VENGANZA BAJO TIERRA


Autores: Lic: Leonel Pérez Orozco.

Dr.: Candido Santana Baranis

Lic: Ricardo Viera Muñoz


La ciudad de Matanzas es notablemente rica en cuevas y cavernas. La naturaleza cársica de subsuelo matancero le trasmite esa característica relevante en todo el país; mientras que otras localidades cubanas están desprovistas en sus núcleos urbanos de de estas expresiones del relieve cársico, la ciudad de matanzas posee más de 6 cuevas notables y mas de 100 grutas y nichos rocosos. Desde 1748 se visitan las cuevas de Simpson famosas desde esa época, hasta el año 1861 en que descubiertas Las Cuevas de Bellamar, estas últimas superaron en belleza e interés a las de Sipmson perdiendo estas su sitial de preferencia.

Nuestro relato se enmarca en el año 1830 cuando aun eran famosas las cuevas de Simpson, el mismo está basado en las tradiciones que quedaron en Matanzas y las recogidas en el libro “La Isla de Cuba” de J. B Rosemond de Beauvallan, publicado en Paris en 1844 y reeditado en Cuba por la editorial Oriente en 2002.

Los sucesos en cuestión narran la terrible suerte corrida por el capitán George Lewis en la confrontación de las fuerzas oscuras y los destinos del hombre.

Cuentan las viejas tradiciones matanceras que el joven y apuesto capitán George Lewis llegó a Matanzas procedente de N.Y. trayendo un cargamento de jarcia al puerto de Matanzas y como era la costumbre en esa época los oficiales de marina recalados en la ciudad eran inmediatamente presentados en sociedad, la recepción se organizó en la casona señorial del regidor de la ciudad y la presentación del capitán impresionó profundamente el espíritu soñador de la bellísima hija del regidor el amor no tardó en presentarse y el correcto capitán pidió la mano de la joven Amalia a su padre, la boda se fijó para dentro de 3 meses, cuando el capitán regresara de nuevo a Matanzas.


Paso el tiempo en el cual Lewis y Amalia estrecharon su amor con cartas semanales entre ambos. Una noche de caluroso verano antillano, Amalia se quedó en el patio de la mansión más de lo acostumbrado, adormecida por el fresco de la noche no vio cuando Faustino, un cargador de su padre que salía tarde del entresuelo almacén de la casa se quedo mirándola con brillosos y libidinosos ojos

-Esa hembra tiene que ser pa’ mí – Pensó, y a partir de ese día retrasaba su salida del almacén para contemplar a la joven. Una tarde que Amalia había asistido a misa de las 2, Faustino protestando una carga, salió de la casa y se apostó en la plaza de armas para esperar el paso de la joven, que al salir de la parroquia mayor gustaba de pasear
Por el lugar, en un momento de descuido de la esclava que la acompañaba, Faustino se acercó, y con rápido ademán insolente le pidió que lo dejara hablar de una proposición que solo el podía hacerle, Amalia extrañada quiso saber de que se trataba, el intespectivo hombre le propuso matrimonio con la promesa de hacerla inmensamente rica y poderosa,- Yo tengo las fuerzas ocultas a mi favor – Amalia palideció de indignación y estupor, la tajante respuesta negativa no se hizo esperar, y además lo amenazó con decírselo a su padre y al capitán Lewis que en breve llegaría para casarse con ella. Faustino quedo de una pieza,- Eso no se va a quedar así, Señorita,-Yo tengo mis poderes y son muy peligrosos, y con la mirada fulgurante de odio se perdió por una calle lateral rumbo al puerto.

Pasaron las semanas y Amalia no volvió a ver al diabólico Faustino; finalmente llego el capitán Lewis y la felicidad reinó en la casona del regidor la tarde víspera del casamiento Lewis fue al puerto a despachar unas cartas a La Habana, al bajar del barco vio en el paseo de Santa Cristina al noble y bueno de Pablo que se ganaba la vida como guía de las cuevas de Simpson.

Pablo -se dirigió Lewis al muchacho.

-Quiero que me lleves a la cueva hoy en la tarde porque esta noche me estaré casando y mañana zarpo para N.Y. con mi esposa.

-Disculpe Capitán, lo siento de veras pero hoy es imposible, estoy estibando la goleta del portugués y quiere terminar antes del crepúsculo.

-Va, no te preocupes te pago el doble y nos vamos ya.

-Capitán ya di mi palabra y es indispensable que la cumpla.

-Bien si es así, no importa, yo voy solo, no será muy peligroso.

Pablo sufrió un estremecimiento de angustia.

-No señor eso es una locura fatal, usted no sabe lo traicionera que puede ser una cueva.

-No te preocupes Pablo yo he estado en lugares peores y siempre he salido victorioso y sin dar más oportunidad al muchacho emprendió el camino de la cueva, Pablo quedó impresionado pero nada pudo hacer.

Resuelto a emprender su aventura, Lewis compró en la ferretería "La Vigía" una bola de hilo embreado, una tea y un encendedor, media hora después penetraba por la boca de la cueva y comenzaba su aventura.

Faustino no había desaparecido, oculto en una casita de las afueras de la ciudad vigilaba todos los movimientos de Amalia y los muelles de atraque, informado que la goleta del capitán Lewis había llegado esa mañana, salió con un extraño bulto bajo el brazo rumbo al monte y en él invocó los poderes de las tinieblas y la tierra y firmó con su propia sangre sobre la roca un pacto diabólico de muerte.

