Papiro Tulli: ¿Documento ufológico
o ritual?
Es indudable que el Papiro Tulli o Papiro Meteorológico
constituye uno de los temas más polémicos en el campo de la Egiptología y de la
Ufología. En el presente artículo no intento argumentar a favor ni en contra de
su legitimidad o falsedad, ya que semejante veredicto escapa a las evidencias
existentes y, sobre todo, a mis conocimientos de la escritura jeroglífica. (1) Sabemos
que sus defensores y detractores son numerosos. Y sabemos también que dicho
papiro continuará siendo tema de debate para egiptólogos y ufólogos, así como
para todo aquel que --eliminada hace siglos la absurda idea geocentrista--,
crea firmemente, como yo, en esa lógica pluralidad de mundos concebible en
nuestro Universo.
No obstante, al aplicar las claves deshermetizantes empleadas en mi
libro La Gran Rueda: una lectura decodificatoria de la Espiritualidad en los
Misterios del Antiguo Egipto, paralelamente a la lectura ufológica que ha
recibido, el Papiro Tulli se me revela como un texto de carácter eminentemente
ritual, cuya decodificación mistérica se basaría en las siguientes referencias
incluidas en su texto:
"En el año
22, tercer mes de la estación de peret (la germinación) en la hora sexta del
día (14 h.) [...] dos escribas de la Casa de la Vida vieron un círculo de fuego
que estaba viniendo por el cielo. No tenía cabeza. Su olor era desagradable.
Entonces, ellos tuvieron miedo y huyeron, [...] y fueron a decírselo a Su
Majestad. Todo está recogido en la Casa de la Vida. Su majestad reflexionó
sobre lo que había pasado. Han transcurrido muchos días después de lo ocurrido
[...] Son numerosos al igual que todo [...] Ellos brillan en el cielo como el
Sol lo hace sobre las cuatro columnas que sujetan el cielo. [...] Entonces los
círculos de fuego [...] El ejército del rey estaba (en aquel lugar) y Su
Majestad los vio (con sus propios ojos). Esto sucedió después de la hora de la
última comida. Allí arriba (en el cielo), ellos se marcharon hacia el sur. Del
cielo cayeron peces y aves [...] algo inaudito desde el comienzo de los
tiempos. (2) Su majestad
colocó incienso para apaciguar a Amón Ra, Señor de las Dos Tierras [...] en un
documento de la Casa de la Vida [...] eternidad".
Vayamos
paso a paso:
--"En el año 22…:
El Gran Arcano tarótico 22 o 0.
La índole esotérica del Tarot o Libro de Thot, al igual
que su simbolismo, son indiscutibles. Para Jung, i.e., más que una simple
mancia era el medio de proyectar las raíces arquetípicas del individuo. Para la
Cábala, un libro sagrado donde Gematria, Temura y Notariquon están
presentes como sistemas de codificación de letras, palabras y números en
calidad de símbolos universales, además de sus nexos con la astrología, los colores, los tonos musicales, las
funciones humanas y los minerales. (3)
De sus 78 cartas, 22 son Arcanos Mayores –energías o fuerzas de tipo
arquetipal-- y las 56 restantes, Arcanos Menores –fuerzas o energías mundanas
que responden a los imperativos y reclamos del cuaternario inferior. El número
22, por tanto, es relevante en el Papiro Tulli.
Como Gran Arcano, el 22 o 0 es dual: se refiere a la Religión de las
Estrellas o al Materialista, también llamado El Loco. El vencedor o perdedor en la realización de
la Gran Obra. El que lleva en sí las semillas que podrían o no florecer en la
“tierra” o “territorio/cuerpo humano” que el adepto ha debido trabajar arduamente
para autorrealizarse. La letra hebrea Tau, analizada en La Gran Rueda…
en su contexto mistérico:
(…) Una vez
estudiados los chakras, comprendí que la letra T, la Tierra, o punto de partida de toda evolución, la Raíz, podía
ser también el Resultado (…) y que la
letra A, el Fuego, el Principio,
llamado aquí Alfa, era también la Omega (W) indicativa del
símbolo León, el Fin. Dicho de otra
forma, que el valor esotérico de ambas
letras, por ser idéntico, les permitía intercambiarse. (4) Y con ese enfoque analicé lo expresado por
el Maestro Raynaud de la Ferrière:
(...) “los
traductores de la Biblia escribieron que Cristo había dicho: ‘Yo soy el Alfa y
la Omega’. [Pero] Jesús no habló en griego. ¿Por qué entonces no escribieron la
A y la Z, al traducir al castellano? Es decir, se debería hacer la traducción
exacta, o el texto debería quedar en hebreo, aleph y tau (...) De
hecho, sabemos que aleph y tau son la primera y la última letra del
alfabeto hebreo (...) ¿Por qué tomaron el griego? Porque, a base de los textos
originales escritos en armenio, siríaco, caldeo, etc., fueron hechas las
traducciones al griego y latín, para facilitar su comprensión al público de aquellos
tiempos.
“Es una necesidad
tener que decir estas cosas, pues se comprenderá fácilmente que el símbolo ‘Yo
soy el Alfa y la Omega’, no es, desafortunadamente, lo mismo que: ‘Yo soy el
Aleph y el Tau’, aunque los dos quieren decir: ‘Yo soy el Principio y el Fin’;
su significado proviene del alfabeto hebreo con sus 22 letras (...); 22
representa el círculo (sin principio ni fin), que dividido entre los 7 séfiros
inferiores da la ecuación universal de Pi
(5), base de la cuadratura del
círculo, que nos presenta uno de los más importantes problemas
filosófico-matemáticos. El origen del problema, que propone esotéricamente la
cuadratura del círculo, estriba en que todo cuadrado n² es la expresión de la
superficie de un cuadrado de lado “n”. Simbólica o cualitativamente el producto
de n² significa el cuadrado de n en las cuatro direcciones de un plano, y su
proyección en forma de una cruz en el plano perpendicular, en dirección al
número de origen. Estas cuatro direcciones tienen una relación con el Mercabah
(el Carro de Ezequiel).” (6)
Y continúo citando La Gran Rueda…
“Llegado este punto,
las brumas comenzaron a aclararse, sobre todo porque contaba al inicio con el
valioso dato de que el plexo Solar
(chakra 3, a nivel del ombligo), se encontraba situado esotéricamente, no a
continuación, sino en lugar opuesto al plexo Cardíaco (chakra 4, corazón). Su
aplicación –acorde al trazado de la runa solar de la victoria [Sigrune
,
en imagen de espejo
]
(7)-- fue decisiva, como podrá
verificarse al analizar (…) el “bajar” y el “subir” a la novena esfera inferior
y superior, respectivamente. (…)”(8)
Como veremos más
adelante, la Gran Obra egipcia tiene un recorrido ceremonial doble,
representativo de las “dos mitades, Norte y Sur” del “territorio/cuerpo del
adepto” que debe “unificarse”. La letra hebrea TAU, en el Gran Arcano 22,
puede, entonces, asumir dos posiciones que, uniendo el vértice con la base,
delinean la forma piramidal, en el signo “fuego” con el vértice hacia arriba
y,
en el signo “agua”
,
con el vértice hacia abajo:
(…) “Es el signo
“fuego” (9), la Gran Obra
realizada, ^ mientras que vista desde “el otro extremo
del territorio”, la T con la punta clavada en la tierra, asume el significado
de “agua”:
Τ Es el signo “agua”,
donde debe realizarse el “trabajo” místico,
Asimismo, la suma
de 11+11=22, se obtendría adicionando
las dos variantes del jeroglífico MER
(MIR)
(10), el 11 que representa la “vía del
aire” en el “descenso” más el 11 que representa la “vía del agua” en el
“ascenso”, para indicar que se ha pasado ya, en virtud del dominio de los
elementos naturales simbólicos, a la sublimación del cuaternario inferior (22=4), representada por el Gran Arcano 0
(Cero). (11)
“vía del aire”(R)/ESTE:
“vía
del agua”(O)/OESTE:![]()
En lo
concerniente al origen de la palabra Tarot visto como una de las
“permutaciones” o “giros” de la rueda de 8 rayos de la Gran Obra o Ciencia
Transmutatoria egipcia, veamos el esquema –el más simplificado posible--, del
“recorrido” ceremonial que, en ambas direcciones y en cumplimiento de ambas
mitades (Norte y Sur), debía realizar el neófito (12):

-- Al “Bajar”, en
dirección Norte-Sur, AROT, contra la corriente del Nilo (13):
de A (Norte, Fuego/Tierra) a R (Este, Aire, región donde se “Nace”,
la tierra de Punt): “vía del aire”.
De R (Aire) a O (Oeste, Agua, Amenti,
región donde se “Muere” tras haber atravesado el Gran Camino Este-Oeste donde
transcurren las “12 horas del Duat”:
“vía del agua”.)
De O (Agua) a T (Sur, Resultado, o Raíz, punto de llegada y de partida).
-- Al “Subir”, en
dirección Sur-Norte, TORA, a favor de la corriente del Nilo y como “cierre” del
Tches: 
de T (Sur, “Raíz”) a O (Agua, ahora región de la “Vida después de la Muerte”)
de O (Oeste) a R (Este), tras atravesar el Gran Camino ritual Oeste-Este que, por
la vía del agua, conduce de nuevo a Punt,
ahora región del Levante donde se “Renace”.
De R (Este) a A (Norte, el Fuego que puede ser Principio y también Omega,
Resultado, punto de llegada y de partida). (14)
No obstante, la
“unión” o “reunificación” de ambas mitades del “territorio/cuerpo” (Norte y
Sur) exigía que dicho trayecto se efectuase ahora en la imagen de espejo A/T,
esta vez con A en el Sur y T en el Norte y repitiéndose la misma secuencia que
en el recorrido anterior AROT-TORA.
Si asignamos a
cada elemento un valor numérico acorde con los chakras, tenemos que: T (1) + O
(2) + R (4) + A (3) = 10, los Diez
Sephirots o Emanaciones Divinas de la Cábala (véase también el Decálogo insertado en el capítulo V del Deuteronomio, o el Gran Arcano X , “La Rueda), que se repetirán en
cada “giro”, resumidos en el gráfico anterior y que, vistos de modo
independiente, representan las diferentes “permutaciones” necesarias para el
“movimiento de la rueda”:
Con la
variante T (Norte) y A (Sur), 4 pares:
![]()
1) TORA:
Que con el
trazado (línea de puntos) AT, “cierra” para formar el signo Tches, la vértebra. (Lectura inversa:
AROT).
2) RATO:
Que con el
trazado OR forma el signo Tches.
(Lectura inversa: OTAR).
