SIMBOLISMO DEL MUSLO EN EL ANTIGUO EGIPTO  (y III)

 

El “desmembramiento” ritual en el recorrido iniciático trazado en el interior de la Gran Pirámide

 

Antes de continuar, no obstante, analicemos el signo del Muslo y su figuración  parcial y necesariamente soterrada como “descenso a los infiernos” y su significado de la fuerza o pujanza requeridas por el iniciado para comenzar la guerra contra sus yoes bestiales en busca de la aniquilación total de su ego. (30) Considerando la esencia vertebral-chákrica que detecto en las construcciones piramidales, el recorrido ceremonial, en breves palabras, sería:

 

a) a partir de la entrada, efectuar el "descenso" obligatorio, ya que la subida directa por el canal ascendente se encontraba deliberadamente obstruida por pesados bloques de granito. Este "descenso" a la parte soterrada --signo jeroglífico del muslo del toro que culmina en la Cámara del Caos, en el eje vertical de la GP--, sería el conocido y trabajoso "descenso a los infiernos" de tantas otras mitologías y religiones con velados rituales de iniciación,

b) Una vez cumplido el axioma hermético de "para subir, primero hay que bajar", la Gran Galería sería la representación de la "pierna", y la Cámara del Rey, del "pie". Por tanto, la "Cámara de los Rastrillos", situada entre una y otra, simbolizaría el "Talón", punto vulnerable del ser humano --que, de acuerdo con el mito griego que conocemos, le impediría “alcanzar la inmortalidad”, en este caso, al no cumplir con ambas mitades de la ruta ceremonial.

c) De conformidad con las 8 “permutaciones” del tetragrámaton básico AROT-TORA, y la equivalencia chákrica del cuaternario inferior y la tríada superior, en la realización de la Gran Obra las diversas partes del cuerpo humano participarían de los “giros” de la “Gran Rueda”, conociendo la identidad de cabeza y pies (Norte y Sur) y la ubicación del plexo cardíaco en la zona Este o del Aire (Acuario) y la del prostático en la zona Este o del Agua (Escorpión). Así, el esotérico “desmembramiento ritual” quedaría exotéricamente explicado.

 

Las dos partes o etapas del recorrido ceremonial

 

Simbólicamente, sabemos que el recorrido iniciático consta de dos etapas dobles (que incluyen en ambos casos la “ida o bajada” y la “vuelta o subida”), que se realizarían en “imagen normal” y en “imagen de espejo” de acuerdo con ambas versiones de la variante A/T. Su finalidad –la “Realización u Osirificación del iniciado” mediante la “iluminación” de cada uno de los siete chakras que participan en estos Misterios iniciáticos--, se lograría, en la primera fase, con el descenso a la “novena esfera sexual” o “descenso a los infiernos” y, en la segunda y última, con el “ascenso a la novena esfera o nueve arcos celestiales”. Cada una de ellas se refleja en el movimiento de las piernas/pies, visibles en las figuras representadas en las diversas manifestaciones artísticas del Antiguo Egipto:

 

  • la “primera parte” (avance con el PIE izquierdo) y la “segunda parte” (ya con el PIE derecho, una vez completada la Gran Obra). Por tanto, dicha "camarita", “Cámara de los Rastrillos”  o, en esta hipótesis, el Talón --cuyo papel relevante en este recorrido la sitúa en línea con la Cámara del Caos en el eje vertical E-O-E de la Gran Pirámide--, la divide en dos mitades, indicando la “fragilidad” o no de aquél que cumpliese o no ambas partes del recorrido.

 

  • Visto desde el Norte, el PIE IZQUIERDO indicaría marchar a la derecha (Oeste), donde se efectúa el "Morir en sí Mismo" como primera parte del

 

 

 

  • trayecto. Visto desde el Sur, el PIE DERECHO indicaría marchar a la izquierda (ESTE) para “Renacer”, lo cual completaría la Gran Obra.

 

Primera mitad del recorrido: NORTEª derecha (Oeste)

 

Segunda mitad del recorrido:   SUR   izquierda (Este)

 

 

Es decir: que en la primera parte de la ruta se ha "unificado” solamente una de las dos Tierras"--el “cuaternario inferior” (chakras 1 a 4). Falta, pues, en la segunda parte de la ruta, “unificar” la otra mitad del territorio/cuerpo --la tríada superior, chakras 5, 6 y 7— para lograr así la “Reunificación de las Dos Tierras”, los mal llamados "Alto y Bajo Egipto" que geográficamente no existieron como tales y fueron solo apelativos simbólicos referentes a la “tierra de pecado”, como expresa la Biblia en el vocablo "Egipto". 

