Revelación (Santiago), Año 3º Nº 27, pgs. 18-21
Textos y fotos de Osvaldo Muray

Juan Humberto Benítez y Rosa Abarca
Hasta nuestras oficinas llegó la información
del caso más extraordinario ocurrido en el país: la llegada de
un ser en un extraño globo y desaparecer a la vista de todos los presentes.
Quién nos lo comunicó, para que asistiéramos al lugar de
lo sucedido, es una respetabilísima y muy responsable persona, al igual
que sus familiares, con quienes nos comunicamos también.
REVELACIÓN acudió al lugar y conoció, de todo el entorno
donde sucedieron los hechos, la versión sin error de diferencia por parte
de una veintena de testigos, quienes confirmaron el suceso. Las autoridades
que conocieron de este caso, no las consultamos, obviamente, ya que habiendo
ocurrido tantos días sin darse a conocer, era perder el tiempo.
El suceso, quizás universal, pertenece a la humanidad sin ocultamiento
y sin temor al ridículo. Es la verdad confirmada, donde asistimos con
el periodista que entrega el relato más increíble que hayamos
conocido en el país.
REVELACIÓN no aceptará desmentidos de autoridades que conociendo
el caso no lo hayan dado a la publicidad; tampoco polemizaremos con nadie porque
no queremos un segundo Roswell, ya que sabemos que se tergiversa la verdad ridiculizando
los hechos con fines desconocidos para nosotros.
Lo que leerán a continuación sucedió tal cual.
El Director Percy Eaglehurst R.
“El globo descendió lentamente y cuando estuvo cerca de la cima de cerro, cayó pesadamente en la ladera. Un ser muy semejante a humano saltó a tierra tras abrirse una puerta en el objeto. El tripulante de la nave se quedó de pié al lado del globo que despedía humo y de pronto hubo una explosión de muchos colores. Una llama muy rara, larga y estrecha subió hacia el cielo y el cerro comenzó a incendiarse”.
Un desconocido capítulo de esta era fantástica
que vive la humanidad, había ocurrido en las tierras de la Sexta Región
y durante tres meses permaneció ignorado, pese a la espectacularidad
del suceso; a la cantidad de testigos; a la intervención de bomberos,
carabineros, detectives y personal de CONAF (Corporación Nacional Forestal)
que acudió al lugar. Hoy, REVELACIÓN lo entrega en exclusiva a
sus lectores, luego de un reportaje realizado en el lugar del increíble
aterrizaje y de entrevistar a sus protagonistas. Pero con los ovnis y los misterios
asociados a su presencia, hacen de la Sexta Región un lugar digno de
estudio porque hace pocos meses, un enorme disco refulgente se estacionó
en el aire sobre la parroquia de Requehua y allí permaneció alumbrando
el entorno de una fría y oscura noche de agosto del año recién
pasado.
Y en esta búsqueda de misterios que surgen al paso del periodista, no
faltan los personajes clásicos del mundo desconocido: el hombre de la
capa negra que aterroriza a un grupo de trabajadores o la mujer que surge de
la nada, camina hacia el administrador del fundo donde ocurren todos estos sucesos
y desaparece frente a los ojos del asombrado y asustado testigo.
Pero vamos por partes:
Sábado 7 de febrero. Es la una de la tarde y
cinco minutos. Un grupo de doce temporeras y una decena de muchachos adolescentes
trabajaba sembrando nuevas parras en la viña del fundo “La Platina”
ubicado a orillas de la Carretera de la Fruta en Pelequén, provincia
de Colchagua. Es día de pago y la faena está a punto de terminar.
De pronto, alguien repara que se acerca un objeto que viene con rumbo norte-sur.
Vuela a baja altura y un muchacho grita que es una bolsa de papel llevada por
el viento. Otros testigos dicen que es como una pelota de playa porque cambia
de colores. En fin, hay varias interpretaciones, pero todos concuerdan en que
es un globo. Donde no se ponen de acuerdo es en el material del objeto.
Sin embargo, Rosita Núñez, temporera de 22 años, vecina
de Requegua, tiene una visión más clara. “Primero –dice
a REVELACIÓN- parecía una bolsa de papel color gris pero a medida
que se acercaba iba cambiando de forma. En algún momento era un objeto
de varias caras y cuando pasó sobre nuestras cabezas, ya era una pelota
de playa como un trompo, de varios colores”.
“El objeto pasó silencioso y no le vimos
nada especial, aparte de su forma cambiante y que iba descendiendo –recuerda
la joven-. Pasó sobre un pequeño bosque de eucaliptus y cayó
sobre la ladera del cerro distante a unos 800 metros de las asombradas testigos”.
“Más que caer –dice Rosita Núñez- se posó
sobre la ladera a plena vista de la veintena de muchachas que contemplaban la
escena. Las copas de los eucaliptus no alcanzaban a tapar el singular escenario”.
“Cuando estuvo posado en el cerro –agrega Rosita- vimos abrirse
una puerta en el objeto que ahora parecía tener varios lados, algo así
como un hexágono. A estas alturas, el asunto ya comenzaba a tomar ribetes
singulares”.