3) TARO:
Que con el
trazado OT forma el signo Tches.
(Lectura inversa: ORAT).
4) ROTA:
Que con el
trazado AR forma el signo Tches. (Lectura
inversa: ATOR).
Con la
variante A (Norte) y T (Sur), 4 pares:
TORA:
Que con el trazado
AT forma el signo Tches.
RATO:
Que con el
trazado OR forma el signo Tches.
TARO:
Que con el
trazado OT forma el signo Tches.
ROTA:
Que con el
trazado AR forma el signo Tches, para
hacer un total de 8 pares x 8 “rayos” o permutaciones = 64=10.
Ya vimos que esta
última variante se ajusta al proceso inicial --“Bajada a la novena
esfera—(Norte-Sur) de la Ciencia Transmutatoria egipcia, por cuanto:

Si el proceso se
inicia en A (aquí el Principio (15)), se “Nacería” en R (Levante, Punt); se transitaría por el Gran Camino Este-Oeste durante las
llamadas “12 horas del Duat”; se “Moriría” en O (Poniente, Amenti), y
se continuaría hacia T (el Sur, el Resultado de la “Muerte mística” ocurrida
antes). De este modo, vemos por qué el esoterismo considera a O, zona del
“Morir en sí mismo” como la “Omega” o “Fin del trabajo” que debe realizarse en
esta etapa, cuyo objetivo es ese, la “Muerte psicológica”. En este caso, la
llegada a Punt se realiza “por la vía
del aire”, “el medio”, e indica sólo la mitad de la Gran Obra que, en esta
fase, no se ha completado aún.
Por su parte, el
signo TORA indicaría la marcha (de Sur al Norte o de Norte a Sur), por cuanto,
en

de T (Sur, aquí Raíz, Alpha, Aleph) se pasaría a O (Poniente), región que ahora indica la “Vida después de la
Muerte”; de ahí, por el Gran Camino Oeste-Este, se llegaría a R, ahora región del “Renacer”(Levante) y
después se marcharía a A, (la luz, el fuego, el fin, Omega, Tau), punto de partida inicial de la
primera etapa iniciática, AROT. En este caso, la llegada a Punt (Este), desde el Amenti
(Oeste), se realizaría por la “vía del agua”, indicando que se ha “cerrado el
Tches” en la primera mitad del proceso de la Gran Obra, con las correspondientes
“permutaciones” o “giros” de la Rueda.
Así, considerando
que hasta la autorrealización del adepto éste hace múltiples intentos de “bajar
y subir a la novena esfera”, la Rueda tiene, en ambos sentidos, movimientos
hacia los lados, hacia delante y hacia detrás:
al “girar”, pues, hay al mismo tiempo 4 “rayos” (elementos) que “suben”
y otros 4 que “bajan”, sin olvidar que se trata de 8 permutaciones con 4
elementos “dobles” como serían T y A (32+32=64).
El “cuarto trazo” o “cierre” del signo Tches
De lo anterior se
infiere que las posibles permutaciones de la Gran Rueda en dos mitades surgidas
del cuarto trazo (señálese en un
croquis con una línea de puntos) --necesario para el “cierre” del signo Tches/hacha doble o bipenne--,
ratificarían la noción vertebral,
chákrica, de este signo [
]
y de la Ciencia Transmutatoria en su conjunto como proceso o “trabajo”
evolutivo que lleva, del cuaternario inferior (plano físico), a la Tríada
superior divina (plano del espíritu y del intelecto, que hemos representado en
las tres pirámides principales). A continuación se mostrará dicho trazo, entre
paréntesis, en cada uno de los movimientos conocidos:
ROTA (AR) + TARO (OT) = AROT
AROT (TA) + OTAR (RO) = TARO
TARO (OT) + ROTA (AR) = OTAR
OTAR (RO) + AROT (TA) = ROTA
TORA (AT) + RATO (OR) = ATOR
ATOR (RA) + ORAT (TO) = RATO
RATO (OR) + TORA (AT) = ORAT
ORAT (TO) + ATOR (RA) = TORA
El total de los
“cuartos trazos” simples (8) sumados a los “8 Rayos”, como puede verse, es 16=7, que alude una vez más a la esencia
chákrica del proceso. (16). Así, el “giro completo” de 64 permutaciones se dividiría en
“dos mitades” de 32 --alusivas a la primera y segunda etapas de la Gran Obra--,
y estos 32, a su vez, en dos cuartos (2/4) de permutación (16) cada uno que se
subdividirían en un octavo (1/8) en cada caso (8).Ello equivaldría a decir que
la Gran Rueda está compuesta por 8 octavos (8/8) de permutación, por 16 cuartos
de permutación (16/4) y por 32 medias permutaciones (32/2), a saber, 8x8=64;
16x4=64 y 32x2=64, visibles en el recorrido iniciático.
(…) Esta
suposición devino certeza al encontrar una firme base de apoyo en la referencia
que hace Ch. Jacq sobre el “ojo completo, UDJAT” u “Ojo de Horus”, “fuente
simbólica de todas las medidas”, donde “(...) cada parte posee el valor de una
fracción. Por ejemplo: (...) la ceja vale 1/8; (...) la pupila, ¼; (...) el
frente del ojo, ½”. Y añade: “‘Tener buen ojo’” es conocer la medida justa de
las cosas; “‘tener mal ojo’” es desconocerla.” (17)

Aplicadas al
tetragrámaton de la ruta iniciática, en el “descenso”(AROT) se percibe
claramente que, partiendo de A según la variante usada (Sur o Norte, signo de cara o cabeza/nuca), el paso a R representa el valor 1/8 de la ceja (18); de R a O, el valor de ¼ de la
pupila --sugerida por el signo de un pequeño círculo--, que equivale a 2/8 en
lo que indicaría el tránsito por el Gran Camino del Duat y, de O a T, el
valor de ½ (4/8) del ojo visto de frente, sugerido por un pequeño signo
triangular que apunta a la derecha:
. Este signo triangular que “mira” a la
derecha –y visto desde el Norte-- indicaría que la meta es llegar al Oeste. Por
tanto:
1) en la fase
inicial del trayecto, el primer paso es avanzar la pierna izquierda de A a R,
para “Nacer” por primera vez en el Este y continuar a la derecha (de R a O)
para alcanzar la “Muerte psicológica” en el Occidente, en las tierras de Osiris.
En la ruta de
“subida” o “regreso” (TORA), cuando el iniciado, parado en el Sur y mirando
hacia el Norte, encuentra la pupila
“mirando” a la izquierda
,
debe avanzar de T a O para alcanzar en
el propio Oeste la “Vida después de la
Muerte” y continuar a la derecha
(de
O a R), para “Renacer” en el Este, en la característica imagen de espejo (leit
motiv de la cultura egipcia: la reconciliación o fusión de los opuestos) y
que, de R a A, nos da la cifra de ½ del “ojo visto de frente” al “cerrarse” el
Tches.
2) (…) Falta aún
la segunda parte del trayecto: la intercambiabilidad de A y T en calidad de
Aleph y Tau y de imagen de espejo de la “subida” y “bajada” del recorrido
anterior. Esta ley --justamente por serlo-- se aplicaría de igual modo en la
variante T (Norte) y A (Sur), de conformidad con la orientación del Udjat, que plásticamente, en su propia
figuración, muestra la dirección correcta que debe tomarse en el recorrido
iniciático.
En esta segunda
mitad de la ruta ceremonial, con A (Sur) y T (Norte), la pupila que “mira”
hacia la
derecha
– vista desde el Sur--
indicaría dar el primer paso avanzando
la pierna derecha de A a R, para “Nacer” por primera vez en el Este y continuar hacia la izquierda
(de R a O), para alcanzar la “Muerte
Psicológica” en el Oeste.
Esto mismo ocurre
en la ruta de “subida” o “regreso” (TORA), cuando el iniciado, parado en el
Norte y de cara al Sur, encuentra la pupila
“mirando” hacia la derecha
,
indicando que debe avanzar con la
pierna derecha de T a O para alcanzar la “Vida después de la Muerte” en el
Oeste y continuar hacia la izquierda
,
(de O a R), para “Renacer” en el Este, en la característica imagen de espejo (leit
motiv de la cultura egipcia) y que, de T a O representa el valor de 1/8 de
la ceja; de O a R (19), el de ¼ de la pupila; y el de R a A, el de la ½ del “ojo visto de frente”.
Es decir, que el
adepto ha cumplido la otra mitad de
la Gran Obra y efectuado la ruta iniciática completa
o la “reunificación de la tierra/cuerpo” para obtener el emblemático UDJAT u
“ojo completo” de Horus: la autorrealización mistérica (signo Her, “cara” con barba osiríaca) tras
haber “reunificado las dos mitades de la tierra/cuerpo de pecado”.
¡No asombra,
pues, que en el arte egipcio, tanto en las pinturas, bajorrelieves, etc. como
en la estatuaria, se representase a los iniciados avanzando la pierna izquierda
(para denotar que transitaban por la “primera mitad” del sendero iniciático) y
que los dioses o los iniciados que ya habían completado la “segunda mitad” de
éste, apareciesen adelantando la pierna derecha! ¡Estos, “ya de vuelta”, habían vencido ya la
“fragilidad de su Talón de Aquiles” y alcanzado ya el “Renacer” o “Nacimiento
Segundo”! (20)
Por otra parte,
es obvio que de este recorrido espiritual derivó, tergiversada, la creencia
supersticiosa de que “es nefasto salir
con el pie izquierdo” y “beneficioso salir
con el pie derecho”, así como la superstición que condena “a 7 años de mala
suerte a quien rompa un espejo”: en el marco de este estudio, ello haría
referencia a la no iluminación de los siete chakras o plexos humanos
(“Reunificación de las Dos Tierras) al no cumplirse la segunda mitad de la Gran
Obra, en su imagen de espejo (variante A/T).
Comprobar lo
afirmado antes tampoco resulta difícil si se toma en cuenta que esta segunda
mitad ya representa los 8/8 del recorrido completo, v.g., las 64 permutaciones
que nos remiten al Gran Arcano X, “La Rueda” (64=10), donde la fusión de cabeza y cara y de cara y cabeza significa la fusión de la
pirámide fuego con la pirámide agua (Sello de Salomón) o lo que es
igual, la de las “dos mitades” de la “tierra/cuerpo” que tantas veces se ha
definido como la “reunificación del Bajo y del Alto Egipto”, del Norte y del
Sur, indistintamente regiones material y espiritual. (21) Asimismo, la fracción 8/8
indicaría ya un número entero, aquí el Uno Absoluto.
