¿HAY VIDA EN OTROS MUNDOS?

Autor: Oscar Hurtado (Edita para AFLA Orestes Girbau)

 

(Compendio  de  un  artículo escrito  por  Oscar Hurtado,  publicado por  el diario  cubano El Mundo, en  el año 1963)

 

LOS RAROS COMETAS

La palabra cometa  proviene del griego kome,  cabellera.  La cabellera  del cometa   es lo que nosotros  llamamos  “cola”.  Según  sus colas  se clasifican en:   cometa  barbato,  aquel  cuya luminosa precede al núcleo; caudato,  la zona luminosa va detrás del núcleo;  corniforme,  el de cola encorvada; crinito (también rosa),  el de cola dividida  en varios ramales divergentes; periódico, el de órbita  perfectamente calculada.  La formación de la cola  del cometa está en dirección contraria al Sol. ¿Siempre? Pues no, hay cometas como el del 14 de octubre 1882, cuya cola le precedía. El por qué no se sabe.

Nature,  43-89, 90.  En Oct. 27, 1890, el astrónomo  Eddie,  de Grahamstown,  observó lo que parecía ser un cometa que se movió 100 grados en tres cuartos de hora.  Nature, 44 – 519. El profesor Copeland describe un caso similar visto por él la noche del 10 de septiembre de 1891. Dreyer dice (Nature, 44-541) que vio este objeto  desde el Observatorio de Armagh.   Lo describe igual al de Eddie. Fue visto también por Alejandro Graham Bell, el 11 de septiembre 1891, en Nueva Escocia. En el Amer. Met. Jour., 1-110, se reporta un cometa con dos colas, una hacia arriba y otra hacia abajo, noviembre 10, 1883. En el Scientific American, 40-294, se publica una carta de Henry Harrison,  de Jersey City,  copiada del New York Tribune,  donde Harrison dice  que en la noche  del 13 de Abril  de 1879,  mientras buscaba  el cometa de Brorsen  vio  un objeto  que  se movía tan rápido que no pudo ser un cometa.  Llamó a otro observador que confirmó lo visto por Harrison.  A las dos de la mañana  el objeto era visible.  En el  Scientific  American   Supplement, 7 – 2885, ofrece todos los detalles técnicos de su observación.

La noche del 17 de noviembre de 1882, uno de los grandes enigmas del cielo fue visto por varios de los  mejores científicos  de su época.   E. Walter Maunder,  del observatorio de Greenwich;  J. Rand Capron, famoso  espectroscopista;  los  holandeses  Audemans  y  Zeeman,  este último Premio Nobel por su “efecto Zeeman”, y otros muchos.  El objeto parecía una Aurora Boreal;  es decir, eso fue a lo más que pudieron referir el fenómeno.  Se le conoce como Objeto Auroral de Maunder, que lo describió en un trabajo cuyo título es ya curioso: “Un Extraño Visitante Celestial”  (A Strange Celestial  Visitor), publicado  en  The Observatory,  año  1916, vol.39, pp.213-15.  La falta de espacio nos  impide publicar este artículo.  Está descrito  el objeto  en  forma de torpedo. Dice Maunder: “Si el objeto hubiera sido visto años atrás  se diría que tenía forma de Zeppelin”. Su paso duró dos minutos y su color muy distinto a la Aurora Boreal presente en ese momento y de la cual surgió. Maunder aclara y demuestra que el objeto nada tuvo que ver con la Aurora. “Parecía un objeto corpóreo”, con “un núcleo oscuro” que tapaba las estrellas. Los extremos del torpedo permitían ver las estrellas, pero el núcleo no. El color del objeto  era de un blanco brillante,  con un resplandor  que parecía provenir  desde dentro, sobre todo del núcleo; el de la Aurora Boreal a su alrededor, rosado.  “La  superficie   del objeto era moteada, veteada o jaspeada” (Nature, 27-87). En el Times de Londres, el Editor publica varias cartas de testigos presenciales que confirman lo observado.

