Por: Orestes Girbau
En las cavernas francesas de Ussat y Niaux fueron hallados hace años
unos grabados antiquísimos, los cuales, según los expertos, poseen
alrededor de 15000 años. En Ussat, aparece dibujado un raro prototipo
que ha aterrizado sostenido por trípodes. Las ventanillas se ven claramente,
y lo que parece una larga antena así como a dos ovninautas de cabeza
oblonga.
Otro grabado, el de Niaux, es también interesante en su conjunto, dando
la impresión de dos Ovnis discoidales moviéndose.
Grabados Rupestres Franceses
¿Son los citados frescos el resultado de antiguas
visitas estelares?
La memoria que los hombres prehistóricos conservaban de quienes creían
eran sus dioses, la ritualizaban, creando en ellos una mística que trascendió
las fronteras del tiempo.
El Dr. Vladimir Avinski defendía la tesis sobre la vinculación
establecida en otras épocas, desproporcionada, por la increíble
manifestación de intelecto presentes en las entidades cósmicas,
muy superior al de los humanos, desarrollándose la posterior transculturación,
y jugando la piedra trabajada o dibujada un rol importante.
Avinski consideró con atención una serie de dibujos de espirales
neolíticos aparecidos en los Urales, que fueron sujetos a investigación
e interpretándose con posterioridad algunas figuras geométricas
como fórmulas practicas de determinados compuestos químicos.
Hace varias décadas el arquitecto Suri Petrosian encontró en las
montañas armenias miles de valiosos petroglifos representando constelaciones
– León del Cisne y la Serpiente por ejemplo –creando suspicacias
con relación al propósito de aquellos inmemoriales astrónomos.
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Espirales y Petroglifos Armenios
A orilla del lago Seván se encontró un objeto de bronce demasiado raro. Los expertos opinan que se trata de un modelo del universo creado hace 4000 años. En su parte inferior está representada la Tierra rodeada de las esferas acuosa y aérea. Al otro extremo del modelo descubrimos el disco del Sol y el árbol de la vida adentro. ¿Qué podemos pensar al respecto?
IMAGEN LUNAR
Otro hallazgo es la imagen de una parte del satélite natural. Los primitivos tallaron en la piedra cráteres, llanuras y montañas lunares. ¿Puede entenderse que en el segundo milenio antes de Cristo los hombres observaran la Luna de manera tan detallada?
En la actualidad los científicos pueden intentar
dar una respuesta lógica a estas dos interrogantes.
Pudo comprobarse tras exhaustivos análisis que los símbolos astronómicos
eran, para los antiguos, una especie de brújula –recordemos la
cruz de Punta del Este en Cuba, similar a la Sumeria que, de acuerdo con esta
última, representaba al planeta del cual los sumerios provenían-.
Y es que a orillas del río Metsanor, en Armenia, hubo de verificarse
un gran centro metalúrgico del tercer milenio (A d C). Desde allí
las caravanas se dirigían a otros países. Los guías utilizaban
como puntos de referencias precisamente a las constelaciones antes nombradas.
Sobre si nuestros antecesores poseían telescopios puede explicarse apelando
a la hipótesis de la obsidiana dorada. Esa piedra es en ocasiones transparente
y, en el suelo armenio hay tantas, que han sido utilizadas para pavimentar las
carreteras.
La hipótesis tiene argumento, haciendo posible suponer un procesamiento
en dicha piedra hasta atribuirle la forma de lentes, mediante los cuales un
grupo prehistórico se deleitaba mirando la superficie selenita. Asombroso
¿verdad? Podemos apuntar sin embargo que, independientemente de que no
hay razones (en los dos ejemplos) para hablar respecto a intervenciones extraterrestres,
si prevalece un conocimiento basado en lo sistemático por la observación
o el difusionismo técnico-cultural.
Cabe señalar, que muchos de los petroglifos armenios coinciden con las
figuras que representan las constelaciones en el libro de Ian Geveli, astrónomo
polaco del siglo XVII.
