SERIE LA BIBLIA Y LA UFOLOGÍA ESTUDIO NO 4

 

LA BIBLIA, LOS OVNI Y LAS ENTIDADES BIOLÓGICAS  EXTRATERRESTRES.  

PRIMERA PARTE.

 

Ciudad de la Habana, jueves 10 de enero de 2004

 

Por el pastor Rev. Jesús Diez Silva.

Usted puede contactar con el autor por medio del siguiente correo electrónico

 

jesusdiez43@yahoo.com o escribiendo al siguiente apartado postal                                                                        

Jesús Diez Silva Apartado 2298   Habana 2   C.P. 10200

En los siguientes estudios he tratado de cumplir con el mandamiento dado por el Señor Jesucristo, de forma muy encarecida: “escudriñad las Escrituras” Juan 5:39. Y si esto les fue dicho a aquellos judíos que se le oponían y le perseguían, cuanto más no deberemos hacerlo nosotros, los que defendemos y predicamos sus doctrinas.

Partiendo de lo que etimológicamente debe entenderse por “escudriñar” en idioma hebreo, se comprenderá inmediatamente que no es tarea fácil ni somera la que se está asignando a quienes deseen saber con exactitud el mensaje de Dios para los destinatarios de este Texto Sagrado. La palabra hebrea “chafas” que se interpreta en español como “escudriñar”, no significa sencillamente buscar, sino que se refiere a una búsqueda profunda que requiere esfuerzo e investigación, el termino hebreo visto según su semántica literalmente significa quitar la máscara que cubre algo, quitar una capa de encima de otra hasta llegar al objetivo, conciliar una cosa con otra, quitar un disfraz que oculta. Esto parece sugerir que a los nativos del idioma hebreo no les resultó extraño ni difícil comprender que debajo del texto llano de la Biblia existía otro mensaje críptico que solamente podrían comprender descodificando el texto. Para dar un atisbo de cómo ha funcionado este estudio estos son algunos ejemplos de lo que, mediante él, puede llegarse a descubrir.

 

 

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El caso de “EL VIGILANTE”

 

Para estudiar este interesante caso debemos remitirnos al libro del profeta Daniel:

“Ví en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo…Y en cuanto a lo que vió el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo y decía: cortad el árbol y destruidlo; mas la cepa de sus raices dejaréis en la tierra…”

Daniel 4:13,23

En este caso la versión bíblica al español nombra a este ser de manera imprecisa con el vocablo “vigilante” como apelativo pues, en hebreo, lo que puede entenderse a partir de la palabra usada en ese idioma es que este ser tiene los ojos muy grandes y muy abiertos.

El término “vigilante” que normalmente en hebreo definiría, no una característica física, sino una función encomendada como cargo o una responsabilidad de vigilar, sería “natsar”, que significa hacer guardia para vigilar y también vigilante. Este término pudiera ser aplicado a animales y también, eufemísticamente, a cosas. Para personas en tal actividad o actitud de vigilante se utilizaría, preferiblemente, el término “tsafa” lo cual significa inclinarse hacia delante oteando a la distancia en actitud de espera y vigilia o aquel que tal cosa hace.

También pudiera hacerse referencia a una persona con la ocupación y actitud de vigilar usando el vocablo “shamar”, que define a quien sigue cuidadosamente los movimientos de algo o de alguien, el desarrollo de algo, quien vela un proceso en marcha.

Pero ninguno de estos términos se usa para referirse a esta criatura que menciona el texto

bíblico, lo que se dice es que sus ojos son muy grandes y muy abiertos y para ello se usó el vocablo hebreo “iyr”.

 

Alien. Illustration copyrighted.Alien. Illustration copyrighted.Alien. Illustration copyrighted.Alien. Illustration copyrighted.Alien. Illustration copyrighted.Alien. Illustration copyrighted.

Sigue siendo para mí una interrogante por qué motivo los que tienen la responsabilidad de hacer las versiones en español no han utilizado, en esta y otras muchas ocaciones, los términos que brinden el mensaje exacto.