 

OBJETOS IMPOSIBLES

De un libro del conocido escritor soviético Iván Efrémov tomo el siguiente párrafo,  donde un profesor de  un museo de Historia Natural  habla con  unos visitantes:  “Hay  todavía muchos enigmas históricos.  Todos ellos nos dicen que aún sabemos poco,  muy poco.   Tenemos una idea muy vaga de la vida de la antigüedad.  Por ejemplo, aquí mismo, en arcas llenas de objetos pertenecientes a los escitas  hay una fábula de oro que no data de más de 2,600 años trabajada.  En ella está dibujado  un tigre de dientes de sable,  que ya estaba extinguido  hace u nos 300000 años. ¿De dónde tomó el modelo el artesano que trabajó la fábula?  En los sepulcros egipcios se ven frescos en los que están dibujados con exactitud,  pues  los egipcios eran realistas en su dibujo, toda clase de animal que habitaba entonces el Egipto.   Entre ellos figura uno desconocido de inmensas dimensiones parecido a una hiena, pero un animal así no se conoce ni en Egipto  ni en toda África.  En el Museo del  Cairo  existe la estatua  de una joven  que se encontró entre las ruinas de la ciudad egipcia de Akhetaton, construida en el siglo XIV antes de nuestra era.  La mujer representada en la estatua no es egipcia  ni el trabajo es egipcio, sino que parece de otro mundo. Mis colegas lo explican con esta palabra: estilización.  Cada vez que los oigo recuerdo un caso. En esos mismos dibujos de los frescos egipcios se podía encontrar frecuentemente un pez pequeño y sin características fuera de lo común,  pero que siempre aparecía dibujado vientre arriba. ¿Cómo podía ser que los egipcios, unos artistas tan escrupulosos,  dibujaran un pez,  entre todos los demás peces y animales de todas clases,  en una posición forzada?  Mis colegas científicos  explicaron el caso.  Dijeron que eso era estilización;  algo que tenía que ver con la religión  con  la influencia del culto al dios Amón.   Y no se preocuparon más de ello.   Quince años más tarde,  después de aquellos estudios y  afirmaciones, se averiguó que en el Nilo existe ese pez y que nada vientre arriba” (El país de la Espuma), Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú). Leemos en la revista Annals of Scientific  Discovery, 1853 – 71:

Que, en una reunión de la British Association, en 1853, Sir  David Brewster traía a la asamblea, para exponerlo a la vista de todos,“un objeto de tal increíble naturaleza que de no existir sería considerado imposible”. El objeto era un lente óptico; su lugar de origen,  la casa del tesoro de Nínive. Lo curiosos es que se señala que en las casas del tesoro y en los templos de las antiguas civilizaciones se guardaban objetos  caídos del cielo dentro de meteoritos.  Carpenter,  en  The Microscope and its Revelations, ofrece dos dibujos del  lente.

En  Popular Science, 20 – 83,  se nos dice que un tal  Dr. Hahn halló fósiles en meteoritos.   Hay  una descripción de los corales, esponjas, conchas y crinoideos,  todos ellos microscópicos.  Jun to con la descripción del hallazgo se publican fotos.  El Dr. Hahn publicó un libro que se encuentra  en el New York Public Library.

La posibilidad  de encontrar fósiles  de organismos vivos en meteoritos  fue negada  y resistida  por muchos científicos.  Es la vieja historia de los convencionalismos en la ciencia.  Los mismos meteoritos,  aerolitos,  bólidos,  y  toda otra piedra  que cayera del cielo,  fue rechazada  por la ciencia hasta una fecha tan reciente  como son los finales  del siglo pasado.  A  la  Academia de Ciencias de Francia alguien llevó una vez una piedra que,  según  el campesino que la encontró había caído del cielo. El gran Lavoissier demostró que las características extrañas que presenta ba la piedra se debían  a que  el rayo  la había tocado.        La sometió a un análisis químico y lo “demostró”.   La piedra  era un aerolito.   Debiéramos mejor decir  que  es un aerolito,  pues la piedra se  conserva todavía  en la Academia.    Esta piedra es hoy un monumento  a la tontería humana,  porque todavía hay quien no cree en platillos voladores,  pero cree cualquier chisme por muy burdo que sea sin comprobarlo.

