Un Hombre Muerto en las Profundidades de la Tierra.
Autores.
Lic.Leonel Pérez Orozco.
Lic. Ricardo Viera Muñoz.
Dr. Cándido Santana Barani.
Cuando se exploran las numerosas
cuevas de los alrededores de la ciudad de Matanzas siempre se tiene a la sorpresa
como aliada, pero en la Cueva de Centella enclavada en el majestuoso valle
del rió Canímar la sorpresa se convirtió en estupor, una mañana de abril de
año 2001.
Este río se encuentra ubicado en
la costa sur de la bahía de Matanzas y sirve de límite natural a la ciudad,
clasificado de antecedente se ha labrado un profundo y estrecho cañón cársico
que ofrece al visitante paisajes paradisíacos en todas direcciones. El extenso
valle fluvial que lo rodea posee numerosas cuevas que fueron habitadas por
nuestros aborígenes hace más de 3000 años. La Cueva de Centella es una de
las más interesantes de la región. Abierta en un farallón cársico posee un
elevado puntal de entrada con 12 metros de alto, una extensa dolina de disolución
desplome que la vegetación ha cubierto espectacularmente, en sus estrechas
galerías de acceso los aborígenes dejaron sus huellas construyendo para la
posteridad murales pictóricos de riqueza inestimable. Por otra parte los salones
interiores poseen una extraordinaria riqueza faunística
donde los murciélagos asen las delicias de los Bioespeleólogos.
Por otra parte las galerías son
estrechas, accidentadas y en ocasiones dan paso a soberbio salones donde reina
el caos de inmensas piedras caídas hace ya muchos siglos y que conformaron
la cueva tal y como la conocemos hoy.
Objeto de estudio por el grupo
espeleológico Jorge Ramón Cuevas de la ciudad de Matanzas, Centella se convirtió
en laboratorio de investigaciones y exploraciones arrojando excelentes resultados
científicos entre los que se destacan, restos de animales prehistóricos
antillanos, murales de petroglifos realizado por los aborígenes habitantes
del lugar, importantes yacimientos paleontológicos de quirópteros y fauna
extinta cubana.
En abril del 2001 se organizó una
expedición que tendría como objetivo central vencer el total de galerías conocidas
y llegar hasta el final de la cueva.
Para lograrlo se prepararon 10 hombres, incluyendo
a los autores, que en su totalidad
realizarían el estudio integral de la cavidad y el mapa cartográfico de la
misma. La primera sección de galerías no resultó difícil pues son de elevados
puntales, las dificultades vinieron después, de pronto la apacible galería
se torno en un espantoso ruido de miles de alas de murciélagos que asustados
por nuestras luces pugnaban por abandonar la cueva, tuvimos que precipitarnos
al suelo y esperar que aquella avalancha viviente se mudara a otro lugar,
recuperados del impacto, proseguimos nuestra exploración. Pronto tuvimos que
arrastrarnos por interminables tubos de apenas unos palmos y sortear peligrosos barrancos que parecían no
tener fin, las galerías se fueron haciendo mas tortuosas y laberínticas, incluso
para nosotros que estamos acostumbrados a rigores parecidos, hubo un momento
en que desfallecidos de tanto caminar y arrastrarnos, tuvimos que detenernos
en un estrecho salón apenas suficiente para acomodar a 4 personas de
los 10 mencionados que tuvieron que conformarse con un estrechísimo y bajo
pasillo, se impuso recuperar las energías perdidas y luego de la breve comida nos quedamos silenciosos y adormecidos
y allí en el sepulcral silencio de las entrañas de la tierra, se escucho la agitada vos de uno de los expedicionarios
que decía….señores esto es un diente humano…un
rayo fulminante no hubiera conseguido el efecto de aquella frase, nos abalanzamos
hacia la mano que sostenía en alto aquella pieza dentaria, el molar relucía
en la espectral luz de nuestras lámparas, no había dudas era un diente
humano, el instinto fue unánime, comenzamos a registrar todo el pasillo y
allí en un pequeño y cristalino charco de agua estaba el resto de los elementos
de cadáver, se podían identificar, otros dientes hasta contar 8 de diferentes
partes, eran también visibles, costillas, clavículas, fragmentos de fémur,
falanges y junto a la mano extendida y crispada
los fragmentos de carbón vegetal perteneciente a la tea que en un fatal lance del destino dejo de alumbrar
y empujo a este humano a la muerte.
Lo primero que salto a la vista fue el destruido
cráneo, parecía una frágil bolsa aplastada sobre el suelo cristalino de la
cueva, no se hicieron esperar las fotos, las mediciones y las conjeturas científico
arqueológicas a cerca del hallazgo en resumen pudimos determinar que el individuo
se aventuro en las profundidades de la galería hace ya mas de 1000 años, atravesó
solo las insondables oscuridades del recinto, sorteo precipicios, escalo derrumbes,
se arrastró por interminables pasillos
angostos, y llegó a lo más profundo de la cueva donde una caída violenta le
costo la vida y lo preservó para la posteridad .
El individuo en cuestión media aproximadamente
1 metro 54, se trataba de un hombre, al parecer de complexión fuerte y por
las características dentarias pertenecientes a la cultura preagroalfarera.
Es la segunda ves que en Matanzas aparece este
tipo de hallazgo el primero fue encontrado por el Dr. Ercilio Vento en la
década del 70 en la cueva de Santa Catalina en las afueras de la ciudad y se trataba de una aborigen de 16 años que
murió en el mas recóndito lugar de la cueva.
Bibliografía
Nuñez
Jiménez Antonio: Cuevas y Carsos, Editorial FAR,
Habana 1989.
Leonel Pérez, Ricardo Viera y Cándido Santana. Notas de la expedición Científica
a la Cueva Centella. Matanzas 2001
Andres Bayon y Humberto Fernández. Mapa Cartográfico
de la Cueva Centella Matanzas 2001.