Petrosian muestra una foto que representa a un globo con cuatro figuras humanas
por su circunferencia. En cuanto al dibujo de 4000 años de antigüedad,
nos enseña que en esos tiempos pretéritos era conocida la redondez
del planeta Tierra.
En otro orden, se sabe que algunas tribus paleolíticas cazaban mamuts
en las estepas de Kazajstán con armas fabricadas de material espacial.
El geólogo Botel Aubekerod tiene una colección de puntas de venablos
que fueron llevados a Alma Atá. Los científicos establecieron
que las puntas están hechas de técticas, rocas vidriosas de color
azul oscuro, cuya procedencia es en mucho enigmática.
El contacto entre las culturas deja sus huellas. Como
atributo cultural, la mítica estuvo presente en el ser pensante desde
el inicio de su andar por el mundo, difundiéndose a medida que éste
expandía su marco geográfico. Descubrimientos efectuados en Kazaztán
hacen válido lo antes expuesto.
Todo indica que la influencia griega se hizo sentir en una piedra Kazaja. La
propia realidad mitificándose en esos parajes alejados de Atenas, ampliando
el cuadro cognoscible de lo “irreal”
En los montes al sur del lago Balhash expertos kasajos hallaron dibujos rupestres
trazados hace alrededor de 2000 años.
La reproducción de un elefante testimonia los vínculos que hubo
con la India en épocas distantes; no obstante, otro dibujo encontrado,
no pudo menos que pasmar a los eruditos. Representa la imagen nítida
del Centauro, híbrido de hombre y caballo que produjo la mitología
griega. Todos los que han visitado aquél lugar ignoran las circunstancias
en que ese personaje, creado por la fantasía de los griegos, llegó
hasta allí.
¿Leyendas?
Existen indicios de que América fue visitada
por navegantes extra continentales: Vikingos, japoneses y africanos. Los griegos
pudieron haber realizado también exploraciones hacia nuestras costas
e influir con su presencia dentro del mundo precolombino.
El arqueólogo brasileño Eurico Mattievich, profesor de la Universidad
de Río, ha sostenido una polémica tesis que forma parte del estudio
comparativo efectuado por él, de los restos arqueológicos y tradiciones
griegas y peruanas.
Mattievich afirmó en Enero de 1985, que el infierno de los dioses griegos
estaba en el territorio peruano. Entre diversos relatos análogos recopilados
en su obra está, el de las leyendas recogidas por los conquistadores
españoles directamente de los indios peruanos, que guardan una extraña
similitud con las extraídas de la mitología griega. Expone la
leyenda de Tántalo, uno de los Titanes, que según Homero, fue
desterrado al infierno por intentar destronar a Júpiter.
Los relatos de Homero y Hesiodo en cuanto a una región fantástica
de ríos gigantes y extrañas fieras dónde los dioses eran
castigados, no parece pura ficción. Esta región, de acuerdo al
especialista brasileño, es el enorme nudo hidrográfico que hay
en la selva del Perú y dónde nace el río Amazonas.
Es asombroso, los incas relataron a los conquistadores españoles, que
antaño había entrado en Perú una persona señorial
informando ser un Dios, y, que se encontraba entre ellos para ser curado de
una grave enfermedad. El “Dios” no solicitado respondía al
nombre de Tanta. Ofrecía el oscuro personaje su versión a los
incas, manifestándoles el estado de persecución que tenía
por parte de otro Dios, destructor de su morada, y a su vez – dijo –
él había convertido a su propia hija en piedra. Semejante castigo
se le impuso a Niobe, hija de Tántalo.
Otra coincidencia desconcertante representan las figuras tipo medusas que se
descubrieron en la ruinosa ciudad inca de Chavín de Huantar, en Ancash,
próxima a la cuenca de los ríos que forman el Amazonas. Las cabezas
de Medusas peruanas tienen unos dos mil años, en tanto que las griegas,
similares, datan del siglo VI antes de Cristo.

Gorgonas de Perú
Debemos recordar los relatos de Francisco de Orellana,
el descubridor del río Amazonas, al hacer referencia a la experiencia,
que tanto sus hombres como él tuvieron, al enfrentar el desafio de las
valerosas guerreras blancas amazonas.