 

LOS SERES DEL AIRE

Erase una vez un rey que tenía grandes preocupaciones debido a un famoso cabalista llamado Zedequías,  del cual él,  y su pueblo, recelaban.  Al cabalista se le miraba mal por mago y por judío;  y   porque trataba,  a su manera,  de mejorar las condiciones de vida terrestre con la ayuda de los “seres del aire”.

Para convencer a las buenas gentes, Zedequías pidió a  los “seres del aire”  que hicieran una gran demostración.

“Lo  hicieron con  suntuosidad.   Aparecieron  en  el aire…  a  veces  en  naves aéreas, maravillosamente construidas que maniobraban a voluntad de ellos”. (Conde de Gabalis, Discursos).   Pero las demostraciones  produjeron efecto contrario  al esperado por Zedequías.

 

Carlomagno (Ilustración de Alberto Durero)

 

La sancta simplicita del pueblo abortó los propósitos del cabalista .Declararon que los brujos y los demonios del aire se habían apoderado del cielo. Los reyes también pensaron  así.   Carlomagno y  su  sucesor  Luis el Bondadoso,  decretaron terribles castigos para estos “tiranos del aire”.    En el primer capítulo de los “Capitulares”, el Emperador relata que los “seres del aire”  estaban desolados al ver  que el pueblo  tenía miedo de ellos.   Descendieron sobre la tierra y se llevaron a los mejores de entre los hombres y  mujeres  para instruirlos   “decididos a disipar la mala opinión  que  el  pueblo  tenía de ellos, llevándose hombres de cada ciudad…y depositándolos después en diversas partes  del  mundo”.  Pero a estos infelices que descendían de las naves  se les tomó  por saboteadores,  “por brujos venidos a extender el veneno sobre los frutos y las fuentes” y se les condujo a la hoguera.

“El número de los que fueron muertos por el fuego  en todo el reino  es increíble…  en Lyon  se vio a tres hombres y una mujer  descender de naves aéreas.  Toda la ciudad los rodeó gritando que eran magos enviados por Grimaldo,  duque de Benevent, para destruir las cosechas” (Conde de Gabalis, Discursos.).

 

Seis objetos que fueron observados y dibujados por el astrónomo Barnard, el 14 de Oct., de 1882, a sólo seis grados de la cabeza del gran cometa de 1882. Este cometa tuvo una cola que le precedía y una cabeza complicada con partes que se movían. Schmidt, de Atenas, observó varios de estos objetos alejándose del cometa".

 

En Enero de 1953,  en la Abadía de Ampleforth, se descubrió un manuscrito que data del año 1290,  donde  se relata un suceso  que alborotó a  los monjes de la abadía de Byland,  en Yorkshire.   La parte que nos interesa del manuscrito  dice  así:  “ Oves  a Wilfredo suscepto die festo  sanctissimorum  Simonis atque  Judas assaverunt.  Cum autem Henricus Abbas gratias edditurus erat, frater quídam Joannes introivit, magnen portentem  foris  ese  referebat.  Tum  vero  omnes  occurrerunt,  et  ecce   resgrandis, circumcircularis,  argéntea,  disco  quedam  haud  dissimulis, lenté et supereos volans atque maximan terrorem excitans. Que tempore Henricus Abbas exclamavit Wilfredum adulteravisse  (qua) de causa impius ese de…”  La traducción  de este fragmento ven dría a ser así: “Tomad los carneros de Wilfredo y hacedlos tostar para la fiesta de San Simón y Judas.  Cuando el abad Enrique se disponía a la bendición,  Juan, uno de los hermanos, vino para anunciar que un gran prodigio se  manifestaba al exterior.  Enton ces todos salieron, y he aquí una gran cosa plateada y redonda como un disco volaba lentamente  por encima de ellos,  provocando un  máximo terror.   El abad Enrique ex clamaba que Wilfredo estaba adulterando y como consecuencia él era impío de …” 

 

