Orestes Girbau.
Los que analizamos con insistencia algunos fenómenos anómalos
inexplicables que acontecen en nuestro entorno aéreo, no nos sorprenden
el interés mostrado hace siglos por distinguidos hombres de ciencia.
En otras épocas, los eventos poco investigables eran confundidos en su
investigación – al igual que en el presente – utilizando
una lógica que procuraba no mostrarse anticientífica, pero condicionada
a determinados convencionalismos.
La referencia anterior es factible cuando logramos hacer coincidir pasadas experiencias
que están dentro del marco incognoscible de los OVNIs, cuyos análisis
científicos tuvieron su origen en pleno siglo XIX, siendo el Objeto Auroral
de Maunder su mejor exponente.
E. Walter Maunder (1851-1928) llegó a ser un relevante astrónomo
británico del famoso observatorio Greenwich, que presidió la Sociedad
Astronómica inglesa a mediados de los años noventa en el siglo
XIX.
En el volumen 39, páginas 213-215 (1916) la revista Observatory divulgó
una histórica reseña basada en la singular obra titulada “
Un Extraño Visitante Celestial”, testimonio compilado por Maunder
34 años antes, al presenciar cierto cuerpo volador que no dudó
en calificarlo como auroral.
EL OBJETO AURORAL
La noche del 17 de Noviembre de 1882, un luminoso portento
aéreo cruzó los cielos europeos hasta el sur de Inglaterra. Millares
de personas en Bélgica y Holanda observaban alzando la vista curiosos,
lo que se producía sobre sus cabezas. La conmoción fue tanta,
que el editor del periodico londinense Times, publicó más tarde
la numerosa correspondencia realizada por ciudadanos que no dudaban en describir
el objeto impresionante y enorme, que iluminó todo lo alto durante dos
minutos.
Maunder, se hallaba en esos precisos momentos observando la extinción
de una Aurora Boreal, que había sido precedida por una fuerte tempestad
magnética. De pronto, surgió
“un gran disco circular verde, manteniendo un suave movimiento para trasladarse
de uno a otro lado del horizonte”. Según el astrónomo inglés,
la apariencia redonda que tuvo en su inicio, quizá fuese por el efecto
del escorzo, porque “cuando atravesó el meridiano y pasó
exactamente sobre la Luna, su forma era de una elipse alargada”.
El fenómeno luminoso era comparado inmediatamente con un cigarro, otros
parecieron ver torpedos, husos y hasta le hallaron semejante a un pescado, primando
el criterio que motivó su bautizo: Objeto Auroral, siendo conocido después
“El Objeto Auroral de W. Maunder“
Entre las características del Objeto Auroral tenemos las siguientes:
a- El color del objeto corresponde con uno de los primordiales en las también llamadas Luces del Norte, aunque la Aurora de donde emergió – acorde con Maunder- era rosada.
b- Según Maunder, el cuerpo iluminado “parecía un objeto corpóreo, el núcleo oscuro tapaba las estrellas”. Constató que, desde los extremos del fenómeno volante se podían ver las mismas estrellas.
c- Desde el centro del objeto se emitía una luz blanca muy brillante. Mientras la Aurora tenía tonalidades rosadas, el exterior del portento volador mostrábase jaspeado (Ver Nature 27-87).
d- La altura del objeto fue calculada en 210 kilómetros
y su velocidad 16 km/ seg.
mucho menor que la de los bólidos corrientes.
J. Rand Caprón, eminente expectrocopísta,
analizó la luz que emanaba del inusual evento atmosférico, coincidiendo
con Maunder en cuanto al natural orígen auroral, mientras que desde Holanda,
el visitador celestial recibí el seguimiento por parte del genial experto
Zeeman, quién fuera Premio Nobel de Física gracias al “Efecto
Zeeman “utilizado en Física Nuclear. La naturaleza material del
objeto, sin embargo, era defendida por numerosos especialistas de Europa.
El Objeto Auroral ha quedado insertado en los anales ufológicos debido
a sus características propias, procedencia desconocida, las fuentes fidedignas
y competentes que lo ubicaron entonces de manera correspondiente dentro del
acontecer científico y, el aval que tenían los que pudieron estudiar
e investigar tamaña anomalía.
¿QUÉ SON LAS AURORAS BOREALES?
El fenómeno de las Auroras resulta extraordinario
para todos los que la contemplan desde ambos polos terrestres o en latitudes
cercanas a ellos.
Las Luces del Norte se forman cuando interactua el viento solar con la magnetosfera
y la ionosfera.
Nuestro astro rey propaga de forma disgregada electrones y protones, que dirigidos
por el campo magnético del sol produce viento solar. El campo magnético
terrestre se hace más intenso en los polos magnéticos. Las nombradas
partículas, cargadas al descender, hallan iones cargados formados por
rayos ultravioletas provenientes también del sol. Ya en la ionosfera
estas partículas cargadas crean las Auroras, pues el choque producido
entre electrones y moléculas de oxígeno y nitrógeno conforman
un bello espectáculo de luces verdes y rojas.
