EL TRIANGULO MALDITO
por Ángel Rodríguez Álvarez.

Era una noche de septiembre del año de 1974. Acababa de cenar y me disponía a subir al Puente de Gobierno. Salí a cubierta y me extrañó el cambio tan brusco que había experimentado el tiempo. Lloviznaba y todo estaba muy oscuro. El barco comenzaba a balancearse y a dar algunas cabezadas, pese a que disponía de estabilizadores. Tal vez no los habían puesto en funcionamiento.
Nos encontrábamos en las cercanías de la Base Naval de Norfolk, lugar al que nos dirigíamos, en el Estado de Virginia. Debíamos llegar a nuestro destino al amanecer, después de haber cruzado el Atlántico sin problemas, con un tiempo y una mar espléndidos.
A última hora el tiempo nos iba a aguar la fiesta, y nunca mejor dicho. Como no tenía ganas de mojarme decidí subir al Puente por los pasillos y escalas interiores. Cuando llegué allí noté al personal de guardia bastante alterado. El carácter del Comandante era muy fuerte y supuse que había habido bronca. No me equivoqué.
Interrogué a uno de mis compañeros que estaba anotando la situación del barco en la carta de navegación:
-¿Dónde estamos?- le dije, en voz baja.
-Supuestamente aquí - me contestó señalándome con el lápiz la última situación. Las situaciones eran por estima.
Cogí el compás y calculé la distancia a tierra: 8 millas.
-¿Tan cerca?, no me lo puedo creer - le dije, sorprendido.
-¡Calla, calla!. En realidad no sabemos dónde estamos. El radar no funciona bien, el C.I.C. tampoco lleva la situación bien. Ninguno de los equipos es fiable. El Comandante tiene un cabreo de espanto.
No podía ser. Aquello no era normal. Algo raro había pasado.
El Comandante efectivamente estaba cabreado y descargaba su cabreo contra el Oficial de Derrota, y contra todo cuanto se meneaba entre el cielo y la tierra.
El Oficial de Derrota descargaba contra nosotros, culpándonos de haber cometido errores en las situaciones de estima a lo largo de toda la singladura. Por aquél entonces no se disponía de G.P.S. como en la actualidad, y debíamos recurrir al Sextante, al Loran, y a la estima. Pero por muchos errores que hubiésemos cometido, aquello no me parecía lógico.
Miré en el radar, y el barrido se producía en una zona en blanco, totalmente.
Nada de tierra. La aguja náutica y la giroscópica funcionaban bien. Miré hacia la proa. Vi cuatro columnas de agua, y el mar empeorando. Entonces me acordé del Triángulo Mortal de las Bermudas, lugar de historias y leyendas alucinantes sobre desapariciones de barcos y aviones. Y me puse algo nervioso, aunque no dije nada. No estaba el horno para bollos.
Así que, sin tenerlas todas conmigo, salí del Puente y me fui hacia los alojamientos, pensando que todo se aclararía pronto y esperando que de un momento a otro iban a tocar "Babor y Estribor de Guardia", para entrar, por fin, en puerto. Pero me equivoqué. Pasamos la noche navegando, sin llegar a tierra, perdidos de una manera estúpida e incomprensible. Amaneció un nuevo día luminoso, con la mar en calma. El barco navegaba con rumbo Sur, plácidamente, discurriendo su derrota paralelamente a la costa americana que podía ver, al fin. ¿Rumbo Sur?.

Entré de guardia y me aclararon el misterio: La noche anterior, el barco no se encontraba donde pensábamos nosotros, sino 81 millas más al Norte y muy lejos de tierra. Efectivamente, nos habíamos perdido durante una noche entera. Nunca sabré el motivo.
Tres horas después, nuestro barco entraba en la Base Naval de Norfolk. Pasamos cerca del portaaviones J.F.Kennedy, que estaba en el mismo muelle que el U.S.S. NITMIZ, que protagonizaría una película sobre este tema, titulada "Al final de la cuenta atrás".
Durante tres meses y medio permaneceríamos en el Mar de la Muerte, el Triángulo Mortal de la Bermudas.
Un mes más tarde, y después de diferentes pruebas y ejercicios, nuestro barco puso rumbo a Fort Lauderdale. Llegamos antes de lo previsto, por lo que, para no entrar en puerto de noche, estuvimos dando vueltas por la zona, haciendo tiempo.
Era una noche apacible y sin viento. Vimos unas bengalas, y algunas luces de barcos. Contactamos por radio y por señales luminosas para ofrecer nuestra ayuda, pensando en un posible naufragio. La causa de estas luces era la búsqueda de los tripulantes de un yate, el cual había aparecido vacío, con todo en orden, pero sin las dos personas, hombre y mujer, que debían encontrarse a bordo. No aparecieron. ¿Fueron atacados por tiburones, al bañarse, tal vez?. Esta zona que abarca la Florida, las Bermudas y Puerto Rico, es un área con unas condiciones meteorológicas muy cambiantes, y se puede pasar, en tan sólo unas pocas horas, de una mar en calma a una tormenta con vientos, lluvia y olas de hasta siete metros de altura, que llaman "olas asesinas". Al cabo de un año, pueden producirse hasta cuatrocientas o quinientas trombas, y los huracanes y grandes temporales son muy conocidos.
Las condiciones meteorológicas son, posiblemente, las causantes de gran parte de las desapariciones y misterios de la zona, pero existen otros factores que no están claros, en absoluto.
Los científicos no aceptan la existencia de nada misterioso que produzca las extrañas desapariciones, que se dan, dicen, en cualquier parte del mundo, en circunstancias similares.
Pero, ¿podría existir una aberración de tipo electromagnético?.


Imagen: Fernández, Ernesto Alonso. Los Ovnis y el Triángulo de Las Bermudas: Un mito. Editorial Teorema, PG. 147

Cuando amaneció, entramos en el puerto de Fort Lauderdale. En ese mismo lugar, 29 años antes, los motores de cinco aviones Avenger TBM rugían en la pista de despegue, dispuestos a iniciar un vuelo que pasaría, tristemente, a la Historia del Misterio. Eran las 1400 horas del día 5 de diciembre de 1945.

El jefe o líder de esa misión era el Teniente Charles C. Taylor, un veterano de la Marina de Guerra, con una gran experiencia.