Y si, en un
“giro” incesante y completo –donde la letra final de cada permutación se
enlazara, omitiéndola, con la inicial de la
palabra siguiente-- se obtuviera, v.g., el resultado
AROTAROTAROTATORATORATORA, la suma final de letras sería 25 = 7. Esta cifra,
adicionada a las 8 permutaciones o “rayos” (o aquí a cada una de las letras
omitidas) daría nuevamente por resultado 7 + 8= 15 = 6, el Sello de Salomón, la
Estrella de David, de 6 puntas, o fusión del agua y el fuego místicos que
permite elevarse desde el plano físico inferior hasta el espiritual e
intelectual superior: la Encrucijada ya resuelta del Gran Arcano tarótico VI, la “sexta hora”.
En suma: que el pie izquierdo sigue a la pupila que mira a la derecha, y el pie derecho, a la pupila que mira a la izquierda. (…)”(22)
TARO-T, por consiguiente, es una de las
permutaciones de la Rueda de 8 rayos obtenida con el cuarto trazo que “cierra” o “anuda” el
signo vertebral TCHES.
--"En
el año 22, tercer mes de la estación de peret (la germinación): las estaciones egipcias
Como sabemos, las estaciones egipcias (23) eran, significativamente, tres, cada una con una duración de cuatro
meses:
--AKHET (de fines de
julio a fines de noviembre) era el período de la inundación, cuando el limo fertilizaba las tierras nilóticas. La
raíz AKH, con su noción de luminosidad solar, nos remite a Akhenaton, a su
revolución amarniana y, por extensión, a lo ígneo, presente en el AKH, alma espiritual, inmortal y divina y en el.AKH, amuleto en forma de
brasero, especie de “lámpara, fijada sobre un alargado pie, de la cual surgía una alargada
llama de fuego (en jeroglífico kht).
El fuego, que procedía del sol, quedó asociado muy pronto a la vida, tanto
terrenal como del Más Allá. En aquella región, de acuerdo con Textos de los
Sarcófagos, existían lagos y ríos de fuego, así como divinidades nefastas
asociadas al fuego. En el Libro de las Horas algunos condenados aparecen
sometidos al fuego de serpientes mitológicas.” (24)
El Akhbit, en su connotación dual,
incluye también esa noción de luz y esplendor:
“Mítico y frondoso pantano, situado según la mitología egipcia antigua
en una zona del delta nilótico (a identificar con el antiguo enclave de akh-bit), en donde Isis se refugió y dio
a luz a su hijo Horus, tenido de Osiris de acuerdo con el mito del que este
dios era titular. Tal pantano encerraba a un mismo tiempo dos principios: uno
positivo (sus vegetación protegía a la diosa y a Horus de sus enemigos) y otro
negativo (abundancia de animales que podían atacar a ambas divinidades). De
acuerdo con la concepción griega este pantano recibió el nombre de Jemis (o
Chemmis), siendo imaginado como una isla. Aparece citado cuatro veces en los
Textos de las Pirámides.” (25)
De ahí que, en mi
mencionado libro, considere la ubicación de Akhetaton –horizonte de Atón— exactamente
en el Egipto Medio, como sitio que, en el “territorio/tierra/cuerpo humano”,
correspondería al plexo solar –chakra 3/Manipura--
en consonancia, además, con la representación gráfica del signo jeroglífico
AKHET (horizonte): el sol que asciende entre dos picos montañosos
(26): “territorio” en cuya mitad se encuentra el ombligo, centro cósmico
de enorme carga simbólica.
En este punto, es
necesario aclarar que el fuego, vinculado
a la serpiente, son dos de los
símbolos más relevantes de la Alquimia Sexual egipcia en que se basa la Gran
Obra o Ciencia Transmutatoria tántrica. Su cuya correcta o incorrecta práctica
explica la connotación dual de ambos y la del agua que, asociada al fuego/azufre como elemento ígneo femenino
(serpiente: raquis humano por donde asciende la energía Kundalini),
representaría el ens seminis o
elemento mercurial masculino.
--PERET (de fines de noviembre a
fines de marzo), era el período de germinación, cuando todo “brota” de la
“tierra”, tanto en sentido recto como en el simbólico de “cuerpo
humano/territorio” que debe trabajarse para eliminar de ella las “malas
hierbas” (bajas pasiones, “yoes” bestiales, cuya eliminación se busca en la
llamada “Muerte psicológica” o “Mística”). (27) Y un dato de suma importancia en este
contexto: dicho Festival o Jubileo tenía lugar anualmente durante el mes de Kee-hek, es decir, en el mes de
diciembre, durante la estación de Peret.
--SHEMOO (de fines
de marzo a fines de julio), era, por último, el período de la cosecha,
culminación de la labor realizada en las estaciones anteriores.
(…) “Esta división
del año en tres períodos o estaciones se inserta en los Misterios egipcios con
una connotación simbólica, vinculada estrechamente con las cuatro
constelaciones emblematizadas en la Gran Esfinge (…) y, por extensión, con los
equinoccios de primavera, de otoño; los solsticios de verano e invierno y, muy
en particular, con la estrella Sirio, Sothis,
Spode...
El orto helíaco de
esta estrella de primera magnitud, la más brillante del cielo --en realidad
trinaria (Sirio A, B y C)--, fue una de las preocupaciones constantes de
aquella cultura sustentada en la dualidad y en la trinidad, mucho más a causa
de su cercanía del Sol y de su ubicación con respecto a la constelación de
Orión (…) Asimismo, al pertenecer a la constelación del “Canis Major”, Can
Mayor, su identificación con el perro
en calidad de símbolo de la buena conducción de la sexualidad humana se vio
reforzada por su carácter doble, que la llevó a ser identificada con las
hermanas Isis y Neftis, las “dos Señoras”--tanto del cielo como de las “dos
tierras” (Alto y Bajo Egipto)— conformadoras del cuerpo bipolar y a la vez
unificable del humano, la “tierra”, el cuaternario inferior. De ahí la
“canícula”, el “calor intenso” que anuncia y precede a la “inundación”. (28)
AKHET, empero, en la
Ciencia Transmutatoria, representaba un “desbordamiento” –no de las aguas
propiamente dichas como podría inferirse de las reales crecidas del Nilo--,
sino de la energía contenida en ellas,
bienhechora, sublimada, volatilizada
antes por el fuego (SHEMOO) y
capaz, por tanto, de “fertilizar la tierra”, de volverla feraz mediante un
control (al cual contribuiría el perro
del Can Mayor) que evitaría su posible destrucción.
Por ello, al final
de la propia estación de AKHET –el otoño-- “el Nilo se retira” y da paso a
PERET, el “frío”, momento de cultivar lo antes sembrado que, entonces, da paso
a SHEMOO, instante de recoger los frutos, de cosecha y, a la vez, reinicio del
ciclo con el fuego abrasador que volatiliza las aguas... Y así sucesivamente.
Esta sucesión
constante de las estaciones se refleja en la representación de los cuatro
elementos fundamentales de la Alquimia. Por ello, y para aplicarla al signo MER
y al proceso de rotación en la Gran Rueda de 8 Rayos que en él se desarrolla
simbólicamente, he ajustado como sigue el esquema brindado por C.G.Liungman (29)
tan sólo haciéndolo girar hasta coincidir con nuestros polos básicos de
Fuego, Aire, Agua y Tierra, y comenzando por ésta como Raíz o punto de partida
evolutivo:
Tierra-- sequedad -- Fuego – calor – Aire -- humedad
-- Agua -- frío
En esta secuencia,
el período de Shemoo (con expresión
zodiacal que va de Aries a Cáncer), abarcaría 2 elementos (Tierra, Fuego) y 2
características o cualidades (sequedad, calor) = 4.
El período de Akhet (con expresión zodiacal de Leo a
Scorpio), incluiría 2 elementos (Aire, Agua) y 1 cualidad o característica
(humedad) = 3,
mientras que el
período de Peret (con expresión
zodiacal de Sagitario a Piscis), correspondería a la cualidad (frío) = 1, que
se enlaza a seguir con la Tierra...
A la estación de Shemoo corresponden, pues, los signos de
Tauro (Tierra) y la entrada de Leo (el Fuego desbordado en los inicios de Akhet,), estación ésta que pasa por el
elemento Aire (signo de Acuario que correspondería a Peret) hasta culminar en Scorpio (Agua), el “fin” del proceso
místico.
En este análisis,
vemos cómo la estación de Peret se
inserta en el ciclo en representación del elemento
Aire, el “medio” (“vía del aire o del cielo”) indispensable para llegar a
la “vía del agua” y completar los giros de la Rueda necesarios para la Muerte y
el Renacer místicos. De ahí que esta última estación esté representada
implícitamente en el lugar 5,--
número emblemático del submundo, donde “muere para renacer” el hombre
emblematizado en la Gran Esfinge por Acuario, signo de aire—y sólo se vea
representada explícitamente, al final, por dicho elemento.
Así, al realizar la
lectura decodificatoria de este crucial aspecto de la antigua cultura egipcia
–jugoso fruto de su calendario--, vemos que: Tauro – Leo – Acuario – Scorpio equivalen, respectivamente, a T – A – R – O, una de las permutaciones
de la Gran Rueda que, con 4 signos y 4 cualidades, posee los simbólicos 8 Rayos
que permiten los giros que conocemos. O, dicho en otras palabras, 4 (estación Shemoo) + 3 (estación Akhet), equivaldrían al cuaternario
inferior de los 7 chakras (…)” (30)
De ahí la inclusión
implícita de Peret con valor de R (Aire, Acuario) antes de O (Agua, Scorpio), aplicando dos leyes
esotéricas ya explicadas: “el aire es el medio, el agua es el fin” y “el plexo
cardíaco se encuentra opuesto al plexo solar en la anatomía oculta del adepto”,
ambas visibles en el trazado de la runa
de la victoria, repetido una y otra vez en páginas anteriores. De ese modo,
la cualidad final de “frío” atribuida exotéricamente a la estación de Peret como “invierno” –época en que
surgen los brotes sembrados en la tierra— se debería por un lado a la acción
del “agua” y, por otro, se insertaría en la propia estación de Akhet, la “luminosa”, con un valor
esotérico de “aire”. En suma, los 8 Rayos de la Gran Rueda ocultos en la Gran
Esfinge de Giza, el toro-escorpión/águila-hombre-león, imagen por antonomasia
de la dimensión infinita del Tiempo.
-- En el año 22,
tercer mes de la estación de peret (la germinación) en la hora sexta del día
(14 h.) [...]
