EL MITO DEL PIGUCHEN II

ANÁLISIS MORFOLÓGICO , FOLKLÓRICO Y CRIPTOZOOLOGICO

ABSTRACT:Los autores nos propusimos reunir la más amplia bibliografía sobre el Mito del Piguchen hasta el momento. Hemos realizado una amplísima revisión de la literatura folklórica chilena logrando trazar el origen de estas creencias en las más antiguas referencias escritas. Sumándoles testimonios orales de antaño y del presente configuramos un volumen de información nunca antes reunido. Con tal valiosa información sobre nuestra mesa de trabajo produjimos este sistemático análisis que entregaremos en dos partes .La primera se refiere a las referencias escritas desde la antigüedad hasta el presente conjuntamente con el análisis geográfico y lingüístico . La segunda parte incluirá los testimonios orales y el estudio antropológico del mito.

TESTIMONIOS ORALES Y PRESENCIA EN LA LITERTAURA POPULAR

EL REGRESO DEL PIUCHEN.
(Seudónimo Carmen, 1997) (Resumen del cuento)

“Se acercaba el fin de semana del mes de mayo y donde los Silva se veía ya movimiento de fiesta porque el abuelo, bisabuelo y tatarabuelo don Ruperto Silva cumplía cien años.
Don Ruperto tan alto y lúcido como en aquellos tiempos, como cuando era el jutre del Fundo El Aromo, hombre muy rico y muy bueno como patrón, era querido por todos los trabajadores del Fundo y todos decían que ojalá Dios le diera muchos años de vida.
…Junto a los preparativos de la fiesta circulaba en el ambiente un rumor que en el fundo vecino al de don Ruperto de propiedad de don Artemio Sepúlveda, se le había muerto casi todo el ganado y que cada día que pasaba aparecía una vaca, un toro o cualquier animal muerto en circunstancias muy extrañas que daba qué hablar.
Morían con unas mordeduras en el cuello como de vampiro, y siempre escogía las bestias más bonitas, igual a las que tenía mi abuelo en engorda, a esas atacaba y morían secas sin sangre y nadie escuchaba nada en la noche cuando ocurrían estas cosas, así los peones decían que era una maldición lo que le ocurría a don Artemio por lo apretao que era pa’ pagarle a los trabajadores.
Don Ruperto, junto con la alegría que sentía por cumplir cien años también estaba preocupado porque sus padres le contaron que cuando él nació hubo una gran hambruna en esos años en el campo, se moría el ganado, y nadie sabía por qué morían en las mismas circunstancias que las de don Artemio, el vecino del Fundo del lado.
Se dijo que en esos años la muerte de los animales era por culpa del Piuchén, animalito muy curioso que tiene la mitad del cuerpo hacia la cola como culebra y la otra mitad hacia la cabeza como pájaro, con plumas multicolores, puede volar y arrastrarse como las culebras.
Este animalito se forma de un culebrón que vive en las vegas y tranques y que nadie puede ver y que al cabo de cien años se transforma en un “Piuchén”, comienza alimentándose de pajaritos que saca de los nidos y una vez crecido comienza a chuparle la sangre a los animales más grandes, también le chupa la sangre a los hombres que duermen botados en el campo a la intemperie.
Esta criatura regresa cada 100 años y cuando aparece hace mucho daño a la ganadería, luego se va y no vuelve hasta pasados cien años.
El abuelo estaba preocupado porque ese año debía volver…
Cuando todos se iban a dormir a eso de las 06 AM uno de los peones gritó “le vengo a decir que cuando fui a ordeñar las vacas encontré dos de ellas muertas y un cordero también, tenía unas mordeduras en el cuello, como de vampiro y están secas sin una gota de sangre”
El abuelo ordenó que encerraran a los animales, les pusieran mallas a los corrales y gallinas exclamando: “A mis padres empobreciste hace 100 años cuando yo nací matándoles todo su ganado, pero conmigo no lo lograrás maldito Piuchén!
Todos le miramos. La cara del abuelo estaba rojo de rabia, tan rojo que se puso morado. Lo llevamos a la cama para que se calmara y durmiera.
Al atardecer nos levantamos y reunimos en la mesa para comer algo, fuimos a despertar al abuelo y no reaccionaba; mi primer grito: ¡”Vayan a buscar al médico!” Mi otro primo dijo, no vayan. Ya está muerto, se lo llevó el Piuchén, se ensañó con él. Nos pusimos a llorar y hasta ahí no más llegó la alegría y de la fiesta se pasó al velorio. Y todos los invitados comentaban no es bueno desafiar al Piuchén y menos a la edad del abuelo”
Vivanco D. Elizabeth. El regreso del Piuchen [manuscrito] [informante] Chile, Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares, 1997. Entrevista telefónica Julio de 2007.