Dice el texto que este ser de ojos muy grandes y abiertos “descendía” del cielo, usando la forma verbal “yarad” que, además de descender o bajar de lo alto, presenta también un aspecto causativo que implica intencionalidad o lo que ocurre como efecto de una causa intencional: hacer que algo descienda manipuladamente, traer hacia abajo de una manera controlada, dirigida, con cuidado, tal como lo haría un piloto para hacer aterrizar su avión.

Dice el texto que este vigilante descendía (o era traído y puesto sobre la tierra) desde el “cielo”, y aquí no se utiliza en hebreo el vocablo que se refiere al cielo que naturalmente conocemos y vemos todos los días.

Para la palabra “cielo” en otros lugares de la Biblia se utiliza “shachak”, cuyo significado puede ser pequeña nube de vapor o polvo, se interpreta como cielo por analogía, como pequeño vapor revuelto o agitado y como la atmósfera circundante. El texto que nos ocupa, Daniel 4:13,23, utiliza una palabra de mayor magnitud y profundidad que es “shamayin” cuyo significado es estar como elevado o flotando en el espacio que no sólo, incluye al arco visible del firmamento en el cual se mueven las nubes, también alude al eter celestial en el que se mueven los planetas, el Universo profundo en toda su posible dimensión o dimensiones.

 

 

Galaxy.The Universe. Illustration copyrighted.

 

 

 

 

Quiere decir, que este vigilante de ojos grandes fue instrumental y causativamente o intencionalmente traído y puesto o depositado aquí en la Tierra desde algún lugar en lo profundo del Universo.

El texto continúa diciendo que este ser “dijo”, sin embargo, en el original hebreo se lee “dijo gritando alto” usando las palabras “kerá”, gritó; “chakil”, alto; “amar”, dijo.

El vocablo “kerá” tiene el sentido de dar voces llendo al encuentro o aproximándose como para abordar, “chakil” tiene el sentido de autoridad y firmeza, poder y fuerza en el tono con que se habla, “amar” indica una forma imperativa, demandante, determinante y declarativa al hablar. Es fácil tener una idea de cómo se manifestó este “vigilante”, que, no cabe dudas, es enviado por Dios pues así lo describe el profeta como “kodeesh”, “santo”, pero , también sin dudas, es una criatura muy interesante.

 

 

 

El caso de “LOS TRONOS DE DIOS”

Comience este estudio leyendo en el libro del patriarca Job:

 

 

“El encubre la faz de su trono, y sobre él extiende su nube.”

Job 26:9

En este versículo la palabra hebrea para “trono” es “kissé”, la misma que se utiliza en la Biblia para referirse al trono en que , normalmente, un rey humano toma asiento. Lo que llama aquí mi atención son otras dos o tres palabras con relación a este trono:

“Faz”, en hebreo “panim”, es un sustantivo de uso poco común pero que puede tener una gran cantidad de aplicaciones y entre ellas “la pesada parte superior delantera” de algo que, además, se asemeja a “una piedra o un rubí redondo”.

Ya se puede comprender que no se esta refiriendo a un rostro o faz normalmente hablando lo que se oculta o encubre en este “trono”, que, como también se evidencia, no es igual a otro trono común.

La palabra “faz” utilizada en español no es suficientemente explicita para la idea que la Escritura en hebreo busca que un lector tenga acerca de este trono.

Otra palabra que es objeto de análisis es “encubre”, en hebreo “achaz”. Que más que encubrir u ocultar, indica una destreza en la manipulación, como una prestidigitación que tapa de la vista el movimiento o posición de un objeto, tal como lo haría un mago en un truco de ilusionismo sin perder la posesión o control del mismo e incluye acciones como levantar, coger, depositar, mover, desplazar, etc, de modo inadvertido para otros.

Presto atención también a la palabra utilizada aquí para “nube”, “anan”, la cual ya he tratado en estudios anteriores y que se refiere a una forma nubosa como un nimbo que cubre el cielo, una nube que es específicamente negra y espesa como de trueno o tormenta, pero esta palabra también presenta un aspecto causativo por el cual indica que álguien actúa encubiertamente como para efectuar encantamientos o magia. Otras palabras que se usan cuando la Escritura se refiere a nubes normales son “ab” o “abby”, lo que indica que “anan”, término que únicamente se utiliza cuando se hace alusión a la nube de Dios, o que se relaciona con las obras de Dios, no se refiere a una nube normal o natural.