Pasemos al estudio
de la citada sexta hora en la ruta
ceremonial de la Gran Obra egipcia: el recorrido por el Duat, novena esfera infernal
o submundo que, de R a O conduce al
adepto a la Muerte Psicológica Mística y, de O a R, al Renacer o “Nacimiento
Segundo”.
Ya conocemos las dos
mitades del recorrido plasmado en el tetragrámaton AROT/TORA:
(…) “Se podría
continuar buscando durante horas enteras las cifras contenidas en este proceso
para obtener siempre los mismos resultados simbólicos y arribar a los mismos
grandes puntos de partida y de llegada: Aleph y Tau; Alfa y Omega. Y si bien
muchos lectores podrían rechazar la mística numérica, es un hecho indiscutible
que todas estas cifras poseen connotaciones esotéricas, cualesquiera que sean
las operaciones matemáticas que se realicen. A modo de síntesis, diré que el
movimiento de la Gran Rueda, en la “bajada” y en la “subida”, dura en cada caso
las mencionadas 24 horas, para lo cual han debido restarse 12 horas (6+6), ya
incluidas en el recorrido, de un total de 36: De A a R (“Nacer”)= 6 horas;
de R a O (Duat)= 12 horas
(incluido el mediodía), de O a T (18 horas, incluida la medianoche).
Por ello opino que, al repetirse la operación, el total de 48 (24+24) equivale
al “León de Ayer” y al “León de Mañana” que menciona y muestra en sus viñetas El Libro
de los Muertos. (31) El reflejo exacto de estas operaciones se encuentra en
los valores fraccionales del UDJAT u “ojo completo” de Horus aquí analizado.
(32)
La
literatura egipcia, incluso la amorosa, reflejó veladamente estos pasos
rituales, como puede verse en el poema “Tengo hoy la Muerte frente a mí”:
(...) “Tengo hoy la
Muerte frente a mí/ como la convalecencia
ante un enfermo,/ como entrar a un
jardín después del lecho./ Tengo hoy la Muerte frente a mí/ como la dulce
fragancia del beleño,/ cual bogar a la
vela en un día de viento./ Tengo hoy la Muerte frente a mí/ como perfume de
lotos abiertos,/ cual el vaso de agua que calma al sediento./ Tengo hoy la
Muerte frente a mí/ como el fluir del
arroyuelo lento,/ como regreso del
marino al puerto./ Tengo hoy la Muerte frente a mí/ como la niebla que se va del cielo,/ cual rica presa al cazador
experto./ Tengo hoy la Muerte frente a mí/ como el paisaje del nativo pueblo/ para el hombre que estuvo prisionero/
y que retorna al fin a su nativo suelo...”
(33)
(…) “En el capítulo titulado ´Las doce horas del Duat (34)–referentes
a las doce puertas que debe atravesar el iniciado para encontrar finalmente la
luz ante Osiris-Ra--Oscar Uzcátegui detalla este espinoso trayecto con el
enfoque hermético, el único posible, con que en El Libro de los Muertos se narra dicho viaje, disimulado bajo
fórmulas y plegarias cargadas de magia vertidas en un críptico lenguaje
iniciático que puede resultar indescifrable para los que aún no se han
adentrado en los Misterios del Egipto Antiguo.
“De tal suerte, antes
de relatar el escabroso recorrido conducente a la sima infernal y, –de culminar
en triunfo-- a la cima solar, Uzcátegui subraya que ´la navegación en las
regiones inferiores está pautada por la barca sagrada´, y que ´dicha barca es
el emblema de la alquimia, de la magia sexual, de aquellos que como el mítico
Jasón y sus Argonautas navegan en las aguas de la renunciación utilizando el
secreto-secretorum alquimista, el tantrismo blanco, conexión del lingam-yoni
sin derramamiento del licor seminal´, en un viaje simbólico, preñado de
amenazas, en el cual, por fortuna, se cuenta con la protectora compañía de los
dioses. (35)
Veamos la referida “sexta
hora” y las anteriores y siguientes a ésta en la primera parte del recorrido,
AROT:
“En la cuarta hora
–Sekhemus, ´la llegada al círculo secreto del Amenti´--, la embarcación divina con
forma de serpiente es ´la barca de Ra atravesando la espantosa región que
preside el dios Seker´, asociado con Ptah a las tinieblas de la tumba, y que
ayuda al principiante a comprender los horrores de sus pasiones ególatras. En
la quinta –Semit-Her-Abt, es ´la barca de Ra que navega sobre los círculos
secretos del dios Seker´. En la sexta
–Mesperit-Arat-Maatu--, la embarcación sagrada es ´la barca de Ra que
transporta al iniciado a las cercanías de Osiris; (36) en la séptima
–Khesef-Haa-Heseq--, ´la barca de Ra que conduce al adepto a la región del Duat
que contiene los presagios ocultos de Osiris´, resguardada por el cocodrilo
sagrado Sebek que, como alegoría de la muerte total de las bestias del ego,
indica que se trata ya de ´un difunto psicológico´; en la octava –Nebt-Ushau--
es ´la barca de Ra que recorre los círculos del Duat´ donde los gritos de los
´yoes´ condenados se mezclan con los sonidos mántricos representativos de la
castidad. (37)
(…) En la hora doceava
–Ma-Nefert-Ra--, final de la travesía, la barca solar llega a los confines del
submundo. Ya “difunto psicológico” (AROT), al hacer el recorrido
inverso (TORA) obtendrá, de T a O la “Vida después de la Muerte” y a
continuación, de O a R, en el ahora final del propio Duat, su renacimiento como
escarabajo en forma del dios Kephera, que culminará en el punto de partida, de
R a A. En síntesis, obtendrá “su Segundo Nacimiento”, su autorrealización, ese
“auto engendrarse” que lo hará partícipe de la divinidad osiríaca.
En los diversos Libros de índole funeraria del Imperio
Nuevo el tema de las “horas” constituye también un elemento controvertido. Entre
los denominados “Libros del Más Allá” –con la indeleble huella de los Textos de
las Pirámides del Imperio Antiguo-- nos
centraremos en El Libro del Am Duat (38),
cuya versión más completa corresponde precisamente a la tumba de Tutmosis III,
KV 34.
¿En qué etapa del
recorrido se insertaría entonces esta referida hora sexta –(…)”la etapa más profunda de todo el viaje a través del
inframundo (…)”(39)—cuya exactitud horaria (¿tiempo transcurrido? ¿hora del
día?)--, es, por añadidura, imposible afirmar sin un conocimiento preciso del nexo
entre las prácticas mistéricas y el calendario egipcio?
Sí sabemos con certeza
que la “sexta hora” representa la mitad del recorrido por el Duat que, a su
vez, como vimos, se divide en dos mitades. Y este dato no debe pasar
inadvertido. (40)
Recordemos que en el
recorrido de “ida” (AROT) las 24 horas del día se distribuyen:
n
de A a R (6 horas).
n
de R a O (Duat: 12
horas)
n
de O a T (6 horas).
Total: 24.
Visto a la inversa, en
el recorrido de “regreso” (TORA), las 24 horas se distribuirían de igual modo:
n
de T a O (6 horas)
n
de O a R (Duat, 12
horas)
n
de R a O (6 horas),
Total: 24. (41)
Es aquí, en esta
segunda etapa de la ruta ceremonial, TORA en imagen de espejo (T en el Norte y
A en el Sur)
(42) donde
se ubicaría la “hora sexta”, es decir, en la mitad del camino del camino del
Duat que conduce de O a R. (43)
La siguiente frase
brinda la pista: Esto sucedió después de la hora
de la última comida. Allí arriba (en el cielo), ellos se marcharon hacia el
sur.
El “cielo”, sin duda, es R, la
zona del Aire, el plexo cardíaco. El “sur” en esta versión del tetragrámaton es
A, el fuego.
Asumiendo que la 1pm se
consideraba el inicio del declinar del día -comienzo del período nocturno (de
1pm a 12 de la noche), y que el transcurso del período diurno era de 1am a 12m,
la “hora
sexta del día (14 h.) [...]” -- contada como tiempo transcurrido--. recae en las 2am (día) de la
segunda mitad del recorrido por el Duat (R-O) contando las 14 horas a partir de
AROT (de 12 a 1, de 1 a 2, etcétera). (44)
No obstante, contando las horas
correspondientes al DUAT (R-O y O-R), la “sexta hora” recae exactamente en la medianoche, dividiendo así dicho recorrido
en dos mitades de 6 horas cada una. Es ésta la interpretación correcta que
aparece en el Libro AmDuat, aplicada, según todo indica, en los Misterios
iniciáticos egipcios, donde la travesía nocturna de Ra se iniciaba al
anochecer, en el ocaso, 6pm. (45)
Y si ello habría ocurrido “después de la hora de la última comida.”, ésta sería nocturna (cena) en el recorrido R-O y diurna
(desayuno) en el emblemático recorrido inverso O-R, cuando ya se han convertido
en luz las tinieblas existentes en R-O (46):
A-R:
(12m) – 1pm – 2pm – 3pm – 4pm – 5pm- 6pm (6 horas. Llegada a R, Este).
R-O
(DUAT): (
O-T
(6am): 7am – 8am – 9am – 10am –1am -12m (6 horas. Llegada a A, Norte o Sur en dependencia de la variante del
tetragrámaton utilizada).
Resulta
igualmente esclarecedor conocer las Divinidades regentes de las horas del día y
de la noche. (47) En la hora XII, es significativa la inclusión de la partícula
Neb –el triángulo dorado egipcio-- en
el nombre de la diosa Par-Neferu-Neb (48), mientras que el dios es Ka-Khu, Ju, espíritu luminoso, el Ka de Ra. (49)
(…) “Por su lado, el número 12
–Gran Arcano ´El Mártir´-- desempeña un papel relevante en estos Misterios. Al
indicar el Gran Camino Ritual Este-Oeste, (duración de las horas del Duat), indica también el recorrido
inverso Oeste-Este (sin los “tormentos” previos inherentes a la aniquilación de
los “yoes” bestiales), con un valor general de 24=6, el Sello de Salomón o fusión de los signos piramidales de
fuego y agua. Esta cifra, que representa las 24 horas del día al igual que las
24 vértebras (segmentos lumbar, dorsal y cervical), sumada a las 9 vértebras
sacro-coxígeas (emblematizadoras de la novena esfera inferior) da por resultado
el significativo 33 (raquis vertebral
completo) que, sumado al 9 (novena esfera superior) resulta en 42... Apuntamos
aquí que, independientemente de que en la matemática egipcia un número podía
convertirse en su inverso (24=42), esta cifra representa nada menos que los 42
pedazos en que Seth dividió el cuerpo de Osiris; los supuestos 42 “nomos” en
que estuvo una vez dividido el Antiguo Egipto y, por consiguiente, los 42
Jueces que en “representación de ellos” participaban junto a Osiris en la
psicostasia o Juicio Final. Y no se olvide la “Confesión Negativa” de 42 puntos
incluida en El Libro de los Muertos,
que el “difunto” debía recitar en ese instante decisivo.