Audio Exclusivo de la Entrevista . Copyright Liliana Núñez O . para AFLA

EL PICHIWEN

Boris Llanquinao tiene 21 años y es estudiante de Diseño de la Universidad Católica de Temuco, proviene de la comunidad indígena Manuel Manqueñir – Francisco Ladino, de la novena región. 9 julio 2004

Viviendo en el Laurel encontramos al piwichen. Estos terrenos suelen ser pantanosos y a veces de difícil acceso, lo que los convierte en un escondite seguro para que estos animales vivan en paz. El piwichen es un pájaro con forma de gallo, de patas largas y casi sin cola, sus plumas poseen un rojo intenso y brillante, además, de un pico largo. A este animal no le gusta ser visto, por esa razón siempre está escondido, sólo sale en ocasiones a buscar alimento, al igual que como lo hacen las gallinas, por eso es muy común que uno lo confunda, y es ahí cuando se debe tener mucho cuidado, porque si te llega a pillar que lo observas, te da Perimontun.
El Perimontun es una visión que tiene la persona, como apariciones, o simplemente es algo extraño que solamente puede ver el afectado, son muy temidos los espíritus o animales emparentados con este mal, ya que de algún modo enferman o producen padecimientos en alguna extremidad en la persona, impidiéndole trabajar y aún peor agravándole con el tiempo.
La sanación sólo está en manos de una machi especialista en estos casos, por el hecho que cada una tiene su área de trabajo. Esta asistencia debe realizarse lo más pronto posible, ya que la enfermedad avanza rápido y al final produce la muerte.
Otro lugar peligroso y donde aparece el piwichen son los menucos. Es una tierra pantanosa, siempre hay lagunas o mallines cerca. Aseguran los antiguos, que estos lugares son de temer y más cuando hay neblina, por que los espíritus o seres son frecuentes en estos sitios, por lo mismo es fácil padecer de perimontun.
Mi padre cuenta que mi abuelo sin intención, pasó a cortar unos ganchos de un laurel, en ese mismo instante sus brazos y una pierna se durmió, no los podía mover. Solo y sin que nadie en ese momento lo estuviera ayudando, hizo lo posible para salir de ahí y poder llegar a un lugar en el cual pedir auxilio.
Preocupada toda la familia, lo llevaron a uno de estos médicos en la ciudad, ellos lo examinaron y le pronosticaron reumatismo, pero en la familia no creían, ya que en aquel entonces mi abuelo era joven y nunca había sufrido enfermedades, además, el reumatismo no se produce de un día para otro, ni tampoco avanza tan rápido como para que, en un corto tiempo, se tuerzan las partes del cuerpo.
Mi abuela soñó que una machi especialista en Perimontun debía sanar a mi abuelo, ya que el animal debía ser calmado a causa de la cólera que le habían inflingido. Consiguieron a una machi y rápidamente comenzaron con la rogativa, los acompañantes de la machi y mi abuela estuvieron un buen tiempo rezando y pidiendo al espíritu [piwichen] que por favor dejara a mi abuelo, que no había sido su intención el molestar y cortar parte de aquel laurel. Mediante las ofrendas y las rogativas, pudieron por fin terminar y sanarlo.
Tiempo después, mediante los sueños, el piwichen hablo a mi abuelo y le dijo que sólo por la rogativa, la sabiduría y el poder de comunicación que la machi posee frente a la naturaleza, lo había dejado libre.
Este relato habla de lo importante que es respetar a los animales y por supuesto a la tierra [ñuke-mapu], pedir permiso con sumo respeto a los árboles sagrados como a los más antiguos, ya que no solamente el piwichen habita ahí, sino que distintos animales y espíritus que desean vivir en paz y cuidar a la naturaleza.
*MUNDO MAPUCHE
http://www.ciudadacuarela.com/news/one_news.asp?IDNews=400&NewsEditions=13


