SERIE “
PRIMERA PARTE.
Ciudad de
Por el pastor Rev. Jesús Diez Silva.
Usted puede contactar con el autor por medio del
siguiente correo electrónico
jesusdiez43@yahoo.com o escribiendo al siguiente apartado postal
Jesús
Diez Silva Apartado 2298 Habana 2 C.P. 10200
En los
siguientes estudios he tratado de cumplir con el mandamiento dado por el Señor
Jesucristo, de forma muy encarecida: “escudriñad las
Escrituras” Juan 5:39. Y si esto les fue dicho a aquellos judíos que se le
oponían y le perseguían, cuanto más no deberemos hacerlo nosotros, los que
defendemos y predicamos sus doctrinas.
Partiendo de lo
que etimológicamente debe entenderse por “escudriñar”
en idioma hebreo, se comprenderá inmediatamente que no es tarea fácil ni somera
la que se está asignando a quienes deseen saber con exactitud el mensaje de
Dios para los destinatarios de este Texto Sagrado. La palabra hebrea “chafas” que
se interpreta en español como “escudriñar”, no significa sencillamente buscar,
sino que se refiere a una búsqueda profunda que requiere esfuerzo e investigación,
el termino hebreo visto según su semántica literalmente
significa quitar la máscara que cubre algo, quitar una capa de encima de otra
hasta llegar al objetivo, conciliar una cosa con otra, quitar un disfraz que
oculta. Esto parece sugerir que a los nativos del idioma hebreo no les
resultó extraño ni difícil comprender que debajo del texto llano de
llll
El caso de “EL VIGILANTE”
Para estudiar
este interesante caso debemos remitirnos al libro del profeta Daniel:
“Ví
en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un
vigilante y santo descendía del cielo…Y en cuanto a lo que vió el rey, un
vigilante y santo que descendía del cielo y decía: cortad el árbol y
destruidlo; mas la cepa de sus raices dejaréis en la tierra…”
Daniel
4:13,23
En este caso la
versión bíblica al español nombra a este ser de manera imprecisa con el vocablo
“vigilante” como apelativo pues, en hebreo, lo
que puede entenderse a partir de la palabra usada en ese idioma es que este ser
tiene los ojos muy grandes y muy abiertos.
El término
“vigilante” que normalmente en hebreo definiría, no una característica física,
sino una función encomendada como cargo o una responsabilidad de vigilar, sería
“natsar”, que significa hacer guardia para vigilar y también
vigilante. Este término pudiera ser aplicado a animales y también,
eufemísticamente, a cosas. Para personas en tal actividad o actitud de
vigilante se utilizaría, preferiblemente, el término “tsafa” lo cual significa
inclinarse hacia delante oteando a la distancia en actitud de espera y vigilia
o aquel que tal cosa hace.
También pudiera
hacerse referencia a una persona con la ocupación y actitud de vigilar usando
el vocablo “shamar”,
que define a quien sigue cuidadosamente los movimientos de algo o de alguien,
el desarrollo de algo, quien vela un proceso en marcha.
Pero ninguno de
estos términos se usa para referirse a esta criatura que menciona el texto
bíblico, lo que
se dice es que sus ojos son muy grandes y muy abiertos y para ello se usó el
vocablo hebreo “iyr”.
Sigue siendo
para mí una interrogante por qué motivo los que tienen la responsabilidad de
hacer las versiones en español no han utilizado, en esta y otras muchas
ocaciones, los términos que brinden el mensaje exacto.
Dice el texto
que este ser de ojos muy grandes y abiertos “descendía”
del cielo, usando la forma verbal “yarad” que, además de descender o bajar de lo
alto, presenta también un aspecto causativo que implica intencionalidad o lo
que ocurre como efecto de una causa intencional: hacer que algo descienda
manipuladamente, traer hacia abajo de una manera controlada, dirigida, con cuidado,
tal como lo haría un piloto para hacer aterrizar su avión.
Dice el texto
que este vigilante descendía (o era traído y puesto sobre la tierra) desde el “cielo”, y aquí no se utiliza en hebreo el vocablo que
se refiere al cielo que naturalmente conocemos y vemos todos los días.