“Cuando la puerta estuvo abierta, la fantasía reemplazó
a la singularidad porque del interior del objeto, que ya despedía humo
saltó a tierra un ser vestido enteramente de negro”. Rosita lo
describe como un ser humano con cabeza, brazos, piernas y cubierto con algo
parecido a un buzo de una sola pieza. Sobre su cabeza, un gorro redondo muy
parecido a un casco. “El recién llegado abrió ambos brazos
y se quedó parado al lado de su nave que humeaba con mayor intensidad.
No pasaron ni dos minutos –señala la joven temporera- y se produjo
una explosión, pero una explosión sin ruido. Vimos luces de todos
los colores y de pronto se elevó una llama, o algo semejante, desde el
centro del aparato hacia las alturas, pero una llama recta y luminosa que se
apagó rápidamente”.
Al parecer, la explosión del objeto causó una gran temperatura
porque la vegetación del entorno –maleza tupida y algunos árboles-
comenzó a arder de inmediato. En segundos, el fuego tomó gran
incremento por la sequedad de los arbustos y se extendió en gran parte
del lugar hasta alcanzar la cima.
El administrador del fundo, Juan Humberto Benítez, llamó a Carabineros
de San Vicente de Tagua-Tagua y éstos alertaron a las patrullas anti
incendios de CONAF y a los bomberos de San Fernando. También llegaron
los detectives de San Fernando. Este despliegue de personal policial y bomberil,
demuestra la importancia con que fue asumido el descenso y explosión
del ovni. “Los detectives –dijeron los testigos- rastrearon el lugar
al día siguiente y habrían recogido algunas evidencias metálicas,
aunque no está claro si tales ‘evidencias’ pertenecían
a ovni o estaban allí desde mucho antes”.
Izquierda : Cerro “La Pintana de Pelequén” Derecha :Rosita Núñez
Rosita Núñez, aficionada al dibujo, plasmó en cartulina
su visión del asunto por lo que memorizó nítidamente cada
detalle. “Recuerdo –dice la joven- que al comienzo sentimos curiosidad
pero cuando vimos saltar al ‘hombre’ desde el interior de ese globo
de varios lados, nos entró un gran miedo y nos acercamos unos con otros,
especialmente los muchachos, algunos de sólo diez años”.
Secuencia del avistamiento
Preguntamos a Rosita sobre lo sucedido con el hombre
de negro de cual no se recuerda haberle visto la cara, ya que era negro entero,
¿Salió huyendo? Preguntamos, y nos dice:
“No, no escapó de allí. Tras saltar del globo, se quedó
parado al lado del objeto que desprendía humo y abrió los brazos.
En ese momento se produjo la explosión de varios colores y ya no supimos
más de él”. Los detectives que rastrearon el lugar preguntaron
a los testigos por este importante detalle del suceso pero nadie supo explicar
el destino del “piloto” del cual no se encontraron ni los menores
vestigios.
El periodista de REVELACIÓN estuvo en el cerro guiado por una vecina
de Malloa quien conoció por boda de los restantes testigos, las incidencias
del extraordinario suceso. Y no vacilamos en emplear el término de “extraordinario”,
porque –que se recuerde- es la primera vez que en Chile ocurre un suceso
que reúna las características de las aquí relatadas.
De partida, la hora: una de la tarde y cinco minutos;
Testigos: doce mujeres –la mayoría jóvenes- de buena vista
y que pudieron chequear y discutir los detalles del caso mientras éste
se desarrollaba sobre el cerro que tenían a la vista; ocho niños
adolescentes, voraz incendio del lugar que obliga a la presencia de patrullas
de la Corporación Nacional Forestal – CONAF; de los Bomberos de
San Vicente; de los Carabineros y Detectives de San Fernando. Y como es habitual,
mutismo oficial total: explosión de la nave y, antes de ello, la salida
de un personaje de características muy semejantes al ser humano, pero
con una diferencia: cualquier ser humano que salta desde una nave en peligro
de incendio, huye del lugar. En este caso, el “piloto” de la nave
siniestrada, se queda al lado de su vehículo volador y desaparece en
medio de una sinfonía de colores en que se desata la explosión.
Nada hay en la casuística chilena que recuerde el caso del fundo y cerro
La Platina.
Como corolario de su relato, Rosita Núñez reconoce que cada vez
que lo recuerda o alguien le menciona lo ocurrido, siente un frío intenso
que recorre su columna vertebral.
UN OVNI VA A MISA
Parroquia de Requegua
No es el caso precedente el único que ha conmocionado
a los vecinos de Pelequén. Doña Rosa Abarca, nacida en la zona,
residiendo actualmente en Santiago, vive, sin embargo, gran parte de la semana
en Malloa, comuna vecina a Santa Rosa de Pelequén. Y cuando comentamos
con ella el extraordinario suceso de La Platina, nos responde con algo muy sorpresivo:
“El 14 de agosto del año recién pasado (1997), alrededor
de las siete y media de la tarde (ya de noche en ese mes), se posó en
el aire sobre la parroquia de Requegua –pocas cuadras del fundo La Platina-
un objeto en forma de trompo que tenía cuatro luces en los costados,
envuelto como en una nube. En suma, era un cono”.