HISTORIAS DEL FOGÓN EN ALEPÚE

Recuerdo que alcancé a conocer a un tío abuelo de mi papá. Se llamaba o le decían Manke. Lo recuerdo siempre, con su negra manta pasando por el camino cerca de mi casa montando su yegua blanca llamada Fortuna. No le dirigía la palabra a nadie. Tenía además un zorro y un piwichen, una especie de serpiente voladora, cuyo grito se oye, aunque no se ve. Estos animales siempre se escuchaban antes que él pasara por el camino.
Se contaba también de otros vecinos y gentes del lugar, pero eran cosas que en la casa se hablaban a medias.
Cuando una noche volvía desde el pueblo a mi casa, vi en un claro, a la vuelta del camino, muchas luces pequeñas formando un círculo. Curioso me acerqué a verlas, pero desaparecieron al instante. Quise volver al camino, pero éste ya no estaba y me pareció haber llegado a otra parte, a una pampa enorme rodeada de un bosque grande. La neblina daba una extraña claridad a la noche. Caminé un poco y recordé lo que decían en mi casa. Que había interrumpido una reunión de brujos. Entonces me senté a esperar que la alucinación pasara. Creo que dormité un rato y me despertó el frío de la noche. Entonces me di cuenta que estaba sentado en medio del camino. Me levanté y fui a mi casa, le conté a mi madre lo que me pasó y me preparó unas yerbas que eran contra. Estuve como tres días sin ánimo de nada y lleno de sueños en que veía a varias personas que conocía degollando serpientes y lagartijas.
Mientras avanzaba la noche, mi abuela se adentraba en relatos que hablaban de parientes que habían desaparecido en los caminos y otros que alguna vez se casaron con los espíritus de algún estero, llamados shumpall. Por lo que yo entendía, de alguna manera estábamos emparentados con los espíritus de la naturaleza del lugar que ahora habitaba mi familia. La comunidad de Alepúe.
Por el lado de mi mamá tenía un tío que era machi y otro tío lejano también. Al primero lo conocí bien, pues vivía cerca de nuestra casa. Siempre tenía muchos enfermos que llegaban a su casa y además lo buscaban de comunidades distantes. El abuelo Lorenzo, tío lejano de mi mamá, también tenía fama de buen machi, En la casa del enfermo hacía un rehue con dos largos colihues, que eran enterrados en medio del patio. Allí cerca mandaba hacer un gran fuego. Luego, cuando Recuerdo que alcancé a conocer a un tío abuelo de mi papá. Se llamaba o le decían Manke. Lo recuerdo siempre, con su negra manta pasando por el camino cerca de mi casa montando su yegua blanca llamada Fortuna. No le dirigía la palabra a nadie. Tenía además un zorro y un piwichen, una especie de serpiente voladora, cuyo grito se oye, aunque no se ve. Estos animales siempre se escuchaban antes que él pasara por el camino.
Se contaba también de otros vecinos y gentes del lugar, pero eran cosas que en la casa se hablaban a medias.
Cuando una noche volvía desde el pueblo a mi casa, vi en un claro, a la vuelta del camino, muchas luces pequeñas formando un círculo. Curioso me acerqué a verlas, pero desaparecieron al instante. Quise volver al camino, pero éste ya no estaba y me pareció haber llegado a otra parte, a una pampa enorme rodeada de un bosque grande. La neblina daba una extraña claridad a la noche. Caminé un poco y recordé lo que decían en mi casa. Que había interrumpido una reunión de brujos. Entonces me senté a esperar que la alucinación pasara. Creo que dormité un rato y me despertó el frío de la noche. Entonces me di cuenta que estaba sentado en medio del camino. Me levanté y fui a mi casa, le conté a mi madre lo que me pasó y me preparó unas yerbas que eran contra. Estuve como tres días sin ánimo de nada y lleno de sueños en que veía a varias personas que conocía degollando serpientes y lagartijas.