Cada avión llevaba una tripulación de tres hombres. Quince en total. Uno, por hallarse enfermo se quedó en tierra.
El Teniente Taylor solicitó ser relevado, por encontrarse indispuesto, pero su solicitud fue denegada.
Buen tiempo. La meteorología no hacía presagiar nada fuera de lo normal en toda la zona del vuelo. Cielo despejado, viento de cola que les iba a proporcionar un empuje de unos veinte nudos a añadir a su velocidad, en su vuelo inicial.
Los aviones habían sido revisados y todos sus equipos funcionaban perfectamente, incluidos los chalecos salvavidas.
Tenían el suficiente combustible para 1.660 kilómetros.
Misión: Alejarse 160 millas hacia el Este, siempre en línea recta, girando hacia el Norte y regresar a la Base. El vuelo era de adiestramiento, para efectuar un bombardeo marítimo.
Era técnicamente imposible perderse, dada la visibilidad y los puntos de referencia.
El vuelo comenzó, siendo, como decía, el Teniente Taylor el líder, con gran experiencia. Sus hombres sólo tenían unas trescientas horas de vuelo. Para un vuelo a la vista de un líder, el único que cuenta es el líder. Si éste se estrella, todos se estrellan. Si se hunde, todos se hunden con él. Todos repiten lo que hace el líder.
Durante una hora y cuarenta y cinco minutos, todo fue con normalidad. A las 15:45 horas, la Torre de Control de Fort Lauderdale recibe un mensaje del Vuelo 19: "Torre de Control, Torre de Control. Esto es una emergencia. Nos hemos salido de curso. Parece que nos hemos salido de curso. Parece que nos hemos perdido. No estamos seguros de nuestra posición. ¡No podemos avistar tierra!".
El operador de la Torre no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. ¡Era imposible perderse!.
Contestó: "Aquí Torre de Control. ¿Qué posición tienen?".
Vuelo 19: "No estamos seguros de nuestra posición. Repetimos, no podemos ver tierra. No sabemos si estamos sobre el Atlántico o sobre el Golfo".
Torre: "Asuman rumbo hacia el Oeste. Pronto verán tierra".
Vuelo 19: "No sabemos hacia dónde está el Oeste (?). Todo está mal. Es tan extraño...El mar está muy raro".
En ese momento, la comunicación se cortó.
A pesar del buen tiempo, las comunicaciones por radio entre el infortunado Vuelo 19 y la Torre de Control de Fort Lauderdale tenían mucha estática, (lo que confirma mis sospechas de fenómenos electromagnéticos, si bien esto no es demostrativo de nada). Por momentos se escuchaban las conversaciones de los pilotos entre sí. Diez minutos más tarde se restableció el contacto. Los operadores escuchaban los ruidos de los motores, pero ya no a los pilotos.
Instantes antes de las 1600 horas, se escuchó lo siguiente: “No estamos seguros de nuestra posición. No sabemos realmente dónde estamos. Creo que a unos 360 kms. al Noroeste de la Base".
Se cortó de nuevo el contacto radio.
Instantes después se reanudó de nuevo: "Esto es muy extraño. Parece que estamos sobre aguas blancas".
El contacto se cortaba y se restablecía a cada momento. Se oyó decir: "Estamos completamente perdidos y parece que...". Aquí finalizaron sus comunicaciones.
Se ordenó a un hidroavión de la Marina, un Martín Mariner, con una tripulación de 13 hombres, y especializado en rescate anfibio que realizase un vuelo de reconocimiento. El Mariner contacta, súbitamente, con el Vuelo 19:
"Vuelo 19. Estamos volando hacia ustedes para guiarlos de regreso. ¿Qué altitud tienen?".
Una serie de interferencias dificultan el poder escuchar la contestación, pero las tres últimas palabras se escuchan perfectamente: "¡No nos sigan!". Y se perdió el contacto definitivamente.
Por un período de siete minutos aproximadamente, el Mariner mantuvo contacto con la Torre de Control. A partir de ahí, se perdió todo contacto y jamás se volvió a saber de él. Posteriormente, algunos testigos dijeron haber visto una gran bola de fuego, que caía al mar.
¿Qué había pasado?. Los expertos afirman que un avión de esas características, con 5.000 litros de combustible extraordinariamente volátil es una bomba en potencia, por lo que atribuyen la desaparición del Mariner a que uno de los tripulantes estaba fumando, lo cual provocó la explosión del avión, y eso sería la gigantesca bola de fuego que vieron los testigos. Sin embargo nada de lo que ocurrió con el Mariner ni con el Vuelo 19 pudo comprobarse. Todo son conjeturas, por lo que el misterio de esa fatídica fecha permanece vivo.
Atónito con todo lo que estaba sucediendo, el Comandante de la Base de Fort Lauderdale ordenó la búsqueda más intensa por mar y por aire de todos los tiempos. Se realizó un rastreo minucioso y exhaustivo, pero sin resultado alguno. Nada. Absolutamente nada. Ni el más mínimo resto. Desaparecieron para siempre.
Cuando entramos en el puerto de Fort Lauderdale, bajé a tierra y me puse a caminar por una avenida llena de cocoteros, que me llevó a Las Everglades, la "Venecia Americana", zona muy bonita, surcada por infinidad de canales llenos de embarcaciones de todo tipo. Constantemente salían y entraban yates y otros barcos de pequeño y mediano porte que se dirigían o regresaban de la zona misteriosa: El Triángulo Mortal de las Bermudas.
Viéndolos, pensaba yo si no tendrían miedo de meterse en aquel mar que había protagonizado tantas historias que unos relacionaban con supuestos Ovnis, otros con puertas dimensionales o temporales, y otros, simplemente pensaban en fenómenos meteorológicos o naturales, negando toda posibilidad extraña o paranormal.
El tamaño de estas embarcaciones no era el más indicado para afrontar olas de hasta 7 metros, es decir, las olas más grandes, los vientos más fuertes y las corrientes más rápidas del mundo.
El Servicio de Guardacostas se encontraba cerca. Me acerqué a curiosear.
Anualmente, este servicio recibía del orden de 8.000 llamadas de socorro. 700 mensualmente y 25 diarias.
