Era una noche de septiembre del año de 1974.
Acababa de cenar y me disponía a subir al Puente de Gobierno. Salí
a cubierta y me extrañó el cambio tan brusco que había
experimentado el tiempo. Lloviznaba y todo estaba muy oscuro. El barco comenzaba
a balancearse y a dar algunas cabezadas, pese a que disponía de estabilizadores.
Tal vez no los habían puesto en funcionamiento.
Nos encontrábamos en las cercanías de la Base Naval de Norfolk,
lugar al que nos dirigíamos, en el Estado de Virginia. Debíamos
llegar a nuestro destino al amanecer, después de haber cruzado el Atlántico
sin problemas, con un tiempo y una mar espléndidos.
A última hora el tiempo nos iba a aguar la fiesta, y nunca mejor dicho.
Como no tenía ganas de mojarme decidí subir al Puente por los
pasillos y escalas interiores. Cuando llegué allí noté
al personal de guardia bastante alterado. El carácter del Comandante
era muy fuerte y supuse que había habido bronca. No me equivoqué.
Interrogué a uno de mis compañeros que estaba anotando la situación
del barco en la carta de navegación:
-¿Dónde estamos?- le dije, en voz baja.
-Supuestamente aquí - me contestó señalándome con
el lápiz la última situación. Las situaciones eran por
estima.
Cogí el compás y calculé la distancia a tierra: 8 millas.
-¿Tan cerca?, no me lo puedo creer - le dije, sorprendido.
-¡Calla, calla!. En realidad no sabemos dónde estamos. El radar
no funciona bien, el C.I.C. tampoco lleva la situación bien. Ninguno
de los equipos es fiable. El Comandante tiene un cabreo de espanto.
No podía ser. Aquello no era normal. Algo raro había pasado.
El Comandante efectivamente estaba cabreado y descargaba su cabreo contra el
Oficial de Derrota, y contra todo cuanto se meneaba entre el cielo y la tierra.
El Oficial de Derrota descargaba contra nosotros, culpándonos de haber
cometido errores en las situaciones de estima a lo largo de toda la singladura.
Por aquél entonces no se disponía de G.P.S. como en la actualidad,
y debíamos recurrir al Sextante, al Loran, y a la estima. Pero por muchos
errores que hubiésemos cometido, aquello no me parecía lógico.
Miré en el radar, y el barrido se producía en una zona en blanco,
totalmente.
Nada de tierra. La aguja náutica y la giroscópica funcionaban
bien. Miré hacia la proa. Vi cuatro columnas de agua, y el mar empeorando.
Entonces me acordé del Triángulo Mortal de las Bermudas, lugar
de historias y leyendas alucinantes sobre desapariciones de barcos y aviones.
Y me puse algo nervioso, aunque no dije nada. No estaba el horno para bollos.
Así que, sin tenerlas todas conmigo, salí del Puente y me fui
hacia los alojamientos, pensando que todo se aclararía pronto y esperando
que de un momento a otro iban a tocar "Babor y Estribor de Guardia",
para entrar, por fin, en puerto. Pero me equivoqué. Pasamos la noche
navegando, sin llegar a tierra, perdidos de una manera estúpida e incomprensible.
Amaneció un nuevo día luminoso, con la mar en calma. El barco
navegaba con rumbo Sur, plácidamente, discurriendo su derrota paralelamente
a la costa americana que podía ver, al fin. ¿Rumbo Sur?.

Entré de guardia y me aclararon el misterio:
La noche anterior, el barco no se encontraba donde pensábamos nosotros,
sino 81 millas más al Norte y muy lejos de tierra. Efectivamente, nos
habíamos perdido durante una noche entera. Nunca sabré el motivo.
Tres horas después, nuestro barco entraba en la Base Naval de Norfolk.
Pasamos cerca del portaaviones J.F.Kennedy, que estaba en el mismo muelle que
el U.S.S. NITMIZ, que protagonizaría una película sobre este tema,
titulada "Al final de la cuenta atrás".
Durante tres meses y medio permaneceríamos en el Mar de la Muerte, el
Triángulo Mortal de la Bermudas.
Un mes más tarde, y después de diferentes pruebas y ejercicios,
nuestro barco puso rumbo a Fort Lauderdale. Llegamos antes de lo previsto, por
lo que, para no entrar en puerto de noche, estuvimos dando vueltas por la zona,
haciendo tiempo.
Era una noche apacible y sin viento. Vimos unas bengalas, y algunas luces de
barcos. Contactamos por radio y por señales luminosas para ofrecer nuestra
ayuda, pensando en un posible naufragio. La causa de estas luces era la búsqueda
de los tripulantes de un yate, el cual había aparecido vacío,
con todo en orden, pero sin las dos personas, hombre y mujer, que debían
encontrarse a bordo. No aparecieron. ¿Fueron atacados por tiburones,
al bañarse, tal vez?. Esta zona que abarca la Florida, las Bermudas y
Puerto Rico, es un área con unas condiciones meteorológicas muy
cambiantes, y se puede pasar, en tan sólo unas pocas horas, de una mar
en calma a una tormenta con vientos, lluvia y olas de hasta siete metros de
altura, que llaman "olas asesinas". Al cabo de un año, pueden
producirse hasta cuatrocientas o quinientas trombas, y los huracanes y grandes
temporales son muy conocidos.
Las condiciones meteorológicas son, posiblemente, las causantes de gran
parte de las desapariciones y misterios de la zona, pero existen otros factores
que no están claros, en absoluto.
Los científicos no aceptan la existencia de nada misterioso que produzca
las extrañas desapariciones, que se dan, dicen, en cualquier parte del
mundo, en circunstancias similares.
Pero, ¿podría existir una aberración de tipo electromagnético?.

Imagen: Fernández, Ernesto Alonso. Los Ovnis y el Triángulo de
Las Bermudas: Un mito. Editorial Teorema, PG. 147
Cuando amaneció, entramos en el puerto de Fort Lauderdale. En ese mismo lugar, 29 años antes, los motores de cinco aviones Avenger TBM rugían en la pista de despegue, dispuestos a iniciar un vuelo que pasaría, tristemente, a la Historia del Misterio. Eran las 1400 horas del día 5 de diciembre de 1945.

El jefe o líder de esa misión era el
Teniente Charles C. Taylor, un veterano de la Marina de Guerra, con una gran
experiencia.