Mientras avanzaba la noche, mi abuela se adentraba en relatos que hablaban de parientes que habían desaparecido en los caminos y otros que alguna vez se casaron con los espíritus de algún estero, llamados shumpall. Por lo que yo entendía, de alguna manera estábamos emparentados con los espíritus de la naturaleza del lugar que ahora habitaba mi familia. La comunidad de Alepúe.
Por el lado de mi mamá tenía un tío que era machi y otro tío lejano también. Al primero lo conocí bien, pues vivía cerca de nuestra casa. Siempre tenía muchos enfermos que llegaban a su casa y además lo buscaban de comunidades distantes. El abuelo Lorenzo, tío lejano de mi mamá, también tenía fama de buen machi, En la casa del enfermo hacía un rehue con dos largos colihues, que eran enterrados en medio del patio. Allí cerca mandaba hacer un gran fuego. Luego, cuando Recuerdo que alcancé a conocer a un tío abuelo de mi papá. Se llamaba o le decían Manke. Lo recuerdo siempre, con su negra manta pasando por el camino cerca de mi casa montando su yegua blanca llamada Fortuna. No le dirigía la palabra a nadie. Tenía además un zorro y un piwichen, una especie de serpiente voladora, cuyo grito se oye, aunque no se ve. Estos animales siempre se escuchaban antes que él pasara por el camino.
Se contaba también de otros vecinos y gentes del lugar, pero eran cosas que en la casa se hablaban a medias.
Cuando una noche volvía desde el pueblo a mi casa, vi en un claro, a la vuelta del camino, muchas luces pequeñas formando un círculo. Curioso me acerqué a verlas, pero desaparecieron al instante. Quise volver al camino, pero éste ya no estaba y me pareció haber llegado a otra parte, a una pampa enorme rodeada de un bosque grande. La neblina daba una extraña claridad a la noche. Caminé un poco y recordé lo que decían en mi casa. Que había interrumpido una reunión de brujos. Entonces me senté a esperar que la alucinación pasara. Creo que dormité un rato y me despertó el frío de la noche. Entonces me di cuenta que estaba sentado en medio del camino. Me levanté y fui a mi casa, le conté a mi madre lo que me pasó y me preparó unas yerbas que eran contra. Estuve como tres días sin ánimo de nada y lleno de sueños en que veía a varias personas que conocía degollando serpientes y lagartijas.
Mientras avanzaba la noche, mi abuela se adentraba en relatos que hablaban de parientes que habían desaparecido en los caminos y otros que alguna vez se casaron con los espíritus de algún estero, llamados shumpall. Por lo que yo entendía, de alguna manera estábamos emparentados con los espíritus de la naturaleza del lugar que ahora habitaba mi familia. La comunidad de Alepúe.
Por el lado de mi mamá tenía un tío que era machi y otro tío lejano también. Al primero lo conocí bien, pues vivía cerca de nuestra casa. Siempre tenía muchos enfermos que llegaban a su casa y además lo buscaban de comunidades distantes. El abuelo Lorenzo, tío lejano de mi mamá, también tenía fama de buen machi, En la casa del enfermo hacía un rehue con dos largos colihues, que eran enterrados en medio del patio. Allí cerca mandaba hacer un gran fuego. Luego, cuando entraba en trance, normalmente en la noche, subía bailando hasta la punta de los colihues que se cimbraban con su peso. Entonces bajaba y mandaba que sacaran todo el fuego y lo desparramaran dentro de la casa. Mientras, el seguía bailando sobre las brasas y con un tizón en la mano perseguía a los espíritus malos. Tenía tal control del fuego que, aunque las casas eran de paja ratonera, no provocaba incendios y nadie se quemaba. Sus machitunes eran tan espectaculares que a veces se le consideraba también un brujo.
MUNDO MAPUCHE.
http://www.precolombino.cl/es/biblioteca/pdf/voces/palabras-sonadas.pdf