(…) “En el proceso de la Gran Obra, ya se vio y se verá el
protagonismo de los puntos cardinales. No cabe duda de que el Gran Camino del Duat, en el signo MER, es la línea recta
corta Este-Oeste (50) y viceversa, es
decir, la ruta mencionada en el Antiguo Testamento con relación al Mar Rojo:
“La primera parte
del camino andado en la huida de Egipto (...) se extiende –conviene hacerlo
notar—en dirección de la posteriormente llamada ‘Vía Filistea’ (Ex., 13, 17) que era la gran ruta que, a
través de Palestina, conducía de Egipto al Asia. Esta gran ruta, que seguían las caravanas y las columnas
militares, corre casi paralela a la
costa del Mediterráneo y era la más corta y la mejor, pero al mismo
tiempo la más vigilada de todas. Un fuerte ejército de soldados y de
funcionarios ejercía un estricto control sobre ella desde los fuertes
fronterizos.”/Esa ruta ofrecía un peligro grande. Por esto el pueblo de Israel
se desvía hacia el Sur (...) La palabra hebrea ‘Yam suph’ ha sido traducida
unas veces por ‘Mar Rojo’ y otras por ‘Mar de los Juncales’, es decir, Mar de los
Cañaverales. (...) En las orillas del Mar Rojo no crece ningún cañaveral. El
verdadero Mar de los Cañaverales estaba situado más al Norte. Una
reconstrucción que responda realmente al lugar preciso (...) no es posible en
modo alguno. La construcción del canal de Suez en el pasado siglo ha modificado
el aspecto de esta comarca”. Y W.Keller prosigue con el examen de la marcha
que, guiada por Moisés, conduce al pueblo hebreo hacia el Sinaí, durante la
cual llegarían al fértil oasis con “doce fuentes y setenta palmeras” y a la
antigua Mará, la fuente de agua “amarga”, salobre y sulfurosa, cercana a la
extremidad norte del Mar Rojo. Desde luego, todo ello debe decodificarse y ser
“leído entre líneas”: la “vigilancia” sobre esta ruta tiene, junto a la real,
una connotación simbólica, escondida tras la alegórica “huída del Egipto”
(definido como “cuerpo de pecado”) y el “desvío hacia el Sur” (esto es, la
“bajada” previa a la “subida” del proceso mistérico). (51)
En su Op. cit,
John A. Wilson también confirma la designación del oriente como ta-nejter, la “Tierra de Dios” (…),
“debido a que el sol surge de él con renovado esplendor. El mismo término
general se aplicaba aun a algunos países extranjeros, que otra manera eran
despreciables. Siria, Sinaí y la tierra
de Punt, situadas al oriente, podían estar plagadas de montañas, árboles y lluvias y estar habitadas por los
‘desdichados asiáticos’, pero pertenecían al joven dios-sol y, por lo tanto,
eran designadas también como ‘Tierra de Dios’ y disfrutaban de un esplendor
reflejo, producido por el accidente geográfico y no por méritos intrínsecos. El
bienestar que se producía en estas tierras orientales se adscribía,
implícitamente, al dios-sol, y no a sus pobladores. ‘Todas las maderas
preciosas, de la Tierra de Dios: la profusión de mirra, los frescos árboles de
resina, los ébanos y el limpio marfil... Los mandriles, los monos, los lebreles
y las panteras (*), o ‘los cedros, los cipreses y los enebros... todas las
maderas preciosas de la Tierra de Dios.’”(**) (52)
Como observamos
ya al tratar los giros de la Gran Rueda,
el flujo y reflujo de los “canales místicos” es constante en la necrópolis de
Giza. Y si a este esquema (línea imaginaria a la que podríamos llamar eje del
“territorio” o del “cuerpo”) se superpone de norte a sur el signo Υ empleado por los
pitagóricos para representar “el sendero [vía, camino, ruta] de la vida”, (53) se comprobará que, en este caso
(desarrollo del proceso ritual de la Gran Obra), la izquierda, el este,
indicaría el “camino del mal”--por cuanto la “llegada a Punt por la vía del
aire” (R) ya vimos que expresa sólo la primera parte de la “ruta” que debe
seguir el iniciado--, mientras que la “opción por el bien” sería la rama
derecha, el oeste, “la vía del agua”, que denota la realización completa del
proceso de la Muerte mística”.
-- …dos escribas
de la Casa de la Vida vieron un círculo de fuego que estaba viniendo por el
cielo. No tenía cabeza. Su olor era desagradable. Entonces, ellos tuvieron
miedo y huyeron, [...] y fueron a decírselo a Su Majestad.
Antes de proseguir,
debe recordarse que la Casa de la Vida era una institución compleja de alto grado
de especialización (centro pedagógico, biblioteca, imprenta, archivo (54)), donde “se desarrollaban actividades de otras naturalezas, como
establecer los detalles litúrgicos que debían formar parte del culto a los
dioses, elaborar desde normas éticas hasta rituales funerarios, estipular los
cánones por los que debían regirse diferentes artes como la escultura, la
pintura o la arquitectura, prefijar los diferentes nombres o títulos que
adoptaba cada nuevo monarca cuando ascendía al trono, confeccionar los
calendarios con los que controlar la adecuada marcha de la sociedad, o celebrar
determinados ritos religiosos especiales con un alto componente de naturaleza mistérica
e iniciática, y en los que la magia adquiría especial relevancia. De hecho, (y
con relación a esto último), hay constancia de que el mismo faraón pasaba una
noche en sus dependencias, con ocasión de celebrar una de las más importantes
ceremonias de la antigüedad: la de Regeneración Solar del Rey. / Dependientes
de los templos principales y protegidas por deidades próximas al círculo
heliopolitano, a la hora de enseñar, no toda ´Casa de la Vida´ otorgaba sin
embargo los mismos conocimientos, sino que según el lugar de ubicación, cada
una se distinguía por estar especializada en un tema descollante, aunque no por
ello dejasen de lado el resto de los aspectos del saber. Así, aquellos médicos
que deseasen alcanzar el máximo grado de maestría en su profesión, acudían
principalmente a la ´Casa de la Vida´ de Bubastis, Abydos o Sais, mientras que
los arquitectos, lo hacían a la de Heliópolis./Al margen de las citadas,
también gozaron de alto prestigio las ubicadas en Menfis, Karnak, Edfú y Esna.”
(55)
Es un hecho
indudable que este tipo de centro, de incuestionable nivel universitario,
guardaba con celo la sabiduría mistérica que debía ser transmitida “de labios a
oídos”. Ceremonias del Heb Sed se habrían celebrado aquí. Y a pesar de que sus
escribas eran parte de un personal altamente calificado en todo sentido que
incluso llegó a ser denominado “Seguidores de Ra”, en el contexto del Papiro
Tulli la alusión a “dos escribas” que huyen atemorizados del “círculo de fuego”
y del hedor que este despide, apuntaría al
fracaso de esta pareja en la Gran Obra, al no lograr la fusión de los opuestos
complementarios, de la polaridad no excluyente plasmada desde hace milenios en
el leit motiv de los gemelos como figuración de los “Dos Principios”, femenino
y masculino, i.e. Shu-Tefnut,
Geb-Nut, Osiris-Isis, Set-Nephtys en Egipto; Cástor y Póllux en Grecia;
Quetzalcóatl y Xólotl entre aztecas y mayas… La lista es larga. Y aunque en
muchas ocasiones los “contrarios” se combaten, en otras logran fusionarse
gracias a la Fuerza del Amor. Aquí, en la frase inicial que aparece en dicho
Papiro, es evidente que la buscada “reunificación” no se cumplió. Isis, por
ello, no levantó su Velo (Gran Arcano tarótico II).
Tampoco habrían podido hacerlo porque lo “visto” “No tenía cabeza”. Y en ambos sitios o “mitades” del “territorio/cuerpo humano”, como lo prueba el significado de los signos jeroglíficos de Norte (nuca) y Sur (cara) –dos “rostros” mirándose mutuamente--, hay “cabeza” en un extremo y “pies” en el otro con igual valor simbólico: el recorrido neurofluídico de los Nadis, la fuerza esotérica de los chakras. Aquí la “tierra” por arar, por “trabajar” estaba incompleta.
--Su majestad
reflexionó sobre lo que había pasado. Han transcurrido muchos días después de
lo ocurrido [...] Son numerosos al igual que todo [...] Ellos brillan en el
cielo como el Sol lo hace sobre las cuatro columnas que sujetan el cielo. [...]
Entonces los círculos de fuego [...] El ejército del rey estaba (en aquel
lugar) y Su Majestad los vio (con sus propios ojos).º
(56)
La lectura de
esta imagen prueba que el Faraón sí logró la “reunificación de las dos mitades
–Alto y Bajo Egipto-- del territorio/cuerpo humano”, ya fuese como iniciado
triunfador en la Gran Obra o durante el Jubileo del Heb Sed, cuya fecha anual
de celebración corroboraría aún más este
enfoque deshermetizante: mes de Kee-hek, (diciembre), esto es, durante la estación de Peret:
--la barca navega hacia el Este (R), donde se produce
el Renacer o Nacimiento Segundo. En el altar central y en los dos laterales,
hay ofrendas; sobre las “aguas” la figura del Sahú con su vestimenta triangular
y el avance de su pie derecho indica la Victoria de los 7 cuerpos del adepto, convertidos
ya en sus “ejércitos” sublimados, acompañados por los dioses; en el “cielo”,
tres discos solares –los reinos físico, astral y espiritual la tríada divina
(Gran Arcano III“Isis sin Velo”)--, apuntan en su interior a los cuatro puntos
cardinales, el sagrado Cuatro –cuaternario inferior que debe transmutarse-- que
se reitera en El Libro de los Muertos
(i.e. CLXVIII: “Tú eres el dios León. Tú
eres el doble dios León. Horus
eres, vengador de su padre. Eres
Cuatro, los cuatro inmortales gloriosos. (...) tus pies no son rechazados.
(...)”.
En la ceremonia
del Heb Sed el Cuatro muestra la misma carga simbólica:
(…) “Cargado en
una vistosísima litera (los detalles cambian según las épocas) y precedido por
un estandarte con la forma Upuaut de Anubis, [el Faraón] llegaba hasta la
capilla de Horus Líbico, donde recibía un cetro, el latiguillo y el cayado.