 

En esta imagen, tras el pleno cumplimiento de la ruta ceremonial mistérica, el signo TCHES surge, pues, de la unión de ambos recorridos, anudados simbólicamente en los vértices por obra de Isis.

 

En esta interpretación de índole antropológica dada por mí a la Gran Galería y a estas cuatro Cámaras (Caos/Reina/Rastrillos/Rey), la asociación con Talio, Tarsis, astrágalo, los 7 huesos del calcáneo, etc., apoyarían mi hipótesis sobre el talón y la importancia del pie y de la sandalia en los Misterios antiguos y en el esoterismo en general (sin excluir la posición de la rodilla y los propios dedos del pie). (31)

 

 

 

 

Para concluir, es de sumo interés la relación entre estos trazados y dos letras del alfabeto hebreo. Al analizar el trazado Cámara del Rey-Gran Galería-Canal ascendente-Canal descendente y pozo, se vislumbraría también el trazado de lamed (letra 12 hebrea) y su noción de “aprender” conocimientos elevados, incluso mediante un proceso doloroso, como corresponde al Gran Arcano tarótico XII, “El Mártir”· En el  Sepher  Yetzirah (5.9) la ruta victoriosa de la Gran Obra al transmutar las energías animales del Muslo/Ayin se expresa claramente: Él hizo a la letra Lamed reinar sobre la copulación; la coronó y la combinó con las demás”. En este caso, la noción de sacrificio constituye un poder equilibrante por excelencia que, según El Tarot de los Bohemios de Papus, indica el poder resultante de la elevación mediante la ley revelada. Esta letra, pues, incluiría el concepto de expiación que, en una alegoría antropológica, veo en la Gran Pirámide asociada con la Ley de la Compensación que considero coherente con la cualidad de equilibrio atribuida a esta letra como resultado de la acción del karma.

Por añadidura, lamed se relaciona con el poder de dirigir y controlar el instinto animal!

A su vez, el signo del Muslo o khepesh (32) podría estar representado por la letra 16 hebrea, Ayin (Ain), , la creada por Dios para reinar sobre la ira (33) y

que se relaciona con el planeta Marte, el color rojo, el Gran Arcano “El Rayo” (34), lo que destruye --identificado con la necesidad de transmutar el alma animal. De ahí la necesidad de la “guerra” del adepto consigo mismo para aniquilar sus yoes bestiales en el “descenso a los infiernos”, cuya obligatoria realización hizo a los constructores de la Gran Pirámide ubicar este signo en su parte soterrada. (35) El denominado “pozo” –uniendo sinuosamente “muslo” y “piernas” simbolizaría la rodilla de la cual –como de un recipiente/yoni/útero/grial-- brota agua en señal de pureza: (36)   Rodilla: Punto de unión de “pozo”/Muslo y piernas: Cámara de la Reina/pierna secundaria y Cámara del Rey/pierna principal.

 

Cada una de las alegorías estructurales y en plano aquí plasmadas responden, pues, al sublime lenguaje sagrado de los geómetras que la diseñaron teniendo como centro al Hombre, a la energía divina que lo recorre como un microcosmos reflejo del macrocosmos, confirmando que el axioma hermético “lo que es arriba es abajo” le hace posible, pues, conocer el Paraíso. Aquí, en el mismísimo cuerpo/Tierra.

 

El Muslo, la fuerza animal transmutada en espiritualidad, reina en el cielo y reina en las profundidades de la tierra.

 

Lic. Julia Calzadilla Núñez

Egiptóloga

 

NOTAS:

30. La fuerza real y divina implícita en este signo se observa en las ceremonias de la “apertura de la boca”, donde mediante una representación del khepesh se transfería simbólicamente poder a la momia o estatua. Según Ch. Jacq, “Para indicar fuerza y poder [en la escritura jeroglífica], había varias opciones: [los dibujos, a modo de signos] de una cabeza de toro; una cabeza de leopardo, la cabeza y el cuello de un chacal, y el muslo de un toro”. (Fascinating Hieroglyphs, Op. Cit.), subrayado de la autora).