Algunos de estos yates, al encontrarse sus ocupantes dentro del barco, podían meterse de lleno, sin darse cuenta, dentro de una tromba, que los destrozaría y los hundiría. Las fuertes corrientes desplazarían lejos, muy lejos, sus restos, (si quedaba alguno). Nadie volvería a saber de ellos. Al converger masas de aire frío y caliente, se forman por momentos violentos temporales que arrasan la zona. Un paraíso muy violento esta zona. Hasta 4 huracanes simultáneos han llegado a verse sobre las Bahamas.
Permanecimos tres días en Fort Lauderdale, llenando nuestra panza de combustible y misiles. Después, la proa del barco enfiló la canal de salida, y ya con mar abierta pusimos rumbo hacia San Juan de Puerto Rico. La mar estaba muy movida y el barco comenzó a bailar, para mi desesperación, clavando su proa, y poniéndome el estómago en la garganta. Puerto Rico es una tierra donde se dan con inusitada frecuencia avistamientos Ovnis.
Los/as ufólogos/as de la Isla tienen mucho en qué entretenerse. Entrando por la bocana del puerto, existe un convento de monjas españolas, que tienen la costumbre de saludar a todos los barcos españoles que entran y salen, haciendo ondear una bandera española. Nosotros hicimos sonar el pito del barco, con varias pitadas largas, al tiempo que saludábamos con las manos y gorras desde la formación de Babor y Estribor de Guardia.
Me gustó mucho, San Juan de Puerto Rico. Allí me agarré un colocón de espanto, por beber ron tostado, pero es que estaba riquísimo. Y ya que podía "desaparecer", pues desaparecería a gusto.
Compré un libro sobre OVNIs: "EL GARADIAVOLO", sobre un supuesto ser extraterrestre que habían encontrado por allí, entre los manglares. Era pequeño y feo, (el ser, no el libro), y se dice que se trata de un fraude, pero me mantuvo en "ambiente ufológico" durante unos días.
En el año de 1948, el 28 de Diciembre, un avión DC-3, privado, en vuelo comercial, desapareció, con 32 personas a bordo y la tripulación, en un punto entre San Juan de Puerto Rico y Miami. Jamás se volvió a saber de él.
Años más tarde, del Aeropuerto de Isla Grande de San Juan, despegó un avión el 13 de abril de 1963. Era un Boeing 707, en vuelo de Puerto Rico a Nueva York. Tomó altura de crucero, 30.000 pies (unos 10 kms.), y cuando llevaban media hora de vuelo, el copiloto vio algo sorprendente, comunicándolo a sus compañeros.
Era un fenómeno de naturaleza desconocida, que se estaba desarrollando sobre la superficie del mar.
Se trataba de una enorme burbuja, que iba aumentando progresivamente de tamaño.
La burbuja llegó a tener una milla de ancho por media milla de alto. (1 milla =1.852 mts.).
Los miembros de la tripulación no podían dar crédito a lo que estaban viendo. Se parecía a una explosión nuclear, pero, ¿en aquella zona?. Si no era eso, ¿qué podía ser aquella amenazadora burbuja, que se extendía sobre el mar?. Nunca lo sabremos.
Desde Puerto Rico hasta Fort Lauderdale navegaba el remolcador "GOOD NEWS", en el año de 1966.
Este remolcador pasó por una experiencia extraña: Se vio repentinamente rodeado por una niebla muy espesa y fue sacudido por una mar embravecida.
La Giroscópica, la Aguja Náutica y todos los instrumentos eléctricos quedaron averiados enseguida. El barco fue zarandeado con fuerza. Curiosamente, cuando el remolcador salió de esa misteriosa niebla, el mar estaba en calma. Los instrumentos recobraron su funcionamiento normal. Parecía que durante un tiempo el "GOOD NEWS" hubiera estado en "otro sitio". En 1975, la lancha costera "Diligence", que se dirigía a auxiliar a un carguero en llamas notó que su radio dejó de funcionar, y todos los tripulantes pudieron ver unas extrañas "luces verdes" que caían del cielo. En numerosos casos de semi desapariciones, en que los protagonistas han podido contarlo, se habla de esta extraña niebla, que produce el fallo de los equipos eléctricos y magnéticos, como si fuese una niebla "electromagnética". Los expertos y científicos no admiten la existencia de ninguna niebla de esa naturaleza, pero no aclaran estas distorsiones y averías de los equipos de a bordo de barcos y aviones.
Sin ninguna niebla, con la mar en calma y un calor en aumento, abandonamos San Juan de Puerto Rico, después de haber estado varios días lanzando misiles con una nota excelente.
El barco puso rumbo hacia otro punto "mortal": Las Islas Bahamas. Las Bahamas están constituidas por un archipiélago de 30 islas, 700 islotes y más de 2.000 arrecifes.
Aunque tienen de todo, su economía principal es el turismo.
Las Islas Bahamas nos recibieron con un calor sofocante y la mar como un plato. No soplaba ni una brizna de viento. Podríamos haber hecho una fabada asturiana sobre la cubierta del barco.
Durante varios días nos iban a realizar una serie de calibraciones desde tierra, (nosotros no entraríamos en puerto, esta vez), para lo que nos colocaron varias antenas parabólicas. El último día lanzaríamos cohetes, en lugar de misiles.
Las noches eran una maravilla. Daba gusto salir a cubierta a observar el cielo y la mar, mientras tomabas un café y fumabas un cigarrillo o una pipa, (por aquellos tiempos yo fumaba), apoyado en la borda, mientras el barco surcaba las aguas suave y silenciosamente.
Tachonado de estrellas y extraordinariamente claro, el cielo me atraía mucho, imaginando naves estelares que en cualquier momento podrían hacer acto de presencia. Tenía algo de lo que, desgraciadamente, carecen los escépticos: fantasía. Por eso yo podía disfrutar de todo lo que me rodeaba. Pero, también por eso tenía mis miedos, por lo que pudiera ocurrir en aquel sitio tan hermoso.
Porque las Bahamas reúnen una inmensa casuística de desapariciones y fenómenos inusuales.
Nosotros navegábamos paralelos a la isla Andros, con un rumbo que coincidía con uno de los lados del famoso Triángulo Mortal, el de más al Sur. Subíamos y bajábamos por ese lado, aunque el triángulo es una delimitación aproximada, sin que se conozcan sus verdaderos límites. Íbamos a velocidad muy lenta.