CERRO PIUCHEN Y RAPILERMO

En el Cerro Piuchén y Rapilermo cuenta en su manuscrito la dueña de casa señora Rosa Elba Rojas Espina que está ubicado en la VII Región en el lugar denominado Rapilermo Alto a 34 kms del pueblo de Curepto, 60 kms de Talca y 40 de Curicó.
El cerro tiene grandes y altas piedras con bonitas figuras y hay una que se llama La Piedra Piuchen.
“En las noches se escuchan murmullos y llantos de alguien que llora, se ven luces y apariencias como un hombre que sale en la oración, que da vueltas en redondo con un sonido de mil tapas juntas. La gente piensa qué es el diablo”
“Rapilermo tiene 170 habitantes y los hijos de los dueños del cerro Piuchén lo están destruyendo para forestarlo con pino”
Fuente: El cerro Piuchén y Rapilermo [manuscrito] / [informante] Rosa Elba Rojas Espina.
Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares, 1998.

EL PIUCHEN

El piuchen es una culebra con plumas, que da unos grandes saltos y aparece por las cuevas de las tumbas. Cada vez que muere alguna persona se mete en el ataúd y chupa la sangre del muerto. Hay personas que lo han visto asoleándose en las rocas cercanas al Quitre alto en Buchupureo; en el cajón del Molino en Cobquecura.
Se dice que es producto de la fecundación de un huevo de gallina con una culebra, es muy ágil, silencioso y tenebroso. Hay quienes lo alimentan diariamente con leche y sangre animal como penitencia por el pago de algún pacto con el maldito.
Recopilción de Leyendas Impulsada por el Profesor Luis Alberto Zamora Figueroa de Cobquecura.


ESQUIVEL CASTRO, CÉSAR.
LOCALIDAD PISCO ELQUI, EN LA IV REGIÓN
Comunicación personal. Agosto de 2007

En comunicación telefónica con el ex Carabinero señor César Esquivel Castro de Pisco Elqui qpudimos ruenir algunas referenci sorales acerca del mito del Piguchen:

“Un día de 1968 en la ciudad de Temuco un leñador que estaba cortando leña, se cansó por el duro trabajo quedándose dormido un rato en el suelo afirmado en un árbol cuando se le acercó un piuchén. Él sentía como que estaba emborrachado y no podía despertar, cuando pudo hacerlo, se dio cuenta y alcanzó a ver a la distancia como de dos metros, que iba arrancando por el suelo una culebra con aletas”

¿El hombre se pudo salvar?
“Sí, porque despertó a tiempo y lo persiguió a palos pero voló y no alcanzó a matarlo”

Más adelante me comentó don César que la gente de campo, los crianceros de Pisco Elqui, IV Región, no lo han podido nunca sorprender.
“Dicen que tiene la cabeza como la de un gallo con cresta y que es una culebra, una serpiente y pone la cabeza a una distancia de un gemen que le llaman ahí tiene dos aletas y después sigue el cuerpo como una culebra la cola y para volar se enrolla y canta en el aire. Durante el día lo pasa escondido en los bosques porque aquí en el mismo Pisco Elqui, en el terreno donde yo vivo, en el fundo que se llama a un pedazo chico de tierra pasa un río y en unas mollacas se creía que había uno y le prendieron fuego y lo encontraron quemado pero no se pudo identificar si era culebra o pájaro porque estaba seco entre los escombros”.

¿Ha habido casos de matanzas de animales en la zona en que Ud., vive?
“De cabras así no más. Últimamente se ha hablado mucho del Chupacabras como le llaman ahora. El Chupacabras, yo lo encuentro qué es como el Peuchén.
Es cómo que inventaron el nombre para mí, de chupacabras”

César Esquivel Castro (en el centro)

 

ANÁLISIS DEL MITO

El análisis que plantearemos para el mito del Piguchen estimamos como único en el folklore de Chile y auguramos que futuras investigaciones puedan extender este análisis hacia otros mitos de significancia.
Para clarificar al potencial lector hemos de definir al mito como una figura construida a través de varios elementos. De acuerdo con A.J. Greimas cada narración folklórica esta determinada por 6 actantes o actores que son: Dador, Objeto, Destinatario, Sujeto, Coadyuvante y Opositor. El dador es el contexto social figurado como la necesidad de esa comunidad de expresar sus necesidades. Esta carencia sea conciente o inconsciente genera el Objeto, o sea el personaje del mito. El Destinatario es aquella parte de la sociedad o las instituciones a quienes se consideran como objeto de reclamo de esa mencionada carencia.
El Sujeto, como su nombre lo indica, es la persona física que transmite ese mito o narración folklórica. Los Coadyuvantes son todas aquellas cualidades o elementos que facilitan el desarrollo del mito en la sociedad permitiendo su permanencia geográfica y temporal. Los Opositores son todos aquellos obstáculos que aparecen para impedir el proceso de mitificación.
Siguiendo el excelente camino trazado por Martha Blache en su excelente obra Estructura del Miedo propusimos el análisis del signo creado por Charles Peirce en la tricotomía: Icónico, Indicial y Simbólico.
Brevemente, indicamos al lector que el primer plano, Icónico, configura la descripción de la morfología y características sensoriales que evidencia el mito, el Indicial, recoge el comportamiento de ese personaje y finalmente el Simbólico establece como se valoriza esa figura.
Excedería ampliamente el marco de este trabajo el análisis particular de cada actante en cada plano, conllevaría el estudio de 18 puntos. Creemos que con un estudio un poco más global podremos transmitir el concepto en forma evidente y clara.

