La treponematosis precolombina en Cuba
Ercilio Vento Canosa
Introducción
Desde el descubrimiento de la sífilis precolombina
en Perú por Hiram Binhgam, el controvertido tema del origen de las treponematosis
ha estado ocupando el interés de los paleopatólogos, tanto del Nuevo como
del Viejo Mundo, en una suerte de discusión que cada año reúne a especialistas
que pretenden encontrar una explicación conciliatoria, es decir, probar que
el origen de la enfermedad está en uno de los dos lados del Atlántico o, como
parece ser, se encuentra en ambos consecutivamente.
Para muchos investigadores de la arqueología contemporánea
no suficientemente informados de esta entidad patológica y sus implicaciones
en el contexto aborigen americano, la sífilis fue una viajera más en las naves
del descubrimiento y la conquista, cuando existe un abrumador número de evidencias
que demuestran suficientemente que el contagio de los incursotes en América,
llevó a Europa una variante de las infecciones por treponema que luego se
desarrolló en el seno de otro ambiente demográfico, epidemiológico, geográfico
e higiénico-sanitario dando lugar a una verdadera explosión patológica hacia
1504.
Como quiera que el tema de la paleopatología es superficialmente
abordado, cuando se hace, en la investigación corriente de la prehistoria,
procede abundar en el asunto sobre la base de los hallazgos producidos en
los últimos años, tanto en Cuba como en el resto de las Antillas. La importancia
fundamental radica en el obvio hecho que las enfermedades viajan junto con
el hombre, de modo que se convierten en uno de los más trascendentes testimonios
de la actividad humana, tanto de las rutas que pudo haber seguido en este
peregrinar continuo, como de las razones de una mayor o menor expectativa
de vida.
Los primeros estudios de paleopatología aborigen cubana,
propiamente dichos, son los que realiza el Dr. Manuel Rivero de la Calle en
ocasión del hallazgo de la Cueva de la Santa en La Habana. En esta ocasión,
Rivero no hace referencia a las treponematosis y la obra presentada cursa
principalmente sobre aspecto de orden traumático. En 1972, el Dr. Fernando
Luna Calderón halló restos con evidencias de treponematosis en la colección
Krugger, depositada en la Smithsonian Institution, en Washington, cuya procedencia
se localizaba en el sitio Naranjo Arriba, cerca de la bahía de Samaná en República
Dominicana. El reporte del Dr. Luna se convirtió de hecho en el primero que
se realizaba para las Antillas precolombinas.
El tema de las treponematosis en América posee actualmente
suficiente documentación como para hacer innecesaria, si no imposible, la
referencia detallada a cada uno de aportes o comentarios realizados sobre
el tema, lo cual no excusa que, a la luz de los nuevos aportes documentales
o materiales, no se realice, como el presente trabajo pretende, un abundamiento
que busque ir más allá de la presentación del asunto patológico puro, sino
su repercusión en el ámbito demográfico y epidemiológico precolombino.
En 1969, el autor halló en el sitio Cristales, en el
Valle de Canimar, en Matanzas, evidencias de lo que muy bien podían ser las
secuelas de la infección por treponema en aborígenes del período mesolítico.
La necesidad de aportar más elementos para esta sustentación argumental, obligó
a la espera de 21 años para, ya con suficiente material colectado y el examen
de más de 200 esqueletos indígenas, colocados en un intervalo del mesolítico temprano al neolítico,
poder emitir criterios al respecto, toda vez que al autor le asistía una experiencia
comparativa, documental y académica
al respecto.
En el lapso de 30 años las evidencias de treponematosis
en aborígenes de Cuba han ido aumentado lo suficiente como para sustentar
la hipótesis de que la noxa estaba difundida en la Isla antes de la migración
neolítica, que, en contraste con los hallazgos de Luna en Dominicana, no parece
haber estado masivamente afectada. En esta circunstancia es imperativo preguntarse
cual fue la vía de contagio para los conquistadores si, tentativamente, su
mayor relación se sostuvo con aborígenes agricultores y ceramistas y no recolectores,
donde la enfermedad estaba ampliamente diseminada. Al parecer, este contagio,
procedente de los grupos neolíticos no se produce en Cuba, sino en la Española
y en el extremo más oriental del archipiélago cubano. Por otra parte, queda
en suspenso la forma de transmisión entre grupos aborígenes, toda vez que
al arribo de la migración de agricultores y ceramistas ya existían poblaciones
indígenas muy afectadas por la enfermedad.