Cerca de nosotros desaparecieron en el año 1924 el carguero japonés "RAIFUKU MARU", que navegaba entre las Bahamas y Cuba.
El "COTOPAXI", en el año 1925, cerca de Cuba. Su ruta comercial era entre Charleston y La Habana.
Cerca de la Isla de Cat, y con 43 hombres a bordo desapareció, en el año de 1931 el carguero "STAVENGER".
También aviones, como el "CHASE YC-122", que desapareció entre Palm Beach y la Gran Bahama, el 11 de enero de 1957. Llevaba 4 pasajeros a bordo y era un avión de carga.
El "FLYING BOXCAR" C-119. Este avión desapareció al Sudoeste de las Bahamas, el 05 de junio de 1965, con 10 pasajeros a bordo.
Sabemos que esta área es muy peligrosa, climatológicamente hablando, y es cierto que muchas desapariciones se producen por esta causa, pero no todas.
Muchos científicos rechazan la idea de que pase nada fuera de lo normal, y los organismos oficiales lo niegan, rotundamente.
Como trabajador de un organismo oficial, las declaraciones (afirmaciones o negaciones) de estas instituciones no me merecen mucho crédito, pues conozco su funcionamiento y las normas por las que se rigen. Sólo un iluso puede creer que los organismos oficiales no mienten. Lo difícil es que digan alguna verdad.
En cuanto a los científicos, hay opiniones para todos los gustos, desde los que no aceptan que pase nada, hasta los que manifiestan sus dudas y buscan explicaciones.
No se ha encontrado una explicación para el desastre del Vuelo 19, aunque se barajaron varias posibilidades, tan válidas unas como las otras, pero ninguna definitiva, así como la del Mariner que salió en su ayuda. Se supone que...explotó...porque... "alguien" se puso a fumar. Pero, ¿fue así realmente?.
Bueno, lo suponemos, sólo lo suponemos.
Cualquier cosa puede haber ocurrido. Como decía Teilhard de Chardin: "Sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero".
¿Pasos dimensionales?, ¿Puertas en el tiempo?, ¿trombas?, ¿remolinos?. Bruce Guernon, pilotando su avioneta se introdujo en una nube que a él le pareció una gran rosquilla. En su interior todo se veía gris, y al final había como un túnel de salida.
Las paredes interiores de "aquello" estaban rodeadas por pequeñas nubecillas.
Calculó en veinte minutos el tiempo necesario para salir del tubo, pero sólo tardó cuatro. Según sus propias palabras, "parecía que estaba dentro del mismísimo tiempo".
Hemos hablado de la famosa niebla supuestamente electromagnética, donde las embarcaciones y los aviones tienen problemas graves, y mal funcionamiento de sus equipos. Esa niebla los meteorólogos dicen que no existe. Los marinos y pilotos dicen que sí. Los desaparecidos ya no pueden decirnos algo. No creemos en las brujas, pero haberlas las hay, dicen mis paisanos. ¡Y qué razón tienen!.
¿Qué misterio encierra el Triángulo Mortal de las Bermudas?.
Una vez que finalizamos nuestra calibración, y disparados los cohetes, nuestro barco abandonó las Islas Bahamas. Después de nuestra partida hubo 9 desapariciones en la Zona Maldita.
Aunque se habló de un descanso en las Islas Bermudas, lo cierto es que todo quedó en un rumor, y tomamos el rumbo de regreso a la Base Naval de Norfolk.
Hubiera estado bien que hubiésemos cerrado el Triángulo, pero no fue así. ¡Qué le vamos a hacer!.
Sobre las Islas Bahamas había pasado el Vuelo 19, pensando que eran los Cayos de Florida. ¿Estarían sus restos cerca de allí?
Si el Vuelo 19 es un símbolo que caracteriza al Triángulo Mortal de las Bermudas en lo que se refiere a aviones desaparecidos en tan enigmática zona, existe otro símbolo en lo que se refiere a barcos.
Es un bergantín goleta, de dos palos, que ha entrado en la leyenda como uno de los barcos fantasmas de la Historia Marítima. Su nombre es el "MARY CELESTE", construido en Parrsboroug, Nueva Escocia, en el año de 1861.

Tenía 280 toneladas de desplazamiento, 30 metros de eslora y 7,6 de manga.
Este barco se hallaba atracado en los muelles de Nueva York, con las bodegas llenas de diferentes tipos de mercancías, pero en su mayor parte el cargamento se componía de 1.700 barriles de alcohol para vino, y como puerto de destino se había fijado Génova. Asegurado por la Atlantic Mutual Insurance Company.
Como Capitán del "MARY CELESTE" iba Mister Benjamín S. Briggs, que en este viaje iría acompañado de su joven esposa Estelle Briggs y su hija de dos años.
Briggs era un experto marino, de la total confianza del Armador. El se encargó de buscar la tripulación del barco, que a la hora de presentarla al Armador formaba este rol:
Capitan: Mr. Benjamin S. Briggs.
1er. Oficial: Mr. J.T. Hullock.
Contramaestres: Albert Richardson y Andrew Gilling.
Cocinero: John Pemberton.
Marinería: James Sanson, Samuel Mannig, Erin Vennihort, Theodore Moffat y Hugh Hawley.
Ya dijimos que acompañaba al Capitán su esposa Estelle.
En el camarote del Capitán se colocó, fuertemente afianzado, un piano, propiedad de Estelle.
El barco zarpó de los muelles de Nueva York al atardecer del 07 de noviembre de 1872. Por delante, muchos días de navegación y previsión de buen tiempo.
Otro barco partió, unos días más tarde, también con rumbo al Mediterráneo.
Era más rápido y con mayor capacidad de carga que el "MARY CELESTE". Su nombre era el "DEI GRATIA", y su Capitán David R. Morehouse, amigo de Briggs.
Pasaron los días, y dado que el "DEI GRATIA" era más rápido que el "MARY CELESTE", le dio alcance a este último en las cercanías de las Islas Azores, lo cual era normal o previsible.
Pero lo que no era normal era el rumbo errático y los virajes que el "MARY CELESTE" iba haciendo, ante la extrañeza de la tripulación del "DEI GRATIA".
