¿CREE USTED EN LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA?
Enrique Soto Ramírez [1]
Muchas son las personas que asumen una firme posición de rechazo ante
las múltiples evidencias y argumentos que explican la evolución
biológica que ha tenido lugar, y que incluso aún tiene lugar,
en el planeta Tierra. Una situación como ésta nos lleva a meditar
sobre la siguiente interrogante: ¿cuáles pueden ser las razones
para no aceptar algo que la ciencia ha demostrado de forma tan fehaciente?
No hay duda que la respuesta principal a la pregunta anterior está
dada en el desconocimiento. Es lógico pensar que para aquellos que
no han tenido la posibilidad de adentrarse en el complejo mundo de la Biología,
la evolución de los seres vivos puede parecer algo inaceptable, carente
de todo sentido común.
Si comenzamos a variar nuestra perspectiva de la observación y la hacemos
cada vez más profunda y sistemática, podremos percatarnos de
que todo cuanto existe a nuestro alrededor se encuentra en un constante cambio,
en una transformación continua. Hasta nosotros mismos cambiamos incesantemente,
desde la manera en que pensamos y actuamos, hasta los propios cambios físicos
que experimentamos desde la niñez más temprana, hasta la vejez
más tardía.
Una mirada acuciosa podrá advertir que en los objetos y fenómenos
del mundo que nos rodea operan cambios físicos, químicos, cambios
de posición, de movimiento; en otras palabras, todo cuanto existe a
nuestro alrededor se encuentra, sin duda alguna, sometido a ininterrumpidos
cambios. Pero si esto es así ¿por qué rechazar entonces
la evolución biológica, si ésta es, en definitiva, una
sucesión de cambios que permiten la transformación de unas especies
en otras?
La cuestión radica en que todos los cambios que se pueden constatar
como parte de nuestras propias vivencias, de las experiencias de la vida cotidiana,
resultan ser aceptados. Nadie pondría en duda que sus hijos van a crecer
y que todos envejecemos y finalmente morimos, pues estos cambios forman parte
de la experiencia vivida por los seres humanos. ¿Y entonces por qué
no aceptar los cambios que conducen a la evolución de los organismos
vivos?
Todo parece ahora develarse con más claridad: los cambios evolutivos
que han dado lugar a la enorme diversidad de seres vivos, a lo largo de toda
la historia biológica del planeta Tierra, son cambios que operan en
extensos períodos de tiempo. He aquí la razón principal
para no aceptar la evolución biológica, pues la formación
de unas especies a partir de otras es algo que no ha formado parte de lo que
ha podido constatar, personalmente, el ser humano.
La evolución de los seres vivos transcurre en la Tierra desde hace
alrededor de 3 600 millones de años y en ese tiempo han surgido, por
evolución, más de mil millones de especies, de las cuales en
la actualidad viven solamente el 0,1% aproximadamente.
Las especies han aparecido y desaparecido a lo largo del tiempo producto de
los cambios que han ocurrido en ellas mismas y en las condiciones ambientales
bajo las cuales han vivido. Pero: ¿qué evidencias tenemos de
todo esto? Hagamos algunas reflexiones a continuación para enfrentar
esta nueva interrogante con una respuesta científicamente fundamentada.
En términos biológicos la palabra cambio suele sustituirse por
la de variación, clasificándose las variaciones en cualitativas
y cuantitativas. Tales variaciones han acompañado a la evolución
biológica desde sus mismos inicios, dando lugar a la enorme diversidad
de formas, colores, tamaños y niveles de complejidad que se aprecia
en los seres vivos. Así tenemos organismos tan pequeños y simples
como las bacterias y tan grandes y complejos como pueden ser las ballenas
o los propios seres humanos, extremos entre los cuales es posible encontrar
una extensa gama de seres vivientes que ponen de manifiesto esa enorme diversidad
dentro de una gran unidad.
Es válido advertir que resulta más sencillo, a los ojos del
observador común, descubrir la gran diversidad existente entre los
seres vivos, pues la unidad parece estar, aunque sólo en apariencia,
mucho más oculta. Precisemos esta idea mediante la comparación
de dos organismos cualesquiera que a primera vista muestran diferencias muy
significativas: ellos pueden ser muy distintos en cuanto a tamaño,
estructuras corporales, colorido e incluso en cuanto a los grados de complejidad,
pero al final ambos están formados por células cuyos múltiples
principios morfológicos y fisiológicos son semejantes, ambos
llevan a cabo la transmisión de los caracteres hereditarios utilizando
el material genético que contienen los genes y ambos realizan la totalidad
de las actividades que garantizan la vida mediante todas las reacciones químicas
que conforman el metabolismo.
Lo expresado anteriormente define la unidad, el parecido que es común
a todos los organismos vivos, pero ¿cuál es la moraleja de todo
esto? Pues bien, la moraleja consiste en que los seres vivos, por mucho que
aparentemente se diferencien, siempre van a compartir un extraordinario parecido,
la unidad dentro de la diversidad, y esto se debe a las relaciones de parentesco
que existen entre ellos, porque en esencia el origen de todos es el mismo,
o en otras palabras, las especies han derivado unas de otras por evolución.