Cada avión llevaba una tripulación de tres hombres. Quince en
total. Uno, por hallarse enfermo se quedó en tierra.
El Teniente Taylor solicitó ser relevado, por encontrarse indispuesto,
pero su solicitud fue denegada.
Buen tiempo. La meteorología no hacía presagiar nada fuera de
lo normal en toda la zona del vuelo. Cielo despejado, viento de cola que les
iba a proporcionar un empuje de unos veinte nudos a añadir a su velocidad,
en su vuelo inicial.
Los aviones habían sido revisados y todos sus equipos funcionaban perfectamente,
incluidos los chalecos salvavidas.
Tenían el suficiente combustible para 1.660 kilómetros.
Misión: Alejarse 160 millas hacia el Este, siempre en línea recta,
girando hacia el Norte y regresar a la Base. El vuelo era de adiestramiento,
para efectuar un bombardeo marítimo.
Era técnicamente imposible perderse, dada la visibilidad y los puntos
de referencia.
El vuelo comenzó, siendo, como decía, el Teniente Taylor el líder,
con gran experiencia. Sus hombres sólo tenían unas trescientas
horas de vuelo. Para un vuelo a la vista de un líder, el único
que cuenta es el líder. Si éste se estrella, todos se estrellan.
Si se hunde, todos se hunden con él. Todos repiten lo que hace el líder.
Durante una hora y cuarenta y cinco minutos, todo fue con normalidad. A las
15:45 horas, la Torre de Control de Fort Lauderdale recibe un mensaje del Vuelo
19: "Torre de Control, Torre de Control. Esto es una emergencia. Nos hemos
salido de curso. Parece que nos hemos salido de curso. Parece que nos hemos
perdido. No estamos seguros de nuestra posición. ¡No podemos avistar
tierra!".
El operador de la Torre no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
¡Era imposible perderse!.
Contestó: "Aquí Torre de Control. ¿Qué posición
tienen?".
Vuelo 19: "No estamos seguros de nuestra posición. Repetimos, no
podemos ver tierra. No sabemos si estamos sobre el Atlántico o sobre
el Golfo".
Torre: "Asuman rumbo hacia el Oeste. Pronto verán tierra".
Vuelo 19: "No sabemos hacia dónde está el Oeste (?). Todo
está mal. Es tan extraño...El mar está muy raro".
En ese momento, la comunicación se cortó.
A pesar del buen tiempo, las comunicaciones por radio entre el infortunado Vuelo
19 y la Torre de Control de Fort Lauderdale tenían mucha estática,
(lo que confirma mis sospechas de fenómenos electromagnéticos,
si bien esto no es demostrativo de nada). Por momentos se escuchaban las conversaciones
de los pilotos entre sí. Diez minutos más tarde se restableció
el contacto. Los operadores escuchaban los ruidos de los motores, pero ya no
a los pilotos.
Instantes antes de las 1600 horas, se escuchó lo siguiente: “No
estamos seguros de nuestra posición. No sabemos realmente dónde
estamos. Creo que a unos 360 kms. al Noroeste de la Base".
Se cortó de nuevo el contacto radio.
Instantes después se reanudó de nuevo: "Esto es muy extraño.
Parece que estamos sobre aguas blancas".
El contacto se cortaba y se restablecía a cada momento. Se oyó
decir: "Estamos completamente perdidos y parece que...". Aquí
finalizaron sus comunicaciones.
Se ordenó a un hidroavión de la Marina, un Martín Mariner,
con una tripulación de 13 hombres, y especializado en rescate anfibio
que realizase un vuelo de reconocimiento. El Mariner contacta, súbitamente,
con el Vuelo 19:
"Vuelo 19. Estamos volando hacia ustedes para guiarlos de regreso. ¿Qué
altitud tienen?".
Una serie de interferencias dificultan el poder escuchar la contestación,
pero las tres últimas palabras se escuchan perfectamente: "¡No
nos sigan!". Y se perdió el contacto definitivamente.
Por un período de siete minutos aproximadamente, el Mariner mantuvo contacto
con la Torre de Control. A partir de ahí, se perdió todo contacto
y jamás se volvió a saber de él. Posteriormente, algunos
testigos dijeron haber visto una gran bola de fuego, que caía al mar.
¿Qué había pasado?. Los expertos afirman que un avión
de esas características, con 5.000 litros de combustible extraordinariamente
volátil es una bomba en potencia, por lo que atribuyen la desaparición
del Mariner a que uno de los tripulantes estaba fumando, lo cual provocó
la explosión del avión, y eso sería la gigantesca bola
de fuego que vieron los testigos. Sin embargo nada de lo que ocurrió
con el Mariner ni con el Vuelo 19 pudo comprobarse. Todo son conjeturas, por
lo que el misterio de esa fatídica fecha permanece vivo.
Atónito con todo lo que estaba sucediendo, el Comandante de la Base de
Fort Lauderdale ordenó la búsqueda más intensa por mar
y por aire de todos los tiempos. Se realizó un rastreo minucioso y exhaustivo,
pero sin resultado alguno. Nada. Absolutamente nada. Ni el más mínimo
resto. Desaparecieron para siempre.
Cuando entramos en el puerto de Fort Lauderdale, bajé a tierra y me puse
a caminar por una avenida llena de cocoteros, que me llevó a Las Everglades,
la "Venecia Americana", zona muy bonita, surcada por infinidad de
canales llenos de embarcaciones de todo tipo. Constantemente salían y
entraban yates y otros barcos de pequeño y mediano porte que se dirigían
o regresaban de la zona misteriosa: El Triángulo Mortal de las Bermudas.
Viéndolos, pensaba yo si no tendrían miedo de meterse en aquel
mar que había protagonizado tantas historias que unos relacionaban con
supuestos Ovnis, otros con puertas dimensionales o temporales, y otros, simplemente
pensaban en fenómenos meteorológicos o naturales, negando toda
posibilidad extraña o paranormal.
El tamaño de estas embarcaciones no era el más indicado para afrontar
olas de hasta 7 metros, es decir, las olas más grandes, los vientos más
fuertes y las corrientes más rápidas del mundo.
El Servicio de Guardacostas se encontraba cerca. Me acerqué a curiosear.
Anualmente, este servicio recibía del orden de 8.000 llamadas de socorro.
700 mensualmente y 25 diarias.