Presintiendo que algo fuera de lo normal estaba ocurriendo, Morehouse observó con su catalejo. Ni un alma a bordo. Dio la orden de acercamiento al otro barco.
Cogió su megáfono y gritó: "¡Ah del Mary Celeste!". Silencio absoluto. Les costó mucho tiempo y trabajo alcanzarlo debido a esos virajes bruscos. Lo consiguieron, al fin, sobre la medianoche.
El Capitán ordenó al Primer Oficial y al Piloto, apodado "Orejas", que se acercaran en un bote y subieran al "MARY CELESTE".
Así lo hicieron, y cuando regresaron venían temblando, horrorizados.
Presintiendo algo malo, el Capitán, que había ocupado provisionalmente el puesto del Piloto al timón, despertó a toda la tripulación.
Al amanecer, el Capitán se embarcó en la chalupa, con el Primer Oficial y el Piloto.
No había nadie a bordo. Todo estaba en orden, la tetera humeante en un hornillo y dos tazas de té recién servidas, y ropa recién tendida. Morehouse fue al camarote de Briggs. En la mesa unos cubiertos y un plato servido. Un pollo hervía en un hornillo.
Consultó el Libro de Bitácora. En el libro, la última anotación estaba hecha en una fecha que correspondía a 20 días antes, el 24 de noviembre. Estaba escrito:
Situación 36º lN y 27º LW. (A unas 500 millas del lugar en que estaban ahora).
También se leía: "24 de Noviembre a las 11 de la mañana, con buen tiempo".
Un espacio en blanco y una última anotación: "¡Sucede una cosa extraña!". En cubierta un sable, con algo parecido a sangre, y la barra de sondar la sentina.
Del "MARY CELESTE" había desaparecido el único bote de que disponían. En la popa todavía quedaban los restos de la amarra que lo había descendido y...¿remolcado?.
Todo indicaba que se había producido una huida precipitada, pues también faltaba un sextante y la documentación del barco, excepto el Libro de Bitácora.
Los pequeños objetos que se encontraban en la mesa, estaban en orden, y no se habían caído, como hubiera sido lo normal en caso de colisión o temporal. No había signos de violencia, aunque sí faltaban algunos barriles de alcohol de la carga, por lo que se pensó en un robo y posterior huída de la tripulación, matando al capitán, a su familia y a los oficiales, lo que justificaría la sangre del sable, pero esto no tenía consistencia alguna, dada la poca entidad del robo.
Se pensó en un conato de incendio a partir de algunos barriles de alcohol, lo que podría hacer temer una explosión del barco, obligando al Capitán y resto de la tripulación a embarcarse en el bote, a remolque del barco y en espera de acontecimientos, rompiéndose desgraciadamente el cabo de remolque y quedando a la deriva, sin posibilidad de regreso al barco.
Todas ellas explicaciones racionales, para poder explicar la desaparición de los tripulantes del "MARY CELESTE".
El Capitán del "DEI GRATIA" ordenó a algunos de sus hombres que condujesen el barco misterioso al puerto de Gibraltar, donde un Tribunal Marítimo iniciaría una investigación de los hechos, y Morehouse presentaría una demanda de indemnización por el rescate.
La comisión investigadora fue dirigida por Solly Flood, procurador del Almirantazgo Inglés, que no pudo aclarar nada de lo sucedido. Sí se comprobó que el sable estaba manchado por el óxido y no por sangre. En Marzo de 1873 el Tribunal dio a conocer su fallo: "Lo sucedido a bordo del "MARY CELESTE" es un completo misterio, para el cual, este Tribunal no encuentra explicación".
Nunca se supo qué ocurrió realmente, aunque se hicieron numerosas elucubraciones, algunas verdaderamente descabelladas.
Pero en el "MARY CELESTE", tan sólo por un detalle podríamos sospechar algo de lo que podría estar sucediendo en el Triángulo Mortal de las Bermudas.
El libro de Bitácora tiene su última anotación el 24 de noviembre, veinte días antes de ser encontrado abandonado. Y el Libro de Bitácora es obligatorio rellenarlo a diario y al final de cada guardia, pues es como la "caja negra" de un barco.
Las anotaciones en la pizarra del Puente indican la misma fecha. Entonces cabe suponer que desde que es abandonado, hasta que es encontrado han pasado, efectivamente, 20 días. ¿Cómo es posible que sobre la mesa estén dos tazas de té humeantes, y una comida recién servida, y ropa recién tendida?.
Todo daba a suponer que los tripulantes acababan de abandonar el barco media hora o una hora antes de ser encontrado.
No ha habido colisión, no ha habido temporal, no ha habido asesinatos ni epidemia. ¿Qué pasó, entonces?.
¿Acaso ha habido un paso dimensional del barco y regreso posterior, pero habiendo desembarcado los tripulantes, y no pudiendo regresar al MARY CELESTE en el momento del retorno a su dimensión habitual, quedándose, para siempre, perdidos en ese lugar?.
¿Qué quiso dar a entender Briggs con su nota en el Libro de Bitácora, con la frase: "¡Sucede una cosa extraña!"?.
Jamás se sabrá. Hay carnada suficiente para escépticos y no escépticos. ¿Cuál fue el destino final del barco?.
El "MARY CELESTE" cambió varias veces de propietario, vendiéndose muy por debajo de su valor real, pues nadie quería embarcarse en un buque que consideraban "maldito".
Su última singladura fue en el año 1884, cuando realizaba una travesía de Boston hasta Haití, llevando una carga mixta.
El 3 de enero de 1885 el MARY CELESTE encalló y fue destruido en la escollera de Rosheli, en la costa haitiana.

Muchos son los barcos y aviones desaparecidos en esta zona, pero también es frecuente, al igual que pasó con el "MARY CELESTE", que aparezcan de nuevo los barcos y no aparezcan los seres humanos que los tripulaban. Se encuentran los barcos en perfectas condiciones, con todo a bordo, sin señales de violencia, con la comida humeante en los platos, pero ni rastro de las personas. Curiosamente, en los casos en que en las embarcaciones había animales domésticos o mascotas, (perros, gatos, loros, etc.), estos sí aparecen con el barco nuevamente. Sólo desaparecen los humanos.