Durante 1987, arqueólogos rusos realizaron excavaciones en las estepas
cercanas al río Don, zona meridional de Rusia, y evidenciaron las huellas
de las legendarias amazonas.
Una figura de mujer sosteniendo con la mano izquierda a un caballo encabritado,
sostiene en su brazo derecho una lanza, que amenazante se yergue sobre un escudado
soldado enemigo. La imagen pincelada en un fino jarrón de arcilla se
desenterró de un túmulo.
Hace más de 2500 años Herodoto le hablaba, a todo el que deseara
escucharle, sobre las intrépidas mujeres y su maravilloso pueblo, Capadocia,
a orillas del Termodonte.
No sólo en Perú aparecen sorpresivas coincidencias. En la costa
este de los Estados Unidos, en Maryland y Virginia, los “primeros”
descubridores se percataron que existía un río al cual los nativos
llamaban Potomac, similar a la palabra griega para río que es potomós.
Al invadir los españoles el imperio Azteca, supieron que a los famosos
templos de las pirámides le decían teocalli que quiere decir “morada
de los dioses”, muy parecido a las voces griegas thíos y kalías
que empleadas las dos tiene igual significado.
ALGO MáS QUE PIEDRAS Y LEYENDAS
En el Leabhar Gabhala del siglo XVI (Libro de las Invasiones)
de los irlandeses, cuando describen el génesis de “Herrín
el inigualable”, nos dicen que los Tuatha De Danann (entes divinos) venían
del oeste para enfrentar a los monstruos gigantes de un solo ojo, cabeza de
animal y cuernos.
Acontece que, los invasores divinos se unen en matrimonio con las Hijas de los
monstruos.
En esta “leyenda” parecida a la relatada en el antiguo testamento,
hay un eco lejano que parece remitirnos de forma confusa, pero desde una arista
provisoria, a la realidad extraterrestre.
Engendros de un ojo – y de dos – los encontramos esparcidos en todas
las latitudes. Sansón, Polifemo, Goliat y Gargantúa son, entre
otros, algunos ejemplos que se destacan en el entramado literario, histórico,
religioso, épico y legendario universal.
En la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Bernal Díaz
del Castillo hace alusión a una anécdota, en la que los indios
les muestran a los conquistadores un fémur del tamaño de un hombre
normal. Los indios, al ser interrogados, les contaron a los colonizadores que
sus antecesores habían convivido con hombres y mujeres muy altos. “Todos
nos espantamos – refiere Díaz del Castillo - … y tuvimos
por cierto haber habido gigantes en esta tierra…” ( Cap. 17, ob.
Cit.).
Cuando Colón desembarcó en Cuba, los aborígenes le relataron
a él y a sus acompañantes que en el interior del territorio existían
unos seres con morfologías diferentes. Corría el año 1492.
Cristóbal Colón en su diario de navegación escribe, con
fecha Domingo 4 de Noviembre que “lejos de allí había hombres
de un ojo, y otros con hocicos de perros, que comían los hombres, y que
en tomando uno lo degollaban y le bebían su sangre, y le cortaban su
natura”.
Hasta aquí el contenido es necesario para sugerir que:
El Paleocontacto o contacto a través de la piedra
resulta una especialidad temática que debe y puede conducirse en dos
derroteros.
El referente a la Paleocosmonaútica (Dibujo de Ferganá) y la transculturación
terrestre desde y hacia distintos ámbitos geográficos del mundo
antiguo. (Estudios de Epigrafía).
La Paleoastronomía o enfoque del conocimiento de los antiguos respecto
al universo, sin entrar en detalles sobre el origen o significado de quienes
o a través de como se obtenía en el pasado tales informaciones
científico-tecnológicas. Hagamos delimitaciones.
En cuanto a los mitos y leyendas, ambos trascienden a nuestra cosmovisión
estrecha del mundo y nos obliga necesariamente a comprender la historia conocida
desde los diferentes ángulos y, a la otra historia, que desconocemos,
a buscarla más allá de toda fértil imaginación y
sana intuición.
Fuentes: ARCHIVO DEL AUTOR.