Por su parte, José Lezama Lima, en Las Eras Imaginarias (Editorial Fundamentos, Madrid, 1982), narra el nacimiento de Buda del costado derecho de su madre Maya, el día octavo de la cuarta luna, y los siete pasos que el Boddhisatva da al nacer. [octavo (8) + cuarta (4) + siete (7)= 19=10, Gran Arcano “La Rueda”, los 10 Sephirots cabalísticos].“Este animismo germinativo de las distintas partes del cuerpo, fue conocido por la antigüedad anterior al nacimiento de Buda. Así, el rey Yu Liu, nació del muslo.” Y añade: “Véase (...) el canto 37 [de El libro de los muertos]: ‘He cogido el Muslo que junto a Osiris estaba y abrí allí la boca de los dioses.’” (pp. 95). En la pág. 128, J.Lezama Lima describe un viejo grabado chino que muestra un encuentro entre Lao-tse y Confucio, “(...) el primero, octogenario, está en vísperas de morir; el otro, Confucio, pregunta incesantemente, como queriendo aprovechar el tiempo que aún va a estar en la tierra el inasible, al fondo, pasa un niño, que es el mismo Lao-tse, jugando con una rueda. (Subrayado de la autora).

 

31. En la representación mística de las huellas de los pies de Buda, observadas con atención  se reconoce de inmediato el símbolo de la swástika y, bajo éste, otro que Carl G. Liungman, define como signo alquímico indicativo de “caput mortuum” en cuanto representa el “punto de partida para el trabajo alquímico de transformar al hombre/metal básico o con impurezas, en el oro puro, el espíritu.” (C.G. Liungman, Dictionary of Symbols, W.W. Norton & Company, New Cork, London, 1991). Esta definición resume la teoría aquí expuesta. La no exclusión de los elementos polares que pugnan en esta Alquimia y su consiguiente fusión final, ocurren gracias al cumplimiento de las dos mitades de la Gran Obra egipcia. Se trata, pues, de una polaridad y lucha de opuestos existentes en el territorio/cuerpo del adepto que en ningún momento borran su identidad, como se muestra en la variante A/T. De ese modo, la índole cuaternaria y la índole sublime coexisten en el Alto y en el Bajo Egipto –cada una zona genital y espiritual al mismo tiempo — que asumen ora el papel de conquistadora y ora el de conquistada según la terminología habitual en los textos tradicionales de historia y en sus descripciones exotéricas de las diversas etapas o fases de “reunificación” del Egipto predinástico. La estrella de seis puntas, con su doble pirámide superpuesta de Fuego y de Agua --con sentidos antagónicos entre sí--, ilustra este concepto: cada una de ellas será siempre su contraria vista desde el polo extremo y, al mismo tiempo, jamás dejarán de presuponerse la una a la otra. En lo tocante a las dos zonas antagónicas/armónicas del territorio/cuerpo del iniciado, vale decir que el signo del corazón se asoció desde la Edad Media con el fuego y con el vuelo, constituyendo, colocado a la inversa, una variación del número 5 árabe con el significado de muerte. En el viejo Egipto, asociado a Horus en forma del fruto del árbol persea, se le representaba también con el signo jeroglífico IB, un “vaso” cuya connotación esotérica  equivalía al útero o yoni femenino en calidad de “receptáculo del pensamiento y del conocimiento”. Sede del plexo cardíaco ubicado en la zona oriental (R) del Aire en la ruta ceremonial, constituyó, pues, el medio –según el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière-- indispensable para la realización de la Gran Obra, ubicado entre el plexo solar por su parte inferior y el plexo faríngeo por la superior como región delimitadora, respectivamente, del cuaternario y la tríada divina. El plexo solar, a su vez, se vislumbra aquí en el nudo central del emblemático Tches que se “cierra o anuda” al completarse el recorrido iniciático. Es, por tanto, una zona de crucial importancia mistérica, presente con igual fuerza en diversas culturas antiguas, si se toma en cuenta, por ejemplo, que Aristófanes denominó a la pitonisa “ventriloqua vates, o ‘profetisa ventrílocua’ por razón de su voz de estómago”; que “en el segundo himno nâbhânedichta de los Brahmanas se lee: ‘Escuchad, ¡oh hijos