Tomados ritualmente estos objetos, se envolvía en su manto y era proclamado cuatro veces. Parece ser
que después, y habiendo oído desde las loas de los Altos Sacerdotes a las
lejanas aclamaciones que desde afuera de los pilonos le hacía llegar su pueblo
- que lo idolatraba - se despojaba del manto e iniciaba cuatro carreras simbólicas ataviado tan sólo con el
faldellín y los Cotros. Estas "carreras" deberían ser marchas
ceremoniales para ofrendar a los Dioses
de los Elementos, de los Cuatro Puntos Cardinales, pero los modernos
investigadores lo ven simplemente como "carreras". (57)
En este punto (…)
hay un dato que debe tomarse en cuenta: la llamada “carrera alrededor del muro”
que, además de la ceremonia conmemorativa de la unión del Alto y Bajo Egipto,
el rey debía hacer para consagrar su entronización: “correr entre seis piedras
o seis signos peher (correr),
dispuestos de a tres sobre dos hileras verticales que hacen sin duda alusión a
la corrida alrededor del muro simbólico de las breves leyendas de la piedra de
Palermo.” (58) Al trazar el dibujo correspondiente, se observa que cada fila,
con tres piedras apiladas, representa un total de 9, y que la suma de ambas es,
por tanto, 18=9. Ello indicaría que la carrera entre ellas –que podrían
emblematizar los canales Ida y Pingalá— constituye una alegoría vertebral de
las ´bajadas´ y ´subidas´ a las novenas esferas a lo largo del raquis kundalínico,
asociada con el acto de ´unión de las dos tierras´ donde el ‘dosel´ me trae a
la memoria el ´Carro del Toldo´ chino que identifico con la Gran Rueda. Por
añadidura, los seis signos peher (correr) reafirmarían la idea de ´moverse
con rapidez´ --fusionar fuego y agua, estrella de seis puntas-- contenida en el
signo jeroglífico de la pierna doblada (plural red: las piernas) que percibí en el diseño interior de la Gran
Pirámide, apuntando a “la vía del agua”, al Oeste, al apremio ético, espiritual,
que siente el iniciado por ´Morir en Sí Mismo´. Quizás sea esa la razón
--subestimar el simbolismo parcial y general de ambos actos-- lo que haya impedido
a la lectura tradicional, exotérica, explicar con profundidad su significado.”
(…) (59)
Por
la extensión del tema no trataré aquí la lectura decodificatoria de
muslo-piernas-rodilla-pies-talón de Aquiles que detecto en el trazado
estructural de la Gran Pirámide como representación antropomórfica alegórica
del recorrido mistérico antes explicado de manera suscinta (60). El lavado de
los pies, por su significado mistérico, también
formaba parte del ceremonial del Heb Sed. De ahí que la figura del
porta-sandalias esté presente en tales ceremonias.
En
el Papiro Tulli, en síntesis, el triunfo ritual del Faraón es incuestionable: Su majestad colocó incienso para apaciguar a Amón Ra, Señor de
las Dos Tierras [...] en un documento de la Casa de la Vida [...]
eternidad".
Lic. Julia
Calzadilla Núñez
Historiadora de
Arte, Egiptóloga
1. Por la extensión de este artículo, no daré datos
sobre el hallazgo, dimensiones y peripecias del Papiro Tulli, que el lector
puede encontrar en textos ricos, además, en conclusiones válidas como i.a., los
del egiptólogo e investigador español Nacho Ares. Véase: ww.nachoares.com,
antiguosastronautas.com
2. Independientemente de la interpretación simbólica,
la lluvia de peces se conoce desde la Antigüedad: “¿Puede explicar la ciencia
uno de los fenómenos más curiosos de la naturaleza?”.(…) “Durante siglos se ha
venido registrando en todo el mundo la caída de insólitas lluvias de peces. (…)
“Una de las primeras referencias a una lluvia de peces se encuentra en un
antiguo texto griego, el Deipnosophistai, compilado a fines del siglo II por
Ateneo. Estos fragmentos, recogidos de los escritos de casi 800 autores,
contienen este informe: Sé también que llovieron peces. En todo caso Foenias,
en el segundo libro de su Magistrados de Eresia, dice que en el Quersoneso una
vez llovieron peces ininterrumpidamente durante tres días, y Filarco en su
cuarto libro dice que la gente había visto llover peces con frecuencia. (…) La
última vez fue en 1975.” Y hay más
ejemplos: el 16 de febrero de 1861 ocurrió en Singapur, después de un violento
sismo y varios días de aguaceros torrenciales.
En 1869 ocurrió lo mismo en Gales, y en 1975, en la India. Además de
causas meteorológicas como tornados, torbellinos y trombas, algunos lo
atribuyen a la teleportación. (Tomado del sitio Web: “Lo inexplicable”. E-mail
recibido por la autora en octubre de 2003, gracias a Guillermo Julio Ruiz.).
3. C.C. Zain, The Sacred
Tarot. Doctrine of Kabalism. Serial No.
48..The
4. En: Calzadilla Núñez,
Julia. La Gran Rueda: Una lectura decodificatoria de la Espiritualidad en los
Misterios del Antiguo Egipto. Capítulo 2. Inédito, en vías de publicación. (La
causa de esta “intercambiabilidad” o identidad en cuanto al valor de ambas
letras, se verá que responde a las nociones esotéricas del Alto y Bajo Egipto,
que he identificado con las “dos mitades de la tierra” o “cuerpo de pecado” del
adepto.)
5. O sea, 3.1428571.
(=31=4).
6. Raynaud de la Ferrière, Serge. Los Grandes
Mensajes. (I al IV). Ediciones de la
Gran Fraternidad Universal, Fundación Dr. Serge Raynaud de la Ferrière,
Caracas, 1993. pp. 510 y ss. Séfiro se
refiere a las 10 Emanaciones o Sephirots Divinos que menciona la Cábala. Aquí
el autor alude en especial a los denominados 7 séfiros inferiores que
constituyen la base de estos argumentos
(cuaternario+tríada superior ya partícipe de la Divinidad). Entrar en mayores
honduras filosófico-religiosas nos apartaría del tema central tratado, puesto
que, como se dijo, son trece la totalidad de los chakras esotéricos. En cuanto
a los 22 Arcanos Cabalísticos, el autor anota que en las 22 letras hebreas del
Salmo 119 de la Biblia pueden encontrarse algunas claves mistéricas, no
utilizadas en la traducción referida: “porque se tradujeron tan sólo palabras
mientras que el verdadero espíritu de la idea inicial, que es Iniciática, se ha
perdido (...) Naturalmente, suponemos que San Jerónimo no sabía perfectamente
el hebreo, y en consecuencia, la traducción de la Biblia recibió algunas
alteraciones.” Y añade que, además de los errores de la primera sentencia del
Génesis bíblico, “podemos advertir después (...) que existen 1.500 sentencias
completamente diferentes del texto original, lo que, naturalmente, conduce a
una gran incomprensión por parte del vulgo, que ignora su valor esotérico”.
7. En la elaboración de las
imágenes aquí incluidas se agradece la ayuda de Iván Rodríguez López, en el año
2006.
8. En: La Gran Rueda… Op.
Cit. Cap. 2.
9. En la etimología del
vocablo “pirámide” (ya se derive de la lengua egipcia con significado de
“altura”, o de la griega que la calificó de “pequeño dulce de trigo”), se
detecta la presencia del “fuego”, que pasó, i.e., a nuestro idioma, en términos
que denotan “fuego”, “calor”, como pirosis, pirético, piromaníaco, etc. En lo
tocante a la designación griega, vislumbramos la intención de ocultamiento, ya
que la adjetivación dada a tales monumentos colosales no podía admitir la
noción de pequeñez.
10. Signo jeroglífico que significa pirámide,
amor, azada, canal.
11. En la teoría que
desarrollo en mi Op. Cit., la “vía del aire” al Este es indicada por la línea
recta, y la “vía del agua” al Oeste, por la línea curva en lo que sería el
signo MER tipo. No obstante, para indicar en la ruta de “subida” que se ha
pasado ya por la “vía del agua” y terminado la Gran Obra, la curva pasaría al
Este y la recta al Oeste, donde se sitúa el plexo faríngeo, protector de las
vías respiratorias superiores. El 11, en la numerología mística, alude a la
Gran Obra egipcia y es irreductible, al igual que el 22 y el 33: no puede
aplicárseles la autosuma o suma teosófica.
12. Como pueblo que “miraba”
hacia las fuentes del Nilo, téngase presente en todo momento la perspectiva
austral egipcia, contraria a la occidental nuestra: Norte (indicado por el
signo jeroglífico de una cabeza vista desde la nuca, mirando al Sur), Este
(izquierda), Oeste (derecha), Sur
(mirando, pues, hacia el Delta). El tetragrámaton AROT/TORA representa:
A /Fuego/Leo/Norte/Sur), R (Aire/Acuario/Este), O (Agua/Escorpión/Oeste), T
(Tierra/Tauro/Norte(Sur). Más adelante se comprobará la intercambiabilidad de
la variante A/T que propongo.
13. Ya hablamos del arduo “trabajo” (arot) que
debe hacer el iniciado para “morir en sí mismo” al aniquilar sus “yoes”
bestiales: debe marchar “en contra de la corriente del Nilo”. La “subida”, por
consiguiente, sería más fácil (tora), “Ley de la Evolución” mística: una vez “nacido”
y “muerto”, el hombre autorrealizado “vive después de la muerte” y “renace”. De
ahí que se haga “siguiendo la corriente del Nilo”, a favor de ella. Se exhorta
al lector de estas hojas a aplicar dichas nociones en las demás permutaciones
de la Gran Rueda.
14. En la variante de A al
Sur y T al Norte los recorridos son los mismos (V. en este capítulo “Los
movimientos y giros de la Gran Rueda”).
15. En estos Misterios,
donde el “Fuego” kundalínico (A) se pondría en acción en el Nadir, la llegada a
T indicaría el Cenit: esto es, se pasaría de las tinieblas a la luz (AROT). En
la ruta de “ascenso”, T representaría de nuevo el punto de partida en el Sur
(Nadir), imprescindible para completar la segunda etapa de la Gran Obra en el
Norte (A), que ahora indicaría el Cenit: esto es, se pasaría nuevamente de las
tinieblas a la luz (TORA). No obstante, sin la fase última –iluminación total y
no parcial-- no podría conformarse el emblematismo de la cruz Ankh, en cuya
figuración intervienen, como veremos al analizar el signo MER/MIR, los símbolos
gráficos de “la vía del aire” y de “la vía del agua”. De ahí que el número 11
indicativo de la Alquimia Sexual se refiera en general al desarrollo de la
Obra, mientras que el 22, sublimado ya “por el agua” en el Gran Arcano O,
englobe a ambas vías, en las dos direcciones. A guisa de resumen, puede decirse
que el objetivo esencial del “descenso” lo constituye el “Morir en sí mismo” en
el Oeste y, del ascenso, el “Renacer” en el Este.