Más adelante, la señora Rosa señala que el objeto –que
fue visto por centenares de personas-permaneció sobre la parroquia más
de veinte minutos y luego se alejó en dirección de la costa. Fue
tanta su espectacularidad y brillantez, que el ovni fue visto por otros centenares
de personas en San Vicente de Tagua-Tagua, antes de perderse en la negrura de
la noche y del misterio.
UN FUNDO INQUIETANTE
El fundo La Platina, enclavado en Santa Rosa de Pelequén y que no tiene ninguna relación con la estación experimental de La Platina de la avenida Santa Rosa en Santiago, es un lugar inquietante en grado sumo. REVELACIÓN conversó con su administrador, Juan Humberto Benítez, quién nos relató varios hechos fantásticos que han tenido por escenario el citado predio a cuyo costado sur, posee un cordón montañoso.

“Hace pocas semanas –cuenta el administrador- cerca de las ocho
de la noche, ya se habían ido todos los trabajadores y yo estaba cerrando
las últimas dependencias muy cerca del portón principal. De pronto
veo que una señora, bajita de blusa blanca, falda negra y un pañuelo
floreado sobre el pelo se acerca hacia mí, caminando por el lado de la
cerca. La miré intrigado pensando que había dejado abierto el
portón que momentos antes cerrara con llave. Pero el portón seguía
cerrado. Miré hacia el lado y cuando volví la vista hacia la mujer,
ésta ya había desaparecido”.
Benítez dijo que se sintió poseído por un gran pánico;
terminó de cerrar los galpones y salió del fundo, en medio de
la oscuridad y con un pavor que iba en aumento. Desde entonces, sale junto con
los dos últimos trabajadores –nadie vive por el predio- y se marcha
presuroso.
En el fundo La Platina, en la parte del cerro, existe una mina abandonada, quizás
del siglo pasado. Nadie se acerca por allí y en varias ocasiones, los
trabajadores han visto cerca de la vieja mina a un tipo enteramente vestido
de negro que les mira turbamente.
¿Quizás se trate del mismo personaje cuya nave se posa y explota
en la ladera del cerro?
Ese es el tipo de preguntas que nadie ha podido contestar hasta ahora.
OVNILOGIA COMPARADA
El libro PASAPORTE A MAGONIA de Jacques Vallee, (1) presenta un caso que referiré en su extensión para refrescar la memoria y por la similitud que presenta el suceso investigado en la Sexta Región por el investigador señor Osvaldo Muray:
“El 17 de junio de 1790 y en las cercanías
de la ciudad francesa de Alencon, se produjo una aparición tan extraña
y turbadora que el inspector de Policía Liabeuf recibió órdenes
de efectuar una detallada investigación. Transcribiremos algunos fragmentos
de su informe:
A las cinco de la madrugada del 12 de junio varios campesinos distinguieron
un enorme globo que parecía rodeado de llamas. De momento pensaron que
era talvez un globo aerostático que se había incendiado, pero
la gran velocidad de aquel cuerpo y el penetrante silbido que emitía
les intrigaron.
El globo aminoró su marcha, efectuó algunas oscilaciones y se
precipitó contra la cumbre de un altozano, desenterrando numerosas plantas
de la ladera. El calor que despedía era tan intenso, que prendió
fuego a la hierba y los arbolitos. Los labriegos consiguieron dominar el incendio
que amenazaba con extenderse a toda aquella zona.
Al anochecer dicha esfera aún seguía caliente, y ocurrió
entonces algo extraordinario, por no decir increíble. Los testigos del
hecho fueron dos alcaldes, un médico y otras tres autoridades que pueden
confirmar mi informe, además de las docenas de campesinos que se hallaban
presentes.
Esta esfera por su enorme volumen hubiera podido contener un carruaje, no había
sufrido ningún daño después de su vuelo. Despertó
tanta curiosidad, que acudieron gentes de toda la región para verla.
De pronto se abrió en ella una especie de puerta y, esto es lo interesante,
una persona como nosotros salió por ella, pero esta persona vestía
de extraña guisa, pues llevaba un traje muy ajustado.
Al ver reunida allí toda aquella multitud, dijo unas palabras ininteligibles
y huyó hacia los bosques. Los campesinos retrocedieron instintivamente,
en un movimiento de temor, lo cual fue su salvación, porque después
de esto la esfera explotó sin ruido, lanzando sus pedazos por doquier,
pedazos que ardieron hasta quedar reducidos a polvo.
Se realizaron pesquisas para dar con el paradero del hombre misterioso, pero
éste parecía haberse desvanecido”. (2)
Referencias:
1-Jacques Vallee. Pasaporte a Magonia (Editorial Plaza y Janes, Primera edición, 1976) pgs. 100, 101, 132.
2-Citado sin indicación de fuente en A. Fenoglio “Ancient Sky Visitors” Clypeus III, 3, pg. 13.
Liliana Núñez O.