La Marina estadounidense llevó a cabo un proyecto secreto, llamado MAGNET PROJECT, del que no se sabe prácticamente nada, excepto que estaba relacionado con la búsqueda, mediante aviones equipados con magnetómetros muy sensibles, de fuerzas magnéticas procedentes de Cayo West, en el Caribe. Se decía, y esto son sólo rumores, que tenía relación con el fenómeno OVNI.
Los científicos que no sólo se dedican a negar sistemáticamente, sino que se molestan en investigar, hablan de cinco fenómenos principalmente, como posibles causantes de muchas desapariciones: Trombas de Agua, Maremotos, Ondas de Profundidad, Turbulencias de Aire Claro y Tempestad de Supernova.
En el primer caso, gigantescas columnas de agua se levantan, capaces de aplastar navíos o precipitar aviones que vuelen a baja cota.
Los maremotos, fenómeno común, pueden llegar a 70 metros de altura. Surgen de repente, aunque la mar esté en calma. Pueden destrozar un barco.
Las Ondas de Profundidad son producidas por desmoronamientos marinos.
En cuanto a lo que puede afectar directamente a los aviones, están las Turbulencias de Aire Claro, estudiadas en los últimos años por los científicos, y son perturbaciones atmosféricas como "agujereamientos repentinos que surgen del choque de masas de aire de niveles diferentes.
Este tipo de turbulencias escapan a las previsiones de los meteorólogos.
Sería algo así como si un avión se encontrase con un muro y no pudiese traspasarlo, estrellándose contra él. Y la Tempestad de Supernova, que es un violentísimo temporal que crece con gran rapidez, tiene un desarrollo fulminante y desaparece de inmediato, llevándose consigo cuanto encuentre a su paso.
¿Puede haber sido la causa de la desaparición, en 1947 de una superfortaleza estadounidense, a 100 millas de las Islas Bermudas?. Se llevó a cabo una búsqueda intensa por parte de un gran número de barcos y aviones pero no se logró resolver el misterio.
Las autoridades militares trataron de explicar el suceso afirmando que una tremenda corriente ascendente de aire había desintegrado al bombardero.
¿Fue así realmente?.
En 1947, un avión de pasajeros Tudor, perteneciente a la Compañía British South América Airways, desapareció a 400 millas de las Bermudas. Llevaba 31 personas a bordo, entre los componentes de la tripulación y los pasajeros.
Curiosamente, un año más tarde, otro avión Tudor desapareció también, con 20 personas a bordo, en las cercanías de las Islas Bermudas.
Dos aviones que participaban en las labores de búsqueda, uno británico y otro estadounidense, comunicaron (de forma independiente), que habían visto una extraña luz en el punto donde había desaparecido, un año antes, el otro avión Tudor.
No se encontraron restos en ninguno de los casos. Tampoco cadáveres. Nada. Tan sólo el misterio.



Imagen: Fernández, Ernesto Alonso. Los Ovnis y el Triángulo de Las Bermudas: Un mito. Editorial Teorema, PG. 185

Pasó el tiempo, y llegó el día en que nosotros debíamos regresar a España.
Con un tiempo excelente y el mar en calma, la proa de nuestro barco enfiló a mar abierta y tomó rumbo Este, hacia Europa. El mismo rumbo que tomaron otros barcos y aviones, para no regresar jamás. Por la popa se iba perdiendo de vista, poco a poco, el continente americano.
Dos días después, en plena navegación de regreso, y ya atardeciendo, me encontraba apoyado en la borda de la banda de babor. Algo llamó mi atención. Una esfera de aspecto metálico, de color gris, apareció por encima del barco, cruzando desde estribor hacia mi banda, en completo silencio y a baja altura.
Despedía algo como vapor.
Suavemente descendió hasta la superficie del mar y se hundió en el océano.
Me quedé petrificado momentáneamente. Después pensé en comunicarlo al Puente. Era claro que los serviolas no se habían enterado de nada. Dos compañeros charlaban tranquilamente cerca de donde yo estaba, pero no miraban hacia el mar.
Me acerqué al Puente y ni ellos ni el C.I.C. en el radar habían detectado nada.
No me atreví a contar lo que había visto. ¿No sería una alucinación?. Era mejor dejarlo como estaba.
Días más tarde, sin contratiempos, y cuando ya la mar empezaba a ponerse mal, entramos en la Canal de Entrada de la Base Naval de El Ferrol, terminando con ello mis pequeñas aventuras.
En el año de 1840, un barco francés se dirigía hacia la vieja Europa, procedente del puerto de la Habana, navegando normalmente, con las velas desplegadas, a través del Triángulo de las Bermudas.
Todo estaba en perfecto orden, la carga intacta, cada cosa en su sitio, pero había algo fuera de lo normal en él, porque a bordo de ese barco, de nombre "ROSALIE" no iba alguien. Absolutamente nadie.
Tampoco iba nadie a bordo del bergantín "RESOLVE", que en el año 1884, fue encontrado a la deriva. Un fogón encendido en la cocina, y todo en orden, como si no hubiese ocurrido nada.
El caso más curioso será, tal vez, el ocurrido con una pequeña goleta, encontrada sin nadie a bordo por el "ELLEN AUSTIN" en el año de 1881.
Fue enviada una tripulación para que la llevase a puerto, pero durante el viaje, en un temporal, esta tripulación también desapareció.
Una tercera tripulación, atemorizada, fue enviada a la goleta. Una nueva tormenta hizo desaparecer a la goleta y a la tripulación, esta vez para siempre.
¿Son estos los casos más antiguos?. En realidad, los problemas con las embarcaciones en esta zona se dan desde siempre, pero las primeras noticias sobre hechos misteriosos en el área se conocen desde los tiempos del primer viaje del Almirante español Cristóbal Colón, en el año de 1492.
Colón escribió que su tripulación había visto extraños objetos en el cielo y en el mar, en este Nuevo Mundo al que se dirigían.
Multitud de leyendas se forjaron, también, en torno al Mar de los Sargazos, situado en la parte nor occidental del Atlántico. Un mar extraño, tan grande como los dos tercios de la extensión de los Estados Unidos.