Para la palabra
“cielo” en otros lugares de


Quiere decir,
que este vigilante de ojos grandes fue instrumental y causativamente o
intencionalmente traído y puesto o depositado aquí en
El texto
continúa diciendo que este ser “dijo”, sin
embargo, en el original hebreo se lee “dijo gritando
alto” usando las palabras “kerá”, gritó; “chakil”, alto; “amar”, dijo.
El vocablo “kerá”
tiene el sentido de dar voces llendo al encuentro o aproximándose como para
abordar, “chakil” tiene el sentido de autoridad y firmeza, poder y
fuerza en el tono con que se habla, “amar” indica una forma imperativa, demandante,
determinante y declarativa al hablar. Es fácil tener una idea de cómo se
manifestó este “vigilante”, que, no cabe dudas,
es enviado por Dios pues así lo describe el profeta como “kodeesh”, “santo”,
pero , también sin dudas, es una criatura muy interesante.

El caso de “LOS TRONOS DE
DIOS”
Comience este
estudio leyendo en el libro del patriarca Job:
“El
encubre la faz de su trono, y sobre él extiende su nube.”
Job
26:9
En este
versículo la palabra hebrea para “trono” es “kissé”,
la misma que se utiliza en
“Faz”, en hebreo “panim”, es un sustantivo de uso poco común pero
que puede tener una gran cantidad de aplicaciones y entre ellas “la pesada parte superior delantera” de algo que,
además, se asemeja a “una piedra o un rubí redondo”.
Ya se puede
comprender que no se esta refiriendo a un rostro o faz normalmente hablando lo
que se oculta o encubre en este “trono”, que, como también se evidencia, no es
igual a otro trono común.
La palabra
“faz” utilizada en español no es suficientemente explicita para la idea que
Otra palabra
que es objeto de análisis es “encubre”, en
hebreo “achaz”.
Que más que encubrir u ocultar, indica una destreza en la manipulación, como
una prestidigitación que tapa de la vista el movimiento o posición de un
objeto, tal como lo haría un mago en un truco de ilusionismo sin perder la
posesión o control del mismo e incluye acciones como levantar, coger,
depositar, mover, desplazar, etc, de modo inadvertido para otros.
Presto atención
también a la palabra utilizada aquí para “nube”,
“anan”, la
cual ya he tratado en estudios anteriores y que se refiere a una forma nubosa
como un nimbo que cubre el cielo, una nube que es específicamente negra y
espesa como de trueno o tormenta, pero esta palabra también presenta un aspecto
causativo por el cual indica que álguien actúa encubiertamente como para
efectuar encantamientos o magia. Otras palabras que se usan cuando
Sobre esta “anan”
o nube especial de Dios se dice, además, que El la “extiende”
sobre el trono. Existen varias formas en hebreo para decir que algo se extiende
o se expande sobre otra cosa para cubrirla:
“raaka”, usada en Isaías 40:19 para decir que
algo se cubre con oro que se le expande encima; “parash”, se usa en Deuteronomio 32:11 para indicar como un águila
expande o extiende sus alas para encubrir a sus crías; “matash” utilizada en Isaías 40:22 refiriéndose a como se extiende y se
abre una tienda de campaña para meterse debajo de ella a vivir, pero en este
versículo acerca del trono de Dios, sobre el cual El “extiende” su nube “anan”
se usa el verbo hebreo “parshez”, que se forma combinando los verbos “parash”, “paraz” y “pareshdon”.
Las acciones
que tal combinación de verbos sugiere tener en cuenta incluyen incrustar una
cosa sobre otra, como para camuflagear, justamente, esta palabra hebrea tiene
relación con lo que en español se conoce como “parche”, para ocultar un hueco en la ropa y no sea visto ni
notado, ajustar una cosa sobre otra por partes, como
ensamblando o articulando, unir o dispersar partes que ensamblan, todo lo cual
induce a pensar en el proceso de armar y desarmar, montar y desmontar algo
técnicamente, más que en un simple asiento estático dentro de un sólido palacio
donde es difícil imaginar que entre una nube natural y lo cubra con su neblina.
En otra
referencia que este profeta hace al trono de Dios se encuentran más
especificaciones interesantes sobre el mismo:
“Estuve
mIrando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un anciano de días, cuyo
vestido era blanco como la nieve y el pelo de su cabeza como lana limpia; su
trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.”