Algunos de estos yates, al encontrarse sus ocupantes dentro del barco, podían
meterse de lleno, sin darse cuenta, dentro de una tromba, que los destrozaría
y los hundiría. Las fuertes corrientes desplazarían lejos, muy
lejos, sus restos, (si quedaba alguno). Nadie volvería a saber de ellos.
Al converger masas de aire frío y caliente, se forman por momentos violentos
temporales que arrasan la zona. Un paraíso muy violento esta zona. Hasta
4 huracanes simultáneos han llegado a verse sobre las Bahamas.
Permanecimos tres días en Fort Lauderdale, llenando nuestra panza de
combustible y misiles. Después, la proa del barco enfiló la canal
de salida, y ya con mar abierta pusimos rumbo hacia San Juan de Puerto Rico.
La mar estaba muy movida y el barco comenzó a bailar, para mi desesperación,
clavando su proa, y poniéndome el estómago en la garganta. Puerto
Rico es una tierra donde se dan con inusitada frecuencia avistamientos Ovnis.
Los/as ufólogos/as de la Isla tienen mucho en qué entretenerse.
Entrando por la bocana del puerto, existe un convento de monjas españolas,
que tienen la costumbre de saludar a todos los barcos españoles que entran
y salen, haciendo ondear una bandera española. Nosotros hicimos sonar
el pito del barco, con varias pitadas largas, al tiempo que saludábamos
con las manos y gorras desde la formación de Babor y Estribor de Guardia.
Me gustó mucho, San Juan de Puerto Rico. Allí me agarré
un colocón de espanto, por beber ron tostado, pero es que estaba riquísimo.
Y ya que podía "desaparecer", pues desaparecería a gusto.
Compré un libro sobre OVNIs: "EL GARADIAVOLO", sobre un supuesto
ser extraterrestre que habían encontrado por allí, entre los manglares.
Era pequeño y feo, (el ser, no el libro), y se dice que se trata de un
fraude, pero me mantuvo en "ambiente ufológico" durante unos
días.
En el año de 1948, el 28 de Diciembre, un avión DC-3, privado,
en vuelo comercial, desapareció, con 32 personas a bordo y la tripulación,
en un punto entre San Juan de Puerto Rico y Miami. Jamás se volvió
a saber de él.
Años más tarde, del Aeropuerto de Isla Grande de San Juan, despegó
un avión el 13 de abril de 1963. Era un Boeing 707, en vuelo de Puerto
Rico a Nueva York. Tomó altura de crucero, 30.000 pies (unos 10 kms.),
y cuando llevaban media hora de vuelo, el copiloto vio algo sorprendente, comunicándolo
a sus compañeros.
Era un fenómeno de naturaleza desconocida, que se estaba desarrollando
sobre la superficie del mar.
Se trataba de una enorme burbuja, que iba aumentando progresivamente de tamaño.
La burbuja llegó a tener una milla de ancho por media milla de alto.
(1 milla =1.852 mts.).
Los miembros de la tripulación no podían dar crédito a
lo que estaban viendo. Se parecía a una explosión nuclear, pero,
¿en aquella zona?. Si no era eso, ¿qué podía ser
aquella amenazadora burbuja, que se extendía sobre el mar?. Nunca lo
sabremos.
Desde Puerto Rico hasta Fort Lauderdale navegaba el remolcador "GOOD NEWS",
en el año de 1966.
Este remolcador pasó por una experiencia extraña: Se vio repentinamente
rodeado por una niebla muy espesa y fue sacudido por una mar embravecida.
La Giroscópica, la Aguja Náutica y todos los instrumentos eléctricos
quedaron averiados enseguida. El barco fue zarandeado con fuerza. Curiosamente,
cuando el remolcador salió de esa misteriosa niebla, el mar estaba en
calma. Los instrumentos recobraron su funcionamiento normal. Parecía
que durante un tiempo el "GOOD NEWS" hubiera estado en "otro
sitio". En 1975, la lancha costera "Diligence", que se dirigía
a auxiliar a un carguero en llamas notó que su radio dejó de funcionar,
y todos los tripulantes pudieron ver unas extrañas "luces verdes"
que caían del cielo. En numerosos casos de semi desapariciones, en que
los protagonistas han podido contarlo, se habla de esta extraña niebla,
que produce el fallo de los equipos eléctricos y magnéticos, como
si fuese una niebla "electromagnética". Los expertos y científicos
no admiten la existencia de ninguna niebla de esa naturaleza, pero no aclaran
estas distorsiones y averías de los equipos de a bordo de barcos y aviones.
Sin ninguna niebla, con la mar en calma y un calor en aumento, abandonamos San
Juan de Puerto Rico, después de haber estado varios días lanzando
misiles con una nota excelente.
El barco puso rumbo hacia otro punto "mortal": Las Islas Bahamas.
Las Bahamas están constituidas por un archipiélago de 30 islas,
700 islotes y más de 2.000 arrecifes.
Aunque tienen de todo, su economía principal es el turismo.
Las Islas Bahamas nos recibieron con un calor sofocante y la mar como un plato.
No soplaba ni una brizna de viento. Podríamos haber hecho una fabada
asturiana sobre la cubierta del barco.
Durante varios días nos iban a realizar una serie de calibraciones desde
tierra, (nosotros no entraríamos en puerto, esta vez), para lo que nos
colocaron varias antenas parabólicas. El último día lanzaríamos
cohetes, en lugar de misiles.
Las noches eran una maravilla. Daba gusto salir a cubierta a observar el cielo
y la mar, mientras tomabas un café y fumabas un cigarrillo o una pipa,
(por aquellos tiempos yo fumaba), apoyado en la borda, mientras el barco surcaba
las aguas suave y silenciosamente.
Tachonado de estrellas y extraordinariamente claro, el cielo me atraía
mucho, imaginando naves estelares que en cualquier momento podrían hacer
acto de presencia. Tenía algo de lo que, desgraciadamente, carecen los
escépticos: fantasía. Por eso yo podía disfrutar de todo
lo que me rodeaba. Pero, también por eso tenía mis miedos, por
lo que pudiera ocurrir en aquel sitio tan hermoso.
Porque las Bahamas reúnen una inmensa casuística de desapariciones
y fenómenos inusuales.
Nosotros navegábamos paralelos a la isla Andros, con un rumbo que coincidía
con uno de los lados del famoso Triángulo Mortal, el de más al
Sur. Subíamos y bajábamos por ese lado, aunque el triángulo
es una delimitación aproximada, sin que se conozcan sus verdaderos límites.