Entre tanto Lewis, impresionado por la belleza de la cueva iba de un lugar a otro en su desenfado juvenil sin tener en cuenta el traicionero goteo que iba cayendo en la antorcha, que de súbito, palideció y se apagó.

Las profundas y mortales tinieblas envolvieron al joven, pero templado en los avatares del mar no se desalentó, a tientas buscó el encendedor pero por
Mucho que trató la humedad lo había arruinado, comenzó entonces una aventura terrible tratando de guiarse por el hilo atado en la entrada y que aún sostenía en sus manos, la delgada hebra sería su salvación y aferrado a
ella comenzó a salir de la cueva , luego de más de 2 horas de tortuoso avance se dio cuenta con júbilo que por la magnitud del hilo recogido, tendría que estar muy cerca de la salida, la emoción y la alegría lo traicionaron y en movimiento involuntario el bramante se rompió y escapó de sus manos. El terror se apoderó del capitán, comenzó una desesperada búsqueda de la salida que lo perdió aun más profundamente, la angustia lo dejaba sin respiración, las heridas lo debilitaban y el salado sabor de la sangre le inundaba la boca, había caído mas de 10 veces y su aturdida cabeza estaba llena de grandes heridas, en medio de la desesperación oyó un ruido de pasos sigilosos, gritó con esperanza de que alguien estuviera allí, entonces vio un extraño resplandor rojizo que se acercaba, gritó con más fuerza, y una sombra negra envuelta en una luz siniestramente roja se presentó ante sus dilatados ojos, en otro momento y circunstancias, la aparición hubiera sido rechazada por Lewis o cualquier otro que la hubiera visto, pero en ese momento lo inusitado del hecho paralizó los sentidos del infortunado capitán y aquel espectro de las tinieblas con un ademán, hizo que Lewis lo siguiera lentamente, el desgraciado no se separó de la sombra y la siguió irremisiblemente. Al cabo de un rato la galería por la que avanzaban se iluminó con un fantasmal fuego y la sombra mirando a Lewis fijamente se levantó del suelo, levitó unos instantes ante sus ojos y desapareció. Lewis gritó; gritó con todas sus fuerzas y ya sin concierto ni razón se abalanzó sobre las paredes, cayó al piso y quedó tendido cuan largo era.

En la casona del regidor los preparativos de la boda eran la risa de todos, Amalia estaba radiante con su vestido blanco, al fin cayó la noche y todos comenzaron a inquietarse, el capitán puntual por costumbre, demoraba en llegar, Pablo había sido llamado para servir a los invitados y esperaba en la sala con una cierta angustia contenida, pero en silencio, aún en espera de que la suerte no hubiera traicionado al capitán.

A las 8:00 de la noche Amalia bajo al salón y desesperada pidió ayuda para
buscar a su novio, el regidor ordenó a una pareja para que le buscara en el puerto, entonces Pablo con el terror pintado en el rostro contó todo lo que había sucedido aquella tarde en el paseo junto al puerto, y que estaba seguro que el capitán estaba perdido en la cueva.

Amalia, el Regidor y Pablo, al frente de una cuadrilla de hombres salieron rumbo a la cueva y penetraron en ella comenzando la búsqueda, allí en lo más profundo de la misma sentado en una piedra en el centro del salón, estaba Lewis, las manos en sus rubios cabellos, la mirada perdida la sangre le cubría su rostro; Amalia se abalanzó sobre el lo llamó lo estrujó contra su pecho pero el desgraciado ya no pertenecía al mundo real, había enloquecido para siempre.

Esa noche en el puerto de Matanzas un hombre perdidamente borracho gritaba sin cesar frente a una goleta anclada bajo los cabrestantes del muelle.

-¡Lo maté porque soy poderoso, estoy por encima de Dios, y ella no será de nadie...! Yo soy las tinieblas ¡Soy el anima sola!...en ese momento una poderosa carga mal puesta cayó con estrépito al muelle, bajo ella quedó irreconocible aquel diabólico desgraciado.

Amalia y el Regidor rescataron a Lewis de la cueva, el joven capitán no fue nunca más lo que había sido, pero el amor surgido entre ambos perduró ante la maldad de Faustino y luego de la recuperación de Lewis ambos se casaron. Faustino fue enterrado en fosa común y del pacto que hizo con las fuerzas oscuras del interior de la cueva para vengarse de la negativa de Amalia no se habló más en Matanzas, sólo quedó aquella historia sórdida de la intervención de las fuerzas diabólicas y de las bajas pasiones humanas.

Hasta 1858 se podía ver en Matanzas en las tardes calurosas a un matrimonio viejo que paseaba por la parte menos frecuentada del paseo de Santa Cristina frente al mar, cuando algún conocido se cruzaba con ellos el viejo comenzaba una lenta y monótona plática sobre una misteriosa y desgraciada venganza bajo tierra, y los terribles momentos que vivió hasta perder la razón, cuando el diablo lo guió a su final. La mujer, bella en otro tiempo, siempre terminaba el relato dejado a medias a su esposo, diciendo a manera de despedida. Si Lewis, Venganza bajo tierra, y justicia divina sobre ella.