Nuestros Primeros Habitantes

 

Por: Lic. Leonel Pérez Orozco.

         Lic. Ricardo Viera Muñoz.

         Dr. Cándido Santana Barani.

atenasorozco@hotmail.com

                                                                                                                                                                                       Viajar a las raíces del poblamiento y de nuestra propia existencia es un empeño que siempre han perseguido los arqueólogos y etnógrafos. Matanzas, segunda ciudad de importancia en Cuba durante el siglo XIX, estuvo habitada por aborígenes muchos años antes de la llegada de Cristóbal Colón, en sus cuevas y ríos se asentó el hombre primitivo dejando sus huellas para los arqueólogos de hoy.

Matanzas y Gato Jíbaro

Los autores han desarrollado, a través de años de intensa labor arqueológica, una investigación pormenorizada de los habitantes del sitio arqueológico “Gato Jíbaro” y luego de fechar e interpretar los hallazgos han caracterizado a éstos, nuestros antepasados, valorando su estructura social y económica.

La cueva “Gato Jíbaro”, devenida en centro habitacional aborigen del Sistema Cavernario Bellamar, en la coste  sur de la bahía de Matanzas, posee  tres entierros ubicados en dos de sus dolinas o entradas, uno de éstos es objeto de este artículo.

 

Entierro mujer aborigen

 

Por los cálculos arqueológicos se ha determinado que la población aborigen de este lugar superaba los 150 individuos, repartidos en 4 entradas de la cueva; su desarrollo económico la sitúa entre las comunidades preagroalfareras, específicamente en el estadio Mesolítico Temprano.

El entierro en cuestión, pertenece a una mujer de 16 años de edad, con una antigüedad de 1512 años antes del presente. Los estudios antropológicos revelaron una capacidad craneana de 1009 centímetros cúbicos, lo que nos pone en presencia de uno de los cráneos adultos aborígenes más pequeños de Cuba. Los restos óseos de esta mujer aparecieron en posición fetal, característica muy común entre las prácticas funerarias de nuestra población precolombina, destacándose la presencia de una piedra tallada en forma triangular que fue puesta entre sus manos. El entierro apareció a 30 centímetros de profundidad y orientado de este a oeste.

Cráneo mujer aborigen

Finalmente podemos decir que el lugar de la entrada de la cueva donde se halló la sepultura resulta en correspondencia con las creencias mítico religiosas de nuestros aborígenes, la misma se hallaba en un suave recodo de la entrada, en el cual el sol que se filtra por las agujereadas rocas del lugar, describe un arco de luz que ilumina todo el conjunto durante la mañana y la tarde.

 

Este enterramiento matancero encierra en sí todo el simbolismo de nuestros ancestros. En primer lugar, las ofrendas líticas que reflejan la fuerza y el poder resistente de la naturaleza y a su vez una de las fuentes de materia prima fundamental para estos hombres, en segundo lugar la oquedad dentro de la entrada simbolizando el claustro materno como fuente de vida y en tercer lugar la posición fetal dada al cuerpo, que está en correspondencia con la creencia antes mencionada.

 

A sólo unos metros de este lugar y en el interior de la cueva fueron encontrados murales pictóricos, cerrándose con este nuevo descubrimiento un importante episodio en el estudio de este conjunto funerario y de la habitación autóctona de la provincia de Matanzas.


El extenso Sistema Cavernario Bellamar donde se encuentra este sitio
arqueológico es uno de los más ricos del norte de la provincia de Matanzas en materia de arqueología aborigen. En el mismo se ubican más de 12 cuevas arqueológicas con importantes entierros, murales pictóricos, restos acumulativos de la permanencia de comunidades y exponentes materiales de la industria de la concha y la piedra tallada.
En las investigaciones realizadas al área de mas de 10 Kilómetros cuadrados del sistema Bellamar, se han detectado 6 cuevas funerarias con restos aborígenes en su ceno, pero la mas importante de todas resulto la que se estudia, por su volumen de evidencias y estado de concentración y conservación de los entierros y el material encontrado.
Mención especial merece la cueva "Ciclón", a unos 12 metros al norte del
entierro estudiado, donde  descubrimos la primera evidencia tangible de la existencia del mono en Cuba, se trata de una pictografía en trazos de carbón sobre la roca desnuda de una porción de la cueva, la misma representa al mono áteles, integrante prehistórico de la fauna cubana y que desapareció a la llegada de los españoles a la isla, el conjunto fue pintado con finos trazos de carbón que fueron estimados en 890 años antes del presente.

  


Ubicada en un sitio de penumbras de la cueva, la pictografía en cuestión
intrigo sobre manera al eminente paleontólogo cubano Oscar Arredondo quien al verla corroboraba lo que los autores habían concluido sobre su aspecto y clasificación. Otro aspecto interesante en relación a la cercanía del entierro con el mural pictórico lo constituyo el entierro de 5 niños en
posición fetal y distribuidos elípticamente en la tumba, las ofrendas
consistían en piedras talladas y restos de la dieta aborigen.
En resumen los descubrimientos realizados por los autores ponen de
manifiesto la importancia capital en el estudio de las comunidades
aborígenes del territorio de Matanzas, de los entierros asociados a
pictogramas y del ajuar encontrado en los mismos.

 

Pictograma descrito como mono áteles

Bibliografía

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