Sobre esta “anan” o nube especial de Dios se dice, además, que El la “extiende” sobre el trono. Existen varias formas en hebreo para decir que algo se extiende o se expande sobre otra cosa para cubrirla:

“raaka”, usada en Isaías 40:19 para decir que algo se cubre con oro que se le expande encima; “parash”, se usa en Deuteronomio 32:11 para indicar como un águila expande o extiende sus alas para encubrir a sus crías; “matash” utilizada en Isaías 40:22 refiriéndose a como se extiende y se abre una tienda de campaña para meterse debajo de ella a vivir, pero en este versículo acerca del trono de Dios, sobre el cual El “extiende” su nube “anan” se usa el verbo hebreo “parshez”, que se forma combinando los verbos “parash”, “paraz” y “pareshdon”.

Las acciones que tal combinación de verbos sugiere tener en cuenta incluyen incrustar una cosa sobre otra, como para camuflagear, justamente, esta palabra hebrea tiene relación con lo que en español se conoce como “parche”, para ocultar un hueco en la ropa y no sea visto ni notado,  ajustar una cosa sobre otra por partes, como ensamblando o articulando, unir o dispersar partes que ensamblan, todo lo cual induce a pensar en el proceso de armar y desarmar, montar y desmontar algo técnicamente, más que en un simple asiento estático dentro de un sólido palacio donde es difícil imaginar que entre una nube natural y lo cubra con su neblina.

En otra referencia que este profeta hace al trono de Dios se encuentran más especificaciones interesantes sobre el mismo:

“Estuve mIrando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.”

Daniel 7:9

El texto dice que el trono donde se sentó el anciano “fue puesto” junto a otros más, pero no dice puesto por quién, lo que se conoce gramaticalmente como una voz pasiva, la cual omite al sujeto que actúa, y además, a los tronos se les menciona con la característica de tener “ruedas” y también “fuego en las ruedas”. Si este o estos “tronos” pueden ser puestos desde arriba, como posándose, levantados, trasladados de un lugar a otro produciendo fuego al hacerlo y además, tienen ruedas, a estos “tronos” se les hace despegar, volar y aterrizar de alguna forma propulsada, sencillamente son un tipo de nave espacial. Estamos hablando de una tecnología aérea en los tiempos bíblicos. Puede decirse más, el versículo dice que fueron “puestos” tronos.  El vocablo hebreo para “puestos” es “remá”, un verbo que muy específicamente alude a la acción de “ser lanzado y caer posándose desde el aire”.

Tengo un vecino, cuyo nivel educacional vencido es la enseñanza secundaria básica. Es albañil de oficio. Le dije lo siguiente: supón que tienes que ponerle nombre a algo en lo cual es posible sentarse para levantarlo del suelo, hacerlo volar de un lugar a otro, hacerlo posarse de nuevo en la tierra, tiene ruedas y cuando se traslada produce fuego. Dime como lo llamarías. Mi vecino no titubeó para pronunciar la palabra “cohete”.

 

 

Usando el razonamiento que, no por gusto, Dios mismo nos dió, es posible deducir, a partir de estos pocos datos, que estos tronos no son más que artefactos interestelars piloteados por determinado tipo de seres, tal vez iguales parecidos o diferentes al ya mencionado “vigilante”.