Está este mar "encerrado" por la corriente del Golfo por el Norte y las corrientes que corren por el Oeste. Son aguas bastante cálidas. En estas aguas, millones y millones de algas (los sargazos), se extienden formando grandes conjuntos enmarañados, llenos de organismos marinos, como cangrejos, gambas, quisquillas, caracoles, etc., formando un conjunto que, a Cristóbal Colón, le pareció un adelanto de la tierra firme.
Es en esta zona donde la leyenda sitúa el hundimiento de la mítica Atlántida. Y bajo las aguas, entre las ruinas de esa supuesta civilización habría algo, tal vez un gran generador de energía electromagnética, que de vez en cuando, por alguna causa, se activaría temporalmente, provocando los extraños fenómenos sobre la superficie del mar, afectando a barcos y aviones.
Personalmente no creo en esa posibilidad, pero es una de las explicaciones que algunas personas dan sobre todo esto. Explicaciones se dan muchas, pero la verdad tal vez no se sepa jamás.
La leyenda de manera "oficial" sobre el Triángulo nace en el año de 1950, cuando una empresa periodística, la Asociación de Prensa, quiso indagar sobre las desapariciones de barcos y aviones entre la costa de Florida y las Islas Bermudas, enviando a un reportero llamado E.V.W. Jones, que escribió sobre el tema.
Dos años más tarde, otro periodista llamado George X. Sand, también escribió sobre el tema, delimitando la zona dentro de un triángulo cuyos vértices están en Florida, Puerto Rico y las Islas Bermudas.
Evidentemente, esto es una delimitación orientativa, ya que aunque dentro de ese triángulo es donde se da el mayor número de sucesos misteriosos, en otros lugares también se han dado, aunque en menor número.
En las Antípodas del Triángulo Mortal de las Bermudas existe otra zona de similares características, llamado el Mar del Diablo o del Dragón, situado entre el Japón y las islas Bonin. Ocurre lo mismo que sucede en el Triángulo de las Bermudas. Allí también reina el misterio.
El primer avión del que tengo noticias de que se encontró con algún problema en la zona del Triángulo es el Spirit of Saint Louis, pilotado por Charles Lindbergh quien, volando desde La Habana a Tierra Firme, anotó en su diario:
"Ambas brújulas fallaron sobre el Estrecho de Florida, por la noche. La rosa náutica líquida giraba sin cesar. No podía reconocer ninguna estrella a través de la espesa niebla. Al amanecer, localicé la posición sobre las Islas Bahamas, con una desviación de la ruta de casi trescientas millas. La rosa náutica siguió girando hasta que el "SPIRIT DE SAINT LOUIS" llegó a la costa de Florida.
Uno de los hechos curiosos es que en esta zona la rosa náutica suele marcar el Norte Verdadero Geográfico en lugar del Norte Magnético.
El misterio continúa en ese extraño triángulo.
Tres años después de la desaparición del Vuelo 19, otro extraño suceso tenía lugar cerca de Fort Lauderdale.
Era el 27 de diciembre de 1948.
Un vuelo chárter despegó de San Juan de Puerto Rico, con destino Miami. A bordo 29 bulliciosos portorriqueños jóvenes, la mayoría de los cuáles no superaban los 30 años, regresaban de pasar las Fiestas de Navidad con sus respectivas familias.
Eran cerca de las 0400 horas de la madrugada cuando el Capitán Linquist, quien pilotaba ese avión, realizó una llamada a la Torre de Control de Miami.
Volaban en las inmediaciones de Cayo Largo, según la última posición informada.
"Miami: Estamos a 80 kilómetros al sur del Aeropuerto. Espero sus instrucciones para el aterrizaje".
La Torre de Control del Aeropuerto de Miami dio al avión las instrucciones correspondientes. La contestación no llegó. Tampoco llegó el avión. No llegó nunca. Aquel vuelo chárter desapareció para siempre cuando estaba a punto de aterrizar.
La zona tenía unas sondas de 5 ó 6 metros solamente. Si el avión hubiese caído, sus restos hubieran sido perfectamente visibles. Pero no se halló ningún resto.
Nada. Absolutamente nada. Como si hubiesen aterrizado...¿en otro mundo?.
Años más tarde, a finales de la década de los sesenta, en el mismo Aeropuerto de Miami, otro incidente extraño tuvo lugar, sin que hasta hoy se haya encontrado una respuesta.
Un Boeing 727, de la National Airlines, al hacer la aproximación para aterrizar, viniendo desde el Nordeste y cuando se encontraba dentro de la pantalla del radar del Centro de Control, desapareció súbitamente, ante los asombrados ojos de los controladores.
Posteriormente, el avión reapareció nuevamente, aterrizando sin novedad. La tripulación y los pasajeros mostraron su extrañeza al ver la perplejidad y el asombro del personal del Aeropuerto. Después se les explicó que habían estado desaparecidos por un tiempo de diez minutos, aunque ellos no notaron nada.
Los relojes de la tripulación y pasajeros marcaban diez minutos menos que los relojes del personal de tierra.
¿Dónde estuvo el avión y sus pasajeros durante esos diez minutos?. Recuerdo un caso ocurrido en España, en el año de 1989. Por aquél tiempo estaba yo destinado en una dependencia de tierra, en San Fernando.
Una mañana, al llegar al trabajo me encuentro al personal muy alterado. Un avión de nuestra Armada acababa de desaparecer en la cercana Base Naval de Rota. Esta es una Base española de utilización conjunta hispano-estadounidense, situada en las inmediaciones de Cádiz y el Puerto de Santa María.
En él están basados barcos y aviones, entre ellos algunas escuadrillas de HARRIER.
La tarde del día 05 de diciembre de 1989, siendo las 1935 horas, con el tren de aterrizaje fuera y con las luces reglamentarias encendidas, dos aviones, uno estadounidense y otro español se disponen a tomar tierra. Proceden de Zaragoza, en una misión de adiestramiento.

Se autoriza el aterrizaje y el avión americano inicia la aproximación. Para esa maniobra, los aviones se adentran unas seis millas en el mar, virando para dirigirse directamente a la cabecera de pista. La Torre de Control autoriza el aterrizaje, y el avión americano comienza la maniobra. Advierte al avión español ligeramente a su izquierda. Observa que tiene las luces encendidas. En el radar, dos ecos dan testimonio de la presencia de las dos aeronaves.