Daniel
7:9
El texto dice
que el trono donde se sentó el anciano “fue puesto” junto
a otros más, pero no dice puesto por quién, lo que se conoce gramaticalmente
como una voz pasiva, la cual omite al sujeto que actúa, y además, a los tronos
se les menciona con la característica de tener “ruedas”
y también “fuego en las ruedas”. Si este o estos “tronos” pueden ser puestos desde
arriba, como posándose, levantados, trasladados de un lugar a otro produciendo
fuego al hacerlo y además, tienen ruedas, a estos “tronos” se les hace despegar,
volar y aterrizar de alguna forma propulsada, sencillamente son un tipo de nave
espacial. Estamos hablando de una tecnología aérea en los tiempos bíblicos.
Puede decirse más, el versículo dice que fueron “puestos” tronos. El vocablo hebreo para “puestos” es “remá”, un verbo que muy específicamente alude a
la acción de “ser lanzado y caer posándose desde el
aire”.
Tengo un
vecino, cuyo nivel educacional vencido es la enseñanza secundaria básica. Es
albañil de oficio. Le dije lo siguiente: supón que tienes que ponerle nombre a
algo en lo cual es posible sentarse para levantarlo del suelo, hacerlo volar de
un lugar a otro, hacerlo posarse de nuevo en la tierra, tiene ruedas y cuando
se traslada produce fuego. Dime como lo llamarías. Mi vecino no titubeó para
pronunciar la palabra “cohete”.

Usando el
razonamiento que, no por gusto, Dios mismo nos dió, es posible deducir, a
partir de estos pocos datos, que estos tronos no son más que artefactos
interestelars piloteados por determinado tipo de seres, tal vez iguales
parecidos o diferentes al ya mencionado “vigilante”.
Evidentemente
son seres enviados por Dios, sin embargo, es un tipo de entidad que, al
necesitar naves para su traslado, no parece ser tan sutil o etérea, como quizás
nos imaginaríamos a otro tipo de ser ángelical o espíritu. Este es un tipo de
ser más material o denso que, evidentemente, necesita la instrumentalizad, los
medios objetivos para actuar, en este caso, las naves “tronos”para viajar en el
espacio. En su forma y constitución física,
y aun sometidos al gobierno universal del mismo Dios que todo lo creó
para sí, incluídos los “tronos” “kissé”, según
lo declara en Colosenses 1:16, bien pueden ser los habitantes de cualquier
otro planeta, o planetas, en nuestro
desconocido Universo, quienes, en obediencia o rebelión a “ Dios”, desde hace
mucho más tiempo que el que muchos imaginan o están dispuestos a admitir y, a
veces con mejores, otras con peores intenciones, han estado visitándonos,
dejando su indeleble huella en la arqueología, las pictografías, la tradición,
la experiencia humana e incluso, la religión y la escritura.
El
caso de “HORNOS Y ANTORCHAS VOLANTES”
Le
propongo ahora pensar en un aborigen, un indígena como los encontrados por los
colonizadores españoles cuando llegaron al continente americano. Un Hatuey, por
ejemplo y tómese unos minutos para tratar de ponerse en el lugar de este
individuo, en su época, con los simples conocimientos de la naturaleza y de
todas las cosas que le rodeaban tal como fueran en aquel momento y en esa
condición piense que le colocan delante una computadora actual. Piense qué le
diría a otro indígena para contarle lo que vió con sus propios ojos. Por
supuesto, para usted las palabras teclado, pantalla, mouse, electrónica o
internet y muchas otras más que necesitaría no existen, no las conoce. Es
lógico que tiene que acudir a comparaciones simples con lo que usted vive y ve
en su mundo cotidiano. Con esta idea en mente le invito a abrir
“Y sucedió que
puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y
una antorcha de fuego que pasaba por
entre los animales divididos “
Génesis 15:17
Imagine usted una vaquería, según
las evidencias arqueológicas las de entonces no eran precisamente pequeñas, con
cuartones y cuartones de cientos de cabezas de ganado, divididas, tal vez, por
caminos y trillos. Imagine entonces en medio de ese entorno un objeto
discordante como un horno que, además, volaba solito. Así como lo plantea el
texto llano de
De manera que, el escritor bíblico
estaba hablando de algo que para nada podemos interpretar como una antorcha.
¿Qué pasaba por la mente de quien hizo la versión al español?, ¿Por qué ocultar
tan importante verdad? De analogías como esta, bien analizadas y tenidas en
cuenta, se puede extraer el verdadero mensaje que
FIN