NIVEL ICONICO

Objeto: En líneas generales podemos afirmar que existen dos grupos bien diferenciados de características que definen al Piguchen. Los que están presentes en TODAS las narraciones y los variables. El elemento presente en todas las versiones que hemos recogido es la presencia de alas o algún tipo de órgano adaptado para producir el vuelo, sea en forma prolongada o corta. Alas membranosas como los quirópteros, cerdas o una hilera de crines fuertes y espinosas en el lomo o bien orejas puntiagudas y largas adaptables para volar.
A título comparativo podemos mencionar las excrecencias duras como pelos gruesos y punzantes reportados en el lomo de las criaturas llamadas “chupacabras” fundamentalmente en sus primeras apariciones en México y Puerto Rico.
La otra característica inmutable son los ojos descritos como saltones y luminosos o brillantes.

La diversidad de la morfología se evidencia en los siguientes párrafos:
Los informantes describen su cuerpo como similar a una gallina, un reptil, una serpiente, una rana, un pulpo (sic) y un cuadrúpedo (mamífero).
El pico es descrito como de loro o bien largo y puntiagudo (como un ave zancuda). Al respecto no podemos dejar de mencionar la criatura aparecida en Mendoza, Argentina en 1972 y 1973, llamada “Vampi” por los lugareños que produjo una impresionante matanza de animales y que en algunas oportunidades en que fue apreciada fue descrita como un ave con pico largo y puntiagudo).
El cuerpo suele ser escamoso como una serpiente, o bien cubierto de fino vello, probablemente liso como un batracio.
Las extremidades son definidas como fuertes y “como de lagarto” y su número varía según la especie a la que se lo asimila.
Las percepciones auditivas son coincidentes en que el piguchen emite un agudo y fuerte silbido, similar al de los ofidios o al de algunas aves.
Las percepciones olfativas se detectan en la presencia de ciertas sustancias nocivas o hediondas emitidas por el piguchen.
Un punto importante en relación con la morfología del Objeto esta evidenciado en sus metamorfosis. Varios relatos indican que el piguchen se transforma en tal luego de pasar por otros animales:
“Al envejecer se transforma en un pájaro grande como un gallo.”
“Nace como culebra y luego le crecen alas sin plumas”
“Culebra que se transforma en rana con cuerpo cubierto de fino vello y alas muy cortas y anchas”
“Brujo fracasado se transforma en piguchen”

Coadyuvantes: La noche y los días calurosos son los momentos ideales para la aparición del piguchen. La presencia de ganado caprino, ovino, caballar o bovino constituyen cebos ideales para atraer al mitológico ser.
Algunos rituales de los brujos chilenos favorecen y hasta crean los piguchen, en efecto aquellos hombres que se entrenan para ser brujos pero fallan son arrojados por un barranco hacia un profundo lago y cuando sobreviven se transforman en eternos piguchen con características maléficas.
En este caso las lagunas, pozos profundos son coadyuvantes geográficos para la aparición del ser.

Opositores: Se trata de un mito con pocos opositores. La luz del día, las banderas blancas situados en lo alto, silbar en una botella y los conjuros o bendiciones religiosos.