Íbamos a velocidad muy lenta.
Cerca de nosotros desaparecieron en el año 1924 el carguero japonés
"RAIFUKU MARU", que navegaba entre las Bahamas y Cuba.
El "COTOPAXI", en el año 1925, cerca de Cuba. Su ruta comercial
era entre Charleston y La Habana.
Cerca de la Isla de Cat, y con 43 hombres a bordo desapareció, en el
año de 1931 el carguero "STAVENGER".
También aviones, como el "CHASE YC-122", que desapareció
entre Palm Beach y la Gran Bahama, el 11 de enero de 1957. Llevaba 4 pasajeros
a bordo y era un avión de carga.
El "FLYING BOXCAR" C-119. Este avión desapareció al
Sudoeste de las Bahamas, el 05 de junio de 1965, con 10 pasajeros a bordo.
Sabemos que esta área es muy peligrosa, climatológicamente hablando,
y es cierto que muchas desapariciones se producen por esta causa, pero no todas.
Muchos científicos rechazan la idea de que pase nada fuera de lo normal,
y los organismos oficiales lo niegan, rotundamente.
Como trabajador de un organismo oficial, las declaraciones (afirmaciones o negaciones)
de estas instituciones no me merecen mucho crédito, pues conozco su funcionamiento
y las normas por las que se rigen. Sólo un iluso puede creer que los
organismos oficiales no mienten. Lo difícil es que digan alguna verdad.
En cuanto a los científicos, hay opiniones para todos los gustos, desde
los que no aceptan que pase nada, hasta los que manifiestan sus dudas y buscan
explicaciones.
No se ha encontrado una explicación para el desastre del Vuelo 19, aunque
se barajaron varias posibilidades, tan válidas unas como las otras, pero
ninguna definitiva, así como la del Mariner que salió en su ayuda.
Se supone que...explotó...porque... "alguien" se puso a fumar.
Pero, ¿fue así realmente?.
Bueno, lo suponemos, sólo lo suponemos.
Cualquier cosa puede haber ocurrido. Como decía Teilhard de Chardin:
"Sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero".
¿Pasos dimensionales?, ¿Puertas en el tiempo?, ¿trombas?,
¿remolinos?. Bruce Guernon, pilotando su avioneta se introdujo en una
nube que a él le pareció una gran rosquilla. En su interior todo
se veía gris, y al final había como un túnel de salida.
Las paredes interiores de "aquello" estaban rodeadas por pequeñas
nubecillas.
Calculó en veinte minutos el tiempo necesario para salir del tubo, pero
sólo tardó cuatro. Según sus propias palabras, "parecía
que estaba dentro del mismísimo tiempo".
Hemos hablado de la famosa niebla supuestamente electromagnética, donde
las embarcaciones y los aviones tienen problemas graves, y mal funcionamiento
de sus equipos. Esa niebla los meteorólogos dicen que no existe. Los
marinos y pilotos dicen que sí. Los desaparecidos ya no pueden decirnos
algo. No creemos en las brujas, pero haberlas las hay, dicen mis paisanos. ¡Y
qué razón tienen!.
¿Qué misterio encierra el Triángulo Mortal de las Bermudas?.
Una vez que finalizamos nuestra calibración, y disparados los cohetes,
nuestro barco abandonó las Islas Bahamas. Después de nuestra partida
hubo 9 desapariciones en la Zona Maldita.
Aunque se habló de un descanso en las Islas Bermudas, lo cierto es que
todo quedó en un rumor, y tomamos el rumbo de regreso a la Base Naval
de Norfolk.
Hubiera estado bien que hubiésemos cerrado el Triángulo, pero
no fue así. ¡Qué le vamos a hacer!.
Sobre las Islas Bahamas había pasado el Vuelo 19, pensando que eran los
Cayos de Florida. ¿Estarían sus restos cerca de allí?
Si el Vuelo 19 es un símbolo que caracteriza al Triángulo Mortal
de las Bermudas en lo que se refiere a aviones desaparecidos en tan enigmática
zona, existe otro símbolo en lo que se refiere a barcos.
Es un bergantín goleta, de dos palos, que ha entrado en la leyenda como
uno de los barcos fantasmas de la Historia Marítima. Su nombre es el
"MARY CELESTE", construido en Parrsboroug, Nueva Escocia, en el año
de 1861.
Tenía 280 toneladas de desplazamiento, 30 metros de eslora y 7,6 de manga.
Este barco se hallaba atracado en los muelles de Nueva York, con las bodegas
llenas de diferentes tipos de mercancías, pero en su mayor parte el cargamento
se componía de 1.700 barriles de alcohol para vino, y como puerto de
destino se había fijado Génova. Asegurado por la Atlantic Mutual
Insurance Company.
Como Capitán del "MARY CELESTE" iba Mister Benjamín
S. Briggs, que en este viaje iría acompañado de su joven esposa
Estelle Briggs y su hija de dos años.
Briggs era un experto marino, de la total confianza del Armador. El se encargó
de buscar la tripulación del barco, que a la hora de presentarla al Armador
formaba este rol:
Capitan: Mr. Benjamin S. Briggs.
1er. Oficial: Mr. J.T. Hullock.
Contramaestres: Albert Richardson y Andrew Gilling.
Cocinero: John Pemberton.
Marinería: James Sanson, Samuel Mannig, Erin Vennihort, Theodore Moffat
y Hugh Hawley.
Ya dijimos que acompañaba al Capitán su esposa Estelle.
En el camarote del Capitán se colocó, fuertemente afianzado, un
piano, propiedad de Estelle.
El barco zarpó de los muelles de Nueva York al atardecer del 07 de noviembre
de 1872. Por delante, muchos días de navegación y previsión
de buen tiempo.
Otro barco partió, unos días más tarde, también
con rumbo al Mediterráneo.
Era más rápido y con mayor capacidad de carga que el "MARY
CELESTE". Su nombre era el "DEI GRATIA", y su Capitán
David R. Morehouse, amigo de Briggs.
Pasaron los días, y dado que el "DEI GRATIA" era más
rápido que el "MARY CELESTE", le dio alcance a este último
en las cercanías de las Islas Azores, lo cual era normal o previsible.
Pero lo que no era normal era el rumbo errático y los virajes que el
"MARY CELESTE" iba haciendo, ante la extrañeza de la tripulación
del "DEI GRATIA".