Evidentemente son seres enviados por Dios, sin embargo, es un tipo de entidad que, al necesitar naves para su traslado, no parece ser tan sutil o etérea, como quizás nos imaginaríamos a otro tipo de ser ángelical o espíritu. Este es un tipo de ser más material o denso que, evidentemente, necesita la instrumentalizad, los medios objetivos para actuar, en este caso, las naves “tronos”para viajar en el espacio. En su forma y constitución física,  y aun sometidos al gobierno universal del mismo Dios que todo lo creó para sí, incluídos los “tronos” “kissé”, según lo declara en Colosenses 1:16,  bien pueden ser los habitantes de cualquier otro planeta, o planetas,  en nuestro desconocido Universo, quienes, en obediencia o rebelión a “ Dios”, desde hace mucho más tiempo que el que muchos imaginan o están dispuestos a admitir y, a veces con mejores, otras con peores intenciones, han estado visitándonos, dejando su indeleble huella en la arqueología, las pictografías, la tradición, la experiencia humana e incluso, la religión y la escritura.

 

 

El caso de “HORNOS Y ANTORCHAS VOLANTES”

 

Le propongo ahora pensar en un aborigen, un indígena como los encontrados por los colonizadores españoles cuando llegaron al continente americano. Un Hatuey, por ejemplo y tómese unos minutos para tratar de ponerse en el lugar de este individuo, en su época, con los simples conocimientos de la naturaleza y de todas las cosas que le rodeaban tal como fueran en aquel momento y en esa condición piense que le colocan delante una computadora actual. Piense qué le diría a otro indígena para contarle lo que vió con sus propios ojos. Por supuesto, para usted las palabras teclado, pantalla, mouse, electrónica o internet y muchas otras más que necesitaría no existen, no las conoce. Es lógico que tiene que acudir a comparaciones simples con lo que usted vive y ve en su mundo cotidiano. Con esta idea en mente le invito a abrir la Biblia de nuevo y leer:

 

Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y

 

una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos “

Génesis  15:17

 

Imagine usted una vaquería, según las evidencias arqueológicas las de entonces no eran precisamente pequeñas, con cuartones y cuartones de cientos de cabezas de ganado, divididas, tal vez, por caminos y trillos. Imagine entonces en medio de ese entorno un objeto discordante como un horno que, además, volaba solito. Así como lo plantea el texto llano de la Biblia es imposible hacérselo creer a álguien medianamente inteligente. Como tampoco es razonable la presencia de una antorcha volando sola. Álguien tendría que portarla para alumbrarse, pero además, la palabra “antorcha” nos hace pensar, al menos en español, en una forma primitiva de alumbrarse, un pedazo de madera encendido en uno de sus extremos y sujetado por el otro. Resulta que ir de regreso al idioma hebreo nos traerá otra sorpresa. Si en este versículo se estuviera hablando de la antorcha primitiva descrita anteriormente se utilizarían los vocablos hebreos “pladá” o “llávín”, que en otros versículos sí se refiere al madero incendiado sostenido en la mano, pero el término hebreo utilizado aquí es “paroikía” de la raíz “paroíko”  que significa algo extraño, algo que no se conoce porque viene del extranjero, no conocido o no bien identificado. Asombrosamente la concordancia exhaustiva “J.Strong”, una de las más prestigiosas y autorizadas para los idiomas hebreo-arameo y griego, muy utilizada también por los estudiosos cristianos, establece que una acepción para esta palabra es “alienígena”, “habitante de otro lugar”.

De manera que, el escritor bíblico estaba hablando de algo que para nada podemos interpretar como una antorcha. ¿Qué pasaba por la mente de quien hizo la versión al español?, ¿Por qué ocultar tan importante verdad? De analogías como esta, bien analizadas y tenidas en cuenta, se puede extraer el verdadero mensaje que la Biblia nos aporta y que tan importante resulta en un tema como la posible existencia de un paleocontacto, aunque narrado con el insuficiente lenguaje de los escritores bíblicos. Dice el texto bíblico lo siguiente, refiriéndose a los días postreros, en los cuales todo cristiano estudioso sabe que nos encontramos: “En aquel tiempo…los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad, pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará…” (Daniel 12:1_4)  Pienso que sí, que la Biblia, los tan controvertidos OVNI y las no menos controvertidas EBE tienen mucho en común y que, al contrario de ir en detrimento de la magnificencia del Dios que por nuestras versiones bíblicas en español adoramos, lo que hace es ampliar nuestro campo de conocimientos acerca de EL, para su gloria honra y alabanza.

 

FIN