16. De igual modo, en la
primera etapa, “descenso”, considerada aisladamente –que indicaría la mitad de
la Gran Obra, o sea, los “4 Rayos”, cifra del cuaternario--, el resultado de
su multiplicación por los 8 “cuartos
trazos” simples sería de 32=5. Ello significa que si bien el adepto ha alcanzado
ya la “Muerte psicológica en el submundo”, necesita completar la etapa restante
(“ascenso”) para “recuperar su cabeza decapitada” y “Renacer” tras la “Vida
después de la Muerte”, todo ello reflejado en 32+32=64=10=1. En otra parte de
este ensayo se aclara que la operación matemática más frecuente entre los
egipcios era la suma, prácticamente la base para efectuar las demás
operaciones. De cualquier manera, ya se sume, se reste, se multiplique o se
divida, el resultado será siempre simbólico en el ámbito de los Misterios, lo
que también ocurriría en el caso de las fracciones.
17. Jacq, Ch. Fascinating
Hieroglyphics, Sterling Publishing Co., Inc.,
18. Que ya comenzaría
simbólicamente a “asomarse hasta conformar la cara/cabeza” que marcará el otro
extremo del trazado (T/A).
19. En esta etapa, cuando ya
el iniciado “ha muerto en Sí Mismo”, el tránsito por el Duat no reviste el
carácter doloroso y abrumador de la primera, durante la aniquilación de los
“yoes mezquinos”. Ahora –cuando ya la “tierra” es Una-- se transita desde el
Oeste como región de la “Vida después de la Muerte” hacia el Este, “región del
Renacer” o Tierra de Dios.
20. Véase la lectura dada en
otros capítulos [La Gran Rueda…, Op. Cit.] al trazado interior de la Gran
Pirámide.
21. (…) Ello ratificaba mi
suposición de que el Bajo y el Alto Egipto – “divididos” a la altura de Menfis
entre Delta (norte) y Valle (sur)-- poseían un valor simbólico idéntico en esta
Obra mistérica. Incesantes lecturas me habían enseñado que el “Bajo” Egipto era
calificado de “zona baja, inferior desde el punto de vista sexual” y el “Alto”
Egipto, de “zona espiritualmente elevada, comparada con el corazón”, sede de
lugares sagrados (Tebas, Luxor) y de famosas necrópolis (Valle de los Reyes), etc.
Pero: en esas mismas incesantes lecturas había aprendido que el “Bajo” Egipto
era también una zona de alta espiritualidad, territorio de grandes necrópolis
(Giza, Sakkara, etc.), mientras que el “Alto” Egipto era considerado una zona
baja, inferior desde el punto de vista sexual, que representaba la parte
genital del cuerpo humano. En: La Gran Rueda…, Op. Cit., cap. 2.
22. La Gran Rueda… Op. Cit,
Cap. 2.
23. Ibid, cap. 2.
24
http://www.diccionariosdigitales.net/GLOSARIOS%20y%20VOCABULARIOS/Ciencias%20Mitologicas-1-EGIPTOLOGIA.htm Mensaje enviado por correo electrónico a la
autora por el investigador colombiano Arty, el 13 de marzo de 2007.
25. Ibid.
26. Torre Suárez, Juan de la. Programa de jeroglíficos Amanuense,
versión 3.0.
27. La raíz PER hace pensar en el sustantivo PER AA (“la casa grande” o
el “gran templo”, origen de la voz Faraón precisamente en tiempos de Tutmosis
III, como título dignatario para designar a los reyes de Egipto. Por otra
parte, aceptando en todo momento la interpretación –defendida por los esposos
Schwaller de Lubicz—del cuerpo como templo del hombre y de su reflejo en dichas
construcciones, “el que habita en la casa grande” se referiría esotéricamente a
la grandeza de espíritu del portador del título de Faraón. En: Calzadilla
Núñez, Julia, Op. Cit. Cap. 2.). Es conocida la labor espiritual realizada por
Tutmosis III en lo que sería una hermandad esotérica que habría perdurado en la
Antigua y Mística Orden Rosacruz (AMORC).
28. En su Op. cit, El Hombre y la Tierra, Libro Segundo, pág. 204, E.
Reclus sustenta que, pese a la autenticidad de su descubrimiento, no fue
Benjamín Franklin el primero que “(...)‘dominó el rayo’. Esta conquista había
sido hecha antes que él por sabios egipcios. Cada una de las dos torres
laterales que preceden a los templos estaba rayada de arriba abajo por
profundas canales en las que se adaptaban exactamente dos mástiles que excedían
mucho de la altura de la construcción y terminaban por cuatro banderolas con
los colores sagrados, rojo, blanco, azul y verde; según las inscripciones,
estos mástiles, que se creen haber sido hechos con la madera de una especie de
acacia, se elevaban a una altura de más de una treintena de metros, cuya
extremidad estaba guarnecida por una armadura de cobre. Los textos dicen
expresamente que estas altas perchas habían sido elevadas para ‘cortar la
tempestad en las alturas del cielo’ [Aquí cita la fuente: Brugsch, Aus dem
Morgentande, p.128 y ss.] Y pregunta: “¿Puede haber lugar a dudas? ¿No es este
exactamente el pararrayos, imaginado además de modo que alegre con sus
banderolas la desnuda masa del edificio? Esos mástiles, dice el símbolo, eran
las dos hermanas divinas Isis y Nephtys, quienes, con sus grandes alas,
protegían a su hermano Osiris contra las astucias y las violencias del perverso
Tifón [Seth].” Seguidamente, al igual que el Dr. J. Alvarez López, atribuye a
los obeliscos la misma función de servir de pararrayos. Claro está, la lectura
esotérica nos revela que Isis y Neftys representaban así los dos conductos Ida
y Pingalá; que las cuatro banderolas indican los 4 puntos cardinales o
elementos físicos presentes en la Gran Rueda; que sus colores rojo y blanco
(“cebada” y “trigo/pan”) indicarían el Norte o el Sur (respectivamente, el
fuego sexual que vuelve púrpura a la Tierra
y el albor luminoso de la luz, según la variante A/T); el azul, el Este
o Levante, región donde nace ese Sol al que la Teosofía atribuye este color; el
verde, el Oeste, la región de la Muerte presidida por Osiris, verde también por
su condición de Dios de la Vegetación que resucita. Y nos preguntamos si el
cristianismo no incluyó en el pan y en el vino de la Eucaristía la esencia
esotérica del trigo y de la cebada. En: La Gran Rueda… Op. Cit, cap. 2.
29. Liungman, Carl G.,
Dictionary of Symbols, W.W. Norton and Company, New York-London, 1991, pág. 54.
30. Como hemos visto en el
tetragrámaton AROT/TORA, la letra T (Tierra) indica el plexo sagrado; la letra
O (Agua) el plexo prostático; la letra A (Fuego) el plexo solar; y la letra R
(Aire) el plexo cardíaco.
31. Las indagaciones
relativas a este tema son, de hecho, fascinantes, e interminables las
asociaciones. Por ejemplo, ¿no podría la palabra LAR haber guardado parte de
una carga semántica (fuego) presente en los Lares romanos y en su papel de
protectores de la “casa” sinónimo de “hogar” sinónimo de “chimenea”? Asimismo,
al rastrear la escritura jeroglífica se ve con esperanza que en dos de estas
tres letras resplandece el “león solar”, en la A (fuego) y en la L que en
textos jeroglíficos tardíos se indicaba con la figura de este animal echado
sobre sus patas. La R, indicada por una boca, denotaría la “Creación”, el
“Verbo.”
32. Otro modo quizás más
fácil de llegar al mismo resultado, es contar las 24 horas transcurridas como
sigue, sin acarreo matemático: de A a R (6 horas), de R a O (12 horas, camino
del Duat), de O a T (6 horas). Total: 24.
33. En: La Gran Rueda… cap.
7. Obsérvese cómo la lectura decodificatoria por la que abogamos al estudiar
los Misterios egipcios, y otros, es susceptible de aplicarse (AROT, TORA, etc.)
en lo destacado aquí en cursiva: “Tengo hoy la Muerte frente a mí”... podría
perfectamente aludir al Norte para un adepto que, desde el Sur, emprende el
recorrido de “subida” tras haber efectuado el de “bajada” (“paisaje del nativo suelo”), haber
transitado por el Duat (“hombre que estuvo prisionero”) y que ahora, una vez
Muerto en Sí Mismo, regresa al “nativo suelo” septentrional de donde partió. O
al adepto que, ya Renacido en el Este, mira hacia el Oeste, el Amenti, el reino
de Osiris, sitio de aniquilación de los yoes bestiales, de la Muerte como
Transformación, el Gran Arcano XIII, el Segador.
34. Uzcátegui, Oscar. El
Egipto Gnóstico. Ediciones Índigo, S.A., Barcelona, 1990. En: La Gran Rueda…, Op, cit., cap. 10.
35. Ibid. “En la primera hora --de nombre secreto Ushement
Hatu-Kefte-Ra, ´Atraviesa por enfrente de los enemigos de Ra´--, la barca
sagrada es, de día, ´la barca de Atet´; de noche, ´la barca de
Sektet´, o sea, el navío en que Ra se desliza por el cielo de levante a
levante, “de sol a sol”, si utilizamos la expresión a menudo aplicada a un
esfuerzo arduo y prolongado del cual Ra sería su precursor./ En la segunda hora
–Shesut Makeb Neb, “La que sabe proteger a su Señor”, esto es, la diosa Isis
que guía al neófito en su viaje por el submundo--, las cuatro embarcaciones que
ya aquí anteceden a la de Ra son, la primera, “la barca de Osiris”; la segunda,
“la barca de Isis”; la tercera, la “del dios que abre los caminos”, portadora
de un estandarte que simboliza a Anubis; la cuarta, de “la diosa Nepr”, una de
las manifestaciones de Osiris como dios de la vegetación, acompañada de la
alegórica palmera./ En la tercera hora –Tent-Baiu, “hora de aquellos que
golpean con sus remos la corriente de Osiris”, --léase los navegantes de las
aguas espermáticas-- la barca solar es llamada “la barca de Ra que navega sobre
la corriente de Osiris”.