VIDA EN OTROS MUNDOS

Sobre el descubrimiento  del Dr. Hahn  de  microorganismos fósiles en meteoritos hay mucho que pensar.   En la descripción de estos fósiles,  según vemos  en las fotos, se señala  el detalle extraordinario  de su pequeñez.   Es como si el planeta de donde pro viene el meteoro analizado por el Dr. Hahn albergase una vida enana en comparación a  la nuestra.  Imaginemos un planeta diminuto con una raza de seres humanos  de no más  de cuatro pulgadas de alto;  que  esos seres  visiten periódicamente  la  Tierra en expediciones científicas desde otro sistema solar a velocidades cercanas a la de la luz; que morfológicamente sean iguales a nosotros y con las mismas costumbres  sociales; que después de aterrizar,  en  sus búsquedas  por  la superficie de nuestro planeta su fran bajas  debido a accidentes  y  que los cuerpos desaparecidos sean enterrados en efigie en un lugar determinado,  como un monumento en otro mundo  ( el nuestro) a la memoria de los astronautas liliputienses.  Por supuesto,  esta suposición se considera ría como un argumento de ciencia-ficción.

Leemos en el Times de Londres, Julio 20 de 1836:

En los primeros días de Julio de este año  unos muchachos buscaban nidos de conejo en  la formación rocosa  conocida por  la Silla  de Arturo,  cerca de Edimburgo.   En un promontorio  al borde  del precipicio notaron  una laja de pizarra  que tapaba un hueco. La arrancaron y  vieron una pequeña cueva  que contenía diecisiete ataúdes  de tres a cuatro pulgadas de largo conteniendo figuras de madera vestidas con ropas de diferente estilo y material.  Estaban situados los ataúdes en dos hileras de a ocho cada una y una tercera hilera con un solo ataúd.  Lo más extraño de ese suceso se manifiesta  en el  hecho  de  que  los ataúdes fueron  depositados uno a  uno  en intervalos de largos años. Los de la primera hilera mostraban en la madera y la tela la decadencia que sólo pueden dar los siglos. Las telas de los primeros ataúdes se desmoronaban al contacto con la mano.   En la segunda hilera  los efectos del tiempo eran menores;  en la última hilera de arriba,  su  único ataúd mostraba todos  los síntomas de haber sido colocado allí  recientemente.      En  la  revista  Proceeding  of  the   Society  of   Antiquarians of  Scotland, 3 -12 – 460, viene  un relato completo de este hallazgo con tres fotos de las figuras dentro de los ataúdes. Las figuras están coloreadas con pericia.

Hasta aquí la noticia. La suposición de que puedan ser seres de otros mundos las criaturas que hicieron esos ataúdes a través de centurias es mera especulación  de mi par te.  No hay pruebas de que así sea; pero existe el hecho real del descubrimiento de las figuras y su interrogante.

Sin embargo, para demostrar la existencia de vida en otros mundos no es necesario ya    aventurar teorías sobre hechos enigmáticos.

Los doctores Melvyn Calvin  y  Susan Vaughan del laboratorio de radiaciones de la Universidad de Berkeley,  analizando por espectroscopia  y  cromatografía  unos  fragmentos de meteoritos caídos en el estado de Kentucky, en 1950, encontraron moléculas de citosina,  un  derivado de la piramidina,  que se  encuentra  en el ácido nucleico,  ácido  que constituye el elemento fundamental de la materia viva.

 

El cometa de Biela, que se dividió en dos según dibujo de Struve, Feb.1816.

Grabado antiguo mostrando un cometa".

Leemos en la revista Unión Soviética, año 1962, no. 151:

“Al estudiar las combinaciones de hidrocarburos en la composición de algunos meteoritos de piedra, los científicos turkmenos,  Chary Bairyev  y Sadyk Mamédov, supusieron que en ellos había microorganismos vivos. Para comprobar esta hipótesis el polvillo de un meteorito fue colocado en un medio nutritivo.

Así se descubrieron bacterias móviles.

Los trabajos de Bairyev y Mamédov tienen algo en común con otras investigaciones. Recientemente,  por ejemplo,  B. Timoféiev  logró  en Leningrado  extraer del meteorito  “Migueya” residuos que se parecen a las esporas de algas unicelulares.

¿No son estos hallazgos en los meteoritos  una prueba  de que la vida  existe  en otros  mundos, desconocidos  por nosotros?”.

Hasta aquí la información de la revista Unión Soviética.  Agregamos: No  sólo  es  una  prueba de que la vida existe en otros mundos, sino también de que es similar a la nuestra en su composición y, con toda probabilidad, en su forma.

 

 

Fuentes:

Archivo de Oscar Hurtado.