NIVEL INDICIAL

Objeto: Su accionar está anunciado por un agudo silbido similar a una serpiente o ave. Su búsqueda constante de presas lo lleva a atacar el ganado en todas sus variedades e incluso al hombre siempre amparado por las sombras de la noche.
Otra treta que suele utilizar es la de fijarse a la corteza de los árboles o bien ocupar huecos en los troncos o utilizar pequeñas cuevas como escondrijos para aguardar que pase por el sitio alguna futura víctima.
Un procedimiento es atraer con el silbido al modo del Pombero o bien producir una mirada hipnótica o paralizante como el Basilisco. Este sincretismo folklórico es algo muy común cuando se detectan orígenes mixtos indígenas y europeos del mito.
Un sistema indirecto para provocar daño está finamente desarrollado en su ponzoña. Uno de los procedimientos es su excremento rojo que chorrea de los árboles donde se fija y otro una sustancia nociva que emite en sus variantes lacustres. De este modo emponzoña el líquido elemento provocando una enfermedad terminal.
La otra forma de matar es la clásica succión de la sangre de animales y seres humanos a quienes lleva a la muerte.
En una de las versiones acuáticas devora seres humanos y también produce alteraciones en la superficie del agua al modo de una poderosa tormenta.
En una sola narración, la de Molina, se menciona que se trata de un ser insectívoro inofensivo para los animales y el hombre.
Finalmente, una variante, es la de sitiar una casa dónde enferma a sus habitantes (presumimos que tras la continua succión de su sangre) produciendo la muerte en forma lenta pero segura.
Curiosamente, la longevidad o lucha contra la muerte del piguchen se evidencia en una narración dónde si bien se le dio muerte, esta fue calificada de “muy lenta”.

Coadyuvantes: Son los mismos descritos para el plano ICONICO La oscuridad, los días de mucho calor, los bosques cerrados, el pasar por las inmediaciones de sus guaridas, no verlo cuando la víctima es acechada. La presencia de corrales de ganado, la existencia de comunidades de brujos en las cercanías, utilizar un agua poco potable para el baño o lavado de enseres o ropas.

Opositores: Los mismos que en el plano anterior: La colocación de banderas blancas en lo alto, silbar con una botella vacía, verlo antes de que el piguchen lo descubra, el accionar de los religiosos en menor medida. La luz del día y el frío surgen como opositores a su accionar. En una versión se afirma que no atacas ovejas blancas, con lo cual podemos establecer que dicho color es también un opositor.

NIVEL SIMBÓLICO

Objeto: El actante objeto tiene muy poca “comunicación” con las víctimas. Por lo general se trata de una plaga casi incontrolable. Las diversas técnicas de ataque y las múltiples formas de producir daño configuran un símbolo de su maldad manifiesta.
Haciendo un paralelo con las religiones occidentales estaríamos en presencia de verdaderos demonios ocupados solamente en destruir al hombre y sus animales de crianza.
No parece haber ningún tipo de “pacto o compromiso” con el piguchen. Se trata de un mito de naturaleza muy primitiva, totalmente animalizado y sin comunicación con los humanos.
El ámbito en que se manifiesta es aislado, boscoso, alejado de los centros urbanos. Los mitos enraizados en esas comarcas tan solitarias carecen de humanización y se sustentan en el salvajismo y primitivismo más profundo.
Se trata de un mito carente de sexualidad, la cual es suplantada completamente por el primitivismo asexuado, por la maldad y el daño constante.
Como tal el mito suele producir profundo temor en los seres humanos y a veces un simple entregarse a la muerte cuando se “sabe que lo ha atacado” el piguchen. El mito debe enmascarar muchísimas dolencias, seguramente metabólicas, aunque lamentablemente son nulas las estadísticas médicas en esas desoladas regiones.
El mito del piguchen suele diluirse en las ciudades donde los peligros pasan por otros caminos.