36. Cursiva de la autora. Ello indica la cercanía de O, el Poniente,
reino osiríaco de los Muertos. No obstante, en la segunda parte del recorrido
por el Duat, de O a R, también se aplicaría la lectura de transportar al
iniciado “a las cercanías de Osiris”, ya que es en R, en el Levante donde éste
culminaría la Gran Obra mediante su anhelada “Osirificación” o autorrealización
solar.
37. Uzcátegui, O. Op. Cit.. En la novena hora –Tuatet-Maket-Nebs--, “la
barca de Ra conduce al neófito al
‘círculo oculto del Amenti´”, parte del camino en que, según Uzcátegui, el
adepto siente ya la ayuda de las doce partes auto conscientes y superiores del
ser que él califica de ´doce apóstoles de la Gran Obra interior.´” En el Nuevo
Testamento, sin embargo, esta cifra ya citada con relación a los doce
discípulos de Jesús podría, asimismo, constituir otra de las referencias
veladas empleadas en la Antigüedad –como se vio, i.a., en Herodoto, Platón y en
especial en los pitagóricos--, para ocultar el número once y que, en el caso de
los Apóstoles, se obtendría restando al conjunto de doce la emblemática figura
de Judas. En la décima hora –Khenti-Mhesket-Khat-Ab-- es “´la barca de Ra que
observa el nacimiento de los ‘escarabajos vivientes’”, alegórica de la
destrucción de los ´yoes´ bestiales que habitan en el adepto y su metamorfosis
en las potencialidades secretas de este divino animal. Khat (cuerpo físico) y
Ab (cuerpo mental), son así partes integrantes de la designación teófora de
este momento transcurrido en el submundo. En la hora onceava --
Sebuit-Nebit-Uaa-Khat--, cuando ´se aprovisiona al difunto con el equipo
necesario para participar de la dicha de los dioses´, la nave de Ra arriba al
sitio del Duat donde se manifiestan los diez dioses sephiróticos alimentados
por las energías solares que se han ido acumulando en la barca y que, por
consiguiente, dan acceso a las cinco cámaras llenas del ´material incandescente´
utilizado para consumar a los enemigos de Ra´, o sea, las encendidas aguas
alquimistas que, al haber asumido la coloración roja o fuerza del rojo
carbunclo mercurial, destruyen los residuos del ego bestial combatido a lo
largo del trayecto.
38. La Tierra de los Faraones, Egiptologia.org. En: http://www.egiptologia.org
39. (…) “El Juicio de los Muertos es el preludio de unión del Ba y el
cuerpo del dios sol, al igual que ocurre con los que han sido bendecidos. La
Sexta Hora de la noche es la etapa más profunda de todo el viaje a través del
Inframundo (…)”. Autora: Teresa Sonia Trastoy. “Libros egipcios del Más Allá.
El Libro de las Puertas I”, (Véase “Sexta hora”). Texto enviado por Paola
Bogetti a la lista de participación mistico_@gruposyahoo.com.ar, 3 de junio
2007.
40. Como afirma C. G. Liungman
en su Op. Cit. , “la [rueda] de ´5 rayos´
, es
´un jeroglífico egipcio que significa el submundo o el reino de la muerte”; o
sea, la novena esfera infernal que en el Duat conduce al adepto a la Muerte
Mística y que, en el Feng Shui o Ciencia china de armonización de la energía en
los espacios, equivale al bagua 5: Tai-Chi, zona de la salud y del equilibrio
de todas las fuerzas y eco de los tres signos jeroglíficos que solían acompañar
el nombre del faraón: Ankh (Vida), Oodja (fuerte y próspero) y Seneb
(saludable). En: La Gran Rueda… Op, cit, cap., 2. Esta estrella, que representa
al cuerpo humano, indica también al número 5 como componente de las dos mitades
–principios femenino y masculino-- del número 10.
41. Esta cifra aludiría al tocado leonino de la Gran Esfinge. Véase el
“León de Ayer” y el “León de Mañana”, en El Libro de los Muertos: 24 + 24= 48
horas.
42. De dirigirse hacia el Norte, esta etapa del recorrido, en imagen
normal, no de espejo, sería: 
43. OR-Oriente, orientarse.
“(…) Y cumplido ya el recorrido, obtenida la victoria sobre la acuciante
tentación cuaternaria, la autorrealización del adepto se fijaría en nuestra
lengua latina en la voz aurora –la salida del Sol-- donde la partícula aur,
indicativa de oro y de gloria como en aureola y, entre otras, en aurícula, se
relaciona también con el corazón y la oreja que en la anatomía esotérica del
iniciado en estos Misterios son órganos en extremo relevantes. Por añadidura,
sinónimo de aurora es alba, la pureza, reflejada en su acepción de vestidura
blanca de uso sacerdotal, y que en albor y alborada se nutre simultáneamente de
“luz” y de “inicio”. Una vez más, la etimología hilvana conceptos como cuentas
cuyo hilo, aquí, nos remite a un mismo punto de partida: Horus, el sol que
nace; Osiris, “el oro del espíritu” al que puede llegarse también por otra
senda etimológica ya no latina, sino griega: khrysos, oro; v.g. el crisol –por
cierto, con forma de vaso—utilizado para medir sustancias; la crisis,
“mutación”, del gr. krinein, “juzgar”; el crisantemo, “flor de oro”; la
crisopeya, “el arte de transmutar los metales en oro y, desde luego, la crismas
navideña y el Cristo redentor de los hombres, el “Ungido” que evoca el sagrado
y simbólico óleo bautismal y consagratorio que denota el gr. Khrisma, cuya otra
acepción en castellano es, precisamente, “cabeza”. En: La Gran Rueda…, Op.
Cit., cap. 11.
44. A-R: (12m) –
R-O (DUAT) (
O-T: (6am) –
45. Véase la “Sexta Hora” y los escritos de la “Cámara secreta” en AamDuat – Book of What is in the Duat. The Book of the
Hidden Chamber. The Twelve Hours of the Night and the
46. Véase el simbolismo tarótico de los números 6 y 12. También los
días y divinidades rectoras de los puntos cardinales: 4 (Día de Amset, Sur), 5
(Día de Hapi, Norte), 6 (Día de Duamutf, Este), 7 (Día de Quebsennuf), Oeste).
En: E.A. Wallis Budge, Egyptians Ideas of the Afterlife Dover Publications Inc,
New York, 1995.Y téngase en cuenta este dato revelador: Khephera --“la
continuidad de la vida que regresa a sí misma”, “el que llega a la existencia”
tras “Morir en sí mismo”—era el dios titular de la estación de Peret. Y
Jonsu --dios lunar que junto a Kephera
conforma aquí la dualidad polar no excluyente, “el que ahuyenta a los espíritus
malignos” y “viaja por los cielos en su barca”--. de la estación de Shemoo.
47. O. Uzcátegui, Op.
Cit., Cap. 26, pp. 194 y 195. En esta obra el autor cita las divinidades que
regían las doce horas de la noche y las doce horas del día. Citado en: La Gran Rueda…, Op. Cit, cap. 10.
47. Ibid.
48. Neb –oro, triángulo dorado--, el espíritu, lo contrario a su imagen
de espejo Ben, la materia bruta que debe “trabajarse”.
49. Ju: “brillante”, capa o cobertura traslúcida del cuerpo espiritual,
que vivía en el cielo con los dioses. / Dios de la Luz. Ka de Ra. En: El Libro
de los Muertos, Índice Onomástico. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
1979.
50. En un documento introductorio relativo a las Pirámides de Chacona,
en el Valle de Güímar, Tenerife, se menciona a Thor Heyerdahl como el primer
científico que valoró la importancia cultural de éstas y en reconocer su
edificación, con propósitos ceremoniales, “por expertos constructores que
habían estudiado los movimientos anuales del sol.” Esta interpretación,
confirmada por arqueólogos de la Universidad de La Laguna, obedece, i.e., a la
existencia de un “antiguo Camino Ceremonial Norte-Sur, [donde los visitantes
girarán] a continuación a la izquierda en el cruce para tomar el Camino
Ceremonial Este-Oeste”. En este caso, téngase presente la perspectiva austral
egipcia. (Plegable sobre las “Pirámides de Güímar”; Pirámides de Güímar, S.A.,
Chacona, Tenerife, s/f).
51. Keller, Werner. Op. cit.,
pp.127-130.
52. En: El Pensamiento
prefilosófico.... Op. cit, pág. 64. Con (*) señalamos la nota 11 de Wilson, que
indica la fuente citada: Urk, IV, 329 y con (**), su nota 12: Urk, IV, 373.
Subrayado de la autora. Considerando que plagar posee una connotación
peyorativa, es incorrecto su empleo en la versión castellana del original en
lengua inglesa, para aludir a elementos sagrados como montañas, árboles,
lluvias, maderas. Tampoco apoyamos el “desprecio” que este autor “hace sentir a
los egipcios por sus vecinos extranjeros”, pues si bien hubo reales campañas de
conquista, también hubo “guerras” simbólicas a las cuales se les ha atribuido
el carácter de las primeras y donde, en realidad, los supuestos ‘enemigos’ no
eran humanos, sino psicológicos. En: La Gran Rueda…, Op. Cit. , cap. 2.
53. Liungman, C.G. Op.cit,
pág. 108.
54. Barahona Juan. SESHAT,
Revista española de divulgación egiptológica. Curiosidades, Cur21.
55. Ibid.
56. “Objetos voladores vistos por el Faraón Tutmosis III”. En: Il Giornale dei Misteri n. 214 e I Misteri n. 9.
20- gennaio 2001 Mistic.it
57. Livraga, Jorge Angel,
Op. cit. . “Ceremonias iniciáticas en Egipto”. Recibido por email desde la
lista de participación antiguoegipto@telefonica.net, 8 de junio de 2006. Cursiva de la autora. La
“carrera” alrededor del muro, asociada con la columna Djed de Osiris es de
esencia vertebral.
58. Drioton, E. y Vandier J., Historia de Egipto. EUDEBA-Editorial Universitaria de Buenos Aires,
1968, pág. 118.
59. En: La Gran Rueda… Op. Cit., cap.2,
60. Remito al lector a la publicación en
varias partes de un resumen de La Gran
Rueda por la revista argentina Al
Filo de la Realidad (AFR), y a las listas de correo electrónico y sitios
web, entre otros, extrasensorial_web@yahoogroups.com,
mistico_@gruposyahoo.com.ar, misteriosantiguos@yahoogroups.com,
piramicasa@elistas.net, piramidologia@yahoogroups.com, http://www.iespana.es/elumbralinexplorado/
En ellas se trata
igualmente el tema de la sandalia, del porta-sandalias, y de los llamados
“conductos de ventilación” de la Gran Pirámide.