Anatomía patológica
y paleopatología descriptiva
La treponematosis es una enfermedad de partes blandas.
Su afectación al hueso se produce cuando la afectación ha permanecido demasiado
tiempo vulnerando el organismo. Hoy, sería una curiosidad médica hallar secuelas
óseas de la magnitud de aquellas que pueden apreciarse en piezas aborígenes.
Estas secuelas se consideran parte de la etapa terciaria de la enfermedad
y no se suelen manifestar en edades tempranas de la vida. La parte ósea más
atacada suele ser la diáfisis de las tibias, de modo bastante simétrico, con
respeto de las epífisis y de las partes que integran la articulación. Los
períodos más avanzados hacen que se presentan lesiones en las clavículas,
las escápulas y la calota. En los infantes, la periostitis da lugar a engrosamientos
y deformación de los huesos largos, con mayor afectación en tibia y cúbito.
Puede decirse que la primera manifestación que hace
sospechar la treponematosis es la porosidad del de la superficie ósea, que
paulatinamente se hace confluente, progresando hacia la cavitación. La resolución
de la infección de termina la cicatrización de las lesiones subperiósticas,
pero no sin dejar las huellas de la vasculitis concomitante y la pérdida de
la regularidad característica del hueso sano. Es preciso advertir que en esta
circunstancia, el paleopatólogo está obligado al diagnóstico diferencial con
otras formas de infección, entre ellas la tuberculosis y los procesos metastáticos
debidos tumores malignos, entre otras posibles causales de alteración de la
superficie subperióstica. Aunque la simetría de las lesiones suele ser la
norma, ha de tomarse con prudencia esta característica para una correcta identificación.
La población habitual que presenta las antedichas secuelas
es predominantemente adulta, entendiéndose por ello a sujetos que superan
los 18 años pero que no alcanzan los 25. Este rango etáreo no excluye el hallar
entre los infantes sujetos muy infectados en el intervalo de los tres primeros
meses de la vida. Es oportuno, en tal caso, advertir que no se trata de la
treponematosis congénita, ni en los adultos la variante venérea, sino una
forma endémica que se adquiría cuando los portadores se encontraban en período
secundario de la enfermedad y sus lesiones exudativas se ponían en contacto
con la piel erosionada de los receptores,
fenómeno nada raro dada la desnudez de los indígenas y su continua exposición
a las contusiones simples, tales como las excoriaciones.
Desarrollo
La investigación epidemiológica y paleopatológica en
los sitios donde la abundancia de material óseo lo ha permitido, especialmente
Cueva Calero y Canimar Abajo, puso de manifiesto algunas particularidades
que el tratamiento usual de la enfermedad para la prehistoria no suele tomar
en consideración. En primer término, se estaba en presencia de lugares que
fueron habitados con cierta densidad poblacional, particularmente en Canimar,
donde se produjo cierta sustitución de las costumbres primordiales de pesca
y caza por la de recolección del abundante molusco bivalvo Isognomon
sp. en los manglares circunvecinos. La cuantía de esta colecta distribuida
en el intervalo del 3 000 ANE al 1100-1200 DNE, esto es, más de 4 000 años,
permite suponer que el grupo humano asentado en el lugar comenzó a crecer
en número de habitantes, al punto de propiciar cierto desequilibrio de la
ecología regional, dado que la intensidad de consumo del molusco no permitía
su repoblación espontánea.