Presintiendo que algo fuera de lo normal estaba ocurriendo, Morehouse observó
con su catalejo. Ni un alma a bordo. Dio la orden de acercamiento al otro barco.
Cogió su megáfono y gritó: "¡Ah del Mary Celeste!".
Silencio absoluto. Les costó mucho tiempo y trabajo alcanzarlo debido
a esos virajes bruscos. Lo consiguieron, al fin, sobre la medianoche.
El Capitán ordenó al Primer Oficial y al Piloto, apodado "Orejas",
que se acercaran en un bote y subieran al "MARY CELESTE".
Así lo hicieron, y cuando regresaron venían temblando, horrorizados.
Presintiendo algo malo, el Capitán, que había ocupado provisionalmente
el puesto del Piloto al timón, despertó a toda la tripulación.
Al amanecer, el Capitán se embarcó en la chalupa, con el Primer
Oficial y el Piloto.
No había nadie a bordo. Todo estaba en orden, la tetera humeante en un
hornillo y dos tazas de té recién servidas, y ropa recién
tendida. Morehouse fue al camarote de Briggs. En la mesa unos cubiertos y un
plato servido. Un pollo hervía en un hornillo.
Consultó el Libro de Bitácora. En el libro, la última anotación
estaba hecha en una fecha que correspondía a 20 días antes, el
24 de noviembre. Estaba escrito:
Situación 36º lN y 27º LW. (A unas 500 millas del lugar en
que estaban ahora).
También se leía: "24 de Noviembre a las 11 de la mañana,
con buen tiempo".
Un espacio en blanco y una última anotación: "¡Sucede
una cosa extraña!". En cubierta un sable, con algo parecido a sangre,
y la barra de sondar la sentina.
Del "MARY CELESTE" había desaparecido el único bote
de que disponían. En la popa todavía quedaban los restos de la
amarra que lo había descendido y...¿remolcado?.
Todo indicaba que se había producido una huida precipitada, pues también
faltaba un sextante y la documentación del barco, excepto el Libro de
Bitácora.
Los pequeños objetos que se encontraban en la mesa, estaban en orden,
y no se habían caído, como hubiera sido lo normal en caso de colisión
o temporal. No había signos de violencia, aunque sí faltaban algunos
barriles de alcohol de la carga, por lo que se pensó en un robo y posterior
huída de la tripulación, matando al capitán, a su familia
y a los oficiales, lo que justificaría la sangre del sable, pero esto
no tenía consistencia alguna, dada la poca entidad del robo.
Se pensó en un conato de incendio a partir de algunos barriles de alcohol,
lo que podría hacer temer una explosión del barco, obligando al
Capitán y resto de la tripulación a embarcarse en el bote, a remolque
del barco y en espera de acontecimientos, rompiéndose desgraciadamente
el cabo de remolque y quedando a la deriva, sin posibilidad de regreso al barco.
Todas ellas explicaciones racionales, para poder explicar la desaparición
de los tripulantes del "MARY CELESTE".
El Capitán del "DEI GRATIA" ordenó a algunos de sus
hombres que condujesen el barco misterioso al puerto de Gibraltar, donde un
Tribunal Marítimo iniciaría una investigación de los hechos,
y Morehouse presentaría una demanda de indemnización por el rescate.
La comisión investigadora fue dirigida por Solly Flood, procurador del
Almirantazgo Inglés, que no pudo aclarar nada de lo sucedido. Sí
se comprobó que el sable estaba manchado por el óxido y no por
sangre. En Marzo de 1873 el Tribunal dio a conocer su fallo: "Lo sucedido
a bordo del "MARY CELESTE" es un completo misterio, para el cual,
este Tribunal no encuentra explicación".
Nunca se supo qué ocurrió realmente, aunque se hicieron numerosas
elucubraciones, algunas verdaderamente descabelladas.
Pero en el "MARY CELESTE", tan sólo por un detalle podríamos
sospechar algo de lo que podría estar sucediendo en el Triángulo
Mortal de las Bermudas.
El libro de Bitácora tiene su última anotación el 24 de
noviembre, veinte días antes de ser encontrado abandonado. Y el Libro
de Bitácora es obligatorio rellenarlo a diario y al final de cada guardia,
pues es como la "caja negra" de un barco.
Las anotaciones en la pizarra del Puente indican la misma fecha. Entonces cabe
suponer que desde que es abandonado, hasta que es encontrado han pasado, efectivamente,
20 días. ¿Cómo es posible que sobre la mesa estén
dos tazas de té humeantes, y una comida recién servida, y ropa
recién tendida?.
Todo daba a suponer que los tripulantes acababan de abandonar el barco media
hora o una hora antes de ser encontrado.
No ha habido colisión, no ha habido temporal, no ha habido asesinatos
ni epidemia. ¿Qué pasó, entonces?.
¿Acaso ha habido un paso dimensional del barco y regreso posterior, pero
habiendo desembarcado los tripulantes, y no pudiendo regresar al MARY CELESTE
en el momento del retorno a su dimensión habitual, quedándose,
para siempre, perdidos en ese lugar?.
¿Qué quiso dar a entender Briggs con su nota en el Libro de Bitácora,
con la frase: "¡Sucede una cosa extraña!"?.
Jamás se sabrá. Hay carnada suficiente para escépticos
y no escépticos. ¿Cuál fue el destino final del barco?.
El "MARY CELESTE" cambió varias veces de propietario, vendiéndose
muy por debajo de su valor real, pues nadie quería embarcarse en un buque
que consideraban "maldito".
Su última singladura fue en el año 1884, cuando realizaba una
travesía de Boston hasta Haití, llevando una carga mixta.
El 3 de enero de 1885 el MARY CELESTE encalló y fue destruido en la escollera
de Rosheli, en la costa haitiana.

Muchos son los barcos y aviones desaparecidos en esta
zona, pero también es frecuente, al igual que pasó con el "MARY
CELESTE", que aparezcan de nuevo los barcos y no aparezcan los seres humanos
que los tripulaban. Se encuentran los barcos en perfectas condiciones, con todo
a bordo, sin señales de violencia, con la comida humeante en los platos,
pero ni rastro de las personas. Curiosamente, en los casos en que en las embarcaciones
había animales domésticos o mascotas, (perros, gatos, loros, etc.),
estos sí aparecen con el barco nuevamente. Sólo desaparecen los
humanos.