de los dioses!, a uno que habla por el ombligo (...) porque os llama en vuestras moradas’; y que el “ombligo era considerado en la antigüedad como ‘el círculo del Sol’, el asiento de la divina luz interior. Por esto, el oráculo de Apolo estaba en Delphi, la ciudad de Delphus, matriz o vientre, así como el asiento del templo era denominado omphalos, ombligo”. La mística numérica, a su vez, constituye uno de los pilares básicos que no debe perderse de vista para desentrañar la esencia mistérica. Pitágoras, y posteriormente Henry Agrippa, Cagliostro et al., fueron algunos de sus exponentes máximos. La numerología, para ellos –desde la esotérica matemática egipcia y la Gematria hebrea empleada en la Cábala—es en todos los casos el vínculo entre las secretas fuerzas del Universo y el destino del hombre, esto es, el nexo inexorable entre macrocosmos y microcosmos. En esta Alquimia otorgadora de la “Muerte psicológica” se ha visto que los cuatro elementos emblematizados en la Gran Esfinge/cuaternario inferior protagonizan esta “guerra” simultáneamente como adversarios y como aliados. En tal sentido, la referencia a ellos dada en el siglo XVII por el padre español Baltasar Gracián se ajustaría –de manera fortuita o no—al engranaje que los llamados Cuatro desencadenaron hace milenios en numerosos lugares del globo, representando lo que podría denominarse la “materia prima” de una elevada obra espiritual cargada de tropiezos y de escollos. Así, en palabras de B. Gracián: (...)”el agua necesita de la tierra que la sustente; la tierra del agua que la fecunde; el agua se aumenta del agua; y del aire se ceba y alienta el fuego.” En suma: las partículas tetragramáticas OT, TO, RA, AR, diferenciadas y conciliadas. La denominada “unidad de los contrarios” está, por tanto, presente en la religión mistérica del Antiguo Egipto, tal como ocurre en el habitual ejemplo del imán con sus polos interdependientes y a la vez opuestos: Norte y Sur. En la ruta iniciática, el “desmembramiento ritual” desarrollado gracias a la polaridad chákrica --representada de un lado por el cuaternario inferior o plano físico (Gran Rueda/Gran Esfinge) y, de otro, por la Tríada superior divina o plano espiritual-intelectual (pirámides principales de la necrópolis de Gizeh)-- expone la naturaleza contradictoria y al mismo tiempo la unidad indisoluble de los aspectos que en ella intervienen, enraizada a su vez en la polaridad de los principios masculino y femenino: lo andrógino. Esta condición, pues, se asemeja a la concepción filosófica del yin-yang chinos en cuya representación simbólica lo positivo y le negativo inherentes a ambos aparecen delimitados por una línea sinuosa en forma de S donde en cada parte cada uno, empero, contiene al otro. De tal suerte, a pesar de existir la imprescindible diferenciación sexual, en la realización de la Gran Obra la escisión completa no se produce, manteniéndose la esencia del andrógino primitivo. En esta Alquimia mística, sus protagonistas pujan de inicio por alcanzar una prevalencia que, en su fase final y completa –propósito a ser alcanzado—, se revela por fortuna incluyente. Así, la Fuerza del Santo Afirmar –principio masculino—logra integrar la Fuerza femenina del Santo Negar en virtud de la Fuerza amorosa del Santo Conciliar capaz de fusionarlas sin eliminar, no obstante, la diferenciación requerida. Sin ella, una no podría de ningún modo presuponer a la otra y el equilibrio temporal que se establece en la esfera humana, al ser inexistente, devendría paralización y estancamiento.

 

32. Programa Amanuense, Op. Cit.

  

33. Sephir Yetzirah, 5.10. Él hizo a la letra Ayin reinar sobre la ira; la coronó y la combinó con las demás. En: Wescott Wynn, El Sephir Yetzirah en Español y en Hebreo. Pdf. Documento electrónico.

 

34. C.C. Zain, The Sacred Tarot. Doctrine of Kabalism, Serial No. 48, The Church of Light, Los Angeles, CA, 1969.

 

35. El simbolismo del Muslo aparece en la Epopeya de Gilgamesh asociado con Ishtar, quien actúa como Horus con el muslo de Seth.

 

36. Programa Amanuense, versión 3.0, Op. Cit.