Al menos entre el 200 DNE al 1000 DNE la población
aborigen de Canimar era de un valor considerable, en comparación con lo que
suele verse en otras localidades. Cueva Calero, cerca del poblado de Cantel
reveló con sus 66 enterramientos que en una etapa tan remota como puede serlo
el 3 000 ANE ya existían individuos atacados por el treponema, cuyos restos
presentan diversas variedades de afectación. En Canimar, más del 50 % de la
población moría antes de alcanzar los 11 años, quizás por la concurrencia
de otros elementos patológicos como puede serlo la anemia por parasitismo
agudo y las malformaciones congénitas. De esto último se deduce que los sujetos
estaban vinculados entre sí por diversos grados de parentesco, de modo que
su estadio de evolución familiar no había superado la fase endogámica. Es
en este grupo donde se aprecian los más floridos ejemplos de treponematosis,
con variantes morfológicas interesantes, toda vez que, además de las lesiones
clásicas, se presentan formas de cribra
porótica y cribra trabecular
en la base del cráneo, sin afectación mayor del techo orbitario, por lo que,
además de la anemia indudable, se produjo alguna forma de daño periosteal
en la zona del clivus occipital, los bordes del foramen
mágnum y los cóndilos occipitales hasta la zona de las coanas.
Resulta oportuno destacar que los aborígenes del neolítico,
vecinos en área y posiblemente concomitantes en tiempo en la etapa más temprana
de su arribo con los mesolíticos más tardíos, no presentaban afectaciones
por treponematosis, de lo que puede afirmarse, a la luz de las evidencias,
que si el mal existía entre ellos, se encontraba reducido a un marco considerablemente
estrecho, o bien se presentaba bajo formas que atacaban las partes blandas
sin provocar secuelas tempranas en los huesos. Es además notable que en Dominicana,
Luna encontrara las lesiones en sujetos precisamente neolíticos.
Es igualmente atinente señalar que algunos expertos
consultados sobre el tema muestran reserva en cuanto afirmar la presencia
de treponematosis en las Antillas precolombinas, aún cuando nunca hayan examinado
sobre el terreno los materiales óseos. Al menos
no en Cuba. No obstante respetar este grado de natural prudencia, las
lesiones se presentan de modo tan inequívoco que un planteamiento diverso
que no incluya las treponematosis peca de incompleto.
Sin embargo, dada la antigüedad de los hallazgos y
la sospecha de estos pudieran ser mucho
más pretéritos de cuanto aparentan, esto es,
correspondientes al Paleolítico, la reflexión sobre el origen primario
se impone. En el territorio norteamericano no hay sujetos afectados con datas
remotas y por el contrario se les halla con fechados posteriores al inicio
de la conquista, de lo que se desprende que, a la luz de las evidencias, no
es sostenible la hipótesis de que la enfermedad llegara a Cuba procedente
del norte en algunas de las migraciones que pudieron alcanzar la Isla en momentos
en que el descendido nivel del mar propiciaba una acercamiento geográfico
de las tierras continentales con las insulares, por esta vía, pero incuestionablemente
la entidad patológica, cualquier que fuere su forma epidemiológica, ingresó
con el hombre.
Resultados y
discusión
Hasta donde es posible estudiar la naturaleza de la
treponematosis aborigen en Cuba, es posible plantear dos situaciones importantes:
las treponematosis, en su forma de sífilis precolombina, se presenta en Cuba
bajo una variante que difiere de la
entidad en su tipo venéreo o congénito, dando lugar a un tipo endémico que
atacó a las poblaciones indígenas desde la más temprana edad, posibilitando
daños en el esqueleto que no se confunden con otros tipos de infección habida
cuenta su tipicidad y, la antigüedad de los restos afectados hace suponer
que la aparición de la enfermedad en la Isla es de data francamente remota,
por lo que puede pensarse, inclusive que fue traída por las migraciones paleolíticas
más tardías. La ausencia de restos de sujetos enfermos con datas remotas en
el norte del continente impide provisionalmente creer en una ruta patológica
desde allí hasta Cuba.