OBSERVACIONES
Debemos analizar que la altura calculada al OVNI era
superior a la que tienen las Auroras, -alrededor de 90 kilómetros –
y, hasta donde la ciencia conoce, - y sobre las Auroras quedan un rosario de
enigmas por desentrañar – sus verde-rojizas luces no desprenden
filamentos proporcionalmente grandes, sosteniendo movimiento rectilíneo
uniforme (MRU).
Si añadimos que, en aquellos tiempos sólo una manifestación
tecnológica foránea debía realizar la silenciosa y deslumbrante
maniobra espacial, podemos por tanto hacernos las lógicas conjeturas
respecto a la presencia alienígena sobre nuestro planeta aquella memorable
noche.
Por otra parte, no se puede asegurar definitivamente que la Aurora Boreal estaba
completamente desvinculada del, a la vez desconcertante y poco investigable
aparición celeste.
OTROS RAROS EVENTOS AÉREOS

Dibujo del Objeto Auroral. Comparar el tamaño del fenómeno con
el de la Luna.
Charles Fort, en una de sus extraordinarias obras titulada
“El Libro de los Condenados”, reflejó un hecho peculiar que
hasta el presente permanece inscripto dentro del incuestionable misterio.
Año 1916. Era la noche del 19 de Julio, a las 11 pasado meridiano, cuando
un hecho desusado reducido a una rara apariencia nubosa, era avistada por numerosos
ciudadanos de Virginia Occidental, E.U. La singular nube se pudo observar con
potentes anteojos durante un largo período. Desaparecía y aparecía,
para desvanecerse finalmente. Parecido al objeto auroral reseñado por
Maunder, en algunas de las secciones de aquella materia en suspensión,
se podían ver las estrellas a través de ella. No faltaron voces
también autorizadas sugiriendo de que se trataba de una nube desprendida
de una Aurora Boreal
Si de algo creo estar seguro es que, en esos lejanos años, la tecnología coheteril, los reingresos satelitales a nuestra atmósfera y diversos experimentos con nubes de Bario o Sodio, no existían.
Otra anomalía aérea clasificada como
evento astronómico era observada durante el otoño de 1902. Se
desarrolló en el sur de Inglaterra al producirse el crepúsculo.
De acuerdo a lo apuntado, de una masa nubosa que se encontraba a 35 grados sobre
el horizonte, surgió repentinamente una columna luminosa completamente
cilíndrica que tenía unos 5 grados de ancho, elevandose casi hasta
el zenit. Su color era rojo oscuro en la base, y disminuyendo gradualmente a
medida que se elevaba, ofreciendo un color naranja en su parte superior. Pasado
18 minutos, el cuerpo volador iluminado se desvaneció, desapareciendo
más rápidamente en magnitud que en intensidad luminosa. En la
víspera del fenómeno había surgido una intensa luz zodiacal,
observándose varios resplandores nocturnos en la dirección de
Levante.
Mientras tanto, nuestra lógica nos impide entender a veces que, tras
el cúmulo de anteriores avistamientos aéreos –y actualmente–
pueden existir tecnologías no terrestres y, que desde esos remotos tiempos
exploraban el planeta Tierra, interesándose tal vez, por disímiles
anomalías (entre otras muchas cuestiones) que continúan manifestándose
en el entorno atmosférico – espacial.
A diferencia de los viejos grabados, acuarelas y bocetos, el hombre actual posee
una tecnología que supera demasiado a la que tenía aquella incipiente
comunidad científica, pudiendo mostrar al público las objetivas
fotos y videos de OVNIs que fugazmente surcan nuestros cielos.
No obstante, hay fenómenos que siguen repitiéndose, como el que
acaeció por la región de Karelia (Antigua URSS) en 1977, motivo
de un futuro trabajo.
Que considere la posibilidad de visitas extraterrenas entre el conjunto de experiencias
expuestas hasta aquí, no quiere decir necesariamente que haya sacado
ya mis propias conclusiones en ese sentido. De ello se infiere que debemos comprender
mejor la naturaleza que nos rodea y sus dimensiones insospechadas.
Bibliografía Consultada:
Archivo del Autor.
Otras fuentes:
Diccionario Enciclopedia SALVAT, vol. 14 /81.
The Book of The Damned ,Autor: Charles Fort 1919.Edición en Castellano: El Libro de los Condenados , Dronte ,Buenos Aires,1974.
La AVENTURA DE NUESTRO SIGLO. Autor: Ernst Von Khuon
Ed. Seix Barral, Barcelona, 1961.
Semanario Yumurí. “Discos Voladores en
el siglo XIX”.
Orestes Girbau, 27 de Febrero / 1988.
El Mundo Científico. No. 138, Página
737, Barcelona 22-11-1902.
Apuntes Politécnicos. (ASTRONOMIA). “Fenómeno astronómico”