La Marina estadounidense llevó a cabo un proyecto secreto, llamado MAGNET
PROJECT, del que no se sabe prácticamente nada, excepto que estaba relacionado
con la búsqueda, mediante aviones equipados con magnetómetros
muy sensibles, de fuerzas magnéticas procedentes de Cayo West, en el
Caribe. Se decía, y esto son sólo rumores, que tenía relación
con el fenómeno OVNI.
Los científicos que no sólo se dedican a negar sistemáticamente,
sino que se molestan en investigar, hablan de cinco fenómenos principalmente,
como posibles causantes de muchas desapariciones: Trombas de Agua, Maremotos,
Ondas de Profundidad, Turbulencias de Aire Claro y Tempestad de Supernova.
En el primer caso, gigantescas columnas de agua se levantan, capaces de aplastar
navíos o precipitar aviones que vuelen a baja cota.
Los maremotos, fenómeno común, pueden llegar a 70 metros de altura.
Surgen de repente, aunque la mar esté en calma. Pueden destrozar un barco.
Las Ondas de Profundidad son producidas por desmoronamientos marinos.
En cuanto a lo que puede afectar directamente a los aviones, están las
Turbulencias de Aire Claro, estudiadas en los últimos años por
los científicos, y son perturbaciones atmosféricas como "agujereamientos
repentinos que surgen del choque de masas de aire de niveles diferentes.
Este tipo de turbulencias escapan a las previsiones de los meteorólogos.
Sería algo así como si un avión se encontrase con un muro
y no pudiese traspasarlo, estrellándose contra él. Y la Tempestad
de Supernova, que es un violentísimo temporal que crece con gran rapidez,
tiene un desarrollo fulminante y desaparece de inmediato, llevándose
consigo cuanto encuentre a su paso.
¿Puede haber sido la causa de la desaparición, en 1947 de una
superfortaleza estadounidense, a 100 millas de las Islas Bermudas?. Se llevó
a cabo una búsqueda intensa por parte de un gran número de barcos
y aviones pero no se logró resolver el misterio.
Las autoridades militares trataron de explicar el suceso afirmando que una tremenda
corriente ascendente de aire había desintegrado al bombardero.
¿Fue así realmente?.
En 1947, un avión de pasajeros Tudor, perteneciente a la Compañía
British South América Airways, desapareció a 400 millas de las
Bermudas. Llevaba 31 personas a bordo, entre los componentes de la tripulación
y los pasajeros.
Curiosamente, un año más tarde, otro avión Tudor desapareció
también, con 20 personas a bordo, en las cercanías de las Islas
Bermudas.
Dos aviones que participaban en las labores de búsqueda, uno británico
y otro estadounidense, comunicaron (de forma independiente), que habían
visto una extraña luz en el punto donde había desaparecido, un
año antes, el otro avión Tudor.
No se encontraron restos en ninguno de los casos. Tampoco cadáveres.
Nada. Tan sólo el misterio.
Imagen: Fernández, Ernesto Alonso. Los Ovnis y el Triángulo de
Las Bermudas: Un mito. Editorial Teorema, PG. 185
Pasó el tiempo, y llegó el día
en que nosotros debíamos regresar a España.
Con un tiempo excelente y el mar en calma, la proa de nuestro barco enfiló
a mar abierta y tomó rumbo Este, hacia Europa. El mismo rumbo que tomaron
otros barcos y aviones, para no regresar jamás. Por la popa se iba perdiendo
de vista, poco a poco, el continente americano.
Dos días después, en plena navegación de regreso, y ya
atardeciendo, me encontraba apoyado en la borda de la banda de babor. Algo llamó
mi atención. Una esfera de aspecto metálico, de color gris, apareció
por encima del barco, cruzando desde estribor hacia mi banda, en completo silencio
y a baja altura.
Despedía algo como vapor.
Suavemente descendió hasta la superficie del mar y se hundió en
el océano.
Me quedé petrificado momentáneamente. Después pensé
en comunicarlo al Puente. Era claro que los serviolas no se habían enterado
de nada. Dos compañeros charlaban tranquilamente cerca de donde yo estaba,
pero no miraban hacia el mar.
Me acerqué al Puente y ni ellos ni el C.I.C. en el radar habían
detectado nada.
No me atreví a contar lo que había visto. ¿No sería
una alucinación?. Era mejor dejarlo como estaba.
Días más tarde, sin contratiempos, y cuando ya la mar empezaba
a ponerse mal, entramos en la Canal de Entrada de la Base Naval de El Ferrol,
terminando con ello mis pequeñas aventuras.
En el año de 1840, un barco francés se dirigía hacia la
vieja Europa, procedente del puerto de la Habana, navegando normalmente, con
las velas desplegadas, a través del Triángulo de las Bermudas.
Todo estaba en perfecto orden, la carga intacta, cada cosa en su sitio, pero
había algo fuera de lo normal en él, porque a bordo de ese barco,
de nombre "ROSALIE" no iba alguien. Absolutamente nadie.
Tampoco iba nadie a bordo del bergantín "RESOLVE", que en el
año 1884, fue encontrado a la deriva. Un fogón encendido en la
cocina, y todo en orden, como si no hubiese ocurrido nada.
El caso más curioso será, tal vez, el ocurrido con una pequeña
goleta, encontrada sin nadie a bordo por el "ELLEN AUSTIN" en el año
de 1881.
Fue enviada una tripulación para que la llevase a puerto, pero durante
el viaje, en un temporal, esta tripulación también desapareció.
Una tercera tripulación, atemorizada, fue enviada a la goleta. Una nueva
tormenta hizo desaparecer a la goleta y a la tripulación, esta vez para
siempre.
¿Son estos los casos más antiguos?. En realidad, los problemas
con las embarcaciones en esta zona se dan desde siempre, pero las primeras noticias
sobre hechos misteriosos en el área se conocen desde los tiempos del
primer viaje del Almirante español Cristóbal Colón, en
el año de 1492.
Colón escribió que su tripulación había visto extraños
objetos en el cielo y en el mar, en este Nuevo Mundo al que se dirigían.
Multitud de leyendas se forjaron, también, en torno al Mar de los Sargazos,
situado en la parte nor occidental del Atlántico. Un mar extraño,
tan grande como los dos tercios de la extensión de los Estados Unidos.
Está este mar "encerrado" por la corriente del Golfo por el
Norte y las corrientes que corren por el Oeste. Son aguas bastante cálidas.
