Autores:
Clara E. Chávez y Adrián Álvarez.
El corso y la piratería fueron factores sociales que incidieron en la aislada y apartada Ciénaga de Zapata. Toda la costa sur cubana y la Isla de Pinos constituyeron zonas de refugio y base de operaciones de renombrados bandidos del mar, de ahí la importancia histórica del lugar.

Los ingleses William Dampier, John Hawkins, Francis Drake, el francés
Esqueneling - entre muchos otros – operaron en Zapata desde el siglo XVI
y hasta el siglo XIX. En 1823 fue capturado en esa zona el famoso pirata La
Cata.
Las características y peculiaridades de la Ciénaga condicionaron
el surgimiento de varias leyendas entre sus pobladores que abordan ese fenómeno
social; otra de las más conocidas se vincula a la toponimia de la Laguna
del Tesoro, que se refiere al ocultamiento de las riquezas robadas por los piratas
que merodeaban en la costa sur, pero la de mayor aceptación es la atribuida
a las comunidades aborígenes asentadas a orillas del lago, que arrojaron
sus tesoros al agua con el fin de que no cayeran en manos del colonizador español.
Entre todas las leyendas o consejas, como las identifican los cenagueros, sobresale
una vinculada a la piratería y que perdura en el tiempo. La leyenda del
pirata errante, que tomó tal arraigo en Zapata, que aún en la
década de 1950 muchos no se atrevían a transitar de noche por
los lugares del suceso.

Ciénaga de Zapata
Cuentan que en el lejano siglo
XVII el Capitán de un galeón español perseguía una
nave pirata por la costa sur, la que logró capturar después de
un tenaz esfuerzo. Entre los capturados se hallaba un joven y gallardo jefe
pirata, de quien se enamoró la bella hija del Capitán español,
en franca oposición a las ideas de su padre, representante oficial de
la corona española, enemigo de Inglaterra y responsable de la protección
y custodia de las costas cubanas.
El naciente amor hizo que la hermosa españolita le facilitara al cabecilla
pirata los medios para la fuga. Este, en su huida logró llegar a un lugar
donde se había localizado un cacicazgo indígena, Yaguaramas. Resulta
difícil deducir de que manera logró llegar el joven a ese poblado,
distante de la costa y prácticamente inaccesible en aquel entonces.
Sólo resulta comprensible si se considera que en ello le iba la vida
y las esperanzas de amor.
Pero la suerte o el destino hizo que poco tiempo después el diligente
Capitán y su enamorada hija fijaran residencia en Yaguaramas. Como es
de suponer los jóvenes tórtolos comenzaron a verse a escondidas
en las afueras del poblado, hasta que una noche el pirata no acudió a
su habitual cita. Desesperada la desdichada muchacha se internó en el
monte en busca de su amado y allí desapareció. Quizás la
voracidad del pantano o los temidos cocodrilos le cobraron su audacia.
Desde entonces todas las noches, entre Playa Girón y la porción
más oriental de la Península de Zapata, entre las que se encuentra
la denominada Caleta del Inglés desembarca una expedición pirata,
con el joven jefe enloquecido de dolor, quien busca afanosamente a su españolita
por el camino que con su constancia trazó hasta Yaguaramas.

Ciénaga de Zapata
Aún hoy, cuando el ritmo
de la vida y las vicisitudes cotidianas no dejan mucho tiempo a las consejas,
en las noches apacibles de la ciénaga y arrecifes de Zapata, algunos
cenagueros, quienes han recibido por tradición oral, de generación
en generación, la romántica leyenda, evitan transitar por esos
parajes por temor a ver, a la luz de la luna, el fantasma errante del pirata
inglés en busca de su amor perdido.
En el decursar del tiempo e independientemente a él, vivirá este
recuerdo, porque el amor es un sentimiento eterno y porque historia y leyenda,
yacen en espera de un oído receptivo y un corazón noble, en el
silencio de los pantanos.
Bibliografía:
El fantasma de la ciénaga.
Autores: Clara E. Chávez y Adrián Álvarez
Extraído del libro titulado EL SILENCIO DE LOS PANTANOS. Varios Autores.
Ediciones Matanzas, Año 2001. Cuba, pgs. 11-14