La reflexión, a manera de conclusión, es finalmente la siguiente:
si las especies derivan evolutivamente unas de otras, entonces deberán
compartir caracteres comunes.
Profundicemos aún más en estas consideraciones y para ello tomemos
como ejemplo a los animales que integran el grupo de los vertebrados: peces,
anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Este grupo zoológico posee
en su estructura, y en sus funciones, distintas unidades de plan, pero veamos
la unidad de plan que se establece en los corazones de estos animales. Los
peces poseen un corazón con dos cavidades, una aurícula y un
ventrículo, mientras que el corazón de los anfibios está
conformado por dos aurículas y un ventrículo. Al analizar el
caso de los reptiles se puede apreciar que la mayoría de las especies
poseen corazones con dos aurículas y un ventrículo semitabicado,
hasta llegar a las aves y los mamíferos, donde ese órgano es
aún más complejo, pues en ellos se aprecia la existencia de
dos aurículas y dos ventrículos.
El aumento de la complejidad que acompaña a la evolución de
las especies trae consigo una mayor eficiencia biológica, pues un corazón
con cuatro cavidades posibilita que se mantenga separada la sangre rica en
oxígeno de la sangre que contiene esencialmente dióxido de carbono,
lo que resulta en mayores beneficios para llevar a cabo una actividad muscular
más intensa y con movimientos más ágiles y efectivos.
El estudio del registro fósil realizado durante muchos años
de investigación científica muestra, de manera clara y objetiva,
buena parte de la historia de la evolución biológica que ha
acontecido en nuestro planeta. Esto ha permitido, mediante la aplicación
de técnicas de fechado, constatar el tiempo en que vivieron las especies
extinguidas de forma natural y la estructura de éstas ofrece importante
información en cuanto a la posición que ocupan en el sistema
evolutivo, resultando factible interpretar el nivel de complejidad de las
mismas.
Lo anteriormente expresado pone en evidencia que los fósiles constituyen
una prueba directa de la evolución, mostrando el curso de la misma
desde formas biológicas sencillas a otras cada vez más complejas.
Los estratos geológicos que conforman la parte sólida del planeta
se sitúan unos sobre otros, de forma tal que en los más antiguos,
por lo general más profundos, resulta posible encontrar los fósiles
de organismos menos evolucionados, y en los estratos más recientes
y superficiales, los organismos fosilizados de mayor grado de complejidad
biológica y por ende de una posición evolutiva superior. Ello
pone en evidencia la correspondencia entre la edad de los fósiles y
la de los estratos geológicos en que estos se encuentran, de manera
tal que fósiles muy antiguos no se asocian jamás a estratos
modernos y viceversa.
Queda pues establecido, de todo lo expresado, que los organismos vivos muestran
un aumento de la complejidad biológica con el curso del tiempo en que
ha transcurrido la evolución, haciéndose posible mediante este
postulado general que los científicos hayan ido situando a las diferentes
especies en las distintas posiciones que conforman el sistema evolutivo.
Otra cuestión importante es llamar la atención del lector sobre
la evidencia que ofrecen los llamados fósiles de transición.
Podemos citar, entre otros, dos casos bien conocidos y argumentados: el Ichthyostegas,
un organismo del período devónico en cuya estructura corporal
aparecen caracteres de peces y anfibios y el Archaeopteryx, del jurásico,
que mezcla características de reptiles y aves. Estos fósiles
de transición permiten, entre otras muchas razones científicas,
afirmar que los anfibios surgen evolutivamente de determinados peces primitivos
y las aves de determinados reptiles también primitivos.
Atendiendo a todo lo expresado es bueno dejar muy en claro el caso particular
del hombre moderno, el Homo sapiens. Esta es sin duda alguna la más
compleja y eficiente de todas las especies que existen y hayan existido jamás
en el planeta Tierra. La inteligencia superior y la capacidad de producir
y transmitir cultura, así como la peculiaridad de transformar su entorno
de manera consciente, sitúan al hombre en una posición cimera.
Somos una especie reciente, muy reciente, no poseemos más de 140 mil
o 150 mil años de existencia, pues para poder alcanzar el más
alto grado de complejidad, eficiencia biológica y social, ha tenido
que transcurrir un extraordinario período de tiempo.
El tema de la evolución biológica es sin duda muy difícil
de poder explicar en el corto espacio de que disponemos, incluso no hemos
pretendido llevar a cabo tal explicación. De lo que se trata es de
profundizar en algunas reflexiones que pueden ofrecer ciertas posibilidades
para enfrentar la interrogante que le da título al presente artículo.
Quizás, después de haber meditado en el texto del mismo, el
lector estará en mejores condiciones de responder a la pregunta: ¿Cree
usted en la evolución biológica?
[1] Enrique Soto Ramírez. Doctor en Ciencias y Profesor Titular de Ecología
y Evolución de la Universidad Pedagógica de Matanzas, Cuba.