En estas aguas, millones y millones de algas (los sargazos), se extienden formando
grandes conjuntos enmarañados, llenos de organismos marinos, como cangrejos,
gambas, quisquillas, caracoles, etc., formando un conjunto que, a Cristóbal
Colón, le pareció un adelanto de la tierra firme.
Es en esta zona donde la leyenda sitúa el hundimiento de la mítica
Atlántida. Y bajo las aguas, entre las ruinas de esa supuesta civilización
habría algo, tal vez un gran generador de energía electromagnética,
que de vez en cuando, por alguna causa, se activaría temporalmente, provocando
los extraños fenómenos sobre la superficie del mar, afectando
a barcos y aviones.
Personalmente no creo en esa posibilidad, pero es una de las explicaciones que
algunas personas dan sobre todo esto. Explicaciones se dan muchas, pero la verdad
tal vez no se sepa jamás.
La leyenda de manera "oficial" sobre el Triángulo nace en el
año de 1950, cuando una empresa periodística, la Asociación
de Prensa, quiso indagar sobre las desapariciones de barcos y aviones entre
la costa de Florida y las Islas Bermudas, enviando a un reportero llamado E.V.W.
Jones, que escribió sobre el tema.
Dos años más tarde, otro periodista llamado George X. Sand, también
escribió sobre el tema, delimitando la zona dentro de un triángulo
cuyos vértices están en Florida, Puerto Rico y las Islas Bermudas.
Evidentemente, esto es una delimitación orientativa, ya que aunque dentro
de ese triángulo es donde se da el mayor número de sucesos misteriosos,
en otros lugares también se han dado, aunque en menor número.
En las Antípodas del Triángulo Mortal de las Bermudas existe otra
zona de similares características, llamado el Mar del Diablo o del Dragón,
situado entre el Japón y las islas Bonin. Ocurre lo mismo que sucede
en el Triángulo de las Bermudas. Allí también reina el
misterio.
El primer avión del que tengo noticias de que se encontró con
algún problema en la zona del Triángulo es el Spirit of Saint
Louis, pilotado por Charles Lindbergh quien, volando desde La Habana a Tierra
Firme, anotó en su diario:
"Ambas brújulas fallaron sobre el Estrecho de Florida, por la noche.
La rosa náutica líquida giraba sin cesar. No podía reconocer
ninguna estrella a través de la espesa niebla. Al amanecer, localicé
la posición sobre las Islas Bahamas, con una desviación de la
ruta de casi trescientas millas. La rosa náutica siguió girando
hasta que el "SPIRIT DE SAINT LOUIS" llegó a la costa de Florida.
Uno de los hechos curiosos es que en esta zona la rosa náutica suele
marcar el Norte Verdadero Geográfico en lugar del Norte Magnético.
El misterio continúa en ese extraño triángulo.
Tres años después de la desaparición del Vuelo 19, otro
extraño suceso tenía lugar cerca de Fort Lauderdale.
Era el 27 de diciembre de 1948.
Un vuelo chárter despegó de San Juan de Puerto Rico, con destino
Miami. A bordo 29 bulliciosos portorriqueños jóvenes, la mayoría
de los cuáles no superaban los 30 años, regresaban de pasar las
Fiestas de Navidad con sus respectivas familias.
Eran cerca de las 0400 horas de la madrugada cuando el Capitán Linquist,
quien pilotaba ese avión, realizó una llamada a la Torre de Control
de Miami.
Volaban en las inmediaciones de Cayo Largo, según la última posición
informada.
"Miami: Estamos a 80 kilómetros al sur del Aeropuerto. Espero sus
instrucciones para el aterrizaje".
La Torre de Control del Aeropuerto de Miami dio al avión las instrucciones
correspondientes. La contestación no llegó. Tampoco llegó
el avión. No llegó nunca. Aquel vuelo chárter desapareció
para siempre cuando estaba a punto de aterrizar.
La zona tenía unas sondas de 5 ó 6 metros solamente. Si el avión
hubiese caído, sus restos hubieran sido perfectamente visibles. Pero
no se halló ningún resto.
Nada. Absolutamente nada. Como si hubiesen aterrizado...¿en otro mundo?.
Años más tarde, a finales de la década de los sesenta,
en el mismo Aeropuerto de Miami, otro incidente extraño tuvo lugar, sin
que hasta hoy se haya encontrado una respuesta.
Un Boeing 727, de la National Airlines, al hacer la aproximación para
aterrizar, viniendo desde el Nordeste y cuando se encontraba dentro de la pantalla
del radar del Centro de Control, desapareció súbitamente, ante
los asombrados ojos de los controladores.
Posteriormente, el avión reapareció nuevamente, aterrizando sin
novedad. La tripulación y los pasajeros mostraron su extrañeza
al ver la perplejidad y el asombro del personal del Aeropuerto. Después
se les explicó que habían estado desaparecidos por un tiempo de
diez minutos, aunque ellos no notaron nada.
Los relojes de la tripulación y pasajeros marcaban diez minutos menos
que los relojes del personal de tierra.
¿Dónde estuvo el avión y sus pasajeros durante esos diez
minutos?. Recuerdo un caso ocurrido en España, en el año de 1989.
Por aquél tiempo estaba yo destinado en una dependencia de tierra, en
San Fernando.
Una mañana, al llegar al trabajo me encuentro al personal muy alterado.
Un avión de nuestra Armada acababa de desaparecer en la cercana Base
Naval de Rota. Esta es una Base española de utilización conjunta
hispano-estadounidense, situada en las inmediaciones de Cádiz y el Puerto
de Santa María.
En él están basados barcos y aviones, entre ellos algunas escuadrillas
de HARRIER.
La tarde del día 05 de diciembre de 1989, siendo las 1935 horas, con
el tren de aterrizaje fuera y con las luces reglamentarias encendidas, dos aviones,
uno estadounidense y otro español se disponen a tomar tierra. Proceden
de Zaragoza, en una misión de adiestramiento.

Se autoriza el aterrizaje y el avión americano
inicia la aproximación. Para esa maniobra, los aviones se adentran unas
seis millas en el mar, virando para dirigirse directamente a la cabecera de
pista. La Torre de Control autoriza el aterrizaje, y el avión americano
comienza la maniobra. Advierte al avión español ligeramente a
su izquierda. Observa que tiene las luces encendidas. En el radar, dos ecos
dan testimonio de la presencia de las dos aeronaves.