Coadyuvantes: Es evidente que el color negro, simbolizado en la oscuridad y en el color de sus víctimas predilectas (ovejas negras), constituye una representación de la maldad. Lo sombrío de los bosques, las cuevas y los lagos profundos despliegan un panorama tétrico de carencia de luz, de humedad y soledad.
La sangre como elemento puesto en juego en el accionar del mito simboliza la vida, la fuerza, la energía vital de los seres humanos y animales. Su robo sistemático, su descarga lenta pero constante constituyen una muerte física y sicológica, una tortura pausada y agónica. La víctima humana sabe que esta muriendo en forma irremediable y por supuesto nada puede hacer para evitarlo. El piguchen simboliza el mal, el ladrón del más preciado fluido del ser humano, en definitiva, de su propia existencia.
Las formas que adopta el ser son como vimos numerosas, sin embargo ellas tienden siempre a simbolizar criaturas consideradas maléficas en las culturas universales (serpientes, ranas, vampiros). Si bien podemos hallar etnias que adoran esos animales como dioses creadores debemos coincidir en que la mayoría los toman como “repugnantes, dañinos, asociados a demonios y seres malignos o brujos”.
El mito del piguchen expresa temores profundos de los seres componentes de esas comunidades aisladas.
La longevidad o dificultad para matar al piguchen evidencian un símbolo de “poder absoluto” de dominio de la vida. Este elemento contribuye notablemente a sostener el miedo profundo a esta creación.
Las metamorfosis también simbolizar su poder divino, su poder gestador de cambios que no afectan su maldad. Transformaciones que sorprenden y producen aún más temor por su invulnerabilidad.

Opositores: A nivel hogar, siendo que el hombre posee un poco más de defensa, puede oponérsele un abandono del sitio, dejando un río de por medio. El símbolo es la fuerza del hogar propio No existen elementos religiosos o amuletos para su ahuyentamiento. El color blanco, representación de la pureza suele producir un efecto de alejamiento aunque no de destrucción del piguchen. La iglesia o los religiosos tienen poca participación en este mito.

CONCLUSIONES

El mito del piguchen como vampiro y entidad maléfica constituyen un alerta de las comunidades aisladas a su poca valorización por las autoridades. Su indefensión casi absoluta contextualizada en sus carencias económicas, alimenticias y de salud dan marco a un símbolo que actúa irremediablemente, llevando a la sociedad a un fin lento pero constante. El hombre aislado, como un punto en el espacio no tiene medios para luchar contra estas necesidades y la formación de comunidades organizadas aparece como el único elemento salvador. Ni siquiera los estamentos religiosos pueden desbaratar esta máquina destructiva simbolizada por el piguchen. La aniquilación sistemática de las culturas autóctonas americanas, el mancillar sus obras y sus costumbres, producen una pérdida irreparable que se hace patente en el afloramiento de mitos con características tan nefastas.
Quizás, en la época de José Molina el piguchen como mito solo se alimentaba de insectos, hoy la llamada civilización ha dado vida a un mito que mata poco a poco, que es casi eterno y todopoderoso. Las comunidades aisladas son vulnerables a las manipulaciones de la civilización y al accionar de sectas simbolizadas por los “brujos” verdaderos hacedores de piguchenes acuáticos que no solo matan y devoran seres humanos sino que contaminan sus aguas con sustancias venenosas. La pérdida de los recursos naturales constituye un elemento adicional a este oscuro panorama.
No es nuestra finalidad alertar sobre la situación de las comunidades nativas americanas, sin embargo, si los encargados de manejar esas cuestiones tan importantes se tomaran la molestia de leer este modesto aporte, podrían, sin lugar a dudas, tomar algunos datos verdaderamente valiosos.

REFERENCIAS:

Blache , Marta : Estructura del Miedo ,Narrativas Folklóricas Guaraníticas , Plus Ultra , Buenos Aires ,1982.

Greimas, Algirdas Julien :Semántica Estructural , Gredos, Mdrid ,1971.

Peirce , Charles : Collected Papers of Charles Sanders Peirce, 8 vols. Edited by Charles Hartshorne, Paul Weiss, and Arthur Burks (Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1931-1958).

Agradecimientos
Un profundo agradecimiento a la Sra. Micaela Navarrete, Jefa del Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares de la Biblioteca Nacional por su gentileza para buscar entre los testimonios que disponen, a don Osvaldo Guzmán del Museo Benjamín Vicuña Mackenna por ayudarnos a encontrar antiguas referencias, a la señora Elizabeth Vivanco de Talca por permitirnos reproducir parte de su manuscrito y a don César Esquivel Castro de la localidad de Pisco Elqui por contarnos historias del tema tratado en esta monografía.

Copyright ® Liliana Núñez O. y Fabio Picasso Agosto 2007