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LA VIRGEN DE CHIQUINQUIRÁ

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ

Sobre el valle de Saravita, en la zona central de Colombia, se encuentra la ciudad de Chiquinquirá, nombre que significa, en lengua nativa, lugar de adoración a los dioses. Allí arribó en 1560 Antonio de Santana, quien, como buen encomendero, construyó de inmediato una capilla. Posteriormente, en 1562, llega Fray Andrés Jadraque. Ambos decidieron colocar en la capilla una imagen de la Virgen del Rosario, encargándosela al pintor Alonso de Nárvaez con la siguiente petición: a la derecha de la Virgen, San Antonio de Padua, de quien Santana era devoto; y a la izquierda, San Andrés, el santo de Fray Jadraque.

Empleó un lienzo tejido por los indios, de 1,26 X 1,13 de alto. La tela estuvo varios años en la capilla de Suta, expuesta a toda clase de penurias y maltratos, hasta que las imágenes se borraron por completo y la manta, de origen tan rústico y poco resistente, se rasgó cuando menos en seis partes. El padre Juan Alemán de Leggissamo, no consintiendo en ofrecer misa precedida de imagen tan deteriorada, pidió y obtuvo un reemplazo, la de un Cristo en la Cruz, que supliera dignamente la ya tan desmejorada Virgen del Rosario. Entregó, pues, el cuadro de vuelta a don Antonio de Santa Anta, de quien a su vez lo envió al caserío de Chiquinquirá, donde tenía influencia de encomienda y posesión de tierras y ganado.

La voz Chiquinquirá significa, en el idioma muisca, ‘lugar de la niebla’, dadas la crudeza del clima y la frecuente y espesísima neblina que la cubría. Se dice que los mismos indígenas lo rechazaban como sitio de habitación, irritados por el frío continuo y extremado. Este caserío se asignó en 1572 a la influencia de Villa de Leyva, población influyente y próspera. En 1585 llegó la imagen de la Virgen del Rosario a Chiquinquirá y se le asignó una muy burda construcción, que se calificaba de capilla, aunque muy raras veces, si no nunca, oficiaba como tal. Por carecer de puerta, dicha estancia servía de refugio a los animales y los indios no tardaron en aprovechar el desfigurado lienzo como tamiz en donde secar el trigo al sol.

 
Estado actual de la imagen original
Facsímil de la tela original tomado del libro de Fray Pedro del Tovar y Buendía


María Ramos, nacida en Guadalcanal, casada con Pedro de Santa Ana, hermano de aquel Antonio que ordenara la construcción de la imagen, llamada por éste, que gozaba de próspera situación en Tunja, se llegó a las Indias asistida de Francisco de Rivera Santa Ana, su sobrino. Su marido, quien recién llegado de España se congració de su presencia, no tardó en mostrar creciente desapego y fastidio hacia ella. María Ramos, dolorida y penosa, dijo entonces de los deseos de ir a visitar a Catalina García de Yrlos, esposa de Antonio de Santa Ana, quien a la sazón había fallecido, lo cual fue bien visto y favorecido por Pedro de Santa Ana. Marchó, pues, María Ramos a Chiquinquirá, población a la que se había retirado Catalina García en su viudez. Esta María Ramos era fervorosa y deseaba hallar paz a su desasosiego, solicitó a Catalina García le enseñase un lugar en donde orar a su placer, y ésta le señaló la capilla donde el lienzo de la Virgen se hallaba desbaratado y sucio. Llamó entonces a Ana Domínguez, servidora de la casa, para que le asistiera en su propósito, y juntas limpiaron y colocaron el lienzo sobre un bastidor de guadua, que colgaron a la pared con un sólido cordón de fique. Constantemente, María Ramos, fiel devota de María del Rosario, pedía de la manera más piadosa que se le manifestara la imagen escondida, hasta que el día viernes 26 de diciembre del año 1589, entre las ocho y nueve de la mañana, luego que María Ramos repitiera su súplica con mayor fervor que nunca, volviéndose a salir se encontró en la puerta con una india llamada Isabel y su pequeño hijo Miguel, de cuatro o cinco años, quien le señaló cómo la imagen descendía del puesto en donde había estado firmemente asegurada y cómo despedía una luminosidad enceguecedora, que parecería estarse quemando la capilla. A los gritos de asombro acudió Juana de Santa Ana, y las tres mujeres vieron cómo lo que tomaron por incendio era la luz despedida por el cuadro, que entonces se posaba sobre el lugar ocupado por María Ramos en sus oraciones. Llegaron a esta altura Catalina García de Yrlos y Ana Domínguez, entre todas devolvieron el cuadro a su sitio y corrieron a dar la voz de milagro a quienes tuvieran a la vista. La renovación del lienzo fue testimoniada por todos aquellos que habían tratado con él, y las comisiones enviadas por el arzobispo Zapata de Cárdenas, los padres Juan de Figueredo, de Suta; Gerónimo de Sandoval, de Villa de Leyva, y los funcionarios Diego López de Castiblanco y Andrés Rodríguez ratificaron, el 10 de enero de 1587 y el 12 de septiembre del mismo año, la autenticidad del milagro. Las pruebas se fueron sumando una a otra hasta no quedar vestigio de duda posible, y se dio comienzo al culto milagroso de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.