Por otra parte, la ausencia de individuos neolíticos
atacados por el mal, al menos en el norte del occidente del país, contrasta
con el hecho de haberse descubierto entre estos en República Dominicana. El
supuesto de la ausencia de la enfermedad en el neolítico cubano está dado
únicamente por la falta de evidencias, pero no faculta la total exclusión
de ingreso por esta vía migratoria. La entidad patológica pudo manifestarse
fundamentalmente en las partes blandas sin lograr dañar el sustrato óseo,
lo cual podría darse de fallecer el sujeto a una edad más avanzada que la
común para nuestros aborígenes, o bien manifestarse de modo totalmente diverso
al patrón apreciado en el mesolítico de Cuba.
Dadas las circunstancias de la insularidad, en la evolución
de la enfermedad pudieron presentarse elementos que propiciaron la diversificación
en cuanto al cuadro de presentación e incluso se llegaría a pensar en una
forma mucho menos agresiva que la que hoy se conoce Si, como es el caso, los
conquistadores llevaron a Europa la sífilis de la América prehispana, habría
que preguntarse cual es la variedad que importaron, toda vez que su contacto
fue con las comunidades más avanzadas. Muy probablemente el contagio de los
hispanos se produce en La Española y no precisamente en Cuba.
Conclusiones
La treponematosis precolombina está presente en los
aborígenes cubanos, y ampliamente extendida en el mesolítico. Su antigüedad
en la Isla podría remontarse al 3
000 ANE e inclusive a una fecha anterior.
Vistas las datas recientes de treponematosis en la
parte norte del continente, no se presume que la ruta de arribo a Cuba fuera
la norte-sur. En su lugar es posible plantear una vía de acceso que no cubre
precisamente el arco antillano, pero que parece tener su origen en el sur,
por lo que concuerda con los criterios de migración para la tradición mesolítica.
La forma de presentación de la enfermedad entre los
indígenas del mesolítico de Cuba, hace pensar una entidad de carácter menos
virulento que la actual, con posibilidad de una larga instalación en el sujeto,
dejando secuelas óseas, pero sin ser necesariamente su causa directa de muerte.
No puede, empero, desestimarse la creación de un estado morboso que colocara
al sujeto en un punto sanitario altamente vulnerable para el establecimiento
de otras entidades patológicas, entre ellas la inmunodeficiencia, las anemias
y otras enfermedades infecciosas intercurrentes
no debidas al treponema.

Foto
No. 1. Tibia de un sujeto infantil con engrosamiento de la corteza por inflamación
del periostio.

Foto
No. 2. Tibia y huesos del antebrazo, radio y cúbito con engrosamiento periosteal.

Foto No. 3. Engrosamiento del periostio y signos de
vasculitis en la extremidad diafiso-matafisaria de una tibia procedente de
Cueva Calero. Se fechó en 8 800 años AP en el Laboratorio de Datación, de
la Escuela de Biología de la Universidad de La Habana.
Bibliografía
TREPONEMATOSIS PRECOLOMBINA EN CUBA
Ercilio Vento Canosa
Resumen
Se realiza una revisión de la infección por treponema
pallidum, agente de la sífilis, en aborígenes
cubanos con una discusión sobre su existencia en la Isla en una etapa
presumiblemente anterior al 3 000 ANE, habida cuenta la antigüedad de los
restos datados y los contextos culturales a que estos están asociados. Se
presume que la entidad se presentó en su variante endémica y no bajo las formas
veneras o congénitas. Las poblaciones más atacadas fueron las del período
mesolítico cubano, sin que existan reportes dentro del material estudiado
que alcancen a los sujetos ubicados dentro del neolítico del occidente del
país, detalle que contrasta con los hallazgos de Luna calderón en La Española.
Se analizan además, las posibles vías de migración de la entidad patológica
a Cuba, excluyendo la ruta norte-sur, toda vez que las dataciones de restos
con evidencias de treponematosis aborigen americana no alcanzan datas remotas
como las observadas en Cuba. En su lugar se plantea la ruta sur-norte desde
el continente a la Isla, sin cruzar, en esta etapa, por el arco de las Antillas.
En este estudio se presentan las características de las secuelas óseas y sus
elementos diferenciales con otras noxas infecciosas en aborígenes.