Súbitamente, en las pantallas queda un eco solitario, correspondiente al Harrier americano.
A vista de la cabecera de pista, a tres millas y media, a sólo segundos del aterrizaje, desaparece sin dejar rastro el "Harrier Bravo" español, con indicativo 01-901, perteneciente a la 9ª Escuadrilla de Aeronaves. Pilotado por un piloto muy experimentado, el teniente de navío D. Raúl Pampillo Veiga.
Inmediatamente comenzaron las operaciones de rescate, con la participación de barcos, aviones y helicópteros, así como buceadores de combate, que peinaron la zona, de poca profundidad, donde podrían hallarse los restos del avión. Pero no hubo resultados.
Se pensó en la posibilidad de que el avión se hubiese empotrado en el fango y hubiese sido enterrado por la arena, por lo que se extremaron las medidas atendiendo a esa hipótesis. Durante varios días se prolongó la búsqueda, pero del Harrier nunca más se supo.
Yo embarqué, para realizar un adiestramiento, por aquellos días en uno de los buques hidrográficos que participaron en la búsqueda, empleando sonares de barrido lateral. Tenían la carta repleta de líneas de búsqueda, que abarcaban una enorme superficie. Se había barrido centímetro a centímetro toda el área, dibujando el fondo del mar. Una búsqueda exageradamente exhaustiva, aunque, desgraciadamente sin resultados prácticos.
No se detectó, tampoco, ninguna señal de radiobaliza, lo que suele ocurrir si un avión cae al mar, entrando ésta en funcionamiento automático y transmitiendo la posición de caída.
La 10ª Flotilla de Aeronaves, y un avión P-3 "Orión", también participaron en la infructuosa búsqueda.
Todo fue inútil. A día de hoy, nadie sabe qué pudo ocurrirle al Harrier, cuya última frase del piloto fue una palabrota ante algo que le sorprendió súbitamente. El taco fue: "Me cago en la put...". Después el silencio.
Oficialmente, el avión consta como desaparecido, y por tanto su mujer no consta como viuda, aunque desconozco si eso cambiará con el tiempo. No se considera muerto en acto de servicio, pues no han aparecido sus restos.
Todas estas desapariciones, a lo largo de los años, constituyen una larga lista que nos dice que algo hay de verdad en estas zonas, si bien debemos admitir que es cierto que muchos de estos hechos corresponden a accidentes, a naufragios, a situaciones que entran dentro de lo previsible, sobre todo en lugares donde el tráfico aéreo y marítimo es intenso. Pero hay frases que son muy significativas, aplicadas como conclusión final a las investigaciones realizadas sobre determinadas desapariciones. "No sabemos qué pudo haber ocurrido". "No tenemos una explicación para explicar esto". "Parece como si hubiesen volado a Marte".
El hidrato de metano es una de las explicaciones que podríamos buscar, en algún caso. Grandes bolsas de gas metano, transformándose en hidrato de metano, ascienden hacia la superficie, originado una burbuja blanca, que se extiende a lo largo y a lo ancho, produciendo una deflagración que destruye a cualquier embarcación aprisionada por ese gas. Es otra explicación.
Ya hemos comentado los fenómenos naturales, (meteorológicos y otros).
Explicaciones racionales, que es necesario buscar, pero hay hechos que se resisten a ser comprendidos. El Vuelo 19, El MARINER, CYCLOPS, MARY CELESTE, aviones de línea, aviones y barcos civiles y militares, en número muy elevado, nos dicen que "algo" o "alguien" está ahí, acechando, esperando para capturar su presa y hacerla desaparecer para siempre.

Y de nada sirve negar los hechos o mirar para otro lado. Las cosas suceden, independientemente de la postura que tomemos frente a ellos.
En una ocasión, un amigo astrofísico me dijo: Ángel, entre el cielo y la Tierra existen cosas que la gente no puede ni siquiera imaginar.
¿Qué quiso decir el Capitán del MARY CELESTE, cuando escribió en su Libro de Bitácora: "¡¡SUCEDE UNA COSA EXTRAÑA!!"?.
¿Qué son las extrañas luminosidades que algunos dicen ver sobre el mar?.
¿Y las luces cruzando a gran velocidad bajo la superficie del mar?.
¿Por qué el líder del Vuelo 19, cuando se les comunicó que iban en su rescate dijo: "¡NO NOS SIGAN!. ¡NO VENGAN A POR NOSOTROS!"?.
Pero no nos confiemos. Las desapariciones pueden darse en cualquier lugar del mundo, en el mar o en tierra.
En 1915, durante la 1ª Guerra Mundial desapareció el 5º Batallón Norfolk, cuando sus 250 hombres penetraron en un bosque espeso, persiguiendo al enemigo.
Desaparecieron sin dejar rastro.
En un momento cualquiera, caminando normalmente, podemos entrar en otro plano, en otro mundo, y tal vez no podamos regresar jamás, perdiéndonos para siempre en la leyenda.

BIBLIOGRAFÍA:
– El Triángulo Mortal de las Bermudas, (Alejandro Vignati. 1975. Editorial ATE. Barcelona).
– Blogs.elcorreodigital.com/index.php/magonia/2004/05/15/el_hombre_que_volvio_del_limbo_de_lo_per
– Berlitz, Charles [1974]: El triángulo de las Bermudas [The Bermuda triangle]. Trad. de José Cayuela. Editorial Plaza & Janés (Col. "Los Jet", Nº 7). Barcelona 1982.
– Archivos GEIFO.
Referencias complementarias
Fernández, Ernesto Alonso. Los Ovnis y el Triángulo de las Bermudas: Un mito. (Editorial Teorema, Barcelona) 1982
Ribera, Antonio. El Gran Enigma de los Platillos Volantes. Cáp. XI. ¿Bases submarinas? Pgs 318-334. (Editorial Pomaire, Barcelona) 1966
Mapa: http://www.amarre.com/html/historias/curiosidades/bermudas.php
Ribera, Antonio. Los doce triángulos de la muerte. (Editorial Plaza y Janes, Colección Otros Horizontes. Cáp. I Primer triángulo: Bermudas, pgs. 13-46 1ª edición) septiembre 1987.