Los indios Cocas construyeron una capilla en paja y bahareque donde empezaron a venerar dicha imagen. En vista de las grandes romerías que acudían al lugar el arzobispo de Bogotá, Luís Zapata de Cárdenas ordenó en 1597 construir un templo mayor en el sitio donde se renovó la imagen.

 
Portada del libro de Fray Pedro del Tovar y Buendía
Arzobispo Luis Zapata de Cárdenas

El 30 de Mayo de 1636, el santuario es entregado a los frailes dominicos, quienes desde entonces vienen manteniendo el culto a la Santísima Virgen de Chiquinquirá. En 1643 el pintor Acero de la Cruz reprodujo la imagen que se encuentra en la nave lateral del templo que se utiliza en las procesiones.

En vista de que los templos construidos en el lugar donde se renovó la imagen se caían, el arquitecto recomendó construir el templo en la parte alta en piso mas firme. En Enero de 1796 se inició la construcción de la actual Basílica, donde fue colocada la imagen en 1813. En 1815 las joyas que los peregrinos habían ofrecido a la Virgen se donaron para auxiliar a las tropas patriotas.

"El domingo 5 de Mayo de 1816, entró Manuel Roergas de Serviez con toda la infantería, a las diez del día, y en medio de los dos primeros batallones traían a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la original, encajonada y envuelta en un toldo. Qué dolor ver a una reliquia tan grande, nada menos que el Arca del Testamento de la Nueva Granada, en medio de una tropa insolente, cargándola ellos mismos con la devoción que se deja entender, cuando había de ser en hombros de sacerdotes, como cuando vino ahora 150 años. Pero entonces había más fe; eran las gentes más religiosas, y así la protección de Nuestra Señora era con más frecuencia; pero ahora que no hay más que robos, ambición, latrocinios, asesinatos y, sobre todo, por falta de fe, pues la religión está como aquel que le coge un accidente mortal, primero, con furioso escalofrío, que es la tibieza en la fe, después la calentura, que se va poco a poco aumentando hasta quitar la vida, que son las herejías, y los cismas, que poco a poco la vendrán por fin a destruir. ¡ Dios no permita tal cosa, pero es mucho de temer! Todas las religiones salieron hasta San Diego, debajo de cruz alta, a topar a Nuestra Señora, pero no se les hizo caso alguno. Pasaron a Nuestra Señora, vía recta desde San Diego a Santa Bárbara, con una precipitación increíble. Siguió camino derecho por el puente de Santa Catalina, para Cáqueza. Iban dos batallones, que compondrían algo más de 1.000 hombres. El llevarse Serviez la Virgen no sé a qué se pueda atribuir. Yo me parece que el fin que él se propuso fue que como conoció que era una imagen a que todos la tienen en tanta veneración, diría: pues llevándola, todo el mundo la sigue y los soldados pelearán con más valor y confianza, no porque él le tuviese alguna fe a Nuestra Señora, pues según dicen no era cristiano. Pasaron 59 cargas de equipaje y más de 200 caballos y mulas sueltas. " Diario de la Independencia , José María Caballero , 2004 , Biblioteca Virtual del Banco de la República , Colombia.

