51 de su Op. Cit, Isis sin Velo, que tal vez algún día el nombre de América "se vea relacionado con el sagrado monte Meru, que, según la tradición inda, se alza en el centro de los siete continentes.

 

  1. Glosario  Teosófico, Op. Cit,  pg. 42.

 

  1. Cita en: Ibid, pág. 44.

 

  1. Erich von Daniken, Regreso a las  Estrellas, Plaza & Janes Editores, S.A., Barcelona, 1975,  pág. 150. Y agrega: “Sus mitos hablan de ´dioses´que iban al cielo con barcas y naves de fuego y que bajaban de las estrellas del mismo modo (…)”. Cursiva de la autora. Aplicado aquí el tetragrámaton AROT-TORA desarrollado en La Gran Rueda…, a “cielo” le correspondería la letra R y a “tierra” (en la variante A/T), la letra A, lo que da por resultado RA, partícula asociado con “barcas y naves de fuego”.

 

  1. Hay autores que, al concebir la meseta de Anahuac sólo como la parte más elevada de la altiplanicie mexicana donde los mexicas o aztecas fundarían Tenochtitlán, interpretan esta agua como la contenida en los lagos centrales del país, no en los mares que la rodean.

 

  1. David Sánchez, investigador  barcelonés. Enviado a la autora por correo electrónico, 2002.

 

  1. Nahuatl - Spanish Dictionary. On-line AULEX - http://aulex.ohui.net/

 

  1. Kurly Tlapoyaua (traducido por Baruc Martínez). Este artículo proviene de Museo Cuitláhuac, http://www.cuitlahuac.org

 

  1. En: Ibid.

 

  1. Ibid.

 

  1. Ibid.

 

  1. Thelvia Marín Mederos, Viaje al Sexto Sol, Sociología, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

 

  1. Ibid, pp. 228 y 229.

 

  1. Ibid, pag. 260.

 

  1. Término que evoca la cohoba y los usos chamánicos del tabaco en la zona del caribe. Como señala Thelvia Marín Mederos, al explicar las cuatro fases del ritual de la cohoba, el (…)… “Primer tiempo o fase mitológica: Es el inicial, más allá de la historia. Nos llega en la leyenda sobre el dios Bayamanaco, la primera referencia mítica de la planta de la cohoba”. En: El ritual de la cohoba (Viaje al mundo secreto del tabaco), Sociología, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

 

  1. En: Apuntes sobre el hallazgo de estructuras submarinas en el Occidente de Cuba: ¿Obra de la Naturaleza o del Hombre?”, Op. Cit.

 

  1. En: El Ritual de la Cohoba, Op. Cit., pg. 133.

 

  1. Mensaje original de Antonio Jesús, tomado de la red, reenviado por Guillermo Julio Ruiz a la autora en 2004.