Súbitamente, en las pantallas queda un eco solitario, correspondiente
al Harrier americano.
A vista de la cabecera de pista, a tres millas y media, a sólo segundos
del aterrizaje, desaparece sin dejar rastro el "Harrier Bravo" español,
con indicativo 01-901, perteneciente a la 9ª Escuadrilla de Aeronaves.
Pilotado por un piloto muy experimentado, el teniente de navío D. Raúl
Pampillo Veiga.
Inmediatamente comenzaron las operaciones de rescate, con la participación
de barcos, aviones y helicópteros, así como buceadores de combate,
que peinaron la zona, de poca profundidad, donde podrían hallarse los
restos del avión. Pero no hubo resultados.
Se pensó en la posibilidad de que el avión se hubiese empotrado
en el fango y hubiese sido enterrado por la arena, por lo que se extremaron
las medidas atendiendo a esa hipótesis. Durante varios días se
prolongó la búsqueda, pero del Harrier nunca más se supo.
Yo embarqué, para realizar un adiestramiento, por aquellos días
en uno de los buques hidrográficos que participaron en la búsqueda,
empleando sonares de barrido lateral. Tenían la carta repleta de líneas
de búsqueda, que abarcaban una enorme superficie. Se había barrido
centímetro a centímetro toda el área, dibujando el fondo
del mar. Una búsqueda exageradamente exhaustiva, aunque, desgraciadamente
sin resultados prácticos.
No se detectó, tampoco, ninguna señal de radiobaliza, lo que suele
ocurrir si un avión cae al mar, entrando ésta en funcionamiento
automático y transmitiendo la posición de caída.
La 10ª Flotilla de Aeronaves, y un avión P-3 "Orión",
también participaron en la infructuosa búsqueda.
Todo fue inútil. A día de hoy, nadie sabe qué pudo ocurrirle
al Harrier, cuya última frase del piloto fue una palabrota ante algo
que le sorprendió súbitamente. El taco fue: "Me cago en la
put...". Después el silencio.
Oficialmente, el avión consta como desaparecido, y por tanto su mujer
no consta como viuda, aunque desconozco si eso cambiará con el tiempo.
No se considera muerto en acto de servicio, pues no han aparecido sus restos.
Todas estas desapariciones, a lo largo de los años, constituyen una larga
lista que nos dice que algo hay de verdad en estas zonas, si bien debemos admitir
que es cierto que muchos de estos hechos corresponden a accidentes, a naufragios,
a situaciones que entran dentro de lo previsible, sobre todo en lugares donde
el tráfico aéreo y marítimo es intenso. Pero hay frases
que son muy significativas, aplicadas como conclusión final a las investigaciones
realizadas sobre determinadas desapariciones. "No sabemos qué pudo
haber ocurrido". "No tenemos una explicación para explicar
esto". "Parece como si hubiesen volado a Marte".
El hidrato de metano es una de las explicaciones que podríamos buscar,
en algún caso. Grandes bolsas de gas metano, transformándose en
hidrato de metano, ascienden hacia la superficie, originado una burbuja blanca,
que se extiende a lo largo y a lo ancho, produciendo una deflagración
que destruye a cualquier embarcación aprisionada por ese gas. Es otra
explicación.
Ya hemos comentado los fenómenos naturales, (meteorológicos y
otros).
Explicaciones racionales, que es necesario buscar, pero hay hechos que se resisten
a ser comprendidos. El Vuelo 19, El MARINER, CYCLOPS, MARY CELESTE, aviones
de línea, aviones y barcos civiles y militares, en número muy
elevado, nos dicen que "algo" o "alguien" está ahí,
acechando, esperando para capturar su presa y hacerla desaparecer para siempre.

Y de nada sirve negar los hechos o mirar para otro
lado. Las cosas suceden, independientemente de la postura que tomemos frente
a ellos.
En una ocasión, un amigo astrofísico me dijo: Ángel, entre
el cielo y la Tierra existen cosas que la gente no puede ni siquiera imaginar.
¿Qué quiso decir el Capitán del MARY CELESTE, cuando escribió
en su Libro de Bitácora: "¡¡SUCEDE UNA COSA EXTRAÑA!!"?.
¿Qué son las extrañas luminosidades que algunos dicen ver
sobre el mar?.
¿Y las luces cruzando a gran velocidad bajo la superficie del mar?.
¿Por qué el líder del Vuelo 19, cuando se les comunicó
que iban en su rescate dijo: "¡NO NOS SIGAN!. ¡NO VENGAN A
POR NOSOTROS!"?.
Pero no nos confiemos. Las desapariciones pueden darse en cualquier lugar del
mundo, en el mar o en tierra.
En 1915, durante la 1ª Guerra Mundial desapareció el 5º Batallón
Norfolk, cuando sus 250 hombres penetraron en un bosque espeso, persiguiendo
al enemigo.
Desaparecieron sin dejar rastro.
En un momento cualquiera, caminando normalmente, podemos entrar en otro plano,
en otro mundo, y tal vez no podamos regresar jamás, perdiéndonos
para siempre en la leyenda.
BIBLIOGRAFÍA:
– El Triángulo Mortal de las Bermudas, (Alejandro Vignati. 1975.
Editorial ATE. Barcelona).
– Blogs.elcorreodigital.com/index.php/magonia/2004/05/15/el_hombre_que_volvio_del_limbo_de_lo_per
– Berlitz, Charles [1974]: El triángulo de las Bermudas [The Bermuda
triangle]. Trad. de José Cayuela. Editorial Plaza & Janés
(Col. "Los Jet", Nº 7). Barcelona 1982.
– Archivos GEIFO.
Referencias complementarias
Fernández, Ernesto Alonso. Los Ovnis y el Triángulo de las Bermudas:
Un mito. (Editorial Teorema, Barcelona) 1982
Ribera, Antonio. El Gran Enigma de los Platillos Volantes. Cáp. XI. ¿Bases
submarinas? Pgs 318-334. (Editorial Pomaire, Barcelona) 1966
Mapa: http://www.amarre.com/html/historias/curiosidades/bermudas.php
Ribera, Antonio. Los doce triángulos de la muerte. (Editorial Plaza y
Janes, Colección Otros Horizontes. Cáp. I Primer triángulo:
Bermudas, pgs. 13-46 1ª edición) septiembre 1987.