En 1823 el Obispo Lasso de la Vega consagra la Basílica. En 1829 el Papa Pío VIII aprueba el Oficio Divino a Nuestra Señora. En 1910 el Papa Pío X decretó la coronación que se efectuó el 9 de Julio de 1919 en Bogotá. El 18 de Agosto de 1927 Pío XI declaró el templo Basílica menor. El 9 de Julio de 1944 le colocan el cetro que ostenta en la mano la imagen de María. En 1955 el presidente Gustavo Rojas Pinilla le impuso la cruz de Boyacá que aparece en la parte alta lado izquierdo del cuadro. En 1960 el Nuncio, Monseñor José Paupini trajo el cirio que envió el Papa Juan XXIII para que ardiera al pie de la imagen implorando el éxito del Concilio Vaticano II. El 29 de Julio de 1967 un temblor semidestruyó la Basílica , la imagen se trasladó al patio del convento de los dominicos donde permaneció mientras se reconstruyó el templo. El 9 de Julio de 1969 la imagen vuelve a su trono y le colocan una media luna de plata en sus pies. En 1986 el presidente Belisario Betancur ordenó hacer a la imagen un examen radiológico para constatar su autenticidad y antigüedad. Resultado que dio positivo.

Obispo Rafael Lasso de la Vega
   
Papa Pío VIII
 
La Virgen en la filatelia colombiana

En 1984 los Dominicos invitan al Papa con motivo de cumplirse los 400 años de renovada la imagen. El 3 de Julio de 1986 el Papa Juan Pablo II visita el Santuario y oró a los pies de la Virgen María por la paz de Colombia.

El 9 de Julio de 1999 la imagen fue llevada por última vez a Bogotá para presidir la oración por la paz.

 

Basílica de Chiquinquirá ,Colombia

ROMERIAS A LA VIRGEN DE CHIQUINQUIRA

Se iniciaron en los finales del siglo XVI, cuando se desarrolló el culto bajo esta advocación. El lienzo de la Virgen fué pintado en Tunja por el pintor Alonso de Narváez, a petición del encomendero de Sutamerchán Antonio de Santana. Esta imagen estuvo rodando de casa en casa, e inclusive sirvió para secar el trigo al sol en la casa del encomendero Santana, hasta cuando la encontró María Ramos en Chiquinquirá. El lienzo se renovó en la navidad de 1586, fecha desde cuando aparece la romería en Chiquinquirá. En la guerra de Independencia fué patrona del ejército patriota y es en el período nacional, la patrona de Colombia.

En los siglos del coloniaje, las romerías a Chiquinquirá rompieron las barreras locales, e hicieron que los indios peregrinos, en vez de tomar la vía a Guatavita o Sogamoso a adorar sus propios dioses, expresaran su fé cristiana en Chiquinquirá.

En la romería de diciembre, Chiquinquirá recibe la visita de los promeseros de Boyacá y otros departamentos, quienes llegan a rendirle a la Virgen Milagrosa su homenaje de gratitud y fé. Grupos típicos de promeseros se concentraban en las calles y plazas, y he allí al pueblo en la expresión de su auténtico folclor: tiples y guitarras, torbellinos, coplas y alegría de fiesta.

Es importante destacar el significado que tiene la romería para un campesino boyacense: es la meta de esperanza para la solución de sus problemas, de allí la "promesa" o "manda"; es la oportunidad de manifestar sus sentimientos y actitudes religiosas con su familia, amigos y vecinos. En las romerías se hacen muchos matrimonios campesinos, bautizos, confirmaciones y primeras comuniones; se inician los noviazgos campesinos; se arreglan los asuntos con los compadres y vecinos y se perfilan muchos negocios entre los campesinos. Es la oportunidad para estrenar los nuevos vestidos y hacer las compras de adornos personales para las mujeres y para las casas; es la oportunidad de llevarlas comidas especiales y compartirlas en la unión familiar y con los amigos; asimismo es la oportunidad de tocar el tiple, la guitarra o el requinto, echar las coplas y danzar alegremente.

 

Antigua imagen de devotos a la Virgen de Chuiquinquirá

Ocampo López Javier : El pueblo boyacense y su folclor

Javier Ocampo López (Aguadas, Caldas, 1939) Doctor en Historia, escritor y catedrático universitario. Ha publicado varios libros investigativos, entre ellos, Las fiestas y el folclor en Colombia, El proceso ideológico de la emancipación y Las ideologías en la historia contemporánea de Colombia.

Otras informaciones: Méndez Bernal , Rafael Mauricio : El prodigio de Chiquinquirá ,Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 12. Volumen XXIV - 1987 . Fotos: Mario Rivera Vélez Reproducciones: William Núñez Mapa: Martha Raquel Herrera

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